lunes, 30 de noviembre de 2015

Jesús Hidalgo

Afortunadamente, el tango siempre nos presenta rostros nuevos que le dan aire al género y lo recoloca entre los jóvenes. Valores como Jesús, que lleva ya unos cuantos años en el oficio de cantarlos, destacan entre el manojo de voces promisorias porque, aparte de sus estudios vocales, tiene esa pizca de sentimiento necesaria para interpretarlos, inyectándole savia nueva al viejo tango que estaba esperando el empujón de estos muchachos para seguir iluminando el imaginario colectivo.

Flaquito como un silbido, y flequillo adolescente, Jesús, nació en Bragado, una ciudad ubicada en el centro noroeste de la Provincia de Buenos Aires a 210 kilómentros de la capital. Tierra de escritores y poetas como Enrique P. Maroni o el cantor Carlos Saavedra, que me remite a los recordados versos de Anastasio el Pollo (Estanislao del Campo), en su recordado Fausto:

-En un overo rosao / flete nuevo y parejito / caía al bajo, al trotecito, / y lindamente sentao / un paisano del Bragao, / de apelativo Laguna: / Mozo jinetazo ¡Ahijuna!, / como creo que no hay otro, / capaz de llevar un potro / a sofrenarlo en la luna.

                                           



El mocito no sería gaucho de a caballo, como Laguna,  pero le gustaba guitarrear, canturrear y hasta se animaba con algunas zambas y chacareras. Al cambiarle el registro de voz, se fue formando en el arte vocal de la mano del profesor Mónaco y el tango se acomodaba mejor a su gola. El primero que cantaría entero sería Grisel. Así fue como a los 13 años ya ganaba el primer premio como solista en los Torneos Juveniles bonaerenses organizados por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.  Ello ocurrió en 1995, y lo repitió en 1996 y 1998. Ya estaba lanzado y no sofrenaría el garguero hasta llegar a la luna de la Capital.

Había seguido ganando concursos, lo premiaron con un viaje a España, donde lo escuché en el Colegio Mayor Argentino de Madrid, llamándome la atención por su buen gusto y entonación. Su vinculación con el excelente bandoneonista Walter Ríos, su padrino artístico, con quien actuó en una sala bragadense, le sirvió de apoyo para el futuro inmediato porque comenzaría a modelar su voz tanguera de tal forma que pronto lo llevaría a alcanzar metas mayores.

                                     



En el año 2001 gana el Concurso Hugo del Carril, auspiciado por la Ciudad de Buenos Aires y es el espaldarazo que necesita, porque le vale para ingresar en la orquesta Escuela de tango, dirigida por Emilio Balcarce. Lo convoca el Marinero Montes para viajar con él y Aníbal Arias a Japón. Raúl Garello queda prendado de sus condiciones y lo fortalece espiritualmente al baquetearlo en su orquesta. Como su tono encaja en lo que Garello hizo acompañando a Floreal Ruiz o al Polaco, le apresta los mismos arreglos que entona de maravilla Jesús Hidalgo, aprendiendo de paso, tantos yeites que alumbran el rumbo de sus pasos.

El chico que estudiaba electricidad de obra, hoy es uno de los puntales del tango y ha clavado su pica en la ciudad porteña que lo aplaude. Pero también en otros lugares del mundo, por los cuales pasea su arte, como Uruguay, España nuevamente, Australia, Italia... Con la compañía Tango Fire, pisa los escenarios de 20 ciudades de Estados Unidos, Turquía, Inglaterra, China, Filipinas, Suiza, Sudáfrica, Malasia,  otra vez Japón. ...

                                               


Ya se ha vareado con el Sexteto Mayor, con Esteban Morgado, Raúl Barboza, Horacio Castillo, con los músicos citados, ha seguido cosechando trofeos y, sobre todo, gusta a los aficionados por su estilo sobrio, su fraseo, la captación cabal de la poesía, el sentimiento y la dicción. Ha captado el espíritu del tango y sabe seleccionar los temas que mejor se adaptan a su estilo,  y su sobrio perfil.

Acá podemos saborearlo en un par de temas. Por ejemplo en Los Mareados, el tango de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo, acompañado a la vieja usanza, de bandoneón y guitarra.

                                                 


Y ahora, con orquesta; el sexteto del bandoneonista y arreglador Raúl Garello, en la sala Torquato Tasso, interpretando y acompañándolo en: Como dos extraños, ese tango de Pedro Laurenz y José María Contursi que sigue exprimiento sentimientos.

                                     


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