Conforta poder aludir a la modestia de nuestros músicos populares de la primera hora, viéndola reflejada en uno que continúa en la brecha de la era sin premios (y con apremios). Ha llegado a conquistar el halago que se traduce en cifras. De Rafael Rossi hablo hoy. Un hombre para el cual la suma de años no cuenta más que para las fórmulas de la vida civil, pues su estampa y espíritu siguen conservando una agilidad joven.
Pertenece a una esforzada "guardia nueva" de hace medio siglo, que cinchó por el tango al lado de los primitivos, en una hora crucial que ahora calificamos de gloriosa. Siguió años en el género, apegado simplemente a la modalidad de ejecución simplista, respetuosa de la línea melódica. Vinieron nuevas formas orquestales, el perifollo se inmiscuyó en la obra; se insinuó el vanguardismo que arribaría después entre los vientos de fronda de la polémica.
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| Rafael Rossi |
Rafael Rossi -que no es precisamente un hombre dado a la discusión -resguardó en el alma su "pasatismo" y trasladó su sencilla manera interpretativa a un repertorio de miscelánea, consultando el gusto de la gente del interior de la República. con sus versiones incomplicadas salió en giras y grabó discos. Tocó en trío; flanqueando su bandoneón con dos guitarras; en cuarteto, agregando violín; con orquesta, incluyendo cantores en dúo.
Tocó desde el el vals criollo al foxtrot, del pasodoble a la ranchera, del tango al bailecito boliviano. Y al sucederse los días, tocó baión, pachanga y twist. Tocó y toca, grabó y graba, para los insobornables "chacareros", que lo han convertido en una de sus simpatías. Sus giras de bailes por tierra adentro, baten récords de concurrencia. Sus discos están al tope de ventas, por encima de grandes carteles.
Y él firme en su continencia modesta, en su acento moderado de criollo, y en esa risa franca que le llena de arruguitas el rostro y muestra sus dientes sanos; alegría de hombre que puede dormir de un tirón porque no tiene cargos de conciencia ni deudas y puede esperar tranquilo - sin "metejones"- que salga de perdedora alguna potranca que le cuida su aparcero, el Pocho Lofiego.
Tango porteño con espaldarazo uruguayo
Elijo uno de sus grandes tangos. Sin alterar su elocución pareja, detallista, veraz, él me narra el nacimiento de "Como abrazao a un rencor". Yo la transfiero a continuación a mis lectores, corriendo de mi cuenta la adjetivación. En 1931 frecuentaba Rossi las tertulias nocheras del vespertino "Última hora", en cuyo plantel de redactores estaba el extinto Antonio M. Podestá; "el gauchito", para la mención cariñosa de todos los del gremio. Podestá le dio a Rossi unos versos para que los considerara:
Esta noche, para siempre, terminaron mis hazañas; un chamuyo misterioso me acorrala el corazón. Alguien chaira en los rincones el rigor de una guadaña y anda un "algo" cerca'el catre olfateándome el cajón...
Le gustó a Rossi el asunto dramático de esa cuarteta y la que le seguía. Les puso ritmo de tango e hizo, por las suyas, la segunda parte musical. El "gauchito" Podestá le adicionó la respectiva letra, de la cuál surgiría el título.
Yo quiero morir conmigo, sin confesión y sin Dios, crucificao en mis penas como abrazao a un rencor...
Un editor tradicional, Natalio Pirovano, imprimió la pieza y, a los 6 meses le dio una mala noticia al músico... ¡No se había vendido un solo ejemplar! Pero, de pronto, la situación cambió. Desde Montevideo los comerciantes musicales pedían ejemples de Como abrazao a un rencor. ¿Qué ocurría?... Que Gardel actuaba allá, estrenó el tango y lo convirtió en un suceso extraordinario.
Tres ediciones al hilo salieron de la Editorial Pirovano para Montevideo. Al regresar Gardel a Buenos Aires, contratado por radio América -una emisora muy escuchada entonces-, su interpretación del amargo tango de Rossi y Podestá fue una de las más celebradas. Al llevarlo al disco consolidó el éxito, que ha pervivido.
Y aquí debo decir que el recuerdo de Carlitos Gardel empañó de sentida emoción el final del relato de Rafael Rossi, que durante años colaboró con su bandoneón en los ensayos del gran cantor, pasándole a sus guitarristas los tonos de las composiciones nuevas.
Francisco García Jiménez ("Así nacieron los tangos")
(Escuchamos la versión de Horacio Salgán con su orquesta cantando Ángel "El Paya" Díaz. Lo grabaron el 21 de junio de 1950.)


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