Translate

martes, 28 de abril de 2026

Las grabaciones de Gardel

 El gran mérito de las canciones grabadas por Carlos Gardel, antes que se produjera la primera revolución electrónica, es la forma de cómo se realizaban. La grabación en cilindros y posteriormente en discos, son inventos del siglo diecinueve, cuando las ayudas eléctricas o más moderadamente electrónicas estaban todavía en un futuro no demasiado cercano.

Llegarían bien entrado el siglo veinte. Las grabaciones mecánicas o acústicas, se llevan a cabo mediante una muy simple bocina, metálica al principio, compuesta de diferentes materiales después. Y de grandes dimensiones, ante la cual ejecutaba la orquesta o actuaba el cantante. 

En la parte más estrecha de la bocina, una sencilla membrana accionaba directamente la púa que registraba los sonidos en el disco madre. No había por entonces sistema alguno para modificar las condiciones de grabación artificialmente y, aunque con deficiencias, lo registrado era el resultado directo de lo ejecutado frente al rígido cono metálico.

                                       

Para grabar canto con aquel sistema era necesario tener voz, pero voz en serio. Todo lo que registró Gardel desde 1912 hasta octubre de 1925, tanto en Odeón como en Columbia, lo hizo en sistema acústico. Recién el 26 de diciembre de 1925, grabó en Barcelona parta Odeón en el sistema eléctrico.

Sus dos primeros temas registrados  en este sistema fueron los tangos "Echaste buena", de Enrique Dizeo y Mario Bonessi, y "Mi querer", de Juan Andrés Caruso y Mario Canaro. Lo acompañó en guitarra José Ricardo. Al regreso a Buenos Aires y con las guitarras de José Ricardo y Guillermo Barbieri, comenzó a grabar con el nuevo método. Los tangos"Mi querer" y "Trago amargo" (de Julio Navarrine y Rafael Iriarte.)

Su evolución está marcada en las placas grabadas. Con medios rudimentarios al comienzo, cantando rápidos y allá arriba, metía la cabeza en la bocina del grabador y, mediante una polea, se registraba el tema en un disco de cera que estaba en la habitación lindera. Por supuesto, sin ventiladores y con tremendo calor en la temporada de verano.

En ocasión de grabar con Canaro una serie de temas, terminaría haciéndolo literalmente desnudo. Gardel, en aquella época en que el tango era una expresión marginal, casi, hizo cosas increíbles como la retransmisión efectuada el 5 de marzo de 1934, en la cual cantó para los oyentes rioplatenses. 

Lo formidable del caso es que sus guitarristas Barbieri, Riverol y Vivas lo secundaban con auriculares desde Radio Rivadavia, Gardel los escuchaba desde Nueva York, acoplaba el canto a las violas por la NBC y en Buenos Aires salía al aire por Radio Splendid. 

Introdujo el silbido en el tango, como el que improvisó durante la interpretación del hermoso tema de González Castillo y Piana: Silbando, dejándolo patentado para siempre. También usó el rulo, un equivalente al melisma flamenco, eso es: a una sílaba del versos cantabile, sustituirle la nota original por grupo de notas armónica y brillantemente unidas. 

Ya era un Gardel metamorfoseado, distinto al del comienzo. Mucho más cultivado, cambiando el registro y, con su voz privilegiada enalteciendo un género popular. El sonado recurso al que acudió para cambiar la eme o la ene por la ere ("Y al viento las carpanas..."), es un recurso seguramente tomado de la lírica a la cual fue afecto de joven. 

Edmundo Rivero, que sabía mucho de música y de canto, lo explicó cabalmente: "Con respecto a la tan cuestionada N que él pronunciaba insinuando una R, se debe a que la N es consonante líquida  y puede perder su sonoridad al encontrarse con una consonante sorda (T o P) de las que obstruyen el pasaje del aire (son oclusivas) y al pronunciar la N anterior a ellas, éste se apoya en la nariz y sabiendo que en el canto elevado esto es anti estético y reprochado, Gardel enviaba directamente el aire hacia adelante (siempre apoyada)".                                                                                                                                                                         

                                          8 ideas de Carlos Gardel en 2026 | gardel carlos, tango, tango argentino

Volver, Mi Buenos Aires querido, Cuesta abajo, Amores de estudiante, El día que me quieras, Soledad, Sus ojos se cerraron, Arrabal amargo, Volvió una noche, Rubias de New York, Lejana tierra mía, Por una cabeza, son algunas de sus canciones que sembraron el Tango por el mundo, llevando nuestro cancionero a los rincones más apartados y haciéndolas inmortales.  

El cine fue la rampa de lanzamiento definitivo y Carlos Gardel era ya un astro comparable a las grandes celebridades de su época como Bing Crosby o Mauriche Chevalier. Anthony Quinn sentenciaría un día: "Al que le gusta Bach y no le gusta Gardel, a ése... no le gusta Bach..".  

Con Alfredo Le Pera establecieron un dúo increíble de compositores. La ristra de temas inmortales que construyeron entre ellos (además de los guiones de sus películas) nos dejó un reguero maravilloso de canciones que nunca dejarán de permanecer y sonar en discotecas y emisoras. Como por ejemplo, ésta que compusieron en 1935: Lejana tierra mía.

                        


  

 

 

domingo, 26 de abril de 2026

Linyera

 En 1930, la empresa Discos Nacional, organizó un Concurso de tangos y el primer premio lo obtuvo el tango "Linyera", con versos de María Luisa Carnelli (que firmaba como Luis Mario), y música de Juan de Dios Filiberto. El tema no tuvo un gran recorrido, pero las versiones grabadas de la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ada Falcón o Charlo, le dieron vida durante años.

El término Linyera es lunfardo, proviene del piamontés jergal lingéra: que significa: pandilla de vagabundos y éste del piamontés Llinger: pobre. Una voz traída a la argentina por los inmigrantes piamonteses, quienes repetían una canción en la que aparece la voz Lingera con el significado de "pandilla errante" y una de cuyas variantes se canta en Gabino el mayoral, de Enrique García Velloso.

                                        

  María Luisa Carnelli

 José Gobello que estudió muy bien los orígenes de nuestras palabras lunfardas y elaboró un diccionario maestro sobre el tema, nos ilustró definitivamente sobre esta palabrería que fueron incorporando a nuestra comunicación los inmigrantes de distintos países de Europa, especialmente los italianos. Los primeros de la mayoría de estos que se mudaron a Argentina, fueron campesinos norteños originarios de regiones como Piamonte. 

