lunes, 23 de julio de 2018

Los despojos

Acabo de llegar de mis vacaciones playeras y el tango también estuvo presente en esta etapa del año, en cuanto a lo que me rodea. Porque voy y vuelvo escuchando tango en el reproductor del coche, y poniéndole oreja a las innumerables versiones que guardo en mi abultada discografía. Y debo confesar que me he emocionado escuchando una vez más este hermoso tango de 1947, que lleva versos de Horacio Sanguinetti y música del bandoneonista José Dames.

Es cierto que la vida y odisea de este prestigioso poeta tanguero, que abasteció con sus innumerables creaciones a todas las orquestas típicas, se me presenta casi siempre que escucho alguna obra suya. El tremendo dolor de tener que abandonar el país en una lancha, rumbo a Uruguay, por haber matado a su cuñado, que era militar, debido al maltrato que le dio a la hermana del poeta. La obligada rutina de desaparecer para siempre de la escena, sin que haya una sola fotografía suya disponible en ninguna parte, también penetra hondamente en la escena mental, cuando escuchamos atentamente sus temas.
                                                            
                                                                                                       
Nada, Ivón, Tristeza marina, Bohardilla, Rosa celeste, Arlette, Discos de Gardel, En el fondo del mar, El barco María, Palomita mía, Flor de lis, Oriente, Magnolia triste, Alhucema, Mañana no estarás, Gitana rusa, El barrio del tambor, Paloma, Con ella en el mar, Viviane de París, Noches de tango, El lecherito, Mis amores de ayer, Café, Era en otro Buenos Aires, La canción de mi tristeza, fueron algunas de sus numerosas creaciones antes de publicar Los despojos.

He escrito en las páginas de este blog las tremendas vicisitudes de su vida, sus amores contrariados y muchas de las cosas que refleja en su obra. Y cuando escucho temas como Los despojos no puedo dejar de retrotraerme a otro de sus fracasos, esos amores contrariados que fui también viviendo con los recuerdos de Beba Pugliese, dado que Sanguinetti (Horacio Basterra), visitaba mucho su casa cuando ella era niña y fue muy amigo de su padre, con quien hicieron Estudiantil y el hermoso Barro.

En Los despojos, Sanguinetti hiende su pluma en los azarosos senderos del amor, el final y el reencuentro cuando se han secado las raíces que le dieron vida al romance que parecía eterno. Todo autor es su propio personaje y también su propia intriga. Parece imposible renunciar a sí mismo en la época del olvido en que hemos entrado, cuando nos reencontramos con la persona que ocupó alguna vez nuestro corazón. Sanguinetti lo borda en su desarrollo. Algo así como Le Pera en Volvió una noche.

¡Ven... levántate, no llores!
¡No me jures ni me implores...!
Yo esperé que alguna vez
hincándote a mis pies
traerías tus dolores.
Más los años que pasaron
mis rencores atenuaron,
y hoy, que al fin te vuelvo a ver,
no llores por favor
que ya te perdoné.

Despojos solamente quedan hoy
despojos de tu amor y de mi amor,
¿Por qué has vuelto así
con las sombras del ayer,
arrastrando tu vejez,
junto a mí?
¡Mira como estoy!
Por estar lejos de tí
yo también  envejecí
de dolor.
Hoy somos dos despojos, nada más...
¡No sé si has hecho bien en regresar!

En mis notas anteriores sobre Sanguinetti, Beba Pugliese me contaba de la mujer rubia que lo acompañaba y que un día lo dejaría y se marcharía a Brasil. Cuando yo escucho un tema como éste, me vienen a la cabeza todos esos recuerdos y el drama existencial de Sanguinetti que murió muy joven y apartado del mundo, regentando un local nocturno en Montevideo, a los 43 años de edad.

No puedo sustraerme a toda esa historia y cuando venía escuchándolo en el coche, me rondaba toda la vivencia de un poeta que sembró sus canciones exitosas en el terreno del tango y desapareció de escena. Aunque vuelve una y otra vez como un fantasma en temas como Los despojos que realmente impresionan por la fuerza de sus versos. No hace falta siquiera incluir la primera bis, porque el poeta ya ha pintado la temperatura emocional del reencuentro y la chatarrería sentimental que conllevan las cicatrices del amor.

                                       
Miguel Caló y Raúl Iriarte

Miguel Caló lo grabó con Raúl Iriarte en el canto. También Rufino con Francini-Pontier, José Basso con Juan Carlos Godoy. Y hay una versión radial de Aníbal Troilo con Floreal Ruiz, que no llegó al disco. Podemos escuchar la versión de Caló-Iriarte. Lo grabaron el 9 de mayo de 1947.

Los despojos- Miguel Caló-Raúl Iriarte


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