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lunes, 13 de junio de 2016

Sofía Bozán

Sonrisa de la noche, estrella rutilante del Teatro Maipo durante 20 años sin interrupciones, su interpretación del tango marcó un ámbito ideal para sus vivencias: el teatro de revistas, en las cuales se mostró única, incomparable. Lidiando contra la tristeza del tango de su época, adornándolo con unos monólogos que intercalaba entre frase y frase, dándole un griro arrabalero e inimitable, la Bozán refleja toda una época en la cual no tuvo rival en cuando a dominio del escenario y del público que la aplaudía noche a noche en el teatro de la calle Esmeralda. Los porteños acudían en masa a gozar sus arranques temperamentales y esa peculiar sabiduría que la llevaba a separar con rara habilidad lo grotesco de lo gracioso y lo guarango de la atorrantería.


Era femenina, sensual y canyengue, tenía ese don especial que la llevaba a detener a la orquesta para intermediar un parlamento de su invención y sabía de la aceptación de sus incondicionales para aceptarle cualquier travesura que incluía inteligentemente, a veces, una ración oportuna de melancolía que también sabía cultivar. Los músicos arrancaban desde el foso con el tema y ella acompañaba con la primera estrofa, para detenerse cuando su genio se lo indicaba y entonces largaba un espiche cargado de ironías y envolvía a la enfervorizada platea en un clima festivo que transcurría en su exclusiva jurisdicción, desdeñando los formalismos teatrales. Su jocunda sonrisa avanzaba el torrente de gracia que en cataratas desparramaba sobre sus fieles y los ingeniosos brochazos políticos, sociales o económicos, los intercalaba sin orden ni concierto entre la letra del tema escogido, mientras los músicos acompañaban con suave melodía, intentando adivinar por donde saldría la Negra, que fue maestra en sus mano a mano con los alborozados espectadores.

Nacida en 1904 en el barrio del Once, su infancia fue pobre de solemnidad, hasta tal punto que no supo lo que era una muñeca. Estudió lo justito y sus padres la orientaron hacia la costura, recibiéndose de maestra de corte y confección..  Con su gracia sin par diría alguna vez refiriéndose a esos duros comienzos con la máquina de coser.
"Los únicos cortes que me resultaron productivos fueron los que hice como intérprete de la milonga". Se llamaba Sofía Isabel Bergero y su prima Olinda Bozán la empujó hacia las tablas, debutando con 14 años en el coro de la compañía Vittone-Pomar. Con la de Muiño-Alippi hizo en el Buenos Aires su primera interpretación vocal: el tango Canillita. Había nacido una estrella -adoptó el apellido de su prima-, que en las sucesivas oscilaciones de su inspiración, le daba vida a un tango fraseado, totalmente disinto.

Del Buenos Aires saltaría en el 27 al Teatro Sarmiento donde estrenaría infinidad de tangos que inyectaría en el embrión de la ciudad feérica: Aquel tapado de armiño, Haragán, Se acabaron los otarios, Qué lindo es estar metido o Un tropezón, por ejemplo. En 1930 lanzó en dicho teatro el inmortal Yira yira, y con la compañía de Manuel Romero saltó el océano y se presentaría en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y posteriormente en el Palace de París. Aprovechando la estancia en la capital francesa, filmaría en Joinville junto a Gardel, Gloria Guzmán y Pedro Quartucci: Luces de Buenos Aires. En dicho filme, acompañada por la orquesta de Julio De Caro, interpreta La provinciana y Canto por no llorar. Gardel, que la quería mucho y le reía a carcajadas sus desopilantes salidas, sabía decirle: "Tenés los dientes más lindos que haya visto nunca en una mina".

Al regreso al pago la esperaba su escenario definitivo: el Maipo. Sobre ese entarimado  su figura se ha quedado prendida como se  pega el rocío, en esos amaneceres húmedos del otoño, en los adoquines amansados del suburbio. Formó casi patrimonio del Teatro y en 1935 dio a conocer el feroz Cambalache de Discépolo. Se estrenaba una nueva revista y su autor había vendido el tema en exclusiva al productor Ángel Mentasti para la película de Sofficci: "El alma del bandoneón". Dispuesto a impedir que se lo cantase en la velada, Mentasti ingresó en el Teatro con su abogado. Luis César Amadori -dueño del Maipo-, seguro del éxito del tango, decidió distraerlo mientras se hacía la función y lo llevó a la Confitería Richmond, que estaba frente al Maipo. Entre trago y trago, la larga perorata de Amadori recién concluyó cuando vio que se abrían las puertas del Teatro y la gente salía, finalizada la función..
                               
En Luces de Buenos Aires. Gardel, Gloria Guzmán y Sofía Bozán (der.) con compañeros.