María Luisa tuvo problemas con su padre que rechazaba el tango "por ser una música cuyas letras estaban dedicadas al malevaje, a gente de mala raíz y mal vivientes".  Pero sus hermanos lo escuchaban a escondidas, para hacerlo le quitaban la bocina al gramófono para que apenas se pudiera escuchar el disco. Así conoció el tango. Contaba que cierta vez una hermana tuvo la ocurrencia de bailar un tango en una casa de familia y el padre la castigó por haberlo hecho.

Según aquellos que la conocieron, tenía una voz canyengue y halagadora de la zeta, era menuda y afable, conversadora, memoriosa y puntual a las citas. Fue la primera mujer letrista de tango y la más fecunda pero, por las características machistas de la época y para no contradecir a su familia, firmaba sus obras utilizando los dos seudónimos mencionados: Mario Castro (nombre de su hijo) y Luis Mario (su nombre invertido y masculinizado). 

                                         

En un reportaje lo explicó así: Mi padre, por supuesto, jamás supo que era yo quien los escribía. Él no quería que yo fuera demasiado libreEn estos versos, que musicalizó con éxito Filiberto, se pone en la piel  de aquellos vagabundos tildados de linyeras que caminaban  con su fardo al hombro, y podían pasar por las casas de barrios pidiendo limosnas. O trabajar accidentalmente en algo para volver luego a vagabundear. 

¡Cierta noche fue                                                                                                     del barrio y de mi hogar!
No quisiera recordar,
por mala estrella me alejé,
firme en el dolor,
me largué a vagar
hacia algún lugar
donde la traición
no pueda herir el corazón.

Al pasar, ¡linyera!, oigo murmurar,
los que son felices como yo no fui
tras de mí sus burlas, suelen arrojar,
tal vez sin advertir
que sobre un dolor
cien más han de abrir.
Siempre voy en pos de vana ilusión,
y al caer la noche túrbame el llorar
soñador de algún lejano acordeón,
que historia en su sonar
mi vida de azar,
mis penas de amor.


Bajo el chaparrón,
caminando sin sentir
se lavará mi corazón
del barro del sufrir.
Esperando un sol
arrastrando voy
de felicidad,
como un caracol,
mi suerte en larga soledad.

 (Escuchamos la interpretación de Canaro, cantando Charlo. Lo llevaron al disco el 3 de diciembre de 1930.)

                                     


 

                            


miércoles, 22 de abril de 2026

El bar del Morocho y el Oriental

 

Historias del café Roma, de Olavarría y Almirante Brown, La Boca, donde se presentaron Carlos Gardel y José Razzano.





Las puertas vaivén de madera siguen tan firmes como la niebla del Riachuelo que flota a poco más de dos cuadras, dejando entrever el perfil del viejo puente. El piso, aunque renovado, mantiene aquel simbólico damero blanco y negro. Y en un rincón, a un costado del mostrador de madera, una antigua máquina de café dice presente a pesar de que el vapor y el agua caliente ya no pasan por sus filtros. El local, como lo inmortalizó Enrique Cadícamo en su poema El morocho y el oriental , está “allá por Olavarría esquina Almirante Brown” y se presenta bajo el nombre de Café Bar Roma, obviamente en el barrio de La Boca.

Es cierto: en estos tiempos el lugar ya no es territorio de Cafieri, aquel vecino que tenía fama de pesado y que una noche de 1911 (hace exactamente un siglo) copó la reunión en el “histórico bodegón” para presentar a “una yunta que cantando hace primores”. Según aquella historia, para escuchar a los jóvenes cantores también entre el público estaban los payadores Hilario Cazón y Gabino Ezeiza.

Ahora, en este 2011, allí tampoco se consiguen el Priorato o el Trinchieri, dos bebidas que supieron tener presencia en el recinto. El Priorato era un vino que había tenido su origen en esa comarca catalana de España, donde las viñas todavía son el elemento clave para una marca con denominación de origen controlado. El Trinchieri, en cambio, era un vino-vermú que la Societá Anónima Trinchieri-Brosio elaboraba en la ciudad italiana de Turín.

De todas maneras, el Roma conserva mucho de aquella atmósfera de principios del siglo XX, algo que se refleja en las paredes con ladrillos a la vista o en la estantería de madera donde se exhiben algunas botellas añejas. Quizá guarden ecos de parroquianos que, después de participar en las asambleas obreras que se hacían en el cercano Salón Verdi o en el Sicilia, llegaban hasta el bar para seguir debatiendo aquellas ideas que el abogado Alfredo Lorenzo Palacios (1880/1965) había llevado hasta el Congreso Nacional. Precisamente los vecinos de La Boca eran quienes lo habían votado en 1904 para convertirlo en el primer diputado socialista de América, cargo que volvió a lograr en 1912 y en 1963, además de otros períodos como senador.
                     
                                     
Carlos Gardel y José Razzano

  

El poema de Cadícamo cuenta que esa noche de 1911 los cantores entusiasmaron a la concurrencia con canciones que “golpeaban los corazones del más taura y más compadre”. Era el tiempo de Cafieri “de cuando en el arrabal de guapo tenía cartel; y El Morocho era Gardel y Razzano el Oriental”. La imagen de Carlos Gardel sigue hoy allí, con la sonrisa intacta, imponiéndose desde un gran cuadro que está sobre uno de los muros.

Convertido en bar notable de la Ciudad de Buenos Aires, el Roma se mantiene como referente en Olavarría y Almirante Brown, donde todavía se escuchan relatos que mencionan a gente y lugares que se convirtieron en leyenda. Se habla de Francisco Canaro, Eduardo Arolas, Agustín Bardi o el “tano” Genaro Espósito. Y del “Café de La Popular”, por la fama que tenía su dueña. También, en esas mesas se sigue recordando a la carbonería de la calle Magallanes al 800, un sitio en el que un chico llamado Benito Juan Martín, que había sido adoptado por la familia Chinchella, además de hombrear bolsas en el puerto dibujaba usando carbonilla.

Pero esa es otra historia. 

