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jueves, 15 de octubre de 2015

Ensayando

Este tango es del bandoneonista Alejandro Prevignano, el único que yo le conozco, y fue grabado por la orquesta de Osvaldo Pugliese cuando él militaba en las filas del maestro de Villa Crespo. Es sabido que a Pugliese le gustaba que sus músicos compusieran y arreglaran, que por algo era una cooperativa, y los ejemplos de lo logrado por esa comunidad, están a la vista. Creaciones maravillosas, arreglos de gran calado, incluso renovando páginas del acervo histórico tanguero.

Los ensayos de esa orquesta siempre dieron motivos al elogio o a la curiosidad. Recuerdo cuando unas personas de Avellaneda , especialistas en apuestas, compraron la boite Michelángelo para poder tener a los conjuntos de Troilo, Pugliese, D'Arienzo, Di Sarli y otros en el escenario del mismo. Era como darse el gusto de contratarlos para solazarse ellos personalmente. Uno de los componentes de aquella sociedad, me contaba asombrado, entonces.

                                              
Ensayando con los fueyes: Binelli, Álvarez, Prevignano y Penón

  -Lo increíble es lo de Pugliese, se pasan horas y horas ensayando y discutiendo. Yo creía que hacían todo de memoria, simplemente leyendo las partituras, pero ellos son distintos. Se lo toman a pecho y a veces incluso llegan a cabrearse....

Beba Pugliese, la querida amiga, hija de Don Osvaldo lo cuenta así en su libro:

  -Yo era niña todavía. La orquesta de papá ensayaba en casa... Los músicos captaban el sentir del director y era como una sola vena, artística y vocacional.... La casa se llenaba de ecos musicales , de arpegios donde destacaban los rezongos de los bandoneones, sus variaciones -yeites, códigos que tiene nuestro tango-, el despliegue melódico y armónico, los arrastres, los silencios, y esa marcación metronómica del contrabajo juntamente con el piano... ¡Qué delicias! Y qué placer para mí era presenciar todo aquello, ¡qué privilegio! Escuchar en los ensayos repetir fraseos, cantos contracantos, preguntas y respuestas de los instrumentos hasta lograr el ajuste perfecto que querían, ese conjunto de sonidos que declama continuamente nuevas sensaciones elevando el espíritu, llegando a una exaltación pocas veces experimentada.

Otro que tuvo la suerte de presenciar esos ensayos años más tarde y contarlo en un piccolo librito, fue Arturo Marcos Lozza. Esta vez ocurrió en el Profesorado de Música de la calle Sarmiento, y alguno de esos pasajes, Lozza lo relata de esta manera.

La orquesta de Pugliese en el ensayo. Prevignano, Álvarez y Lapinta en fueyes

  -En uno de los rincones aguardaba Copacabana, tango ilustre de Julio De Caro. Apenas retornó Pugliese, tomó esa partitura. "Copacabana", confirmó. Otra vez el murmullo de papeles, voces, cuerdas, sillas arrastradas hacia el lugar exacto, ronquidos de bandoneones, palabras aclaratorias con dedos que recorren los pentagramas.

   -¿Ya están las cosas en orden? Gira la cabeza el maestro. "Un, dos, tres..." Copacabana. Pero no: "no hay nada, nada de lo que ensayamos el otro día, no hay ni un matiz en lo que están tocando", frena el maestro, se levanta, mete las manos en el bolsillo, parece cabrero: "el acento ¿se olvidaron?. Hace indicaciones sobre la partitura. Repiten: "un, dos, tres...". Manda a parar.
   -(...) Vamos, "Copacabana" de nuevo, y arrancan por cuarta vez, nos invaden los ritmos, los músicos se arrebatan, hay una especie de embriagación colectiva, los botines lustrados de Lapinta y las botas de gamuza de Rivas talonean el piso al compás, los misterios del tango canyengue surgen de las baldosas, flotan corcheas que se chocan en los "rubattos" y "strapattos", precipicios de pequeños silencios estallan en la cúspide como volcanes sincopados que entran en erupción rítmica...

   -(...) A Osvaldo Pugliese sólo se le ve la espalda y dos manos que van y vienen como patas de ñandú que escapan por las teclas. Roberto Álvarez (bandoneón) mira concentrándose en el piso e hincha los labios hacia adelante, Fabio Lapinta aprieta y abre el fueye, Alejandro Prevignano hace que cada nota de su bandoneón sea un rendimiento de homenaje a su antecesor Arturo Penón...

