martes, 24 de noviembre de 2015

Edmundo Rivero y la censura

En su libro subtitulado: El lunfardo y yo, Edmundo Rivero habla de los avatares de la censura y lo que sucedió con tantas letras de tango que se esfurmaron temporalmente porque no tenían arreglo en su métrica y sentido expresivo. Ahí tallaba la larga mano de los inquisidores de los años 40, detrás de los cuales estaba el Cardenal Capello, que fuera antes Arzobispo de Buenos Aires . Y Rivero lo recordaba así:

Censura hubo casi siempre

                                       


Para lo único que la mano venía pesada era para las letras lunfardas. Todavía se arrastraban algunas prohibiciones que venían desde la presidencia del general Ramírez. Celedonio Flores había sido uno de los más proscriptos y a lo mejor se murió de pura bronca. A veces había sido peor que prohibido: desfigurado hasta el disparate por remiendos que pretendían "moralizar" sus letras. Con Mano a mano, por ejemplo, se llegó a absurdos como éstos:

Recordando en mi tristeza
hoy te evoco y veo que has sido
en mi existencia azarosa
sólo una buena mujer.
Tu presencia distinguida
et.etc.

    Como si rechiflado o bacana fuesen una ofensa al pudor y, "pobre vida paria" tuviese algo que ver con el lunfardo.

                                

    La censura no permitió que mi repertorio de aquellos años con Troilo tuviera más letras reas, pero hay que recordar que la mayor parte de las orquestas tampoco solían hacerlas, quizás con excepción de D'Arienzo. Yo me iba a desquitar bastante pronto. El primer disco que grabé como solista, ya en el 50, fue Audacia, justamente de Cele, letra que había estado prohibidísima y en la cual el autor reflexionaba acerca de otras palabras aceptadas, como "partenaire"

Yo no manyo francamente
lo que es una "partenaire"
aunque batan que soy bruto
y atrasado, qué querés.
No ha de ser nada bueno
si hay que andar con todo al aire
y en vez de batirlo en criollo
te lo baten en francés.

   Ya en los tiempo de Troilo, Perón había empezado a dar vía libre al lunfardo, no podía dejar de percibir el ridículo de llamar La mala al tango La maleva. Las anécdotas de aquel tiempo eran incontables: se había llegado a proponer para El ciruja algo así como El hurgador de basurales. Claro que después la métrica no daba. Por algo la gente se había tomado ya en farra la cosa y bromeaba con que a la calle Guardia vieja se la debía rebautizar "Cuidado mamá"

     Perón, además, era bastante ducho en lunfardo. Su tango preferido, el que siempre pedía cuando yo cantaba, no era al fin de cuentas muy académico. Lo emocionaba casi hasta las lágrimas (y alguna ver fue sin casi) Cuando me entrés a fallar, esa historia del jovato y de la piba.

                                   
Edmundo Rivero (centro), cuando acompañaba en guitarra a las hermanas Omar
 
   También últimamente he tenido varias piezas con difusión prohibida por el COMFER, pero esa ya es otra historia, creo que también antigua.

Y yo, para recordar a este gran cantor que tuvo el tango, el lunfardo y la copla criolla, lo traigo en un viejo documento de televisión, donde narra cómo ensayaron y se largaron con Pichuco en La última curda. Y canta este tango inmortal acompañado por Leopoldo Federico en el fueye. Atenti.



Y mirá esta reliquia. Cantando en la película Pelota de trapo (1948), Cuando Me entrés a fallar, el tango que hizo llorar a Perón en Madrid, donde estaba exiliado,  al escuchárselo a Rivero. En la mesa, una gloria del fútbol, Ernesto Grillo y Armando Bo, el director, lo miran y se emocionan. 

                                                                               

5 comentarios:

  1. Gracias Jose Maria...!!!, por evocar la figura de un enorme del tango soy un hincha fiel de Dn. E. Rivero,

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  2. Me alegro entonces Marcos. Estuve con él, la última vez, una settimana en Monte Carlo, para una pelea de Monzón. Estaba con Julieta, su esposa. Un señorazo. Con Muni, su hijo como alguna vez en Buenos Aires.

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  3. Me alegro por vos, entonces. Estuve la última vcez con él en Montecarlo para una pelea de Monzón. Estaba con su esposa, Julieta. Un señorazo. Como cada tanto en Buenos Aires con Muni, su hijo. Salute.

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  4. un fuert abrazo PATO NOGUEIRA DE BUENOS AIRES

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