martes, 26 de febrero de 2013

José Dames

Vale la pena recordar a este bandoneonista rosarino, que se radicó en Buenos Aires, transformándose en un porteño de Nueva Pompeya, el barrio donde también recaló en alguna oportunidad Julián Centeya, que fue quien me lo presentó, en el café de la esquina de Radio Argentina, de la Avenida Santa Fe y Junín.


Su obra autoral es prolífica y realmente valiosa. Algunas de sus creaciones han cobrado relevancia internacional y se han quedado encalladas en las nostalgias, después de haberse bautizado por ese crucero de la calle Corrientes, hasta alcanzar el ecuador del paladar tanguero.

La familia se radicó en San Fernando, en el extrarradio de la capital, y allí Dames comenzó a tañer el bandoneón, de la mano de un profesor de la zona y luego puliría sus conocimientos con Carlos Marcucci.

Su historia como bandoneonista es bastante inferior a su trabajo de compositor. El currículo lo muestra creando el dúo Dodero-Dames en 1934, después un trabajo de escaso valor artístico-musical con su propio conjunto "José Dames y sus muchachos" y en el torbellino de los años cuarenta apuntan sus acciones al alza, alternando en orquestas de mérito: Anselmo Aieta, Juan Canaro, Ricardo Pedevilla, Emilio Orlando, Rodolfo Biagi, Atilio Bruni y Francisco Rotundo.

También estuvo en los acompañamientos orquestales de cantores como Roberto Rufino, su vecino y amigo  de Pompeya: "El Chato Flores", Alba Solís, Andrés Falgás y otros.

Pero hoy lo quiero recordar en la faceta que lo hizo grande: componiendo. Aseguraba que nunca buscaba la música en el bandoneón, sino que llevaba en el bolsillo el poema y por la calle, en el bar, en el tranvía, iba ideando e hilando los compases que acompañarían a esas letras de poetas como Horacio Sanguinetti, con quien hizo la exitosísima  Nada, una composición maravillosa.También Los despojos, la bellísima Tristeza marina, Por unos ojos negros, Yo soy feliz y Milagroso. Con eso alcanzaría para pintar a un señor de la música, que derramó por las calles de Buenos Aires su alma tanguera y se incrustó en los repertorios de orquestas y cantantes de todos los registros.


Por si con ello no alcanzara, tal vez podríamos afirmar que la cumbre de su obra se resume en Fuimos, ese rituario del desamor, esa confesión que conquistó el universo emocional porteño.

Junto al Catunga Contursi enhebraron Tú, Fulgor, Brindemos en silencio, con la sombra de Gricel detrás de los versos. La lista de sus composiciones excede los 350 registros. Compuso con numerosos poetas: Carlos Bahr, Héctor Marcó, Luis Rubistein, Julio Camilloni, Cátulo Castillo (Detrás del turbio Cristal y Dos fulleros), Enrique Cadícamo (No me importa su amor), Abel Aznar, Marvil (Elizardo Martínez Vilas), Leopoldo Díaz Vélez (Mientras vuelve el amor), Juan Pueblito (Noé Scolnic), etc. Y también numerosos temas de diversos géneros con Rodolfo Toscano (Rodolfo De Forte).

La Esquina José Dames en el barrio de Nueva Pompeya
Además es autor de tangos, milongas y valses instrumentales, de los cuales señalo al tango El buscapié y la milonga La luciérnaga, por su enjundia. El jueves 28 de octubre de 1999, en un acto realmente muy emotivo se rindió un merecido homenaje a Dames al cumplirse cinco años de su desaparición. Estuvieron presentes Ben Molar, Elsa Rivas, Oscar Ferrari, Acho Manzi, Elías Rubistein y otras figuras como los bailarines Esther y Mingo Pugliese.
                                                                                          Varios de ellos actuaron pero la nota cumbre ocurrió cuando su hijo Julio cantó precisamente Fuimos, provocando lágrimas en algunos. Un año antes se presentó el proyecto para imponer el nombre de José Dames a la plazoleta ubicada entre las calles Esquiú, Tilcara y Abraham J. Luppi, donde estaba el viejo corralón de las citas de Manzi. Ese día se colocó la placa por orden de la Legislatura y estuvieron sus hijos Julio y Gloria y sus nietos. Se hizo justicia y Pompeya demostró una vez más que nunca olvida a los grandes personajes que traquetearon sus adoquinadas calles y fondearon en sus rantes y acogedores boliches.

Elegir entre esa riolada de títulos imprescindibles me cuesta mucho, pero como de costumbre debo regirme por la condensación

Y vamos entonces con El Buscapié, grabado por la orquesta de Osvaldo Pugliese el 1 de diciembre de 1947. Y por Miguel Caló con la voz de Raúl Iriarte: Los despojos (Dames-Sanguinetti), del 9 de mayo de 1947.

18- El buscapié - O. Pugliese

Los despojos- Caló-Iriarte


No hay comentarios:

Publicar un comentario