miércoles, 2 de diciembre de 2015

La victrolera

Fue uno, en realidad: una, de los personajes que reinaban en los cafés porteños entre los años veinte y cuarenta. Era ella, la victrolera o vitrolera, encargada de poner los discos de 78 rpm, en aquellos sitios de descanso, de charleta y de reunión que tenían los porteños. También en algunos de esos cafés, tocaban tríos, cuartetos, o pequeñas orquestas que amenizaban esos ratos de ocio, y los había en casi todos los barrios de aquella Buenos Aires.

El nombre proviene de la victrola o vitrola, creada por la Victor Talking Machine Co., norteamericana. Se trataba del gramófono. Los primitivos se movían a cuerda. Sobre el fieltro de la caja abierta, se colocaba el disco, se accionaba la manivela para que durara  aproximadamente lo mismo que el tema musical y a continuación se colocaba una manija con la púa de acero en su punta, sobre el disco, al inicio, se destrababa el freno, y salía la música.

                                       
La victrolera pintada por Carlos Torrallardona


Había veces en que algún tema arrancaba aplausos y exclamaciones entre los parroquianos y fue muy comentado el caso de Recuerdo, el gran tango de Osvaldo Pugliese, cuando apareció. Era tan requerido por los presentes, que el disco terminaba irremediablemente rayado por la púa y haciéndose  indescifrable el sonido. Por ello había que tener una buena provisión de discos de Recuerdo, para satisfacer a los clientes.

Raúl González Tuñón lo recordaba en un poema suyo: "Devorador del tiempo, de pronto se ilumina / cuando una estrella mínima se enciende en la victrola". Bernardo Kordon también la cita en otro verso: "En una vitrola languidecía la canción porteña". En algunos casos los mismos empleados del café eran los encargados de colocar los discos, y en otros la llamativa victrolera servía incluso de réclame para la concurrencia masculina, porque en aquellos años era bastante difícil que hubiese mujeres sentadas en las mesas de los cafés.

                                

La victrolera ocupaba un pequeño palco y su pollera cortona era la atracción de los asistentes. En una ocasión publiqué la anécdota del bandoneonista Julio Ahumada, que se ligó a la vitrolera del café de Piedras y Moreno, mientras Armando Pontier se levantaba a la cigarrera. Eran tiempos difíciles para todos esos músicos llegados de provincia y que vivían humildemente en la famosa Pensión de Humberto Cerino, en dicha calle.

 Los cafés porteños fueron básicos en el sentido de darle el sitio decisivo al tango en sus concurridos salones y la vitrolera fue la mujer de los sueños de muchos parroquianos. El excelente poeta José Portogalo, cita algunos de aquellos cafés tangueros en uno de sus hermosos versos:

La victrolera vista por el dibujante Oskar Grillo


En el Café Domínguez descifré tus secretos,
en La Paloma dije tus mejores palabras,
desde un palquito en  alto que llegaba hasta el cielo;
al ABC de Canning y Rivera
llegué cuando"Valija" se afilaba los dedos...

Llegarían los tocadiscos eléctricos, los discos de vinilo, las máquinas que tenían discos de moda para seleccionar y aquellas muchachas pasaron al olvido. Aunque las recuerda un tango llamado precisamente La victrolera. Lo grabó Mercedes Simone con orquesta en 1931. Y la Típica Victor, cantando sólo el estribillo, Vicente Crisera, lo haría ese mismo año. Curiosamente, este vocalista que actuó en radio El Mundo, trabajaba en la oficina de Radiocomunicaciones en la época de la dictadura que prohibiría el lunfardo en los tangos, y colaboró entusiastamente  en esa prohibición.

                                       


El tango del título es obra de Pascual Clausi y Melecio F. Pérez. Este último,  también escribió los versos de la milonga El paisanito, a la que tanto jugo le sacaron D'Arienzo-Echagüe.

Vamos con La victrolera y las dos versiones citadas.

La victrolera - Típica Victor-Vicente Crisera

Mercedes Simone - La victrolera

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