Alejandro Prevignano tocando en la orquesta de Osvaldo Pugliese

Y después de esta riqueza de expresiones que permiten comprender el porqué del sonido Pugliese, vuelvo al tema del título compuesto precisamente por Alejandro Prevignano, compuesto en 1986. Este hombre, nacido en el porteño barrio de Parque Patricios, arrancó a los 9 años el estudio de música y bandoneón con Salvador Busceni y completaría su formación con Francisco Requena.  A los 12 años de edad, tocaba en la orquesta del Club Independiente y de jovencito saltaría al conjunto de Fulvio Salamanca.

Posteriormente se integrará en reconocidas orquestas como las de Juan Sánchez Gorio y luego Roberto Caló. De allí salta a la de Osvaldo Piro, con quien está entre 1966 y 1969. Nunca dejaría de estudiar y será convocado por Osvaldo Pugliese para su orquesta en 1976, permaneciendo junto al maestro hasta 1995, año del fallecimiento de Don Osvaldo.

                                   
La orquesta de Osvaldo Pugliese en México. Prevignano es el de la derecha, abajo-


A partir de allí seguiría trabajando y enseñando. Estuvo en la Compañía Tangox2 de Miguel Ángel Zotto, con el Trío de Fernando Romano, en la Color Tango Tolosa y en otras formaciones ocasionales.

Su tango Ensayando, es un poco la síntesis de aquellos duros trabajos que realizaba la orquesta para llegar a tan felices resultados que eran una delicia para los fanas de Pugliese, y los que gustan de la buena música. Lo grabó la orquesta de Don Osvaldo, el 10 de noviembre de 1986, y hoy podemos disfrutarlo en este video, en que lo ejecuta la orquesta. Prevignano es el bandoneonista que está junto a Pugliese y quin compuso este hermoso tema.


                                       




martes, 13 de octubre de 2015

Mi cantar

Este tango de Homero Expósito y Héctor Stamponi, refleja en su letra, con elocuencia arrebatadora y con magistral tono poético, las desventuras del amor, el fracaso de la pareja y el dolor testimonial de ese abandono. ¿Quien no ha vivido en sus carnes el folletín sentimental que atravesamos en esas instancias?. Homero Expósito lo expresa de una manera difícilmente superable por otros poetas del género, a la vez que desliza el dolor que tejió en su vida aquel trance de la ruptura amorosa.

Mi cantar
es un canto de esperanza,
flor de yuyo, rabia mansa, soledad...
Mi cantar
lo robé de las estrellas
con mis manos, con mis penas,
con tu adiós, con tu adiós...
Callejón
de caricias y sonido
que llegando del olvido
dan motivo a la canción.
Mi cantar
es un canto de esperanza,
es un grito de dolor.

                                          

Homero Expósito fue el gran renovador del lenguaje y la temática del tango. Una gran cantidad de sus obras siguen en el candelero con una fuerza imponente, por la distinción y calidad poética de sus creaciones. Fue además poseedor de un tremendo sentido de la exigencia consigo mismo, y podía ir retocando sus versos hasta el infinito, antes de darles el pase para que el compositor de turno le agregara la música.

En algunos de sus tangos se ocupa del desamor, con una pasión desvelada. Es cierto que la poesía es un arte concentrado que refina la belleza y ello la da más vuelo aún a la obra de Expósito, que resalta de manera luminosa y dolida en temas como Yuyo verde, Naranjo en flor, Humano, Flor de lino, Sexto piso, Loco torbellino, Quedémonos aquí, Pequeña, Maquillaje, Pedacito de cielo, Pigmalión, Pueblito de provincia, Tu casa ya no está...

La música de todos estos temas fueron firmados por compositores de primera línea, como Stamponi, Ástor Piazzolla, Armando Pontier, Domingo Federico, Enrique Francini, Osmar Maderna, Emilio Barbato, Eladia Blázquez, Argentino Galván, Aníbal Troilo, Atilio Stampone, Osvaldo Pugliese, Roberto Nievas Blanco, Miguel Caló, Roberto Grela, Héctor Varela y otros.

