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viernes, 29 de agosto de 2025

Jamás retornarás

Una de las tantas rarezas del tango. La sociedad musical Osmar Maderna-Miguel Caló se alió en este caso en los rubros: poeta-compositor, para crear el tema que resalta las peculiaridades de la yunta en la poesía y musicalización del tema. Como hicieran también con el tango Qué te importa que te llore y el valsecito Luna de plata.

Era la época en que el piano de Maderna sacaba roncha en la Orquesta de las estrellas, como se conocía entonces a la formación de Miguel Caló. Ese modus inconfundible del músico de Pehuajó,que a sus 21 años ya se había incorporado al grupo y no sólo como pianista sino incluso en función de arreglador, lo que le permitiría lucir tempranamente sus cualidades en esos capolavoros tan especiales.

Se trata de un caso muy especial, porque en general, los compositores trabajaban sobre la poesía de los escritores, y en este caso Maderna y Caló rompieron con el molde y lograron en 1942, éxitos como este en la doble función creativa. El tango que recuerdo en este caso no tiene muchos registros discográficos, pero la versión de Miguel Caló con Raúl Berón es gratificante y dan ganas de escucharlo una y otra vez.

                                          


El tema versa sobre el clásico déjà vu de la pareja que consagró tantos proyectos unidos y promesas luminosas que de repente, inesperadamente se quiebran. Los sueños reverberan esas circunstancias del adiós que parecía tener boleto de retorno, pero la realidad desbarata todas las perspectivas y el hombre, quebrado, recuerda esos momentos que se le hacen inolvidables y desgraciados.

Cuando dijo adiós, quise llorar...
Luego sin su amor, quise gritar...
Todos los ensueños que albergó mi corazón
(toda mi ilusión), cayeron a pedazos.
Pronto volveré, dijo al partir.
Loco la esperé... ¡Pobre de mí!
Y hoy, que tanto tiempo ha transcurrido sin volver,
siento que he perdido su querer.

Muchos poetas del tango retratan en algunas de sus creaciones, las vivencias personales y amorosas.  Leyendo los versos del tema que traigo hoy a la página, da la sensación de que hubiese una historia real, yacente en todo el espíritu del tema. Acorralado por la nostalgia, la fugacidad de los momentos de amor, deshilvanando su musa, el personaje confiesa que su vida está herida de muerte sentimental.

Jamás retornarás... lo dice el alma mía,
y en esta soledad te nombro noche y día.
¿Por qué, por qué te fuiste de mi lado
y tan cruel has destrozado mi corazón?
Jamás retornarás... lo dice el alma mía
y, aunque muriendo está, te espera sin cesar.

Cuánto le imploré: vuelve, mi amor…
Cuánto la besé, ¡con qué fervor!
Algo me decía que jamás iba a volver,
que el anochecer en mi alma se anidaba.
Pronto volveré, dijo al partir.
Mucho la esperé… ¡Pobre de mí!

Y hoy, que al fin comprendo la penosa y cruel verdad,
siento que la vida se me va.


Y el tango pegó. Pegó de tal forma que a ochenta y tres años de su creación, lo seguimos escuchando y bailando con ganas. También es cierto que la intepretación de Raúl Berón con la orquesta de Miguel Caló le suma muchos puntos al tema. Lo que sin embargo no deja de llamar la atención, insisto, es que los versos hayan sido creados por dos músicos de tango como Maderna y Caló.


El 9 de octubre de 1942, Miguel Caló con su orquesta lo llevó al disco. Y acá lo tenemos otra vez con la nostalgia que va creando en sus compases y el canto sentimental de Berón.



 




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