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martes, 14 de abril de 2026

La vi llegar

 Cuando echamos manos a nuestra discoteca, siempre terminamos encontrando algún disco que nos reengancha con el pasado tanguero-milonguero y que a la vez, nos trae algún pasado olvidado de nuestra caminata por la vida. Por supuesto, me refiero a aquellos que desde jovencitos los escuchábamos en la radio, en el candombear de la calesita del barrio, y en los que los silbaban por calle mientras caminaban. 

Con los años fui conociendo a muchos personajes del tango, en mis andanzas por las milongas del centro y los cafetines donde actuaban orquestas y cantores. A Julián Centeya lo traté mucho en el boliche que estaba frente a radio El Mundo y terminé compartiendo muchos momentos juntos. Un personaje increíble. Teníamos raíces barriales cercanas y eso nos comunicó más. Con el tiempo trabajaríamos ambos en un programa de Antonio Carrizo en radio El Mundo. Y años después lo tuve  de charleta en el el programa que conducíamos con Osvaldo Papaleo en radio Argentina.

      

Julián Centeya 

Entre sus éxitos como poeta tanguero figura éste que escribió sobre una música previa de Enrique Francini: "La vi llegar". Lo compusieron en 1944 y Julián describe con su pluma fértil el encuentro con la mujer amada y el cortocircuito que los aleja sin retorno. Realmente, los versos contienen una barahúnda de reflexiones que al arrebato de la memoria muestra las pasiones humanas en toda su esencia intemporal.

La vi llegar...
¡Caricia de su mano breve!
La vi llegar...
¡Alondra que azotó la nieve!
Tu amor -pude decirle- se funde en el misterio
de un tango acariciante que gime por los dos.                                                                           ............................................................................................. 

...Y el bandoneón
-¡rezongo amargo en el olvido!-
lloró su voz,
que se quebró en la densa bruma. 
Y en la desesperanza, tan cruel como ninguna,
la vi partir
sin la palabra del adiós.

Era mi mundo de ilusión...
-Lo supo el corazón,
que aún recuerda siempre su extravío-.                                                                                        Era mi mundo de ilusión
y se perdió de mí,
sumándome en la sombra del dolor.
Hay un fantasma en la noche interminable.                                                                                hay un fantasma que ronda en mi silencio.
Es el recuerdo de su voz,
latir de su canción,
la noche de su olvido y su rencor.
 

La vi llegar...
--¡Murmullo de su paso leve!-
La vi llegar...
-¡Aurora que borró la nieve!-                                                                                                      Perdido en la tiniebla, mi paso vacilante
la busca en mi terrible camino de dolor.
.........................................................................................

...Y el bandoneón 
dice su nombre en su gemido,
con esa voz
que la llamó desde el olvido.
Y en este desencanto brutal que me condena
la vi partir, sin la palabra del adiós. 

 

(Entre las varias grabaciones que lucieron este tango, podemos escuchar la de Miguel Caló con Raúl Iriarte. Lo llevaron al disco el 19 de abril de 1944.)

                                 


 

 

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