jueves, 26 de noviembre de 2015

Orlando Goñi

La otra noche estábamos en la milonga y salí a bailar con una mujer. Apenas nos abrazamos para arrancar, y dimos los dos o tres primeros pasos, ella me susurró en la oreja:

Cómo me gustan estos tangos...! Me arrastran, me hacen volar...

Era la orquesta de Aníbal Troilo y una de sus primeras sus grabaciones de los años cuarenta y uno: Te aconsejo que me olvides, cantado por Fiorentino. Una maravilla total, genial, que repito constantemente en Bien Milonga, y que lleva a las nubes. No me gusta conversar cuando bailo (código milonguero), pero cuando terminó el tema y mientras esperábamos el siguiente le dije.

                                 
Francisco Fiorentino y Orlando Goñi


-Escuchá el piano de Goñi, seguilo, no falla nunca y es como una brújula que te orienta en la pista, pero a la vez te da un empujón emocional tremendo.

Ella comenzó a parar la oreja, atenta al piano, mientras seguíamos. Y al final me comentó:

-¡Qué maravilla! Nunca le había prestado tanta atención... ¡Qué genial! Te lleva de la mano...

                     
1933. Gobbi y Goñi en Mar del Plata, cuando tocaban con Alberto Pugliese (izq)


Así era este gran pianista, para mí el mejor de todos, respetando siempre a los grandes ejecutantes del piano que tuvo el tango, y que fueron muchos y notables. Si en realidad no ocupa un lugar más importante entre la gente, es por su desenfrenada bohemia que lo llevó a vivir a toda velocidad, con un desorden interno que lo conduciría tempranamente a la muerte, cuando tanto se esperaba de él.

Fue el cadenero de la primera orquesta de Troilo y las 71 grabaciones que dejó en su paso por la orquesta de Pichuco, son las que alumbran la chispa bailable en tantas pistas del mundo, porque son musicalmente maravillosas y genialmente milongueras. Tenía mucha influencia de Francisco de Caro, a quien iba a ver seguido con su entrañable amigo Alfredito Gobbi, cuando aquél actuaba con el conjunto de su hermano Julio. Pero, a la vez, también arrastraba influencias jazzísticas de la época, especialmente de Teddy Wilson según él mismo reconoció y que quedaban reflejadas en el swing de su zurda mágica y el sonido rítmico, romántico y milonguero que imponía con la diestra y que arrastraba a todo el conjunto, por su gran polenta.

                                                     
La orquesta de Troilo en la puerta del Germinal de la calle Corrientes. 1938.


Nació y se crío junto al Mercado Spinetto y de chico le tiró la música. Estudió piano y armonía con Vicente Scaramuzza, igual que su hermano José. A Orlando y a Alfredito Gobbi los convoca Anselmo Aieta para una suplencia con su orquesta, y allí fue la dupla de amigos con pantalones cortos, a fabricar su gran ilusión.  Luego hicieron un trío con el fueye de Domingo Triguero, y con 14 años y medio, se sienta en el teclado de la orquesta de Miguel Caló, reemplazando a Armando Baliotti en el cine Regio.

Estaría con Manuel Buzón en el cine Monumental, se alistó en el conjunto de Alfredo Attadía, y se reencontraría con su álter ego, Alfredo Gobbi, en la orquesta de Buzón. En la misma se alineaban: Orlando Goñi y Jaime Gosis en pianos; Alfredo Attadía y Aníbal Troilo en fueyes; Alfredo Gobbi y José Goñi en violines, y Agustín Furchi en el contrabajo. Seguirían con Gobbi en algunos sitios, como en Mar del Plata con Alberto Pugliese, toca con Ciriaco Ortiz y Troilo en Los Provincianos,  y en la orquesta de Juan Carlos Cobián vuelve a encontrarse con Pichuco.

Al disolverse esta orquesta y en una de las tantas reuniones a la violeta que hacían en la Pizzería Las cuartetas, Goñi le sugiere a Pichuco que forme orquesta propia. Una noche, después de la pizza, y estando en el Café Suárez de Esmeralda y Lavalle, el periodista deportivo (gran amigo mío, con quien estuve en Miami un par de veces) Manuel Sojit Corner, llega agitado y les dice que Salas, el empresario del Marabú estaba buscando una orquesta "para laburar dos meses allí"...

                                         


Fue Goñi quien más se entusiasmó y le trabajó la cabeza a Troilo para armar una orquesta. Y allí mismo se pusieron a confeccionarla. Pichuco, Toto Rodríguez, Roberto Gianitelli y Eduardo Marino serían los bandoneones; José Stilman, Reynaldo Nichele, Pedro Sapochnik, violines: Juan Fassio, contrabajo y Orlando Goñi al piano. Troilo quería traer de cantor de Rodríguez Lesende pero éste no quiso dejar sus compomisos y el mismo Goñi arrimó a Francisco Fiorentino. A Troilo le gustaban los cantores de voces moduladas que supieran "decir" la letra. "Esos que gritan no son cantores, son fruteros", solía comentar.

