lunes, 27 de octubre de 2014

Borges y el tango procaz

Mucho se ha dicho y escrito sobre la relación de Jorge Luis Borges con el tango. Yo no soy precisamente de los que creen que el gran escritor supiese mucho al respecto. O poco. Pero su sobrino Miguel Torre Borges, en su libro: Apuntes de familia. Mis padres, mi tío, mi abuela, que editó Alberto Casares en el año 2004, en sus páginas habla de los tangos que le gustaban a ese escritor que, como tal, admiro profundamente y tengo toda su obra, que releo constantemente. Y voy a esas páginas que escribió su sobrino para conocer los tangos que le gustaban a Borges.

Tango y lunfardo
 Me enseño a jugar al truco. recitaba las coplas para cantar la flor, desde la clásica "Por el río Paraná...", pasando por la cuarteta criolla que evoca a la paradoja de Zenón: "Una carrera corrieron/el sapo y la comadreja,/ y el sapo, al aventajarla;/ le dijo flor en la oreja", Y la idílica: "En los jardines de Diana/tengo una rosa en botón,/conservate casta y pura/Si querés llamarte flor". (N de la R.: Soslayo algunas muy fuertes, bien de café para no molestar a nadie).




Milonga y tango
 Del truco y el lunfardo, saltamos fácilmente al tango. Empecemos por "...y oigo el eco/de esos tangos de Arolas y Greco/ que yo he visto bailar en la vereda...". Me acuerdo que de Arolas le gustaban Comme il faut, Derecho viejo, El Marne, y especialmente Una noche de garufa.  Aunque Tío conversó sobre los orígenes del tango con los hermanos de Vicente Greco, y no le disgustaban Rodríguez Peña, La viruta y El Estribo, sospecho que usó el nombre del compositor sólo para rimar con eco...
También conversó con José Saborido la letra de La morocha, según mi tío, desmerecía la música y Felicia era para él un tango lindísimo, y con Ernesto Ponzio no suelo oír Don Juan sin recordar con precisión un pasado apócrifo..
A esos tango primordiales habría que agregar El caburé, El cuzquito, El flete, El Maldonado, El torito, El entrerriano, Hotel Victoria... tangos que oía como en éxtasis, cerrando los ojos y acompañando los acordes con movimientos del torso y de los pies. Para muestra bastan unos pocos tangos; lo que vino después -esto lo escribió ya en 1925-: Fue el tango actual, hecho a fuerza de pintoresquismo y de trabajosa jerga lunfarda.Pero definitivamente prefería la milonga Señor Comisario, Mate amargo, Pejerrey con papas, La puñalada, Cara pelada, Kyrie eleison, El carrero y el cochero.

De Villoldo al tango
 Pero si de escuchar tangos se trataba, volvía siempre a los antiguos tangos dichosos, ejecutados por tríos de flauta, violín y acordeón, de los que entonaba los estribillos: De L'Abbaye la espiantaron/ y la razón no le dieron,/ pero después le dijeron/ que era por falta de higiene,/ pues la pobrecita tiene/ una costumbre asquerosa,/ que no se lava la cosa/ por no gastar en jabón..., de Teisseire, Entrada prohibida.                                          
 Quisiera ser canfinflero/ para tener una mina,/ metérsela con benzina/ y hacerle un hijo aviador,/ para que bata el record/ de la aviación argentina, de Aróstegui, El Apache argentino.
"Payanca de mi vida/ no te apresures/ que el polvo que te echo/ quiero que dure..." , de Berto, La payanca.                                                 
Y cómo nos divertíamos con el título velado de algunos tangos, aunque a veces velado a medias: La cara de la luna, Las siete palabras, Sacudime la persiana, Empujá que te van a abrir, Tirá la cadena, Qué polvo con tanto viento, Dos sin sacar, y los obvios El fierrazo y el choclo.

El tango oriental
 Un entreacto oriental. Cuando en 1956 fuimos a Montevideo, le pedí a Tío que me recomendara algún tango, para comprarlo. Me contestó sin vacilar: Cartón ligador, claro, La cumparsita era demasiado obvio y además no le gustaba para nada-. Fui al Palacio de la Música, en 18 de julio,  para comprarlo y se lo pedí al vendedor. Lo trajo, pero resultó ser la partitura, no el esperado disco de pasta. Por mi cortedad la compré lo mismo, y al día de hoy no sé de dónde sacó mi tío esa inesperada precisión, del mismo modo que yo nunca logré todavía escuchar el famoso Cartón ligador de Edgardo Donato.

                                         

Gardel y Borges
 Se dice que a Tío no le gustaba Gardel. No fue así, le gustaba su manera de frasear, que, a juzgar por su arrobamiento cuando yo, por ejemplo, le hacía oír nada más que los versos "Rechiflao en mi tristeza,/ hoy te evoco y veo que has sido...", le llegaba bien hondo. Lo que le desagradaba de él eran su endiosamiento póstumo, su aspecto físico -lo veía parecido a Perón-, la tontería de muchas de las letras de sus canciones, la sensiblería del tango canción.
 Una lista de las letras preferidas de Gardel con guitarras sería ésta: de Manzi, Milonga del 900 y Milonga sentimental; de Celedonio Flores, Mano a mano y Margot; de Contursi, Flor de fango, Mi noche triste e Ivette, inmortalizado en nuestra familia por la versión de la querida amiga Quica González Acha; de Alfredo Le Pera, el estilo Guitarra, guitarra mía; y de Manuel Romero, Fume compadre -también lo cantaba Quica, sin olvidar Polvorín. Una vez que  mi tío no me había sentido llegar, lo encontré en su cuarto entonando a voz en cuello: "parejero de mi vida, lindo zaino de ojos vivos...".
                            
También, en algún momento, le gustó Jorge Vidal, porque casi cantaba como Gardel, pero no era Gardel. Y fuimos a un local en la calle Corrientes a escucharlo cantar Puente Alsina y Tres amigos: "Dónde andarás, Pancho Alsina( ¿Dónde andarás Balmaceda?/ Yo los espero en la esquina/ de Suárez y Necochea...!". El coronel Isidoro suárez, como pasando el aviso, siempre está cerca.
 Cerrando el capítulo tanguero: ya en época tan temprana como la llamada Guardia Nueva, la ese italiana y la copiosa gesticulación italiana de los cantores sobresaltarían a tal punto a mi tío, que equipararía los tangos que ellos interpretaban a la monstruosidad de las estridencias operísticas.-


Y yo creo que para iluminar este relato de Miguel Torre Borges, podríamos escuchar a Edgardo Donato con su orquesta y su tango: Cartón ligador, que grabó el 17 de septiembre de 1951. Francisco Canaro lo había dejado impreso en la placa en 1929. Y por Héctor Stamponi y su cuarteto: Comme il faut de Eduardo Arolas, grabado en 1975.

155- Cartón ligador - Edgardo Donato.

215- Comme il faut - Héctor stamponi y su cuarteto

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