jueves, 31 de mayo de 2018

Discepolín

No es que los tangos de Discépolo fueran exactamente un calco de su vida. De su alma torturada desde la tierna infancia, cuando queda huérfano de padres y el sentir en carne propia y en el de sus semejantes la injusticia del poder, el hambre de tantos seres humanos, la prepotencia de  las fuerzas públicas y la desigualdad social. Pero es evidente, a través de sus vivencias, que ambas cosas, su soledad síquica y la intuición sobre el drama social de hombres y mujeres, conviven en su sensibilidad, en la letra de sus tangos.

La vorágine de la ciudad, se transmutaba en Discépolo cuando el tango lo hermanaba con tanta gente que él apreciaba sincera y profundamente. Homero Manzi y Aníbal Troilo fueron dos de esos personajes que compartieron con él veladas inolvidables de música y canto, cenas entrañables y madrugadas interminables en aquella Buenos aires noctámbula del Centro.

Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo y Aníbal Troilo

Con Pichuco mantuvo  íntima relación, en la cual, ambos además se profesaban auténtica admiración, y n una de aquellas cenas tardías afloró la posibilidad de realizar un tango en común. Troilo grabó con su orquesta y Alberto Marino el filosófico Uno, que llevaba música de Mariano Mores y había estrenado Tania en el teatro Astral, convirtiéndolo en gran suceso. Pichuco compuso entonces un tema musical para que Discépolo le pusiera versos, cosa que ambos habían pactado. Se llamaría Mi tango triste. 

Pero Discépolo decía: "Soy un viajero incansable. Tengo alma de valija: donde veo una etiqueta me la pego". Y se iría con Homero Manzi y Mario Benard a México para gestionar el cobro de derechos argentinos en el exterior e impulsar la creación de sociedades similares a SADAIC en los países visitados. Mientras Manzi y Benard se dirigieron previamente, con esa intención, a Chile, Discépolo y Tania se presentaban en actuaciones musicales en La Paz y Lima, para luego dirigirse a México.

José María Contursi se enteró que Pichuco tenía aquel tango sin letra y lo convenció para que se lo dejara a él, porque Discépolo no volvía. Y así nació Mi tango triste, que graba Troilo con Alberto Marino el 29 de noviembre de 1946. Luego volverían a conversar Troilo y Discépolo cuando se reunían en La cartuja, un piano-bar ubicado en Diagonal Norte y Libertad, donde solían juntarse ellos dos y Homero Manzi. También se verían en el Marabú y Tibidabo, los cabarets donde reinó Pichuco con su orquesta.

                                 


El estreno de Cafetín de Buenos Aires, esa magistral pintura discepolina del refugio de los porteños, fue genialmente interpretada por Pichuco, su orquesta y Edmundo Rivero, provocando la emoción del poeta y de Mariano Mores, autor de la música. Tania lo grabó con la orquesta de Héctor Stamponi, quien ayudó a Discépolo acompañándolo en su casa con el piano para que éste sacara los versos.

Homero Manzi estaba enfermo, con un cáncer terminal a sus 43 fértiles años. Internado en el Instituto del Diagnóstico y operado por segunda vez, de común acuerdo con Troilo le dedicarán un tango al bardo sensible de la ciudad.  Manzi lo escribe en su lecho final y se lo pasa por teléfono a Pichuco. Poco más de media hora más tarde, según me contaría Pepe Barcia -que estaba en ese momento con Homero- suena el teléfono en la habitación de Manzi y es Pichuco quien devuelve la llamada para hacerle escuchar la música que le estaba poniendo a Discepolín.

Así eran estos genios, y aunque los versos de Manzi no tienen la orfebrería de tantos de sus maravillosos temas, de todas maneras es un homenaje tremendo de alguien que está viviendo sus últimas horas, a un personaje que se convertirá en leyenda.

Discepolín y Manzi

Sobre el mármol helado, migas de medialuna,
y una mujer absurda que come en un rincón,
tu musa está sangrando y ella se desayuna
el alba no perdona, no tiene corazón.

Discépolo lo escuchará por primera vez cantado por Alba Solís -su gran amiga- en el cabaret "El Colonial" y se emociona profundamente, sobre todo en la parte, donde Manzi escribe:

Conozco de tu largo aburrimiento
y comprendo lo que cuesta ser feliz
y al son de cada tango te presiento
con tu talento enorme y tu nariz...
Con tu lágrima amarga y escondida,
con tu careta pálida de clown
y con esa sonrisa entristecida
que florece en versos y en canción...

Homero Manzi no alcanza a ver a Raúl Berón cantando esos versos con la orquesta de su gran amigo Troilo. Fallece el 3 de mayo de ese año 1951. Y siete meses más tarde, en la medianoche del 23 de diciembre, aquel caluroso domingo, se iba también Discépolo de este mundo. Dos golpes durísimos para el corazón de Pichuco que nunca dejó de recordarlos.

Escuchamos Discepolín por Aníbal Troilo con la voz de Raúl Berón, grabado en aquel año 1951.

Discepolín- Aníbal Troilo- Raúl Berón


                                   

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