De todas maneras, el Roma conserva mucho de aquella atmósfera de principios del siglo XX, algo que se refleja en las paredes con ladrillos a la vista o en la estantería de madera donde se exhiben algunas botellas añejas. Quizá guarden ecos de parroquianos que, después de participar en las asambleas obreras que se hacían en el cercano Salón Verdi o en el Sicilia, llegaban hasta el bar para seguir debatiendo aquellas ideas que el abogado Alfredo Lorenzo Palacios (1880/1965) había llevado hasta el Congreso Nacional. Precisamente los vecinos de La Boca eran quienes lo habían votado en 1904 para convertirlo en el primer diputado socialista de América, cargo que volvió a lograr en 1912 y en 1963, además de otros períodos como senador.

                                  


El poema de Cadícamo cuenta que esa noche de 1911 los cantores entusiasmaron a la concurrencia con canciones que “golpeaban los corazones del más taura y más compadre”. Era el tiempo de Cafieri “de cuando en el arrabal de guapo tenía cartel; y El Morocho era Gardel y Razzano el Oriental”. La imagen de Carlos Gardel sigue hoy allí, con la sonrisa intacta, imponiéndose desde un gran cuadro que está sobre uno de los muros.

(Clarín - 1 de Agosto 2011.)

(Escuchamos la milonga de Enrique Cadícamo y Ángel D'Agostino "El Morocho y el oriental", grabado por Aníbal Troilo con sus cantores Floreal Ruiz y Edmundo Rivero. Lo llevaron al disco el 4 de julio de 1947,)

                            





domingo, 19 de abril de 2026

Como abrazado a un rencor

Conforta poder aludir a la modestia de nuestros músicos populares de la primera hora, viéndola reflejada en uno que continúa en la brecha de la era sin premios (y con apremios). Ha llegado a conquistar el halago que se traduce en cifras. De Rafael Rossi hablo hoy. Un hombre para el cual la suma de años no cuenta más que para las fórmulas de la vida civil, pues su estampa y espíritu siguen conservando una agilidad joven.

Pertenece a una esforzada "guardia nueva" de hace medio siglo, que cinchó por el tango al lado de los primitivos, en una hora crucial que ahora calificamos de gloriosa. Siguió años en el género, apegado simplemente a la modalidad de ejecución simplista, respetuosa de la línea melódica. Vinieron nuevas formas orquestales, el perifollo se inmiscuyó en la obra; se insinuó el vanguardismo que arribaría después entre los vientos de fronda de la polémica.

                                     

Rafael Rossi

 

Rafael Rossi -que no es precisamente un hombre dado a la discusión -resguardó en el alma su "pasatismo" y trasladó su sencilla manera interpretativa a un repertorio de miscelánea, consultando el gusto de la gente del interior de la República. con sus versiones incomplicadas salió en giras y grabó discos. Tocó en trío; flanqueando su bandoneón con dos guitarras; en cuarteto, agregando violín; con orquesta, incluyendo cantores en dúo.

Tocó desde el el vals criollo al foxtrot, del pasodoble a la ranchera, del tango al bailecito boliviano. Y al sucederse los días, tocó baión, pachanga y twist. Tocó y toca, grabó y graba, para los insobornables "chacareros", que lo han convertido en una de sus simpatías. Sus giras de bailes por tierra adentro, baten récords de concurrencia. Sus discos están al tope de ventas, por encima de grandes carteles.

Y él firme en su continencia modesta, en su acento moderado de criollo, y en esa risa franca que le llena de arruguitas el rostro y muestra sus dientes sanos; alegría de hombre que puede dormir de un tirón porque no tiene cargos de conciencia ni deudas y puede esperar tranquilo - sin "metejones"- que salga de perdedora alguna potranca que le cuida su aparcero, el Pocho Lofiego. 

Tango porteño con espaldarazo uruguayo                                                                                                      

Elijo uno de sus grandes tangos. Sin alterar su elocución pareja, detallista, veraz, él me narra el nacimiento de "Como abrazado a un rencor". Yo la transfiero a continuación a mis lectores, corriendo de mi cuenta la adjetivación. En 1931 frecuentaba Rossi las tertulias nocheras del vespertino "Última hora", en cuyo plantel de redactores estaba el extinto Antonio M. Podestá; "el gauchito", para la mención cariñosa de todos los del gremio. Podestá le dio a Rossi unos versos para que los considerara:

                                 

 

Esta noche, para siempre, terminaron mis hazañas;                                                                    un chamuyo misterioso me acorrala el corazón.                                                                            Alguien chaira en los rincones el rigor de una guadaña                                                                y anda un "algo" cerca'el catre olfateándome el cajón... 

Le gustó a Rossi el asunto dramático de esa cuarteta y la que le seguía. Les puso ritmo de tango e hizo, por las suyas, la segunda parte musical. El "gauchito" Podestá le adicionó la respectiva letra, de la cuál surgiría el título.

Yo quiero morir conmigo,                                                                                                                sin confesión y sin Dios,                                                                                                            crucificao en mis penas                                                                                                                  como abrazao a un rencor... 

Un editor tradicional, Natalio Pirovano, imprimió la pieza y, a los 6 meses le dio una mala noticia al músico... ¡No se había vendido un solo ejemplar! Pero, de pronto, la situación cambió. Desde Montevideo los comerciantes musicales pedían ejemplares de Como abrazado a un rencor. ¿Qué ocurría?... Que Gardel actuaba allá, estrenó el tango y lo convirtió en un suceso extraordinario.

Tres ediciones al hilo salieron de la Editorial Pirovano para Montevideo. Al regresar Gardel a Buenos Aires, contratado por radio América -una emisora muy escuchada entonces-, su interpretación del amargo tango de Rossi y Podestá fue una de las más celebradas. Al llevarlo al disco consolidó el éxito, que ha pervivido. 

Y aquí debo decir que el recuerdo de Carlitos Gardel empañó de sentida emoción el final del relato de Rafael Rossi, que durante años colaboró con su bandoneón en los ensayos del gran cantor, pasándole a sus guitarristas los tonos de las composiciones nuevas.

Francisco García Jiménez ("Así nacieron los tangos") 

(Escuchamos la versión de Horacio Salgán con su orquesta cantando Ángel "El Paya" Díaz. Lo grabaron el 21 de junio de 1950.)