                                             
Virgilio Expósito


Pero su hermano menor, Virgilio, pianista y compositor, fue también coautor de varias de sus páginas más celebradas y quien mejor lo conoció en la faceta artística.
   -Era un escritor de trabajo -decía-, y no de mesas de café. Cuando éramos pibes, a él le gustaba analizar cómo se hacían las canciones, qué errores se cometían, antes de lograr la versión definitiva. Así aprendimos a hacer música, a componer y trabajar juntos.

Y a la vez desveló ese secreto que palpita en sus canciones.

   -Homero era un poeta de trabajar mucho, de hacer y rehacer noventa veces un texto. Usaba una máquina de escribir y con su trabajo no era para nada bohemio. Tenía quizás esa imagen porque era poeta y porque le gustaba mucho la noche a él y a su perro, y le encantaba caminar junto a él. Pero no era de pararse en los boliches a hablar de cualquier cosa.

   -Era también un poeta  limpio, aunque en sus letras siempre asoma alguna cosa fatal, algo que nunca se le dió.  Cuando era muy jóven, allá en nuestro pueblo de Zárate, tuvo una novia y estuvo muy enamorado de ella. Incluso ella le correspondía pero de repente, un día, ella decidió terminar el romance y lo dejó. Fue un dolor muy grande y es posible que en su obra a la largo de tantos años haya influido sobremanera aquel rechazo juvenil.

                                             
Homero Expósito, Piazzolla y Ariel Ramírez en casa de Ástor


Esa llaga está expresada poéticamente de manera sublime y la perduración de su obra también revaloriza esa paleta y eleva la historia cotidiana de su vida a un filón de alto nivel creativo. No hay más que ver como ejemplo el tango que hizo con Piazzolla: La misma pena, en 1951. O el tema de hoy.

Mi cantar
cofre azul de lo imposible,
noche siempre, noche horrible,
noche así, como yo...

Mi cantar no ha engrosado mayormente  los atriles de orquestas y cantantes, pero nos dejó una grabación muy valiosa del mismo Miguel Caló con su orquesta y el cantor Jorge Ortiz. Lo llevaron al disco el 21 de mayo de 1943. En la partitura del mismo, editada por Julio Korn, Stamponi dedica el tema "a mi madre y a mi hermana Irma Teresa". Regresa permanentemente por obra y gracia de las milongas donde lo bailamos con ganas porque es muy rítmica la música y la interpretación. Y muy lograda  la intervención de Jorge Ortiz, un cantor que mereció mayor trascendencia.

¿Lo escuchamos?

12- Mi cantar - Miguel Caló con Jorge Ortiz

sábado, 10 de octubre de 2015

Así se baila hoy

Traigo este tango a la palestra porque refleja unas visiones que pueden contrastarse en las pistas milongueras de todo el mundo. Justo hoy que tenemos BIEN MILONGA en la CASA DE ARAGÓN, de Madrid (Salón, Terraza, Restaurante, Bar) como todos los sábados y martes desde las 21 horas, es lindo refrescar las ideas, venir a milonguear con una música que te hace saltar de la silla y te conecta con lo profundo de este género.

La evolución es visible en distintos rincones del planeta, porque han captado la emoción del abrazo íntimo y la pasión de dos cuerpos que se mueven en armonía con la música. Es evidente que si no hubiesen existido aquellos grandes creadores y los bailarines que iniciaron el camino, hoy no estaríamos donde estamos. Por eso, este tango del título que grabaron Miguel Caló con Alberto Podestá, Fulvio Salamanca con Luis Correa o Alfredo De Angelis con ese excelente cantor y mejor amigo, que es Roberto Mancini, define claramente la situación. Su autores fueron Marcos Vera y Ernesto Cardenal.

                             

             

Pero hoy sin grupo, también tallamos,
al tiempo viejo no lo envidiamos.
Fijate un poco, ¡pero juná morocho!...
Me sobra clase, ¡manyá un cachito, manyá qué ocho!
Mirá a mi piba, si tiene rango,
éste es el tango del tiempo de hoy.
Lo bailo un kilo, y en cuanto a ella
ni la Mireya lo bailó mejor...

El hombre se da manija, inconcebible en un milonguero, pero el tono del tango es ése y en las versiones citadas está muy bien interpretado. Para ver si rumbea en lo cierto, nada mejor que pispear por distintas pistas y captar el tono y la técnica que han conseguido ellos y ellas.

