martes, 23 de septiembre de 2014

Por la vuelta

Enrique Cadícamo fue el más prolífico de los grandes autores que tuvo el tango. Con su estilo sencillo pero llegador, pintó todo lo que tuvo aquel Buenos Aires en el que vivió casi cien años. De cualquier anécdota extraía los versos para un tango y la más notable era que todos sus temas tenían inmediato eco popular. Gardel le grabó nada menos que 23 obras.

Bohemio, trasnochador, mujeriego, muy vigilante de su soltería que se habían prometido con Ángel D'Agostino ser eterna en ambos, y que al final sucumbió ante el amor. Pero antes había caminado las capitales europeas, países sudamericanos y Estados Unidos. Los derechos de sus obras le permitían ser todo un chevalier errant,  aprovechando su charme y su verso y darse los lujos que soñó de arranque, cuando se instaló con su familia en Buenos Aires.

                                                



Hoy les vengo con este gotán porque me lo recordó la deliciosa  peli de Juanjo Campanella que utilizó una estrofa del mismo como título (El mismo amor... la misma lluvia...), y en la que brillaron Riki Darín y Soledad Villamil. A Darín le dí hace unos años el "Sos Gardel" en Madrid y pasamos una velada estupenda, con mucha gente.

El mismo Cadícamo contaba los avatares que lo empujaron a realizar ese verso. Había estado viviendo ocho meses en Manhattan, con Juan Carlos Cobián, y los sueños se habían venido abajo por la bohemia de ambos y encima, el casamiento y divorcio de Cobián con una señora norteamericana. Entonces Enrique decidió sacar el pasaje en barco para volver a Buenos Aires. El gran pianista de Pigüé llegó a tiempo al puerto para despedirlo con un gran abrazo fraternal. Y la vida seguía...

                                         


Pensar que muchos años más tarde de aquella historia,  llegaba yo apurado al aeropuerto Kennedy, para embarcarme a Madrid, y me lo encuentro a Cadícamo apoyado en una puerta. Me parecía un sueño.
-Enriquito, ¿que hacés acá? ¿Te dejaron de seña?
-Pibe, ¿adónde vas?
-Me rajo a Madrid, se me pianta el avión...
-Esperá, esperá, aguantá un cachito...
Y estuvimos charlando de apuro porque se me iba el avión, al que subí de milagro, y pese a ello me dió tiempo para parlotear un ratito. Me hubiese quedado una semana hablando con él.

Y vuelvo a lo que narraba Cadícamo cuando volvía de aquella aventura con Cobián, en 1938:

  -Durante la travesía, a medida que me iba acercando a Buenos Aires, sentía deseos de que el barco se detuviera, que desviara su ruta o que tardara una eternidad en llegar. Al salir para New York había dejado algo que no entraba en mi valija: una amistad sentimental -sin cartas durante la ausencia- que me parecía haber olvidado, pero que ahora al acercarme volvía a tomar cuerpo y forma de mujer; una muchacha a quien había conocido en años anteriores, muy joven y que continuaba siéndolo a pesar de haber dejado correr despreocupadamente diez años desde que nos conocimos.

   Aquel afecto que era necesario borrar, había nacido en la noche, entre un rumor de tangos con humo de cigarrillos y copas. Una aventura juvenil que yo consideraba terminada. Dejarla más tiempo significaría más tarde un remordimiento.Recuperar la libertad perdida era el problema. No encontrábamos la fórmula para resolverlo. ¿Qué era lo que nos había detenido tanto tiempo? ¿Costumbre? ¿Inercia? Quizás un terco fragmento de amor.

                                             


   Al desembarcar fui a vivir por unos días al departamento de la calle Camacuá 25, que ocupaba mi familia. (...) Aquel departamento en la calle Uruguay al 600 que tiempo atrás había alquilado para mí y del que ella tenía una copia de llaves, se lo dejaría tal cual estaba. Sólo sacaría algunos libros del anaquel y algunos apuntes y papeles de los cajones. Le propondría algo original para terminar aquello. Por ejemplo, dejarla en posesión del departamento y retirarme. En última instancia, sólo esta chance. Con su lápiz de labios escribí en el espejo de la cómoda: "Hotel Continental". El primero que llamara perdería aquella cruel apuesta....

   Ninguno de los dos llamó, ni ella por teléfono, ni yo con los nudillos en su puerta. En la primera y cruel semana de prueba no hubo reacción de ambas partes. En la segunda, menos dura que la anterior, lo mismo. No necesitamos una tercera. Aquello, cada día que transcurría se iba convirtiendo en un recuerdo lejano.

-Como una romántica evocación, pude, después de aquella insólita gimnasia sentimental proclive a producir un cortocircuito en cualquier sistema nervioso, volver a mis tareas colaborando con José Tinelli en un tango que titulé: Por la vuelta.

                                                               

Después de recordar la aventura sentimental de Cadícamo, y sus avatares, creo que lo lógico es que volvamos a escuchar este tango que lleva música del pianista, director y compositor José Tinelli Y, como dice la letra: La historia vuelve a repetirse... en un  breve reencuentro.

Y esa gran artista que es María Graña, lo canta en el programa: "Grandes valores del tango", acompañada por la orquesta del Canal. 



                                                   

    




2 comentarios:

  1. el tata lo sublimo con su clase magistral y maria ttodo lo que canta lo convierte en oro salute pero... este tango la vena romantica de floreal le dio el acento justo....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Coincido. La de Floreal con Basso, s la mejor interpretación de este tango, pero la de María Graña es para aplaudir a fondo. Salute.

      Eliminar