miércoles, 8 de febrero de 2017

Los arreglos de Julián Plaza

El trabajo de arreglador-orquestador que hizo en la orquesta de Osvaldo Pugliese, con el tango de Pedro Maffia "La mariposa", en 1965, en forma instrumental lo proyectó e instaló definitivamente en del mundo de la escritura tanguera, donde dejaría firmados numerosos arreglos que iluminarían hermosas páginas de los años sesenta en orquestas como las de Pugliese o Troilo, especialmente. Además del Sexteto Tango - donde estaría a cargo del piano-y otros encargos.

Su aparición como bandoneonista en las filas de orquestas como la de Edgardo Donato con apenas 15 años, sorprende por tratarse de un chico de la provincia de La Pampa, crecido tan lejos del bullicio y bohemia de la Buenos Aires, y  que lo vería desfilar con toda naturalidad por los conjuntos de Miguel Caló y Carlos Di Sarli, en los cuales demostraba permanentemente la amplitud de sus conocimientos musicales.

                          


Lo traté en unas prsentaciones que hizo en Madrid al frente de una orquesta,  y en las cuales realizaba interpretaciones del estilo Troilo, Pugliese y Di Sarli, algo que nos soprendió. Charlamos largamente en la cafetería del hotel donde estaba instalado y aproveché para recordar, parte de su  estadía en aquella orquesta de Pugliese de la cual se escindiría en el 68 con sus compañeros Ruggiero, Lavallén, Balcarce, Herrero; Rossi y el cantor Jorge Maciel, para formar el Sexteto Tango

Antonio Carrizo me decía en aquel entonces que el tango que hacían era un poco exagerado y con pretensiones de  generar algo distinto, pero sin unas bases firmes, sólo pour epàter a la masa. Yo no estaba de acuerdo, y esolvimos entonces ir a verlos juntos a la sala del Automóvil Club. Poco a poco conseguí disuadirlo, porque el resultado de aquel quinteto tan recordado, debido a la amalgama de sus excelentes componentes, dejó páginas de mucho calado en sus registros discográficos.

                                   


El aspecto que más me interesó de Plaza, al margen de amplio su bagaje de intérprete, fueron los arreglos. Lo de La mariposa, repito, fue un impacto tremendo en su momento. Y charlamos mucho, entonces, sobre su encuentro con Aníbal Troilo que lo llamó para que le hiciera el arreglo de Danzarín -su obra cumbre, quizás-, a fines de 1958. Y quedaría anclado junto a Pichuco para muchos otros trabajos.  Llama sobremanera la atención cuando puede escribir con idéntico calado orquestal en conjuntos tan distintos como los de Pugliese o Troilo.

   -Troilo me llamó para que le orquestara el tango Aguantate Casimiro, de Alberto Mastra, que cantó Roberto Goyeneche, en el 58. Me satisfizo mucho la llamada de Pichuco porque en el fondo, si lo pensaba bien, yo era troileano desde chico, aunque la música me llevó por otros derroteros. Y después, sí vino Danzarín.  Me citaba en su casa y a mí me daba un poco de nerviosismo, porque lo admiraba mucho de siempre. No me resultaba fácil la tarea de trabajar codo a codo con él..




   -Los arrreglos los iba generando en su bandoneón y el planteamiento no fue cómo yo lo había pensado y estaba acostumbrado a realizarlos. Él trabajaba sobre la melodía y lo cierto, es que me acomodé inmediatamente a la situación, quizás como producto de mi admiración por él. No daba grandes indicaciones. Yo sabía que había tenido a su lado a Ástor Piazzolla, Argentino Galván, Héctor Artola, como arregladores y con todos había desarrollado su borratina, que le aceptaban porque sabían que siempre elegía lo mejor para su orquesta, sin desnaturalizarla.

   -Una vez que entré en la órbita de sus gustos  y manera de trabajar, resolví rápidamente el arreglo de Danzarín que la pareció bien y lo estrenó en Radio El Mundo para grabarlo de inmediato con mucha repercusión. Así comencé mi trabajo a su lado y Troilo terminaría grabándome 9 obras, el mismo número de temas que le registró a Piazzolla: Danzarín, Melancólico, Nocturna, Nostálgico ("Lo escribí en Nápoles"), Morena, Payadora, Milongueando, Color tango y Buenos Aires Tokio. Pero Danzarín y Nocturna formaban parte de de las partituras que tocaban en todas sus presentaciones, lo que fue un gran honor para mí, debido a la admiración que le profesaba. Como el resto de mis predecesores, no escapé a la goma de borrar de Pichuco, pero, visto el resultado, aprobé totalmente sus toques.

                                         


Pichuco grabó Melancólico en dos oportunidades, y podemos escuchar su versión del 25 de abril de 1963, para calibrar también el arreglo de Julián Plaza en su tango.

Melancólico - Aníbal Troilo





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