miércoles, 11 de noviembre de 2015

Tierra querida

Este es un tango que impone. Y no sólo eso, sino que uno se imagina en el exterior, lejos de su Buenos Aires querido y siente una tremenda nostalgia por todo aquello que dejó atrás y las vivencias que se atoran en la mente y en el cuore. En aquellos años en que Julio De Caro lo compuso, las fronteras se veían como algo lejano y complicado. Es fácil entender lo que sintió el gran compositor y renovador del tango en aquellos momentos, y lo que le surgió del alma al escribirlo.

Cuando lo tuve a De Caro en mi programa matinal de los domingos en Radio Argentina, estaba retirado y vivía en mar del Plata. Además tenía dificultades para expresarse oralmente por los daños que la mentonera o barbada del violín, le habían producido en sus cuerdas vocales. Pero fue muy grato revivir aquellos años gloriosos de su sexteto y orquesta, y los monstruos que alineó en esos conjuntos.

                                                  
Julio De Caro

No podía falta la mención de algunos de sus tangos y Tierra querida es uno de los que me llegan más hondo. Tiene una letra del cantor Luis Díaz que prácticamente nunca se ha escuchado. Aquella mañana del año 72 o 73, no sólo me contó cómo le brotó esta música durane sus actuaciones en Río de Janeiro, sino que me regaló su libro El Tango en mis recuerdos, donde narra cómo es contratado para actuar en Brasil, mientras actuaba con su Sexteto en el Select Lavalle con enorme afluencia de público y músicos.

Entonces prefiero recurrir a sus propias expresiones al respecto publicadas en dicho libro.

   -...Viajaba también con nosotros Miguel Bucino, quien como maestro de baile dentro de la sociedad carioca, se haría de ininitos discípulos, cultores de nuestra danza, el tango. Mis compañeros vivían juntos, en un hotel cercano al Copacabana (alojamiento mío), y en el que hacía 15 días fuéramos presentados al público brasileño. (...) La enorme afluencia, acrecentada por flor y nata carioca, desde los primeros instantes "tanguera a rabiar", aparejaba al éxito sin parangón, graves inconvenientes, por cuanto a factor espacio, tornándose el ambiente irrespirable, de anterior caldeado por un clima más que primaveral, repercutiendo en nuestra naturaleza poco acostumbrada (de marzo a agosto aquella actuación)

   -...Una de esas veces, atrapado por el mal "que apretaba fuerte" (la nostalgia y las cartas de su madre), recurrí a mi válvula de escape: el balcón de mi departamento del Copacabana, cuya ubicación, mirando al mar, permitía admirar la costa enjoyada, de multicolores luces. Respiré hondo... tan hondo como pude, impregnándome por dentro y por fuera de aquel ambiente paradisíaco, obra de genio benéfico para, con su soplo mágico, disipar penumbras, donde me debatía... Nunca más propenso a la composición que esa noche cuyo encuadre tan ajustadamente se prestaba...

                                             
Julio De caro, su violín corneta y su Sexteto
              


   -En mi éxtasis dieron las tres de la madrugada... Fue entonces, cuando volví a sentir esa sensación previa a algún acontecimiento. Algo o alguien guió mi mano hasta el cuadernillo del papel de música, escribiendo un título: Nido de amor, para luego continuar su cometido el fluido creador. Al día siguiente, la orquesté con Francisco (mi hermano), agregándole Laurenz un solo de bandoneón (verdadera filigrana), y que estrenaríamos por la noche. Cansado por lo acontecido horas anteriores, decidí ser frugal antes de actuar, sentándome temprano a comer en el grill.

   -En eso aparecieron el director y subdirector del  Copacabana, y al compartir mi mesa, felicitarme con su verborragia exhuberante la exitosa actuación, cuyo recuerdo al evocarlo, se hace difícil expresar hablando de uno mismo. Nuestra charla, rociada con champagne, los sinceró con su predilección por los tangos de Delfino, Cobián y una creación que hicimos del tango Federación, de Francisco Canaro. Y ya, en franco tren de "echarme flores", como broche, la admiración unánime por los tangos de mi hermano Francisco y míos, para añadir que " nuestra orquesta nada tenía que envidiar a las que ellos, grandes expertos, traían de los Estados Unidos al Copacabana con exclusividad absoluta".