                       


 

 

sábado, 18 de abril de 2026

Historia de una foto

 Esta imagen reúne a los tangueros que se reunieron en el Hipódromo de Palermo, para asistir a la inauguración de un busto de Carlos Gardel en el circo hípico, el 24 de junio de 1985, recordando el cincuentenario de la desaparición del gran cantor.

                             


 Lo organizó la Asociación Gardeliana que presidía el juez penal en San Isidro, Víctor Sasson, reconocido fan de esta música y y que fue quien encargó al escultor y elogiado artista plástico Ernesto Bourse Herrera, la realización del mismo. 

Aprovechando la reconocida pasión "burrera" del Morocho del abasto, esa tarde se corrió también el Clásico" Carlos Gardel", en el circo palermitano, y a partir de dicho momento comienza disputarse anualmente el premio que recuerda al gran cantor, dueño de caballos de carrera y gran amigo del jockey Ireneo Leguisamo, los hermanos Torterolo y el cuidador Francisco Maschio. 

La Asociación Gardeliana se creó en una reunión realizada en el barrio de la Boca, en 1968, por Cátulo Castillo, que fue su primer presidente, y entre los socios fundadores estaban Julián Centeya, León Benarós, Juan Carlos Copes y Sigfredo Pastor. En el momento de producirse esta escena, además de Sasson, éste tenía de principales colaboradores a Edmundo Guibourg (que fuera apoderado de Gardel), Cesar Tiempo, Raúl Matera y el pintor Pérez Célis.

En la foto pueden verse a algunos personajes del tango que acudieron a esta cita hípica por la trascendencia de la misma. Parados de izq. a der.: Joaquín Do Reyes, Mineral (cronista hípico), Jorge Rigo, Víctor Visconti, Alfredo De Angelis, Claudio Matas, Eduardo Del Piano, Carlos Del Mar, Alberto Del Rosal (locutor, representante y presentador preferido de Troilo.)

Sentados, de izq. a der.: La esposa de Jorge Vidal, Jorge Vidal, Osvaldo Pugliese (que era la primera vez que pisaba un hipódromo), su esposa Lidia, y Beba Pugliese. El Hipódromo de Palermo, con acceso por Avenida Libertador 4101, fue inaugurado el 7 de mayo de 1876, bajo el nombre de "Hipódromo de Palermo", aunque en 1953 se la agregó la palabra "Argentino".

Imagen
  Gardel y el famoso jockey Ireno Leguisamo 

Gardel en 1929 grabó el tango "Palermo", de Juan Villalba, Hermido Braga y música de Enrique Delfino, cuyos versos decían: "¡Maldito seas Palermo! / Me tenés seco y enfermo, / mal vestido y sin morfar, / Porque el vento los domingos / me patino con los pingos / en el Hache Nacional..."...

En esa estrofa de notaban los vestigios del antiguo Hipódromo Nacional que estaba en lo que actualmente se conoce como "Barrio River" y ya había desaparecido. Lo inauguraron el 14 de agosto de 1887 y absorbido luego por el de Palermo. El estadio de River Plate se levanta sobre parte de aquel predio. 

El tango y "los burros" mantuvieron un constante vínculo y Gardel cantó muchos temas vinculados al turf: Por una cabeza, Soy una fiera, Bajo Belgrano, Leguisamo solo, Preparate p'al domingo, La catedrática, Polvorín o Canchero. Motivos más que suficientes para dedicarle un Clásico anual y plantar su figura entre los porteños burreros. Porque además, Gardel era un turfman hecho y derecho.

 (Escuchamos a Gardel cantando el tango del pianista/compositor  Modesto Papavero: "Leguisamo solo", acompañado por sus guitarristas.

                               


 

 

jueves, 16 de abril de 2026

El pensamiento

-Lo llamaban  "el gallego" y era criollo y morocho. El gallego Martínez. ¡Qué pianista genuino del tango! ¡Qué melodista privilegiado! Los ditirambos no son gratuitos para José Martínez., compositor de tangos como Pablo, De vuelta al bulín, El cencerro y otros más de esa calidad y además de ese exquisito "El pensamiento", del que hablaré hoy.

José Martínez vivía permanentemente en un estado de gracia inspirativo. La mirada de sus ojos buenos un poco perdida en oros cielos.  Con la sonrisa entregada, pero un poco triste. Con la palabra quieta y criteriosa, que lo hizo siempre simpático y escuchado. Pertenece a la promoción señera del tango; la que  hubo de crear la melodía al tiempo de ejecutarla..

                                         

   José Martínez
 

Fondo y forma espontáneos. La que en esta función instrumental liberó la limitación del solista de la casa de baile, del guitarrero del tabladillo o del dúo recorredor de boliches, y dio salida al camino triunfante del breve conjunto abriendo cancha consagratoria a la "orquesta típica". 

Su acompañamiento en el teclado del piano era inconfundible. Cuando en 1918 Francisco Canaro da el gran paso adelante en su carrera, como él mismo ha calificado a su primera actuación en en el cabaret Royal Pigall (hoy Ta-Ba-Ris), los dos positivos créditos de su conjunto son el bandoneonista Osvaldo Fresedo y el pianista José Martínez. Al poco tiempo se independiza Fresedo y se va al casino Pigall,  

Martínez forma orquesta propia para el cabaret L'Abbaye, de la calle Esmeralda. "Esa sí que fue una lamentable baja - confiesa Canaro-. Lo suplanté con Luis Riccardi, pianista de estudios y buena técnica..., y me tuve que aguantar las justas quejas de la muchachada. Notaban el cambio y echaban de menos el típico compás de Martínez. ¡Me costó un triunfo ir convenciendo a la clientela del cabaret". 

Ahí le dolía a Canaro, y por tanto la información es incontrovertible. Desde años atrás, Martínez tocaba habitualmente con él. Habían comenzado en trío con el bandoneonista Pedro Polito, guiando los pies danzantes de una famosa academia de las de "a diez guitas la pieza", en el desaparecido teatro Olimpo, situado en la calle Pueyrredón y Arenales. 

                                       

 

En los pisos de esas "academias" también se sacaban chispas los mejores bailarines porteños, para gusto y honra de los novatos que las frecuentaban. El piso del Olimpo conoció las suelas y los tacos de los más "tauras", mientras les daba compás desde el piano un tanguero virtuoso: ese "gallego" Martínez, morochito él, y pese al apodo, hijo y nieto de argentinos...

