martes, 18 de junio de 2013

Salgán 97

Son los años que cumple la última gran figura del tango de los cuarenta que tenemos entre nosostros. Este pianista. músico, director, admirado y respetado por todos sus colegas, lleva sangre negra en sus venas como él mismo lo ha dicho.
                                 
Nacido el 15 de junio de 1916 en la calle Gallo, en los límites del barrio porteño de Almagro, se hizo amigo del piano cuando tenía 3 años de edad y veía a su padre aporreando las teclas del instrumento familiar. En la academia del maestro Luppo, enclavada en Caballito, hizo sus primeros estudios musicales, a los 13 estaba enrolado en el Conservatorio Municipal y ya interpretaba a los grandes clásicos: Beethoven, Bach, Debussy y demás, con notable solvencia.

                                         


Horacio provenía de un hogar humilde y por eso, de chico se buscó la vida tocando en casamientos, pequeñas orquestas barriales, en la Iglesia y en un cine de Villa del Parque como solista. El tango lo atraía porque era la música de Buenos Aires y flotaba en los aires, saliendo a través de las ventanas y de las incipientes emisoras radiales.

Enrolado tempranamente en las orquestas de Elvino Vardaro y la de Juan Caló inicia allí su itinerario feliz dentro de las filas tangueras, aunque también el folklore lo sentiría como propio y secundaría a la dupla Martínez-Ledesma, sucediendo nada menos que al Mono Villegas y a Carlos García en esta función.

                                     
Salgán, Rivero y Baffa, primer bandoneón de la orquesta.

Roberto Firpo deja el piano apra conducir a su orquesta y sienta a Salgán en el dientudo. Tiene chapa de tanguero, pero con  un bagaje técnico incomparable para la época, porque ya había frecuentado en sus estudios, la fuga, la armonía y el contrapunto. Este sello de distinción también obró en su contra muchas veces, porque, como a Piazzolla más tarde, directores de radios y de sellos discográficos, lo encontrarían raro para el ambiente. Quizás porque sabía demasiado y su orquesta no era comercial, según un extraño sambenito que le adjudicaron.

Pero ahí estaba Salgán tocando el órgano en radio El Mundo, secundando a diversos artistas, familiarizándose con el saxofón y el contrabajo e invirtiendo sus ingresos en perfeccionarse en el piano con Scaramuzza, Spivak y Amelia Weiband. Su primer arreglo data de 1936, para la orquesta de Miguel Caló y se trata del tango Los indios. En aquella época, salvo excepciones,  no se arreglaba; se estilaba que los segundos violines y bandoneones pusieran unas voces paralelas a los primeros.

En 1944  tendrá su primera orquesta, que se ofrece al público desde el estrecho palco de la Confitería  Diamante, en Rivadavia y Castelli, del Once. Y lo que no logra con los directivos lo consigue con sus pares, pues casi todos lo consideran un gran maestro.
                                   
Al frente de su orquesta. Detrás suyo Leopoldo Federico y el Paya Díaz.

Por eso iban a verlo y escucharlo en esos arreglos maravillosos que hacía de Ojos negros, Shusheta y demás páginas conocidas. Y los cantores que van pasando por su formación le agregan un margen de calidad: Insúa, Serpa, Durán, Rivero,  Bermúdez. Pero los sordos de las grabadoras y las emisoras logran que triunfe su incultura musical y Horacio decide disolver su orquesta y dedicarse a estudiar y enseñar.

Volverá en los cincuenta y por fin recibé todos los plácemes que se le debían y reconocen su enorme valía y su gran aporte al status tangueros. La RCA Víctor le abre sus puertas y esas grabaciones quedan en el recuerdo. Además están sus cantores que le dan más jerarquía aún. Horacio Deval, El Paya Díaz, el Polaco Goyeneche, dan un paso al frente gracias a la oreja del maestro. Es cierto que su música nunca fue muy milonguera y no enamoró a los bailarines, pero todos respetaron su jerarquía.

A partir de 1957 dejará la orquesta, tocará en dúo con Ciriaco Ortiz y funda el Quinteto Real junto a Laurenz, Francini, De Lío y Ferro, con arreglos suyos. Pasearía su talento por Estados Unidos y Japón y dejaría su nombre envuelto en leyenda. Ahora, en la paz de sus 97 flamantes años, este músico ejemplar sigue exprimiendo el piano y recordando con afecto y amor a los grandes músicos que dió el tango: Posadas, De Bassi, Julio y Francisco De Caro, Firpo, Troilo, Fresedo o Di Sarli.

En el reconocimiento posterior le han otorgado numerosos premios y nosotros le damos el de nuestro aplauso por su obra, su trayectoria y su conducta. Los invito a festejar el cumple, escuchando dos hermosas versiones de su orquesta: Gallo ciego, de Agustín Bardi, grabado el 29 de diciembre de 1950 y El Marne de Edduardo Arolas, que dejó en la placa con su orquesta, el 2 de setiembre de 1953.

05 - Gallo ciego - Horacio Salgán

21- EL Marne - Horacio Salgán

Y acá lo vemos junto a su hijo César, continuador de la obra, tocando en el día de su 97 aniversario.

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