La Negra había consagrado otro tema que haría historia y daría la vuelta al mundo. En 1950 se casó con el doctor Federico Hess y se retiró definitivamente de la escena. Aunque el éxito no la acompañó ni en el cine (intervino en 9 películas), ni en la radio y grabó muy poco, cuando murió, en 1958, el pueblo la lloró profundamente, porque las noches que se vivían en aquella cabeza de puente levantada entre  la emoción y la realidad, de Corrientes y Esmeralda, habían perdido a su musa predilecta.
                                                 


En ese leve perfume de cosa añeja, diluído ente bambalinas, su duende imaginario transparenta el alma pícara, burlona, traviesa y bohemia, ese almacén de palabras del porteño de entonces, que hoy ha sido anestesiado por la piqueta de la globalización.

(Extractado de mi libro : ABC del Tango - Ediciones Corregidor)


En la película: Elvira Fernández - vendedora de tienda, Sofía Bozán le canta a Tito Lusiardo mientras éste baila con su compañera, la milonga de Manuel Romero y Rodolfo Sciammarella: Cuando un viejo se enamora. Juan Carlos Thorry finge seguirla con el piano, pero es realmente Oscar Sabino y su agrupación, quien lleva el acompañamiento.










                                                        

sábado, 11 de junio de 2016

Tango brujo

Al fin, después de tantos años, vamos a tener que darle la razón a Pirincho Canaro cuando escribió y compuso este tango del título. Porque él fue uno de los artífices del éxito del tango fuera de Argentina. Ya fuere, paseándolo por los paises cercanos, o en Estados Unidos y Europa, donde actuaría con su orquesta y formaría otras que dejaría a cargo de sus hermanos, o del trío Irusta-Fugazot-Demare.

Porque hoy día, bailar tango en los países más insospechados, comprobar la atracción que ejerce la milonga con sus encuentros de parejas y su vida social, termina por hacernos recordar a Canaro que lo batió allá por 1943, cuando creó Tango brujo, lo grabó con su orquesta y el cantor Carlos Roldán, a quien el tema le venía al dedillo. Y lo decía así:

Tango que sos un encanto                 
de quien escucha tus sones,
tango que atraés corazones
con tus dulces cantos
y tus bandoneones.
Sos de cuna humilde
y has paseado el universo,
sin más protocolo
que tu música y tus versos.
Para abrirte paso
has tenido que ser brujo,
por tus propios medios
lograste tu triunfo....

Lo paso seguido este tango en BIEN MILONGA, la que llevo en Madrid los sábados y martes a partir de las 21 horas, porque tiene polenta y es muy bailable, es de los que entran con fuerza en  el cuore y se te piantan los pieses, alentados por la parla del oriental Roldán. Y a propósito de esta milonga, ya sabés que los sábados me gusta pirarme por esas pistas del mondo cane actual, y disfrutar con esas yuntas que le sacan punta a lo que están escuchando y lo transforman en arte.


Y voy a pasearme por la capital rusa, y me topo con la orquesta local Solo Tango y la pareja de bailarines integrada por Sergey Kurkatov y Yulia Burenicheva. Que se arrancan con el tango El huracán  y se mandan un ídem de pasos y movimientos.

                           
Seguimos por esos lares. Allí sigue tocando el mismo conjunto, pero los bailarines son otros: los lungos  Sofía Seminskaya y Dmitry Krupnov. Y giran con Valsecito amigo, ese vals tan hermoso y querendón.

                          


Y continuamos el paseo por la capital rusa. En este caso se trata del Moskow Music Hall, y sucede durante la Gala Concierto Moscú Internacional  Tango Festival "Milonguero Nights 2015". Parece que se engancharon con ese vocablo nuestro: "milonguero", y lo chamuyan así. Los muchachos locales de Solo Tango se arrancan con la milonga Mano brava, y la bailan la pareja argenta integrada por Ariadna Naveira y Fernando Sánchez.

                                          

viernes, 10 de junio de 2016

Rivero: El último reportaje

Hace dos días se cumplieron 105 años del nacimiento de ese gran cantor que fue Edmundo Rivero. Con dicho motivo, su hijo: Muni Rivero nos mandó el último reportaje que le hicieron en vida a su padre. Lo envió a ese grupo de tangueros que nos unimos en el club que capitanea otro brillante cantor: Roberto Mancini. Y  considero que es muy oportuno hacerles llegar este reportaje tan bien realizado por ese escritor y autor de tango, recientemente fallecido: Roberto Selles. Imperdible.