Una noche cualquiera le nació el apodo. ¿Cómo te llamás vos?", le preguntó alguien. Y al conocer su apellido, el otro salió por lo más cómodo: "Ajá, Martínez... Así que sos gallego vos...". El mocito era callado, de temperamento tranquilo; sonrió y se encogió de hombros. Se oyó llamar "el gallego" con tono cordial y eso le bastó.

José Martínez, pianista insuperable del tango canyengue, muchacho observador y sosegado, mostró el hilo de su inspiración en "El pensamiento", la flor pintada en el palio de un rey del pescante, que con 6 riendas en una mano transitaba triunfal sobre las piedras de una ciudad que se transformó, sin mella de la musiquita que sigue fiel a la limpia ascendencia y la antigua imagen. Como lo refleja este tango.:

Francisco García Jiménez

 

(Entre las grabaciones que existen de este hermoso tango, hoy podemos escuchar la que realizó Osvaldo Pugliese con su orquesta, en mayo de 1969.) 

                                


                                 

 

miércoles, 15 de abril de 2026

Ivette

 Este tango de Pascual Contursi lo grabó Carlos Gardel en 1920. Lo interpretarían varias orquestas y cantores  y seguiría consiguiendo su sitio  en otras etapas del género. Los versos le pertenecen a Pascual Contursi y en cuanto a la música aparecen como compositores  Julio A. Roca y Enrique Costa. Aunque después de seguir muchas investigaciones sobre el tema, creo que la música es de José Martínez.

Vale la pena entretenernos un rato con los versos que creó el autor de "Mi noche triste", para esta página, que tuvo muchos intérpretes por su polenta lunfarda. Con el deschave de un señor de clase alta que llora el abandono de su querida, envuelto en copas y recordando todo lo que hizo por ella, los regalitos que le fue dejando, producto algunos de su "mano larga", más las cremas que embellecían su rostro.

A la puerta de un boliche
Un bacán encurdelado,
Recordaba su pasado
Que la china lo dejó,
Entre los humos de caña
Retornan a su memoria,
Esas páginas de historia
Que su corazón grabó.
                                                

                                                 
 
 
El personaje de los versos tenía un bulín (habitación), donde hacían el amor con la muchacha que toda la barra amiga le festejaba, por su atractivo. Ella lo dejará por otro bacán, atribuyéndoselo el sufridor a una pavada, pero la opinión de la mujer no cuenta en la historia. Sólo es el recuerdo triste de todo lo que hizo por ella, incluso los versitos que le dedicaba. Y lo desmenuza así:                                                       

Bulín que ya no te veo
Catre que ya no apolillo,
Mina que de puro esquiyo
Con otro bacán se fue.
Prenda que fuiste el encanto
De toda la muchachada,
Y que por una pavada
Te acoplaste a un no sé qué...

 ¡Que te ha de dar ese otro                                                                                                             que tu viejo no te ha dado!
¿No te acordás que he robado
pa´ que no falte el buyón?
¿No te acordás cuando en cana
te mandaba en cuadernitos
aquellos lindos versitos
nacidos del corazón?

¿No te acordás que conmigo
Usaste el primer sombrero
Y aquel cinturón de cuero
Que a otra mina le saqué?
¿No te traje pa´ tu santo
Un par de zarzos de bute,
Que una noche a un farabute
Del cotorro le pianté.
Y con ellos unas botas
Con las cañas de gamuza,
Y una pollera papusa
Hecha de seda crepé?


¿No te acordás que traía
Aquella crema ´e lechuga,
Que hasta la última verruga
De la cara te sacó?
Y aquellos polvos rosados
Que aumentaban tus colores...
Recordando sus amores
El pobre bacán lloró..  


 (Entre las varias versiones grabadas de este tango, escuchamos la de Aníbal Troilo  con su cantor Raúl Berón. Lo grabaron en 1955.) 

                         


 

 

martes, 14 de abril de 2026

La vi llegar

 Cuando echamos manos a nuestra discoteca, siempre terminamos encontrando algún disco que nos reengancha con el pasado tanguero-milonguero y que a la vez, nos trae algún pasado olvidado de nuestra caminata por la vida. Por supuesto, me refiero a aquellos temas que desde jovencitos los escuchábamos en la radio, en el candombear de la calesita del barrio, y en los que los silbaban por calle mientras caminaban. 

Con los años fui conociendo a muchos personajes del tango, en mis andanzas por las milongas del centro y los cafetines donde actuaban orquestas y cantores. A Julián Centeya lo traté mucho en el boliche que estaba frente a radio El Mundo y terminé compartiendo muchos momentos juntos. Un personaje increíble. Teníamos raíces barriales cercanas y eso nos comunicó más. Con el tiempo trabajaríamos ambos en un programa de Antonio Carrizo en radio El Mundo. Y años después lo tuve  de charleta en el el programa que conducíamos con Osvaldo Papaleo en radio Argentina.

      

Julián Centeya 

Entre sus éxitos como poeta tanguero figura éste que escribió sobre una música previa de Enrique Mario Francini: "La vi llegar". Lo compusieron en 1944 y Julián describe con su pluma fértil el encuentro con la mujer amada y el cortocircuito que los aleja sin retorno. Realmente, los versos contienen una barahúnda de reflexiones que, al arrebato de la memoria, muestra las pasiones humanas en toda su esencia intemporal.

La vi llegar...
¡Caricia de su mano breve!
La vi llegar...
¡Alondra que azotó la nieve!
Tu amor -pude decirle- se funde en el misterio
de un tango acariciante que gime por los dos.                                                                           ............................................................................................. 

...Y el bandoneón
-¡rezongo amargo en el olvido!-
lloró su voz,
que se quebró en la densa bruma. 
Y en la desesperanza, tan cruel como ninguna,
la vi partir
sin la palabra del adiós.

Era mi mundo de ilusión...
-Lo supo el corazón,
que aún recuerda siempre su extravío-.                                                                                        Era mi mundo de ilusión
y se perdió de mí,
sumándome en la sombra del dolor.
Hay un fantasma en la noche interminable.                                                                                hay un fantasma que ronda en mi silencio.
Es el recuerdo de su voz,
latir de su canción,
la noche de su olvido y su rencor.
 