Por ejemplo, arranco en Buenos Aires, cuna del tango, y me fijo en la pareja integrada por Alberto Sendra y Fernanda Japas, que en el Parakultural se mandan el tango  Remembranzas, con Los herederos del compás y el cantor Pablo Ramos. ¡Qué elegante es esta mujer!

                                        

Y a la hora de los grandes troesmas, nada  mejor que Miguel Ángel Zotto y Daiana Guspero que en la isla de Creta, Grecia, bailan El viejo vals, esa maravilla de González Castillo y Charlo, por Francisco Rotundo cantando Enrique Campos y Floreal Ruiz.  ¡Cosa de locos!


                                            
  
Y pa'redondear la mattinata sabatina, y con vistas a la milonguita de esta noche, me paso por Seúl, capital de Sur Corea,  para apreciar a los ponjas Hiroshi y Kyoko luciéndose con la milonga que homenajea a mi barrio: Parque Patricios, por Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.  


                                                                   

Si ya me estoy saliendo de la vaina para moverme en la pista questa notte...

jueves, 8 de octubre de 2015

Se marchita un clavel

Lindo tango del pianista, director y compositor José Tinelli y el poeta, periodista y escritor Manolo Ferradás Campos. No tuvo mayor trascendencia hasta que lo grabara José Basso con Floreal Ruiz, pero tiene una piccola historia que me hace recordarlo y además, me gusta como lo interpreta el Tata y ese comienzo de violines de la orquesta, que nos va poniendo en situación.

Y el recuerdo va hacia atrás porque esto lo contaba Alberto Marino sobre sus comienzos.


Aníbal Troilo y Alberto Marino
                                           
    -Mis padres y mis hermanos, todos cantaban muy bien. Los viejos eran sicilianos. sabían óperas enteras de memoria; y los domingos en la sobremesa de las grandes comidas familiares, cantaban ellos y todos cantábamos, cuando vinimos de Italia a la provincia de Salta, y más tarde en el barrio porteño de Las cañitas, entre Palermo y Belgrano.

Se llamaba Alberto Marinaro y nació en Verona. Supo enrolarse en la Academia de canto de Eduardo Bonessi, el mismo que lo pulió a Carlos Gardel y a tantos intérpretes tangueros. A los 16 años debutaría en el Cine Palermo y en Radio Mitre. Decidió optar por el alias artístico de Alberto Demare, que tenía similitud con su verdadero apellido.


                                                        


Cantó con varias orquestas, desde la de Emilio Balcarce hasta la de Emilio Orlando. Allí lo descubriría Aníbal Troilo cuando intervenían ambos conjuntos en Radio El Mundo. y el mismo Pichuco le confesaría a Horacio Ferrer su admiración por el ya consagrado como Alberto Marino.

   -Cuando lo escuché a Marino me quedé absorto con su voz. Pero hubo otra cosa: milagrosamente  encontré en su manera un dejo gratísimo del gallego Rodríguez Lesende a quien yo había querido para mi orquesta al principio. Y lo más notable era que Marino jamás lo había escuchado al gallego.

Sería Alfredo Gobbi quien lo sellaría con aquel rótulo tan justo: "La voz de oro del tango", porque realmente era un cantor distinto, vitalizante y aquel dúo que hicieron con Floreal Ruiz en la orquesta de Pichuco fue todo un impacto popular y sus grabaciones se vendían en forma increíble.


  -En la radio me conoció Pichuco, con cuya orquesta debuté antes de debutar, el 1 de diciembre de 1942, porque estaba aún ligado a la orquesta de Orlando cuando fuí a la celebración  de un aniversario del Palermo Palace, en el que actuaba Troilo. El público, sabiendo que yo ya tenía contrato para actuar con él, me obligó a subir al escenario, donde canté con la orquesta Pa'que bailen los muchachos y Mi noche triste. Y el 4 de abril de 1943, grabé mi primer disco: Tango y copas, subrayaba Marino

El tango del título se lo cantaba Marino a Floreal en los ratos libres de los ensayos con Troilo. Y le contaba que de jovencito actuaba en un café de la calle Chenaut y tenía como tango preferido y reiterado  a Se marchita un clavel. En su casa siempre se pasaban tangos de Ada Falcón y Corsini, que tenía su cuñado, y era seguidor de Charlo y Oscar Alonso. Pero nunca llegó a grabar aquel tango favorito.

