viernes, 10 de febrero de 2017

Nobleza de arrabal

Este tango de Francisco Canaro va camino de convertirse en centenario, dado que lo estrenó el 8 de octubre de 1919 en el Teatro Variedades, de Plaza Constitución, cuando junto a Juan Andrés Caruso dió el primer paso en lo referente a comedias musicales, que titularía con el mismo nombre y en el cual estrenaría este tango del título y Sentimiento gaucho. Caruso le puso versos al tema, pero eran largos, y no llegaron a ser cantados nunca. Al año siguiente Canaro lo graba con su orquesta por vez primera y en forma instrumental. La Compañía argentina de sainetes que encabezaba Felipe Panigazzi fue la encargada de llevarlo  a escena, en aquella opotunidad del estreno..

El 9 de marzo de 1927, Julio De Caro con su célebre Sexteto le da el pase hacia metas mayores, con un versión muy lograda, en forma instrumental. Canaro lo registraría también en forma instrumental en 1920 y 1930 con su orquesta, e incluso con sus quintetos Don Pancho y Pirincho. Hay versiones muy buenas de Osvaldo Pugliese (1966), Troilo (1970), y Carlos Di Sarli, que lo registra el 23 de noviembre de 1940 y es realmente un lujo poder bailarlo en la milonga por la magia contagiante. que contiene y nos transmite en la pista.

                                         


Pero este tango contiene una segunda vida, que es la que le da Homero Manzi poniéndole unos versos entrañables en 1946, que pintan de manera cómplice la vida en una casita de Valentín Alsina, un poblado perteneciente a Lanús, pero unido por el Puente Alsina al barrio de Pompeya, una vez superadas las aguas del Riachuelo. Nació con fuerza propia entre los saladeros de Anderson y la actual avenida Remedios de Escalada. Creció al mismo tiempo que el barrio porteño de Pompeya, donde Homero Manzi vió trasplantada su niñez desde la lejana Santiago del Estero.


El pueblo comenzó a formarse y el 6 de Septiembre 1875, se aprobó su traza denominándolo Valentín Alsina en homenaje a un renombrado político. En 1968 obtuvo la categoría de Ciudad. Cuando terminó el colegio primario en los andurriales de Pompeya, estudiando como pupilo en el Colegio Abraham Luppi, Manzi fue a vivir con sus padres en el barrio cercano de Boedo.

 Entonces el barrio observaba tres fisonomías. La inicial que venía del cruce con Rivadavia. Tramo ancho, familiar, íntimo. De Independencia a San Juan era para lo taquearan las muchachas y de ahí, hasta el corte de Caseros –Boedo muere en cruz-, se hacía más popular. Manzi, pasó años en la linde de Pompeya con Boedo, y también cruzó el escalón final hacia Valentín Alsina (Provincia) que el poeta intuyó y pintó maravillosamente ateniéndose a las imágenes de su niñez y adolescencia. 

                                     
El conocido popularmente como Puente Alsina que une la ciudad con la provincia

Aire más provinciano, con muchos árboles, casas veteadas de flores, y guapos como el Tigre Millán en sus calles, le inspiraron a  Manzi para ponerle nuevos versos a Nobleza de arrabal, en 1946, atraído por los recuerdos. Lo hizo en un tono cercado a Madreselva de Amadori pero con un toque más detallista, con paisajes reverdecidos. Lo firmaría como Arauco, y a Canaro le encantaron los versos. En  ese año 46, lo llevaría al disco cantando Alberto Arenas. Al año siguiente lo registra con la inconfundible voz de Nelly Omar, que también lo grabaría y lo haría su caballito de batalla acompañada por las guitarras de José Canet. Los versos poblados de colores le permiten a la música previa recibir un soplo original, con un decorado que atraviesa el tiempo.

En un ranchito de Alsina
Tengo el hogar de mi vida,
Con cerco de cina-cinas
Y corredor de glicina.
Hay un aljibe pintado
Bajo un parral de uva rosa,
Y una camelia mimosa
Temblando sobre el brocal.
Y allí también está, Frisón
Y él es mi lujo de cuarteador,
Rocín feliz, de crin azul
Famoso por todo el sur.

                                        




Homero se convertiría paulatinamente en el poeta de la ciudad, siguiendo los pasos de Evaristo Carriego. Los paisajes de su infancia asombrada, de su juventud, se reflejan en las letras de sus tangos, valses y milongas. El resto lo hace su gran talento. Yo escucho estos versos y recuerdo cuando muy jovencito cruzaba el Puente Alsina para bailar en el Estrella de Oriente, un club en el cual relucía una impresionante estrella luminosa y estaba precisamente en este Valentín Alsina que Manzi deja retratado como al desgaire de lo cotidiano, para siempre.

Cuando el domingo asolea 
Por no hacer de perezoso,
Traigo el balde desde el pozo
Y refresco el corredor.
Y aprovechando el fresquito
Me siento bajo la parra,
Y al compás de mi guitarra 
canto décimas de amor.

                           
                     



Toda una acuarela que Canaro festejó largamente, por la nueva vida que inyectaba al tango que había compuesto a sus 21 inexpertos años. Y que también le vino de perillas para seguir manteniéndolo en lugares de privilegio, dentro de la abultada historia y discografía del género. 

Los invito a recordar y disfrutar la versión instrumental de Carlos Di Sarli y su orquesta . Y con los versos de Manzi incorporados e interpretados por Nelly Omar, acompañada por la orquesta de Francisco Canaro.






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