miércoles, 6 de febrero de 2013

El Pájaro

Se llama Diego Reimer y atendiendo a su apodo, podríamos afirmar sin duda alguna que no ha parado de volar desde que tomó la primera clase de tango.

Y eso que iba para baterista, como Chicho Frúmboli, pero cuando el tango te atrapa, ya no podés dejarlo. Así le pasó a este bailarín milonguero que ancló en Europa hace años y no para de trabajar en Festivales de los distintos países.

Hoy se presenta con este sabio aforismo: "No importa cuánto tango hay en tu vida, sino cuanta vida hay en tu tango".

 Fue incluso publicista profesional, un trabajo que incluso aflora en sus coreos, como él les llama, al montaje de sus creativas coreografías, ahora en pareja con la excelente bailarina María Belén Giachello. Diego ha tenido varias partenaires  y eso ha influido en sus vaivenes y trajines, evidentemente. Cuando las parejas se consolidan y llevan un tiempo trabajando juntos, es cuando se logran los mejores resultados, por la afinidad y todo lo que les une.

Con sus cuerpos llenos de signos musicales, poniendo el énfasis en la originalidad, disfrutan ya de algunos de los placeres del éxito. A la vez, El Pájaro define a la pareja como obsesivos, técnicos y sobre todo puristas y clásicos a la hora de transmitir el tango social y de salón.


Hace tiempo que viven en Francia y María Belén se manifiesta encantada con ello. "Francia es un país sumamente abierto a la cultura, se respira arte por donde se vaya, y en nuestro trabajo siento que la gente viene a buscar argentinidad, que es lo que a nosotros nos sobra".

Diego piensa que el público tanguero de todas partes, está siempre dispuesto a ser sorprendido. "Al extranjero le atrapa la conexión, la intimidad, el abrazo, la proximidad, y, en ciertos casos la destreza y lo espectacular".

                                              
Sobre el misterio del abrazo del que habló Juan Carlos Copes, ambos coinciden. Diego dice que el abrazo es lo que completa el misterio del tango. "Sin él podría ser aikido, capoeira, taichi. La conexión, la improvisación, la entrega, el aquí y ahora se ven completados por el abrazo entre dos seres (sean del mismo sexo o no).

                                     
Algo similar resume María Belén: "Creo que sí. También está en la armonía que se puede llegar a lograr entre dos personas a través del movimiento".

Se conocieron en marzo de 2008. Ella estaba en ese momento en España y El Pájaro en Francia, María Belén tomó el tren a Lyon, y en los primeros 5 minutos de ensayo entre ambos se produjo ese clic, descubren esa química instantánea que transforma sus vidas y sus vivencias en un escenario o en la pista. Desde entonces, afortunadamente para el tango, son pareja. Y ambos coinciden en sus necesidades expresivas en las coreos, la manera de transmitir sus sentimientos a los espectadores, un constante intercambio de ideas que surgen a través del baile.

Como a Diego lo conozco de hace unos cuantos años, incluso he bailado en La Ideal cuando él pinchaba, le dediqué este verso lunfa.



El Pájaro

La yugaba de inventiva
Con tacorba y jetra serio
Laburo senza misterio
Y sanata media chiva.

Zumbaba la batería,
le pegaba flor de murra
cabalgando fantasías,                                                       
musiqueras pajerías
sin gastar fangushería.
Bochinche que ya no curra.

Lo avivó un tal Molinari
metiéndolo en la milonga
enseñándole de ronga;
y el tambor quieto y solari.

Cuando aprendió la lección
manyando  la menesunda,
con una naifa en coyunda
se le embretó el corazón.

Le cachó el gustito al fato
embrocando milongueros,
arrieros y bastoneros,
dibujando garabatos;
ganándose en su arrebato
cartel  en los entreveros.

Quiso volar con el tango,
Europa le abrió sus puertas
con Tanguera de cubierta
pero jugándola al mango.

Yiran de primo cartello
conformando la gran yunta
Hoy son troesmas de punta
El Pájaro y la Giachello.

                              jmo

Y de paso cañazo, los vemos bailando en esta simpatiquísima coreo, del tango Café Domínguez, por el Sexteto Milonguero, en Francia.


O en este valsecito: Una lagrimita, por Héctor Varela y sus cantores Jorge Falcón y Ferndo Soler.. 



                                            







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