                                             

El mismo que se quedó en la oreja de José Basso, que era el pianista de Troilo en aquella época y de Floreal, su compañero de rubro. Y entre los dos se compincharon para ensayarlo y finalmente grabarlo el 26 de abril de 1960. Es el tango que hoy traigo a la palestra como recuerdo de esos dos impresionantes cantores: El Tano y el Tata, que dejaron una huella imborrable. 


Y me voy también a ese primer tema que grabó Marino con Pichuco: Tango y copas, de Héctor Artola y Carlos Bahr, grabado el 5 de abril de 1943.


                                          

martes, 6 de octubre de 2015

El pescante

Este tango de Homero Manzi y Sebastián Piana, pinta como pocos aquella Buenos Aires de calles empedradas por las cuales circulaban infinidad de carros con sus cargas destinadas al comercio: El papero ("¡Llegó la papaaaa nuevaaa!"), el lechero con su carrito fileteado, los de la Panificación... Época de corralones para alojar a los nobles matungos, de herrerías en los barrios para cambiar las herraduras de los cuadrúpedos. El Pescante se identifica con otros del mismo tenor como El carrerito, de Vaccarezza y De los Hoyos o Mano blanca, del mismo Manzi con música de Arturo De Bassi.

Homero Manzi (Manzione) bajó de su Santiago del Estero natal) y fue alojado para el estudio en el Colegio Luppi de Pompeya. Barrio de andurriales, de zanjas, de ranas, con potreros donde corrían los niños detrás de una pelota, el pitido del tren estremecía los patios abiertos de las casitas con malvones enlatados, y los olorosos jazmines del país que le daban aroma y color al humilde vecindario.

                                           



Por las noches se escuchaba chairar a las guitarras, en serenatas y en payadas interminables. Los cardales que bordeaban las vías del ferrocarril, crecían como si la pampa se hubiera estancado en los comienzos de la Gran Aldea. Existían antiguas pulperías en las que solían detenerse los hombres de a caballo que llegaban de Mataderos, esquivando los charcos y lagunitas que se formaban en el camino.

En una genial descripción de aquella zona alejada del centro, el propio Manzi la pintaba así:

   -Desde la barranca de Boedo hacia el sur, se presentían Pompeya y Puente Alsina, con sus porrones, sus chimeneas y sus inundaciones; y hacia el norte, el último pedazo de Almagro, escenario de José Bettinotti, el pequeño muchacho zapatero, que inventó, vaya a saberse cómo, la primera canción de Buenos Aires. Y al otro lado, Cochabamba arriba, las calles anchas y los árboles verdes y hasta retazos de alfalfares y quintas misteriosas.

   -Y por San Juan, ganando el río, San Cristóbal bravo lleno de mostradores y de escudos de comité y de canchas de taba y de pedanas a cuchillo. Y a los cuatro rumbos, casas sin salas y corredores profundos y huecos sembrados de vidrio y latas y de hombres traídos por los mares y mujeres con pañuelos atados a la cabeza y muchachos argentinos que estaban fundando, sin saberlo, al hijo nuevo de la patria vieja.

   -Boedo era algo así como un paso pesado que diera Puente Alsina para llegar al centro, como también el tránsito obligado de las gentes del centro cuando querían acercar el alma al Riachuelo.

                                           
Cátulo Castillo, Homero Manzi, Sebastián Piana y Pedro Maffia


Homero Manzi cantó como nadie el paso irremediable del tiempo, en versos convertidos en páginas maravillosas, y que descubrieron el sur perdido  de los porteños que nunca fueron merecedores de la atención de intendentes y concejales municipales. Ellos sólo mimaron al centro y el Barrio Norte. Temas metafísicos e íntimos como Barrio de tango, Cornetín, Valsecito de antes, Nobleza de arrabal,  Milonga de Puente Alsina, Arrabal, El último organito, Esquinas porteñas, Mano blanca, Romance de barrio y la inmortal e hímnica Sur, que hiciera con Troilo y nos sigue emocionando, son apenas brochazos maravillosos de su pluma  homenajeando al barrio que lo acogió. Son paisajes que brotan en el recuerdo como fotografías desteñidas por el paso del tiempo. Pero la paleta lírica de Homero las devuelve indemnes, hermoseadas y llenas de nostalgia

                                       
Homero Manzi


Curiosamente, en un reportaje lejano (Manzi vivió solo 46 años), cuando le dieron un a elegir un tema entre su vasta producción, dudó, y al final dijo algo así.