La vi llegar...
--¡Murmullo de su paso leve!-
La vi llegar...
-¡Aurora que borró la nieve!-                                                                                                      Perdido en la tiniebla, mi paso vacilante
la busca en mi terrible camino de dolor.
.........................................................................................

...Y el bandoneón 
dice su nombre en su gemido,
con esa voz
que la llamó desde el olvido.
Y en este desencanto brutal que me condena
la vi partir, sin la palabra del adiós. 

 

(Entre las varias grabaciones que lucieron este tango, podemos escuchar la de Miguel Caló con Raúl Iriarte. Lo llevaron al disco el 19 de abril de 1944.)

                                 


 

 

sábado, 11 de abril de 2026

Evita y el Tango

 Eva Duarte tenía predilección por algunos tangos. Cuando trabajaba como actriz en un radioteatro que se transmitía por Radio Belgrano, al comienzo de su carrera, coincidiría varias veces con Rodolfo Biagi, cuya orquesta se había convertido en  gran atracción, en dicha emisora de Don Jaime Yankelevich.

Evita era novata  y en una ocasión en que coincidieron en la emisora con Biagi, le manifestó al direcctor-pianista que el tango "Indiferencia", le provocaba mucha emoción, cada vez que lo escuchaba interpretado por su conjunto.

Al respecto, Juan Carlos Thorry recordaba cuando las emisoras realizaban sus programas desde el escenario de algún teatro. La primera que lo hizo fue "La voz del aire", de Emilio Kartulovic, que transmitía desde el Teatro San Martín, de la calle Esmeralda. Luego lo imitó Radio París, que montaba sus espectáculos en el escenario de un hermoso teatro, ubicado en Suipacha, entre Cangallo y Bartolomé Mitre. 

Estaba dentro del edificio de una enorme tienda, la "Casa Argentina Sherrer" que ocupaba toda una manzana. Ese teatro tenía setecientas localidades con escenario, camarines, etc.

Su director fue Claudio Martínez Payva y su director de escena Atilio Supparo. Estos nombres dan la pauta de la seriedad que se le dio al espectáculo, en el cual desfilaron grandes figuras nacionales e internacionales, como, por ejemplo, la cantante española Concha Piquer. El conductor del programa era Fernando Ochoa.
  

En el mismo se presentaron la orquesta típica de Juan Canaro y la jazz de Rudy Ayala, con su crooner Juan Carlos Thorry, que además era animador y y también maestro de ceremonias, compartiendo con Ochoa,  presentando los diferentes cuadros. La típica y la jazz se presentaban juntas en escena. Realizaban una especie de contrapunto y el público votaba su preferencia en una urna a la salida. 

                                          Indiferencia. Tango (1937)

 

En uno de esos intervalos Biagi le hizo escuchar la melodía de su tango a Juan Carlos Thorry. Al futuro esposo de Analía Gadé le gustó la música y le pidió permiso para ponerle letra.  Y allí mismo comenzó a garabatear los versos sobre el piano:                                                         "Yo también como todos un día / tenía dinero, amigos y hogar. / Nunca supe que había falsía, / que el mundo sabía también traicionar...".

El tema, finalizado, sería todo un éxito en la grabación de Biagi con su orquesta el 10 de septiembre de 1942. Y los posteriores de  Canaro-Maida, D'Arienzo Echagüe que lo robustecieron para que el tango siguiera sonando en radios y en las milongas bailables hasta hoy.

Evita se emocionaba una y otra vez al escucharlo, como le pasaba con el valsecito de Pascual de Gullo: Lágrimas y sonrisas, un verdadero capolavoro del pianista de San Telmo, que lo compuso en 1913.

(Escuchamos a la orquesta de Rodolfo Biagi con su cantor Jorge Ortiz en la grabación del tango "Indiferencia", llevado al disco el 10 de septiembre de 1942.)

                        







martes, 7 de abril de 2026

Veredas que yo pisé (2)

 A alguno le podés ortibar: "A vos no te fue tan mal gordito", como hizo Alfonsín, ¿te acordás?. O hacé un imaginario techito con la mano en la frente para junar hacia lo que dejaste atrás y rápidamente te darás cuenta que sos producto de la baldosa inicial.

A mí me ne fute toda esta panoplia del modernismo provocador si tengo que tirar al tacho mi prontuario, por las ambiciones de la filosofía capitalista.  Quiero volver a sentir el calor húmedo del rioba  cuando se me canta el culo, aunque sigan andado catraminas por las calles, tengamos las cosas atadas con alambre y te duela que a algunos viejos amigos les haya ido p'al joraca y estén forfai.

                                                   Pronóstico trimestral del SMN: cómo será el otoño en Buenos Aires y qué  pasará con las lluvias | canal26.com        

Heráclito, que no era ningún belinún, batía que "La armonía más bella nace del enfrentamiento de las diferencias". Cuando manyás la escena política dominada por los demagogos, la dañina aguja del rencor, ese permanente estado de éxtasis y prozac en la sociedad, la guerra de insultos a la que llamamos política, la atmósfera de venalidad consentida, ves que todo este pastiche vitaminado es un tango de Discépolo.

¿O no, fierita? Estas falsas convenciones posmodernas son un embole para dogmatizarnos, no te dejés cajetear,. Hay males que forman parte del decorado del mundo y para distraernos, la neoburguesía hace un curso en Alemania para elegir al mejor culo del mundo y coronan a una japonesa que lo tiene más chato que un naso de boxindanga. 

O te meten  el baile del ñoca, patinan en la TV, hacen concursos para pánfilos o retardados, producen cine champú y con este gran lienzo te tienen en el buche. Las grandes ideas se tomaron el bondi. Tal vez la otoñada, la luz callejera que disparata la arquitectura del jardín, me transporta  por los ríos arteriales de la existencia y me impregna de una melanco temporalista, pero ¡qué querés!...

Se me saltan los tapones con estas costumbres sociales y religiosas diseñadas para sojuzgar a las mayorías. En fin, fierita, que hay que ser como Gardel que se peinó para siempre y preparar el  morfi-chupi  debute para tener la noche a punto caramelo, invitando a una argenta de esas que se hacen rasta hasta en las pestañas y a un par de atorrras para amenizar la giornatta.