-A punto de levantarnos de la mesa, el señor Pinto, a quien yo presentía quererme decir algo, arrancó:

   -De Caro, ¿Podría usted componer un tango, como recuerdo de la brillante estadía en Copacabana", donde estaría en él siempre presente, y una remembranza más de cuantas nos dejará...
   -Naturalmente que sí, señores, esta misma noche podrán escucharlo, ya que la casualidad quiso que la madrugada pasada lo coimpusiese: se llamará Copacabana y por subtítulo "Nido de amor".

   -... Ya faltaban  20 días para regresar (para mí, 20 años) y aunque resignado, el poderoso imán de mi tierra querida tiraba desde el otro lado... y obsesión constante que impedía conciliar el sueño... envidiando a mi amigo, el cónsul argentino, a quien había ido a despedir al puerto por tener que viajar a Buenos Aires. Nadie podrá suponer lo atado que siempre me he sentido a este terruño, causal de  haber desechado infinitas proposiciones en el extranjero. Con mi confesión, sólo deseo que los hermanos brasileños le den el verdadero significado a este sentimiento, que no daba tregua...

                                              


   -Hasta que otra vez...otra madrugada... cediendo al habitual imperativo... escribí repetidas veces: "¡Tierra querida!"... "¡Tierra querida!"... componiendo a renglón seguido lo que sin analizar quedó en el papel sobre la mesa. A la mañana, casi mediodía, fuí despertado por el bandoneón de Laurenz que, entrando en mi cuarto, me ponderó el tango escrito horas anteriores:

   -Julio, ¡qué tango! ¡es precioso!
Extendiéndomelo, aunque adormilado, pude darle una leída, comprobando que si de ex profeso hubiese deseado comunicar las nostalgias sentidas, jamás podría haberlo logrado más claramente.
Así surgió también Tierra querida, que dice de añoranzas y tristezas y ovacionado  y bisado muchas veces, por hablar un idioma común a todos.

Julio De Caro grabó con su sexteto el tango Copacabana en 1921. Veinte años más tarde, con su orquesta y el cantor Héctor Farrel, lo llevó nuevamente al disco. Y el 26 de julio de 1949, con la orquesta lo registró otra vez vez en forma instrumental. Este último es el que les propongo escuchar. Y esa belleza llamada Tierra querida, lo traigo por la orquesta de Osvaldo Pugliese y su grabación del 6 de julio de 1944.

Copacabana - Julio De Caro

Tierra querida - Osvaldo Pugliese

4 comentarios:

  1. salute jose maria linda semblanza ahora bien ,la letra de copacabana la canta un cachito farrel con de caro y la verdad que niente piu dice asi-vieras mi bien-----como est-oy---- desde que ella se fue---- sin su querer ,no volveran--- aquellos dias de fiebre y de afan..la parda cruel se llevo... de copacavana minga me parece,ahora la melodia es hermosa.en cuanto a tierra querida me quedo con la version antologica de raul kiaplun los solos de violin son extraordinarios, bueno las que apuntaste tambien saludos juan de boedo

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  2. Tengo esa de Farrel con De Caro, pero, como bien decís, no pega nada. De Tierra querida tengo infinidad de versiones. La de Kaplún la puse hace rato y por eso la gambeteé. Esa letra está basada en los arrullos de las parejas que veía desde su ventana en el Hotel Copacabana, donde he estado un par de veces. Viví un tiempito en Río de Janeiro, he vuelto varias veces y es una maravilla total.

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    1. si meu corazon no me engana eu quiero una sirena di copacabana... y claro cincuenta pirulos menos salute juan de boedo

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    2. Olha que coisa mais linda
      mais cheia de graça
      é ela menina
      que vem e que passa
      num doce balanço
      caminho do mar.

      (esas garotas....)

      un abrazo.

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