miércoles, 25 de junio de 2014

Gardel

Cada 24 de junio, día de su muerte en 1935,  es recordado con amor en toda Latinoamérica, reviviendo puntualmente en sus grabaciones, que mantienen la belleza del legado. La intimidad de ese estilo fundacional, con una capacidad descriptiva de sentimientos, situaciones, atmósferas y personajes, que le sirvió además para fraguar el canto del tango. Todo ello envuelto en la magia de su prodigiosa y sugerente voz que no supo de desafinaciones.

Todos los cantores que le sucedieron han abrevado en esa misma fuente nutricia. Y hasta Aníbal Troilo supo desde el momento en que formó su orquesta, "que debía sonar como Gardel". Esa frase es toda una definición, en la admiración por el artista.

Hace un tiempo le dediqué este poema que escribí para uno de sus aniversarios. Creo que de todos los próceres que ha tenido el tango, ninguno ha recibido tantos homenajes poéticos como Gardel. Algunos realmente maravillosos. No deja de constituir un fenómeno más, en la impresionante adhesión y reconocimiento hacia su figura inmortal.

Gardel canta en Radio Nacional - año 1933

GARDEL
                                                              “Si podemos decirle al fin de cada disco:
                                                                           -Te pasaste Carlitos….”
                                                                                                    Héctor Negro

Antaña devoción tangoesquinera
que el suburbio trasvasa
a parroquiana adoración hornacinera.
Es la musa sangrante
que fatigó el trovador itinerante.
¡Un llanto de ciudad, esa argamasa
entregada a su brújula albaceante!

Al yirar de la gente
que ataracea los huecos de su ausencia,
en la querencia,
el eco de su voz llega doliente;
fértil presencia,
que la metrópoli encelará como tesoro,
la oración fundamental de nuestro canto,
la sonrisa de goma tragacanto,
la voz invicta, el carretel sonoro.

Por la herida vitrola,
desangra el mensaje una ventana
y ante los versos que exuda la consola,
la misa gardeleana,
revive en el  milagro feraz de aquella gola.

¡Al aire zorzalea
una bandada volátil que gorjea, 
reconociendo el mensaje tangosanto
y chairándole al timbre llamador un contracanto;
en la lunita rayada  picanea
el temblor de una viola y nos arrea
levitando, esa voz inmortal, desde el espanto!


                                            

La actriz Mona Maris, nacida en el barrio de San Telmo de Buenos Aires, que como Gardel no tuvo padre reconocido y quedó huérfana con 4 años, fue criada por sus abuelos maternos en Francia.  Había perdido el acento porteño que recuperaría batantes años más tarde, y por una suma de casualidades fue contratada para hacer de partenaire de Gardel en la película Cuesta abajo, rodada en mayo de 1934, en los estudios Paramount de Long Island, Nueva York.   

Mona Maris




Allí, además de ser compañeros, establecieron una linda amistad entre Gardel y ella. Posteriormente filmó más de cincuenta películas importantes junto a actores de la talla de Cary Grant, Rita Hayworth, Humprey Bogart, Víctor Mature, George Sanders y otros. Se llamaba realmente Rosa Emma Mona María Marta Capdevielle y después de dar la vuelta al mundo, conociendo infinidad de países, terminaría sus días a los 85 años en la misma ciudad en que nació: Buenos Aires.

                                      

Hoy la recuerdo porque en este reportaje grabado, con mi querido amigo Antonio Carrizo, habla de Carlos Gardel con gran cariño. La última vez que lo vio fue en agosto de 1934 en una cena de despedida, al finalizar el rodaje Cuesta abajo. Quedaron en llamarse telefónicamente pero la catástrofe de Medellín fue el telón final para dicha relación.

Vemos el reportaje citado.                         

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