                             


Poné un CD de Pugliese y escrachá el matambre a la parrilla que preparaba Don Juan, el carnisa del barrio. Comprá un matambre tierno y abrilo con la grasita hacia arribeño. Zampale ahí ajo picadito, perejil, ají molido y algo de sal. Metelo en el horno con el grill fierro a fondo.  (Si tenés parrilla, avanti:). A medio hacer, dalo vuelta, con la nerca  siempre doblada.

Cuando lo tenés a point, lo abrís y dejás que se queme la grasita para que quede crocantona, apuntándola al grill. Lo sacás y en una tabla lo cortás en tiras finas empezando por la parte más gordita. Agregale sal si ves que anda cortina. Acordate que en la parrilla al final la grasita apunta a las brasas. Con esta podés presentarte a un Concurso y dejar a esos mamelucos modernistas que arman toplas, a los que les faltan dies para el sope, muriéndose de envidia .

¿Qué te cerepa?

Cacho Panza 

(Publicado en el número 59 de la revista "Mundo Argentino", que creé y dirigí durante diez años en Madrid. Y estas notas las firmaba como Cacho Panza.) 

 

 

Veredas que yo pisé

                                                                    "La noche , la magistral sapiencia de lo oscuro".                                                                                                                          Alejandra Pizarnik    

¡Qué hacés, tres  veces, que hacés! ¿Viste que hoy me vine bien tanguero? Es que me dio el ramalazo y me parece estar tomando mate bajo el fiel ombú de Parque Patricios. Ya sé que es un gomero pero siempre le dijimos ombú y es como si a vos que te dijeron toda la vida Tito, Zurdo o Pirulo,  y me vas a venir ahora con que te llame por tu nombre de pila.                                                                                                                     

¿Junás a alguno a quien llamemos por su nombre de verduque? Sí fierita, hoy hacé de cuenta que estamos caminando por la alfombra de adoquines viejos y asfalto cuarteado de aquel barrio que nos marcó en la hormiguesca ciudad querida.                                                              En esta globalización que es ante todo un proceso político donde las decisiones se toman cada vez más lejos, las errancias introspectivas me sopapean de continuo y me invade como una nostalgia ardida, ¿viste?                                                                                                                                 

Buenos Aires es un barrio grande que puede estar en el Sur de Manzi, en Tres esquinas de Cadícamo, el Bajo Belgrano de García Jiménez, o la Boca y el Doque de González Castillo en Silbando. ¿Qué sería de Buenos Aires sin las letras de tango y el bandoneón de Pichuco? Proust decía que todos somos reflejos del sitio en que vivimos.Nos mimetizamos, somos parte de su fauna y su paisaje. Estamos envueltos en el rioba como cubiertos por un manto paternal y maternal a la vez.

 

Arrastrás contigo aquellas historias banales o increíbles. Y aunque algún salamín picado fino se intente quitar esa costra y busque el glamour de otras latitudes, en algún momento se le caerá la careta trucha y se desayunará con que está pegado a esa paisajística barrial que lo marcó, y el subconsciente lo sacará a relucir como el "otro yo del Doctor Merengue". 

El mismo Proust batía que la realidad se forma en la memoria. Y el bocho te encana en un truco a cara de rrope en el boliche esquinero, un chamuyo lunfardiano, el desfile de pebetas diqueras que saben amar, la cumbia colectivera, esa forma de discutir epidérmicamente, la Coca con Fernet, los cantos de la tribuna...   Y el turmix con la posmodernidad te ancla en una realidad hecha de adoquines y malvones, de pava, mate y bizcochitos...

Y aunque el chabón se quiera hacer el friki imitando a los políticos que se han dado cuenta que no hay que creer sino hacer creer, por más lavandina que le eche al fato, en la molicie de la vida diaria el Yo interior lo deschava y la canta la tosca. Mirá fierita que no me quiero hacer el filósofo aunque hay 37 millones de filósofos en nuestro ispa y sobre todo, uno clavado en cada esquina porteña o en la same del feca.

Es que estas cosas me sacan, te juro, al ver como bardean. El punto puede ser un banana, pero que muestre la chapa, viejo, que no la esconda. Y que no bata fulerías de ese rioba que estará desvencijado, pero arrastra las arquitecturales voces del pasado. Si querés darte una biaba en el repaso de las estaciones de tu vida, dejá un rato Interné, el ipod, la playestéishon y escuchate unos tanguitos de Angelito Vargas  para volver a espejear la ciudad que te dejó su marca, como al ganado, y esgunfiarte de estos plomazos... 

                                                                                                                                    (Continúa...)

 

 

 

sábado, 4 de abril de 2026

Cambalache

 Fue otra pegada discepoleana muy grosa que impactó fuertemente en el estamento tanguero. Había sido creado para un filme que dirigiría Mario Soficci, en 1934, donde lo cantaría Ernesto Famá.  Pero lo estrenaría con enorme éxito Sofía Bozán en el Teatro Maipo y se difundió rápidamente en los medios radiales y periodísticos.

La función en la cual se daba a conocer una nueva Revista Musical, con el estreno del tango discepoleano se presentó muy complicada, porque Discépolo le había vendido en exclusividad el tema al productor Ángel Mentasti para su película dirigida por Mario Soffici, con la estrella Libertad Lamarque: "El alma del bandoneón".

                                  

  Luis César Amadori


Antes de levantarse el telón, Mentasti apareció con un abogado para impedir el estreno del tango. Luis César Amadori, dueño del Teatro, para distraerlo y confiando en el éxito del tango, llevó al enojado productor a la Confitería Richmond, de la calle Esmeralda, que estaba justo enfrente del Maipo, y le habló largamente  sobre el tema de Cine y Teatro. Y le insistía en que no competían entre ambos escenarios.

Y seguía con largas explicaciones. Sobre todo tratando de convencerlo en el sentido de que si el tango tenía el éxito esperado en su Sala, ello beneficiaría a la película. Continuaba con su oratoria y Mentasti después de escucharlo, lo semblanteó a Amadori e inesperadamente, tuteándolo le preguntó: "Decime, tenés algo para Pepe Arias?". Instintivamente, Amadori respondó: "".

Enrique Santos Discépolo | Meer
 Enrique Santos Discépolo

                                       

Cuando vio que la gente salía del Teatro y la función había terminado, recién dejó de hablar. Y había nacido un tango para la eternidad. Amadori contaba  que le había ayudado a Discépolo en la composición poética del tango con la nómina de personajes que desfilaban en el nuevo tango que sería otro éxito rotundo y duradero.