  -Es muy difícil tener un hijo preferido. Muchas de mis obras me dieron satisfacciones grandes. Escucharlas por voces maravillosas, e incluso por grandes orquestas, no tiene precio. Pero, qué sé yo,  mi corazón tiene una relación con El Pescante que me deja como un poso especial. Sí, es un tango que expresa mis sentimientos y encontró la música ideal, en la creación de Piana. El Pescante significó mucho en mi paso por el tango. Una especie de mojón definitivo.

Marca como una señal entre el pasado que se esfumaba y el presente que asomaba en el horizonte..

Yunta oscura trotando en la noche.
Latigazo de alarde burlón.
Compadreando de gris sobre el coche
por las piedras de Constitución.
En la zurda amarrada la rienda,
amansó al colorao redomón.
Y como él , se amansaron cien prendas
bajo el freno de su pretensión.

                                                 
 

Obtendría el segundo puesto en el concurso organizado en el Teatro Sarmiento, en 1934, en el sainete La canción de los barrios, de Canaro e Ivo Pelay, cantado por Ernesto Famá. Éste lo grabaría el 7 de junio de ese año con la orquesta de Francisco Canaro, como lo haría inmediatamente Ada Falcón con la misma formación. Luego lo registrarían numerosos intérpretes y de entre todas esas grabaciones escojo la de Lucio Demare con la voz de Raúl Berón que fue llevada al disco el 11de febrero de 1943.  Y la de Roberto Goyeneche acompañado por la orquesta de Armando Pontier, de septiembre de 1968.

04- El pescante - Lucio Demare-Raúl Berón

05- El pescante - Roberto Goyeneche con Armando Pontier

sábado, 3 de octubre de 2015

Yo soy el tango

Hoy estamos de cumpleaños en BIEN MILONGA, el bailongo que realizamos todos los sábados y martes en la CASA DE ARAGÓN de Madrid, a partir de las 21 horas. Y con la experiencia que dan los años, sabemos calentar las gambas seleccionando una música de prima, de esas que te llevan a la pista sin paradas intermedias, porque tiene una polenta bárbara y es super milonguera. Tal cual
cantaba el tano Fiore los versos de Homero Expósito:

Soy
el tango milongón                                                 
nacido en los suburbios
malevos y turbios.
Hoy,
que estoy en el salón,
me saben amansado,
dulzón y cansado.
Pa'qué creer,
pa'qué mentir
que estoy cambiado,
si soy el mismo de ayer.

¿Te das cuen? Más clarito echale agua. El tango arrancó malevo, lo quiseron disfrazar algunas veces, anche en estos tiempos recientes con lo del neo tango, pero cuando enchufás un gotán, una milonga o un valsecito del treinta o cuarenta, se disipó la niebla en el acto. Esas grabaciones no tienen contra y son la gasolina de los milongueros, en Parque Patricios, en la China, Roma o Nueva York, ¿viste?

                                         


Escuchen mi compás

¿No ven que soy gotán?

Y está clarete que lo vemos y lo disfrutamos. Y para quien no lo advierta o sea sordo de oreja, de cuore o de remos, me voy a dar una vueltita por el ancho mundo y así les canto mejor la quiniela.

Por ejemplo, me paso por la milonga Porteño y bailarín, de la calle San José, en Buenos Aires, donde Marcela Monzón y Edgardo Balatti se exhiben con Pájaro ciego por Aníbal Troilo y Fiorentino, con una leve intervención de Amadeo Mandarino.

                                          

Cazo la valija virtual y vuelo a Taipei, en China,  para ver a I-fan Wu y Agustín Chu, bailando el tango Una fija por la orquesta de Don Carlos Di Sarli.

                                     

Doy un salto lungo hasta Montpellier en Francia, y ahí los encuentro bailando a La Pluma Haris y Malika. En este caso se trata de un valsecito: Lejos de ti, por la orquesta de Rodolfo Biagi y el cantor Teófilo Ibáñez.


                                          
Y me voy a preparar el escabio para el cumpleaños de BIEN MILONGA, esta noche en Casa de Aragón.

