sábado, 6 de septiembre de 2014

Ecos de Piazzolla

Hoy estoy apiazzollado total y encima una bailarina amiga, desde Japón, quiere que le dé máquina a los recuerdos de Ástor. Alguna vez conté que estuvo un domingo a la mañana en el programa: Dialogando con swing, que hacíamos con Papaleo de 8.30 a 12.30 y por el que desfilaron tantos grosos del tango, de fútbol, o artistas de mucho calado.

                                               
Aquellos inicios con Fiorentino.


Piazzolla se cabreaba por cualquier cosa. Por ejemplo, yo ponía, para ilustrar la charleta, algún tema del famoso Octeto que marcó un rumbo, incluso en su carrera, y me replicaba que éso era viejo. Que no pasara más temas del Octeto. El mismo reconocía en privado que había sido en 1955 todo un impacto artístico, pero no tuvieron trabajo con el mismo y tuvieron que ceder las regalías para poder grabar. Yo sabía que, en el fondo, estaba muy orgulloso de aquel paso artístico. Pero Ástor era así.

                                        

-Hoy ese elepé sigue dando la vuelta al mundo, tiene cientos de reediciones, llenando los bolsillos de los vagos que viven a expensas de los verdaderos dueños de la obra, en este caso los músicos del Octeto: Enrique Mario Francini, Hugo Baralis, José Bragato, Juan Vasallo, Atilio Stampone, Horacio Malvicino, Leopoldo Federico y yo -decía.

El tema que más veces arregló y tocó con sus conjuntos, fue inevitablemente Adiós Nonino, dedicado a su padre, al enterarse de su muerte, en 1959, cuando Ástor estaba en Puerto Rico con Juan Carlos Copes y María Nieves. Al volver al departamento que ocupaban en Nueva York, se encerró en su habitación y en menos de una hora compuso Adiós Nonino. A continuación lloró, totalmente conmovido. No podía sacarse de la cabeza la imagen de Nonino (como llamaba a su padre), y lo veía en paredes, en las esquinas de Nueva York, mientras viajaban del aeropuerto a apartamento.

                                       


El mismo Ástor nos aseguraba en el programa -allá por 1973- que era el mejor tango que había compuesto, y que según le diera la viaraza con algunos de sus conjuntos hacía un nuevo arreglo del mismo, atendiendo a las características de sus músicos. Y le contaba a mi amigo y compañero Natalio Gorín: Es el mejor tema que escribí en mi vida. Me propuse mil veces hacer uno superior y no pude. Tiene un tono intimista, casi fúnebre y sin embargo rompió con todo. El día que lo estrenamos, con el Quinteto, los músicos y yo dijimos. "con esto no va a pasar un carajo, no le va a gustar a nadie, pero toquémoslo, es lindo". 

                                       


-Era una época en que casi todos los temas del repertorio tenían la polenta de "Calambre", Los poseídos", "Lo que vendrá". . Y Adiós Nonino terminaba al revés, como la vida, se iba yendo, se apagaba. A la gente le gustó de entrada. Yo diría porque tiene un  misterio especial, la melodía, y en contraste con la melodía, la parte rítmica, el cambio de tono y ese glorioso final con un desenlace triste. Quizá gustó por eso, porque era diferente a todo. Hice alrededor de veinte arreglos del tema. Y si me preguntás cual me gusta más, fijate qué extraño, me gusta mucho el del conjunto electrónico. Ahí tocaban el Zurdo Roizner, Cirigliano, Cevasco, mi hijo Daniel, también estaba Malvicino. Otro arreglo  que me gustó fue el que hice para el Noneto.

                                       
El recordado Octeto que marcó toda una época.

Yo sentí el primer impacto fuerte con la música del Ástor Piazzolla el día en que estaba en la peluquería, y en el programa de Julio Jorge Nelson, éste pasó su tango "Lo que vendrá" por Aníbal Troilo y su orquesta. La primera versión, de 1957, con arreglo del propio Ástor. Me impresionó mucho porque me parecía ver el futuro del tango en ese tema.

                                
                        

El mismo Piazzolla decía que Pichuco era quien mejor interpretaba sus tangos iniciales, aunque respetaba muchísimo a Pugliese que también dejó versiones maravillosas de la obra piazzoliana, como Marrón y azul o Zum, por ejemplo. Estos dos músicos y amigos, más Alfredo Gobbi, fueron siempre respetados y admirados en lo suyo por Ástor. También tuvo recuerdos cariñosos para Orlando Goñí, el José Pascual de Arrabal o los Pedros: Maffia y Laurenz, a quienes les dedicó un tango. Ellos son y serán la base del tango, afirmaba.

Con respecto a Troilo: agregaba: "El gordo no estudió casi música, pero su pasión, su sentimiento porteño y una inteligencia especial o intuición para tocar y dirigir, compensan sobradamente su falta de estudio. De él aprendí mucho, sobre todo, cómo dirigir una orquesta, cómo darle su papel a cada uno de los músicos y a respetar al arreglador de los temas. Pero, sobre todo, a borrar lo sobrante y quedarse con lo fundamental de cada pieza. Era muy respetuoso con el autor de la melodía y con el arreglador, y sabía llegar al corazón de cada tema".

Yo, apiazzolado como estoy oggi, y aprovechando que Ástor no me escucha, lo traigo con el maravilloso Octeto, precisamente en Lo que vendrá, grabado en el sello Allegro en 1955. Y ese gran éxito internacional que Ástor hizo en Italia pensando en algo livianito: Libertango, y que resultaría su gran carta de presentación en Italia, donde residiría durante cinco años. Lo grabó en Milán en 1974.

Andiemo, Carolina.

01- Lo que vendrá. Ástor Piazzolla y su Octeto.

215- Libertango - Ástor Piazzolla


2 comentarios:

  1. el gordo fue el mejor interprete de piazzolla ahora claro ahi dejaba de ser pichuco para ser troilo pero supo adentrarse como nadie en el espiritu de la musica del genio mas extraordinario que dio la musica de buenos aires muy pocos tienen en cuenta la cantidad de arreglos que le proporciono a pichuco desde sus comienzos en la orquesta y que el ojo clinico de picha supo dosificar sabiamente cuando troilo puso la cara con sus primeros tangos como para lucirce tanguango alli se animaron todos basso fresedo mas tarde vinieron triunfal contratiempo contrabajeando lo que vendra contratiempo y ya se habian sumado franchini pontier y pugliese pero el gordo abrio el camino en esa etapa distinta pero igualmente sensacional de los años 1951 al 55 salute juan

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  2. Astor tuvo un patinazo cuando hizo su orquesta con Fiorentino.
    No dejo de reconocer la titánica tarea de Piazzola llevando su tango revolucionario por el mundo. Admirable.

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