viernes, 17 de junio de 2016

Carlos Marcucci

El hecho de que su obra cumbre -el tango Mi dolor- siga latiendo en los corazones de los bailarines de todos los ruedos, y continúe escuchándose como si fuera de hoy -con gotas de su bandoneón cargado de ese líquido sentimental que fluye del mismo-, lo coloca en la memoria musical de los tangueros sin época. Y de la historia en que está envuelto, gracias también a los versos del gallego Manuel A. Meaños, aquel hombre de Avellaneda que fuera creador de tantos programas radiales de éxito, merced a sus libretos eficazmente llegadores.

                                                       
Carlos Marcucci

Muchachito del barrio de Barracas, estudió con Arturo Bernstein los secretos de esa caja musical y fue precursor de la escuela virtuosista del bandoneónn.Incluso, con Félix Lipesker escribieron y publicaron un Método de aprendizaje del bandoneón, que sirvió y sirve de guía para las siguientes generaciones a la suya, dadas las dificultades que tiene este instrumento para terminar de entenderlo y dominarlo con cierta perfección.

 El cantor y guitarrista Carlos Marambio Catán, en sus Memorias dice:

-Marcucci era Mi dolor, tan compenetrada estaba la obra con el espíritu del autor, pero de ese angustiado encierro sobre sí mismo, emergió un ansia feroz  de mejorarse incesantemente como instrumentista, arrancándole todas las posibilidades al bandoneón. Si bien con una tónica estrictamente técnica que traía de su maestro Bernstein, limando o taponando toda expresión emocional. De allí que la interpretación de Marcucci aparezca perfecta pero fría, impecable pero demasiado cerebral.

                                           


En 1925 iría a Francia con la orquesta de Francisco Canaro y teniendo como ladero a Juan, hermano del director.  Posteriormente formaría su propio y exitoso Sexteto en el que militan: Alberto Soifer en piano, Luis Gutiérrez del Barrio y Mauricio Saiovich en violines, Adolfo Krauss en contrabajo y Marcucci y Salvador Grupillo en fueyes. Éste último era pupilo suyo. Serían largamente aplaudidos en el Café El Nacional, el Richmond Bar, el cine Metropol y los cabarets Chantecler y Tabarís.

Sucedería a Pedro Laurenz en la orquesta de Julio De Caro e incluso formaría su hermano Romualdo en la misma, a su lado. Y, a propósito, el propio De Caro le dedica unos textos laudatorios que lo muestra al "Pibe de Wilde" -como le llamaban, en su verdadera dimensión.

                                   
El autor de Mi dolor, primero, izq, en la orquesta de De Caro.

    -Quién llegó a conocer a este gran bandoneonista, podrá decir de sus cualidades como instrumentista, real valor dominando al "fuelle". Llegó desde su barriada a dictar cátedra de tecnicismo, con su escuela académica de gran envergadura musical, hasta entonces no superada.
   -Ejecutaba conciertos en dicho instrumento, a pesar de ser éste muy ingrato cuando no va acompañado, pero su maestría suplía tal carencia.
   -Los valses de Chopin, obras de Beethoven, como también Albéniz, etc, encontraron el él al fiel intérprete. ¿Qué decir de su obra: Aires españoles?... Sobrio, humilde, tenaz para el estudio, y cumplidor como ninguno en su labor, jamás puso mala cara a los continuos ensayos, sabiendo crearse el concepto respetuoso de quien lo conociese. Integró mi orquesta desde 1932 hasta el 53, colaborando sin desmayo, en forma muy efectiva; él y no otro, creó las variaciones en los tangos. Murió prematuramente, dejando un recuerdo que el tiempo acrecentará.

                       
Ciriaco Ortiz, Sebastián Piana, Pedro Maffia, Carlos Marcucci y Pedro Laurenz

Y si juzgamos las vueltas al mundo que sigue dando su tango mítico, habrá que coincidir con las palabras de De Caro. Porque también integró aquel Quinteto formado por la revista Sintonía, sobre los votos de sus lectores y lo ubicó junto a Pedro Maffia, Pedro Laurenz, Ciriaco Ortiz y él, con Sebastián Piana, en el Quinteto denominado Cinco Ases Pebeco.

Carlos Gardel grabó dos tangos suyos: La Reja y Viejecita mía, realizados con Manuel Meaños y Enrique Dizeo, respectivamente. No fue un autor muy prolífico, pero dejó algunos temas, de esos entrañables que siempre vuelven goteando como canilla de suburbio: Luna arrabalera y Milonga gris, con Gomila; Esta noche y Una vez,  con Lito Bayardo; Aquí me pongo a cantar, con Cadícamo.

                                                                                                
Y especialmente ese tango mítico que seguimos bailando como si fuera de esta época milonguera. Mi dolor es una belleza que nació en 1930  y resiste a todas las tempestades musicales. Tengo numerosas versiones de este tangazo y voy a dejarles estas dos que escojo:

La de Ángel Vargas acompañado por la orquesta dirigida por Edelmiro Toto D'Amario, registrada el 24 de noviembre de 1955 y la del propio Marcucci. Lo grabó con su Sexteto el 23 de mayo de 1930 y lo canta Roberto Díaz. Al final podemos apreciar los dedos brujos de Marcucci con su fueye, en las variaciones.

Mi dolor - Ángel Vargas-Toto D'Amario

Mi dolor- Sexteto Carlos Marcucci-Roberto Díaz

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