lunes, 11 de febrero de 2013

Uno

Letra y música magistrales convirtieron a este tango de Mariano Mores y Enrique Santos Discépolo en una página que recorrió el mundo y además de ser ejecutada por orquestas y cantada por intérpretes de todo el mundo, dió lugar a que muchos intelectuales, e incluso psicólogos, intentaran descular su contenido.

Carlos Di Sarli había convocado en una noche de 1940 a varios amigos para presentar en sociedad a su nuevo cantor: el pibe Roberto Rufino. Ya había grabado un par de temas con el cantor, pero así se movía la gente del tango y de la noche en la Buenos Aires del cuarenta. Acudieron varios directores con su esposas y gente del tango. Discépolo y Tania se sentaron cerca de la orquesta. Al final de las interpretaciones de los anfitriones, alguien pidió que Tania cantara. Di Sarli, antiguo compañero musical de Tania prefirió que la acompañase Marianito Mores. Y la cosa funcionó muy bien.

Discépolo se entusiasmó con el joven pianista de quien tenía mentas y corrió a felicitarlo a su manera tan efusiva. Mores aprovechó y le dijo: "Maestro, tengo algunos temas que tal vez le interesen para ponerle letra". Y ahí mismo el aludido lo invitó a su casa de La Lucila para escucharlos. Allí, sobre el piano blanco de Discepolín, Mores dibujó sus dos temas: Tango argentino, que tenía un aire pampeano y pronto se llamaría Adiós pampa mía, y Cigarrillos en la oscuridad. Éste último fue el que más interesó al dueño de casa y se lo hizo repetir varias veces para tomar apuntes y sacar el monstruo, como se llama al proyecto de la letra que debe ir acoplada a esa música.

Pasaron tres años sin novedad, Mores nunca se atrevió a preguntarle que había pasado con su tango a Discépolo, y por respeto, cuando se veían, prefería no mencionárselo. Pero en esos tres años Enrique había estado madurando la letra a su manera, tercamente, dramáticamente.

Cuando en 1943, le entregó los versos de Uno al autor de la música, éste se quedó perplejo. Eran de tamaño sábana, larguísimos, y en esa época sólo se cantaban los estribillos o primera y segunda parte solamente. Él estaba acostumbrado a los 16 compases y no entendía tamaño discurso. Le llevó la letra a su director y mentor, Francisco Canaro y él le dió el visto bueno, ese drama era digno de cualquier dramaturgo de postín.
Tania y Discépolo
Tania lo estrenaría en el Teatro Astral el 28 de abril de 1943, en "La revista loca", bajo el título: Si yo tuviera el corazón, como reza la estrofa inicial de la segunda parte, pero a la inversa del largo texto, se quedaría finalmente con un título minúsculo: Uno. Todas las orquestas y cantores se lanzaron a grabarlo. Troilo-Marino, Canaro-Roldán, Fresedo-Serpa y Libertad Lamarque con la orquesta dirigida por Mario Maurano fueron los primeros de de una larguísima lista, ese mismo año 1943.

En un  ciclo que hiciera Discépolo por Radio Belgrano en 1947, titulado: "Así nacieron mis canciones", cuenta el tremendo estado de ánimo que padecía en esos momentos. "Estaba raro, no sé en realidad qué diablos me pasaba. Me entró de pronto una melancolía inexplicable... Quería pelearme con todo el mundo... Fue una temporada terrible. En casa, un poco alarmados, llamaron al médico. Estaba sano, no tenía nada. el médico, probrecito me dijo lo de siempre, que dejara de fumar, de tomar, de acostarme tarde...

En esos diez días pensé en mi vida, en las cosas de mi vida. Pero no pensé en los buenos momentos, pensé en los malos momentos. Eso fue la auto-vacuna que me curó. Me curé con mi propia rabia, con mi propia amargura. Aquello pasó y seguramente no volverá a repetirse. Cité aquel estado especial de mi espíritu para justificar esa amargura de Uno, que muchos amigos dijeron que resultaba tremenda y desoladora. Tal vez tengan razón...  Aquellos días de locura absurda me ayudaron a preparar el tema. La desilusión amarga del que no puede amar, aún queriendo amar, no había sido tratada todavía. Yo aprendí, en aquellos días de "reviro", que la gente sería inmensamente feliz, si pudiera no presentir...".

Extraemos dos versiones de este tango: Por Mariano Mores, su orquesta y la voz de Carlos Acuña y en la faz instrumental, por André y su conjunto (en realidad es una de las tantas formaciones que dirigía Santos Lipesker y en la cual se luce Dante Amicarelli en el piano y De Lío en guitarra).

06- Uno - Mariano Mores-C.Acuña

21 - Uno - André y su conjunto



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