Y así iban desfilando esos personajes reales de Cambalache: "Mezclaos con Stavisky, van Don Bosco y la Mignon, Don Chicho y Napoleón...". Y Amadori  comentaba que le había dicho a Discépolo: "Poné a Carnera y San Martín...". Y parece que Discépolo le hizo caso porque  todos ellos entraron en los versos del tango.

Posteriormente, en sociedad, Amadori y Discépolo compondrían otros tangos que también tuvieron su ronda de aplausos: "Confesión", "Alma de bandoneón", "Desencanto" y el vals "Tu sombra". Con más éxito unos que otros, pero estableciendo un pacto que, sobre todo en el caso de "Cambalache", fue decisivo para la suerte de la yunta creadora. 

                                      cambalache. partitura tango grabado por julio s - Compra venta en todocoleccion 

Amadori había nacido en Pescara, Italia, y llegó a la Argentina con sus padres, a los cinco años de edad. Además de dueño del Maipo, fue un celebrado director de cine con 64 películas en su haber. Se casó con la hermosa actriz Zully Moreno y debieron exiliarse a España con la llegada del gobierno militar. Allí permanecieron durante diez años y dirigió 17 películas. 

 Podemos escuchar la versión que realizó Julio Sosa, acompañado por la orquesta de Leopoldo Federico, del tango de Discépolo: Cambalache. Lo grabaron el 1 de marzo de 1964.

                             


 

 

viernes, 3 de abril de 2026

¿Qué sapa, señor?

 La catilinaria discepoleana se vuelca en este tango, compuesto en 1931, y que pinta la situación política-económica que vivía Argentina, desde el golpe de estado que el 6 de septiembre de 1930 derrocaría al gobierno presidido por Hipólito Yrigoyen. Casi todas las provincias habían sido  intervenidas durante el mandato de Yrigoyen.

Enrique Santos Discépolo 

En este clima sumado a la grave crisis económica en 1930 se produce el primer golpe de Estado de Argentina. El diario "Crítica" fue evolucionando cada vez más hacia posturas de la extrema derecha. Fue así que dio su pleno apoyo al golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 que encabezado por el general José Félix Uriburu derrocó al gobierno de Yrigoyen.                                                                                                                                                               En enero de 1929, durante la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen, Roberto Arlt publicó en el diario El Mundo, un artículo titulado "Su Majestad, la coima", donde escribe:

   - La coima es la polilla que roe el mecanismo de nuestra administración, la rémora que detiene la marcha de la nave del Estado (y esta vez es cierto el mito de la rémora y la macana de la nave del Estado), la coima es el aceite lustral conque cuanto bicho inspector y subinspector que vagabundea por ahí, lubrifica sus articulaciones y engorda su estómago; la coima es la madre de muchos bienestares, el alma de numerosas prosperidades, el ángel tutelar de los que venden aserrín por harina, achicoria por café, pan quemado por chocolate, mármol molido por azúcar, la coima es la diosa protectora de todos los tahúres que pululan en nuestra tierra, de todos los comisarios que entran flacos y salen gordos, de todos los magistrados que se taponan los oídos para no escuchar los alaridos de la justicia, ¿qué no es la coima, la enorme, la nutritiva coima? 



Donde se clave la vista, allí está: invisible, segura, efectiva, certera. La coima es la que moviliza los escritos en un juzgado; la coima es la que arranca un certificado de buena conducta para un específico fascineroso, la coima es la que le da ciudadanía de honestidad a un granuja cien veces más ladrón que el ladró Gesta; la coima es la que ablanda y humaniza al inspector personudo, al abogado recio, al escribano melifluo, al oficial de justicia inexorable, al médico talentudo. La coima, invisible, penetrante, ardua e infalible, penetra por todas partes y compra al grande, al cogotudo y al severo como al pequeño, al modesto y al humilde que se conforma y transige con tal que le den para un café con leche". 

El 8 de noviembre se realizan las elecciones en las cuales ganó la Concordancia con 607.765 votos que representaban el 43.26% de los votos y le otorgaron 237 electores que configuraban mayoría en el Colegio Electoral y votaron por Justo-Roca, quienes asumieron sus cargos el 20 de febrero de 1932. Sánchez Sorondo en una nota publicada en 1958 consideró que la anulación de los comicios del 5 de abril de 1931 y la prohibición posterior de presentar candidatos al radicalismo constituyeron graves errores institucionales y quitaron legitimidad a la elección de Agustín P. Justo.​

Discépolo pintaba toda esta tremenda situación del país en este tango demoledor.
  

La tierra está maldita                                                                                                                            y el amor con gripe, en cama.
La gente en guerra grita,
bulle, mata, rompe y brama.
Al hombre lo ha mareao
el humo, al incendiar,
y ahora entreverao
no sabe dónde va.
Voltea lo que ve
por gusto de voltear,
pero sin convicción ni fe.

Hoy todo Dios se queja
y es que el hombre anda sin cueva,
volteó la casa vieja
antes de construir la nueva...
Creyó que era cuestión
de alzarse y nada más,
romper lo consagrao,
matar lo que adoró,
no vio que a su pesar
no estaba preparao
y él solo se enredó
al saltar.

¡Qué "sapa", Señor...
que todo es demencia!...
Los chicos ya nacen
por correspondencia,
y asoman del sobre
sabiendo afanar...
Los reyes temblando
remueven el mazo
buscando un "yobaca"
para disparar,
y en medio del caos
que horroriza y espanta:
la paz está en yanta
¡y el peso ha bajao!...

¿Qué "sapa", Señor,
que ya no hay Borbones,
las minas se han puesto
peor que los varones;
y embrollan al hombre
que tira boleao;
lo ven errar lejos
a un dedo del sapo
y en vez de ayudarlo
lo dejan colgao?.
Ya nadie comprende
si hay que ir al colegio
o habrá que cerrarlos
para mejorar...
 
(El 12 de agosto de 1931, la orquesta de Francisco Canaro, cantando Charlo, grabó este tango de Enrique Santos Discépolo. Acá lo podemos recordar. (Qué "sapa", significa Qué pasa, al vesre, o sea al revés, costumbre muy porteña de hablar.)