jueves, 21 de febrero de 2013

Roberto Firpo

Cualquier tanguero sabe de la importancia tremenda que ha tenido este músico en la historia, desarrollo y consolidación de la música ciudadana porteña. Fue un adelantado en muchos aspectos importantes de la misma: Especialmente en  la introducción del piano en los tríos típicos que hasta entonces constaban de flauta, violín y guitarra o arpa.

Compuso infinidad de éxitos que llegan vigentes y renovados al Siglo XXI. Con Fancisco Canaro realizaron la unión de ambas orquestas para los carnavales de los años 1917/18, bajo el rubro Firpo-Canaro en el Teatro Colón de Rosario. Eduardo Arolas estaba en la fila de bandoneones de ese conjunto que buscaba mayor sonoridad porque en esa época no existían los amplificadores. Junto a él se alineaban los fueyes de Osvaldo Fresedo, Minoto De Cicco, Pedro Polito y Bachicha D'Ambroggio. La orquesta tenía dos pianos, que tocaban: José Martínez y el propio Firpo. Y Canaro estaba en la fila de violines, además de flauta, clarinete y contrabajo.
El cantor Ernesto Famá con Roberto Firpo y Francisco Canaro
Ya sabemos con certeza el arreglo que hizo de la marchita carnavalera que le acercaron los amigos y el tío de Gerardo Matos Rodríguez al palco montevideano de La Giralda. Matos tocaba algo el piano con dos dedos pero no sabía música. Su hermana Becha conocía algo más pero tampoco era ducha escribiéndola. Ella fue la que pasó al pentagrama esa especie de marchita.

Y Matos Rodríguez se quedó de piedra cuando se enteró de la opinión de Firpo sobre esa escritura, como así lo cuenta en un libro,  Rosario Infantozzi Durán, sobrina nieta del autor de La cumparsita:
- Firpo casi se muere cuando vio la obra de mi querida Becha, porque me enteré que la música se divide en compases y los sostenidos y bemoles que tan prolijamente anotó mi hermana delante de cada nota, debería, por una ley conocida por todos, menos por mí, ponerse al principio de cada pentagrama.

El maestro Firpo junto a su pianista; Carlos García
Firpo estudió con el maestro Alfredo Bevilacqua, y aprendió teoría, solfeo y armonía. Uno de sus grandes méritos estriba en el hecho de haber cosificado el valsecito criollo o porteño, con Desde el alma, la obra de Rosita Melo, que era un Vals Boston, de los que pululaban por los atriles tangueros de la época, igual que los vieneses. Desde entonces el vals se hizo familiar en los atriles tangueros.
Una de las orquestas de Firpo. Cambareri es el primer bandoneón
Para calibrar su obra, quizás bastase con decir que en 1912, compuso un tango de enorme belleza: El amanecer. Dos años más tarde, para la obra de Florencio Parravicini: Alma de bohemio, crea su tango homónimo. Y temas como Didí, Viviani, El apronte, Argañaraz, Vea vea, La marejada, El talento  y una extensa lista que serían embellecidos por las orquestas del cuarenta, especialmente por Carlos Di Sarli. Odeón le pagaba a Firpo una suma escalofriante para la época, con el fin de tenerlo como artista exclusivo.


 Mi hermano mayor no descansaba nunca escuchando al cuarteto del maestro -que vivió en la esquina de Rioja y Rondeau, pleno Parque Patricios- y terminó abrumándome. Pero cuando le presto atención a la orquesta de Roberto Firpo, me admira comprobar la textura de su música, esos tiempos lentos de ejecución, distintos a los del cuarteto, de prevalencia melódica y asordinado empleo de las cuerdas. Es realmente un modelo que señala el camino, marcando una tendencia que germinará en las futuras formaciones tangueras.

Les propongo que escuchemos a la orquesta en dos temas: Mascarada, de Roberto Firpo y Venancio Juan Clauso, grabado en 1934, cantando Carlos Varela. Y La carcajada, tango del propio Firpo, registrado en 1935.

Mascarada

La carcajada






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