El último reportaje a Edmundo Rivero

por Roberto Selles

 Durante no mucho tiempo lo tratamos a Edmundo Rivero. Nos unió la casualidad de que ocupáramos un sillón en la Academia Porteña del Lunfardo -él, el que está bajo la advocación de Carlos Gardel; yo el que rememora a Dante A. Linyera-. Pero bastó ese breve lapso para que, además del excelente cantor que uno admiró desde la infancia, descubriéramos en él a un ser sencillo y cálido, cordial y generoso.
Nos reporteó alguna vez en su audición radial “Hablando del lunfardo” (Radio Nacional). Quisimos devolverle esa deferencia con otro reportaje que, por esas cosas de la vida, no llegó a publicarse.
Tarde ya, le pagarnos el honor de aquella entrevista radial, querido Edmundo. Esta fue nuestra charla:
NdA: Las charlas que componen el reportaje se realizaron entre octubre y diciembre de 1985.

Durante el día 24 de este último mes, Edmundo Rivero sufrió una miocardiopatía que lo obligó a ser internado en el Sanatorio Güemes. Allí falleció el 18 de enero de 1986, a las 10.35 horas.
Estamos ante el último de los cantores nacionales. Quizás la frase recuerde a Fenimore Cooper. Pero ocurre que Edmundo Rivero es un poco aquel Uncas de “El último de los mohicanos”: es el representante final de una pléyade de cantores a punto de extinguirse.
¿Qué más puede agregarse? Su personalidad, su estilo, su comunicatividad son ya de dominio público. Don Edmundo va por la calle y todo el mundo lo saluda. Poco importa que no lo conozcan personalmente; lo ven por primera vez y darle los buenos días se convierte en una necesidad -él responde cordialmente-, porque este hombre ha pasado a ser patrimonio del pueblo, parte del pueblo mismo. En definitiva, sienten que él expresa lo que ellos quisieran decir y terminan por creer que Edmundo Rivero no es una persona sino la voz de una ciudad. Nosotros también lo creemos. Y no preguntamos. Dejamos que la voz hable:

Pompeya y más allá la inundación
-Nací bajo el mismo ciclo al que tantas veces he cantado con versos de Homero Manzi; el de Pompeya y más allá la inundación. Fue el 8 de junio de 1911, a unas cuadras de la iglesia de Nueva Pompeya; del paredón del Sur, que todavía queda en la calle Esquiú; junto al puente del Ferrocarril Belgrano, que entonces se llamaba Midland, exactamente en la estación Puente Alsina, de la cual mi padre era jefe. ¡Quién iba a decirme que 37 años más tarde iría a tocarme estrenar el tango que habla del paisaje que me vio nacer!
-Y con el cual se lo ha identificado desde entonces. A propósito, ¿cuándo entran en su vida el canto y la guitarra?
-En mi niñez, porque los chicos tratan de imitar a sus padres. Los míos -Máximo Aníbal Camilo Rivero y Juana Anselma Duró- cantaban, y de ellos aprendí las primeras canciones que entoné. Mucho después llevé algunos de esos cantares al disco. Por ejemplo, mi madre me enseñó "Milonga en negro", escrita o recreada por el payador Higinio Cazón...
-Y qué tiene su antecedente en algún poema de Quevedo.
-Sí, no sé si Cazón habrá leído a ese poeta del siglo de oro. Como le decía, de mi padre aprendí "China hereje", un vals de otro payador, Juan Pedro López. También a mi abuela le gustaba cantar. Recuerdo haberle oído varios tangos y milongas del siglo pasado. Aun no he olvidado aquellas viejas coplas: “Dicen que no caben dos / en la cocina / haremos la prueba/ con Juan y Josefina” o "Por la Calle Larga / de la Recoleta / iban muchos negros/ con tamaña jeta” o bien “!Vamos al prado / que hay mucho que ver:/ hombres a caballo,/ mujeres a pie”.
Más adelante, mi tío Alberto –que integraba un trío de tangos- me enseñó a pulsar la guitarra y me pasó las notas del Pericón Nacional. En tercero o cuarto grado, llevaba mi guitarra al colegio para algún acto escolar, y a la salida cantaba por milonga algunas sextinas del Martín Fierro para mis compañeros.

Primer sueldo: un pescado

-¿Y en su juventud?
-Formé un dúo con mi hermana Lidia Eva. Más tarde, en 1929, llegué a la radio junto a mi hermano Aníbal, con quien también cantábamos a dúo. En aquel repertorio teníamos cosas como "La yegüecita" o "Mírala como se va", que acompañábamos con nuestras guitarras. El primer sueldo que cobré en la radio fue producto de un trueque entre la emisora –broadcasting se le decía entonces- y una casa anunciadora: ¡un pescado!... aunque a elegir entre pejerrey y merluza.
-¿Cuántos hermanos son ustedes?
-Los que le he mencionado y yo, con la curiosidad de que mi madre nos dio, nombres extraídos de los libros que leía. Aníbal -el mayor- debe el suyo al antiguo conquistador y no, como podrá creerse, a mi padre que también lo llevaba; Lidia Eva -la menor- a la región griega de Lidia, escenario de alguna obra literaria; yo, al Edmundo Dantés de “El conde de Montecristo”. Mi otro nombre, Leonel, recuerda en cambio a mi bisabuelo inglés, mister Lionel Walton, qué murió lanceado por los pampas.