Au revoir!




jueves, 1 de octubre de 2015

Tema otoñal

La estación que sucede al verano y antecede al invierno, es seguramente, la más parejita y linda de Madrid. Como estamos a 600 metros de altura sobre el nivel del mar, el solcito que tenemos en estos meses calienta la osamenta y es lindo  pasarla "campaneando un cacho'e sol en la vedera..."

Pero también son días para encontrar algo que nos renueve las emociones y prestemos más atención a muchas cosas que nos pasan, que nos rodean, como la naturaleza y la música, que  son inspiradoras y fecundas. Desde mi ventanita florida veo los árboles y el verde del parque vecino, mientras escucho música y escribo. Todo eso me sirve para recrear ese archivo incrustado, aquellos paisajes del alma, que decía Unamuno, sumergiéndome en reverberaciones melancólicas, quizás.

                                           
Enrique Mario Francini y Aníbal Troilo


Como las imágenes efímeras que titilan en la pantalla del ordenata, mi cabeza y mi cuore viajan con esta música que escucho en la manaña luminosa, Sin nubes en el horizonte. Y me estoy acordando de Enrique Mario Francini y sus viajes emocionales con el violín. Un músico maravilloso y sencillo como hombre de pueblo, al que vi tantas veces, incluso pasando un momento dramático cuando subió al palco que esperaba aquel regreso tan esperado de Juan Domingo Perón en el tinglado preparado cerca del aeropuerto de Ezeiza, junto a otros integrantes de la orquesta del Teatro Colón..

De repente comenzó un tiroteo brutal y los músicos debieron tirarse de bruces al piso del palco para evitar las balas. Yo estaba con dos compañeros periodistas, parapetado contra la pared del mismo y lo veía a Francini abrazado a su violín y no podía creerlo, ni entendíamos nada de la que estaba pasando. Y el otro tema tremendo, fue su minuto final en el escenario de Caño 14.

Se organizó un Festival en homenaje a Pichuco -fallecido tres años antes, el domingo 27 de agosto de 1978, al que acudía Zita, la compañera de Troilo. El gordo Francini -para muchos el mejor violinista de la historia del tango-, estaba algo mal de salud pero decidió acudir y Chupita Stamponi que hacía dúo con su amigo de toda la vida, pidió tocar en primer término para que Enrique pudiera irse a descansar.

                                                 
Enrique Mario Francini y Héctor Chupita Stamponi


Los presentó Ana María Micheli, arrancaron con La casita de mis viejos y siguieron con Mi noche triste. Estaban tocando Nostalgias entre grandes aplausos, cuando de repente Francini cae al suelo como impactado por un rayo. Lo atendieron de inmediato los doctores Matera y Márquez, mientras él agonizante preguntaba por su violín, pero ahí se quedó para siempre el querido Gordo Francini.

                                         
Enrique Francini, Alfredo Gobbi y Hugo Baralis, tocan en la orquesta de Troilo

Yo tenía un recuerdo suyo mucho más amable y gracioso, que sucedió en ese mismo mítico local. Era una velada que ya se acababa, quedaban los últimos amigos, saturados de noche, compinches de Pichuco, tangueros de alma. Afuera, en la calle estaba destemplado, frío, ventoso, y entonces Troilo le dijo a Francini:

-Subí y tocate un par de temas con toda tu polenta, para cerrar...

El Gordo desenfundó su violín, subió al escenario con Pichuco y éste les anunció a los fanas que aguantaban hasta el final:

- Bueno ahora el maestro Enrique Francini nos va a deleitar con su gran clase, en un par de temas, y después...¡nos vamos todos a la mierda..! 

Cosas de Pichuco. Lo hizo en la intimidad silenciosa de la noche y porque en ese momento no quedaban damas, con las cuales era sumamente respetuoso.


Francini no compuso demasiados temas pero dejó páginas de grueso calibre. Y de entre ese manojo de creaciones suyas, hoy me vine con su Tema otoñal. Ha sido grabado por su propia orquesta y por diversos intérpretes como Ástor Piazzolla, Aníbal Troilo, Francini-Pontier, Hugo Baralis, Fernando Romano y muchos otros. Aníbal Troilo le registró con su orquesta el 20 de septiembre de 1967 y vale la pena destacar que Pichuco invitó a Francini a esa grabación y lo hizo intervenir con sus maravillosos solos de violín.

Es la que escuchamos acá con tremenda nostalgia.

Tema otoñal - Aníbal Troilo







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