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jueves, 16 de abril de 2026

El pensamiento

-Lo llamaban  "el gallego" y era criollo y morocho. El gallego Martínez. ¡Qué pianista genuino del tango! ¡Qué melodista privilegiado! Los ditirambos no son gratuitos para José Martínez., compositor de tangos como Pablo, De vuelta al bulín, El cencerro y otros más de esa calidad y además de ese exquisito "El pensamiento", del que hablaré hoy.

José Martínez vivía permanentemente en un estado de gracia inspirativo. La mirada de sus ojos buenos un poco perdida en oros cielos.  Con la sonrisa entregada, pero un poco triste. Con la palabra quieta y criteriosa, que lo hizo siempre simpático y escuchado. Pertenece a la promoción señera del tango; la que  hubo de crear la melodía al tiempo de ejecutarla..

                                         

   José Martínez
 

Fondo y forma espontáneos. La que en esta función instrumental liberó la limitación del solista de la casa de baile, del guitarrero del tabladillo o del dúo recorredor de boliches, y dio salida al camino triunfante del breve conjunto abriendo cancha consagratoria a la "orquesta típica". 

Su acompañamiento en el teclado del piano era inconfundible. Cuando en 1918 Francisco Canaro da el gran paso adelante en su carrera, como él mismo ha calificado a su primera actuación en en el cabaret Royal Pigall (hoy Ta-Ba-Ris), los dos positivos créditos de su conjunto son el bandoneonista Osvaldo Fresedo y el pianista José Martínez. Al poco tiempo se independiza Fresedo y se va al casino Pigall,  

Martínez forma orquesta propia para el cabaret L'Abbaye, de la calle Esmeralda. "Esa sí que fue una lamentable baja - confiesa Canaro-. Lo suplanté con Luis Riccardi, pianista de estudios y buena técnica..., y me tuve que aguantar las justas quejas de la muchachada. Notaban el cambio y echaban de menos el típico compás de Martínez. ¡Me costó un triunfo ir convenciendo a la clientela del cabaret". 

Ahí le dolía a Canaro, y por tanto la información es incontrovertible. Desde años atrás, Martínez tocaba habitualmente con él. Habían comenzado en trío con el bandoneonista Pedro Polito, guiando los pies danzantes de una famosa academia de las de "a diez guitas la pieza", en el desaparecido teatro Olimpo, situado en la calle Pueyrredón y Arenales. 

                                       

 

En los pisos de esas "academias" también se sacaban chispas los mejores bailarines porteños, para gusto y honra de los novatos que las frecuentaban. El piso del Olimpo conoció las suelas y los tacos de los más "tauras", mientras les daba compás desde el piano un tanguero virtuoso: ese "gallego" Martínez, morochito él, y pese al apodo, hijo y nieto de argentinos...

Una noche cualquiera le nació el apodo. ¿Cómo te llamás vos?", le preguntó alguien. Y al conocer su apellido, el otro salió por lo más cómodo: "Ajá, Martínez... Así que sos gallego vos...". El mocito era callado, de temperamento tranquilo; sonrió y se encogió de hombros. Se oyó llamar "el gallego" con tono cordial y eso le bastó.

José Martínez, pianista insuperable del tango canyengue, muchacho observador y sosegado, mostró el hilo de su inspiración en "El pensamiento", la flor pintada en el palio de un rey del pescante, que con 6 riendas en una mano transitaba triunfal sobre las piedras de una ciudad que se transformó, sin mella de la musiquita que sigue fiel a la limpia ascendencia y la antigua imagen. Como lo refleja este tango.:

Francisco García Jiménez

 

(Entre las grabaciones que existen de este hermoso tango, hoy podemos escuchar la que realizó Osvaldo Pugliese con su orquesta, en mayo de 1969.) 

                                


                                 

 

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