viernes, 26 de septiembre de 2014

Mientras viva

Esta settimana se me dio por las letras de tango, acompañadas por una buena pauta musical. Y creo que debía dedicarle un espacio a Eugenio Majul, un poeta de fina pluma que ha dejado estampados un puñado grandote de versos tangueros que merecen ser tenidos en cuenta, aunque su nombre no tenga la rotundidad de los grandes del género.

         
Además, en su derrotero poético dentro de la música ciudadana de Buenos Aires, fue secundado en la aventura por apellidos conspicuos, que valoraron el aciertos de sus versos atípicos. Al que  hoy me ocupa, por ejemplo, escrito en 1957, le puso música Lucio Demare, aunque lamentablemente no lo     grabase con su orquesta. Pero el sello de ese notable pianista amerita la obra de Majul, que en la primera parte de Mientras viva, dice:

                                  

Al alba abrí las puertas de mis horas;
al alba fuiste tú:
promesa y luces...
Y ahora están abiertas a un abismo,
el más profundo y gris,
porque me huyes.
Acaso llegue a ti mi voz en tango,
en ella va una lágrima y un beso;
la lágrima por ti,
porque te amo,
y el beso porque en él te pierdo menos.


                                                       
Casi todas las páginas del poeta que me ocupa hoy, tiene ese tinte romántico, a veces triste, pero siempre muy bien elaborado, tanto pintando las mieles del amor, o el sinsabor del fracaso. Y sin caer en los consabidos clichés que se reiteran a lo largo de la historia. En este sentido, su sensibilidad le permitió esquivar esos riesgos, y leyéndolo o escuchando sus obras, uno no puede menos que pensar que está trasladando a la página en blanco sus propias periperias de vida.

Mientras viva...
Mientras viva serás mi único anhelo
y ese tiempo de nardos que murió.
Antes hubo un sol en mis inviernos
y el río dialogaba con tu nombre;
antes el azúcar de tus besos
la boca me endulzaba día y noche.
Mientras viva...
Mientras viva estarás en mi desvelo
porque fuiste, al final, mi único amor.


Hijo de sirio y porteña, nacido y criado en el porteño barrio de Palermo,  la poesía brotó naturalmente en su época escolar y las prolongadas lecturas de los clásicos, le dieron el respaldo necesario para transitar el camino lírico, intimista, transmitiendo emociones y vivencias. Como hombre de tango, pertenenece a la generación del cincuenta, cuando el género iniciaba su cuesta abajo, y en esa pendiente costaba sacara chapa de creador porque las expectativas de difusión eras más bajas.



                                            



Pero el hecho de que un Piazzolla, el citado Demare, Edmundo Rivero, Reynaldo Nichele, mi buena amiga Carmen Guzmán, Héctor Stamponi, Roberto Abrodos, Antonio Rodio, Roberto Pérez Precchi, Eduardo Del Piano, Roberto Vallejos, José Basso, Osvaldo Avena, Alberto Mancione, Waldo Belloso, César Isella, Sebastián Piana, Juan José Guichandut,  Armando Pontier, José Colángelo, Sánchez Gorio, Carlos García, entre otros, hayan acercado su talento musical para completar algunos de los muchos temas de Majul, ya están dictando un veredicto.

Recuerdo que una vez los dos juramos
morir por ese amor
que nos ataba,
que entonces era un tiempo de sonrisas
en la pobreza azul
de nuestra casa.
No llora porque sí mi tango nuevo,
estás en su existencia y en la mía;
hoy hice para ti
sus pobres versos
que duelen casi más que mis heridas.


Tenía 85 años cuando nos abandonó pero su extensa obra va cobrando más vuelo con el paso de los años. Y hoy que traje de muestra este hermoso tango, quiero que lo saboreen, cantado por el excelente Héctor Mauré a quien acompaña la orquesta que dirige el bandoneonista, compositor y diirector Carlos Demaría (Juan Esteban Fernández). Lo grabaron el 5 de julio de 1957.

Mientras viva - Héctor Mauré-Carlos Demaría




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