Fiorentino que había sido bandoneonista y sastre, se ocupó de encargar la confección de los trajes para todo el conjunto, aunque el propio Fiore, Goñi y Pichuco los usaban de distinta hechura y color.
"Fiorentino fue el hombre que nos enseñó a subir a un escenario. A mostrar al público una sonrisa cordial. Recuerdo cómo se preocupaba para que saliéramos bien peinados y bien jaileifes ante la mirada de nuestros seguidores", comentaría luego Troilo.

                                             


Goñi fue el alma, corazón y vida de esa orquesta genial. Lírico y canyengue, tocaba al unísono con los violines y los bandoneones con su mano derecha.  Con su mano zurda rellenaba todos los resquicios, demostrando su formidable pulsación, su gran tempo orquestal y ese fraseo recortado que tanto me estremece en la pista. Sus variaciones son un festín para los milongas, y Goñi, como ninguno, supo destacar los dibujos orquestales de Pichuco en el piano, arrastando a toda la orquesta detrás suyo.

Estuvo en la orquesta de Aníbal Troilo desde aquel debut en la sección vermut del Marabú, en julio de 1937, hasta septiembre de 1943. Y nos dejó su polenta creadora en esos 71 temas que son un botín para la oreja y para inspirarnos en el encerado. Después... ¡qué importa del después!... si se nos apagó tan temprano debido a esa bohemia tremenda que lo fue aniquilando. Todos esperaban el debut soñado de su gran orquesta, en la que militaban Antonio Ríos, Roberto Di Filippo, Eduardo Rovira y Luis Bonnat en una impresionante fila de fueyes de primera línea; Rolando Curzel, José Amatriain,  Antonio Blanco y Emilio González en violines,  Domingo Donnaruna en contrabajo, y Goñi al piano y dirección. Una orquesta que apenas duró 15 meses con cantores como Raúl Berón, Fiorentino, Osvaldo Cabrera o Rodríguez Lesende, y que no dejó grabaciones, más que algún acetato que anda por ahí, perdido... Como se perdió en la vida y fue a morir a la casa de su amigo bandoneonista Juan E. Martínez, en Montevideo, con apenas 31 años...

                                         
La esperada orquesta de Orlando Goñi con Raúl Berón (parado arriba de Goñi)


Si para muestra basta un botón, vuelvo al tema que bailé con aquella milonguera y que me hace saltar de la silla al escucharlo. El tango de Pedro Maffia y Jorge Curi: Te aconsejo que me olvides, por la orquesta de Troilo, el increíble piano de Goñi y la hermosa voz de Fiore.  Lo grabaron el 16 de abril de 1941

Orejas y piés en guardia..!!


059- Te aconsejo que me olvides - Troilo-Fiore





2 comentarios:

  1. Estimadísimo José María Otero.
    Seguramente sin proponérselo puntualmente, porque no me conoce (aún), Ud. me ha proporcionado una alegría inmensa. Le cuento. Amo al tango y lo toco de oído en mi piano, y estaba buscando fotos de Goñi para pegar en él cuando entré a su página y me encontré con la foto en cuyo pié dice: 1933. Gobbi y Goñi en Mar del Plata... ¡Qué sorpresa me llevé cuando vi que el que está a la derecha (el mas alto) es mi viejo...! Yo me llamo Alfredo Horacio Fusaro (74 años). Mi padre, José Fusaro (alias TON), frecuentemente me mostraba esa foto (original) cuando yo aún era chico y me hablaba lleno de orgullo de su amistad con "los Pugliese", y otras cosas. Me contaba que ese año fueron todos juntos porque eran amigos del barrio (calle Rivera -hoy Av. Córdoba-) porque siempre se reunían en el negocio de música que tenía allí "el viejo" Pugliese. Bueno, de nuevo muchas gracias y sepa que si en algún momento vuelvo a España (ya estuve varias veces) me gustaría que nos demos un abrazo tanguero. Cuente conmigo, me gustaría hablar mucho mas con Ud.; le dejo mi mail: surrey_fusaro@fibertel.com.ar.

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  2. Me alegro mucho por el reencuentro con esa linda foto. Los tangueros nos emocionamos con los recuerdos, vivencias, disco e imágenes que nos devuelven a un tiempo maravilloso de nuestra música popular. Me alegro del reencuentro con esa imagen marplatense.
    Un abrazo y la seguimos...
    jm

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