Los maestros

-¿Quiénes han influido en su estilo interpretativo?
-El canto es una manifestación emocional congénita. Por supuesto, nadie, está a salvo de las influencias. En ese aspecto, mi formación se debe a mis padres, mis tíos y los payadores e improvisadores -que son dos cosas diferentes- qué escuché.
-¿Y a Gardel?
-Aunque, fue el creador del canto tanguero, puedo decir que Gardel no me ha influido. Lo escuchaba en aquellas viejas radios a galena y me gustaba mucho, pero yo estaba en otra cosa. Todavía no cantaba tangos sino canciones sureñas: milongas, estilos, vidalitas y esas cosas. En cambio, sí aprendí mucho de la ópera, del lied. Ocurre que cuando uno conoce a Schubert o Beethoven o Rossini o Wagner, a los grandes músicos, puede volcar esos conocimientos en el tango.
El cantor de tangos
-Ya que tocamos el tema, Rivero, ¿cuándo aparece el tango en su vida?
-Hacia 1935...
-Vale decir que perdimos a Gardel y ganamos a Rivero...¿Y cómo la cosa?
-Hermelinda De Caro me conectó con José de Caro –ambos hermanos de Julio y Francisco-. Así debuté cantando tangos en la agrupación de José de Caro. Dos años más tarde, pasé a la orquesta de Don Julio. No duró mucho. El público paraba de bailar para prestarme oídos y eso a de Caro no le gustó nada. En conclusión, me quedé sin trabajo.
-Bueno, pero lo importante es que la gente dejaba de bailar para escuchar a un buen cantor. Eso debe haberlo alentado.                                          

-Sí. Y ya nomás estaba cantando con Humberto Canaro -el hermano de Francisco y autor de "Gloria". Tras lo cual abandoné el canto por varios años: nadie quería contratarme y aun llegaron a decirme que con una voz tan “gruesa” debería estar enfermo de la garganta. Hasta que en el cuarenta y pico, casi de casualidad, entoné un par de canciones en radio La Voz del Aire. También de casualidad me oyó Horacio Salgán y me contrató.
-Después vino "Pichuco", ¿no?
-Así es. Nos acercó Carlos de la Púa. El encuentro fue en un boliche. ¿Sabe que yo desenfundé la viola, canté algún tango, después se animó Troilo -que, aunque tenía voz ronca, era muy afinado- y nos olvidábamos del asunto que nos había reunido?.. Fue recién a altas horas de la madrugada cuando el gordo lo recordó. El 29 de abril de 1947 grabamos nuestro primer tango en colaboración: "El milagro", de Pontier y Expósito.

Sur

-Un título significativo, porque allí comienza su éxito. Dígame, Rivero, cuando usted grabó esa joya de la discografía tanguera que es "Sur" con la orquesta de Troilo, modificó algunas palabras de la letra ¿no es así?
-Sí, cambié florando por flotando. ¡Qué hermoso término, florando! Lo que pasa es que cuando comencé a e cantarlo, el público no comprendía el significado de ese verbo; me preguntaban qué quería decir.
Entonces, con el consentimiento de Manzi, lo reemplacé por flotando. También en la segunda parte hice un cambio: troqué “y mi amor y tu ventana” por “y mi amor en tu ventana”. Por supuesto, Homero estuvo de acuerdo. Ponga esto: en la historia de la música, el cantor popular está autorizado a agregar algo de su personalidad a letras y melodías, a fin de identificarse con ellas, siempre y cuando no cambie el sentido ni el contenido del texto. Esto último suele ocurrir, en lo instrumental, con muchos músicos modernos que desvirtúan las melodías. Se puede hacer mil variaciones, pero luego de tocar la obra original.

El cantor nacional

-Sí, muchas cosas han cambiado en el tango. Algunas, para bien, otras, para mal. A propósito, usted es el último de los llamados "cantores nacionales", es decir los que además de tangos interpretaban el cancionero provinciano. Entre las mujeres sigue haciendo lo propio Nelly Omar. ¿Por qué se ha perdido el cantor nacional?
-Todo se debe a la forma de vida, a los cambios operados en la ciudad. Antes, los barrios estaban cerca del campo. Por eso mis padres cantaban canciones camperas, no tangos. Además, todavía se podía oír a los payadores -yo acompañé a algunos de ellos con mi guitarra-. Para entonces solía escuchar tangos en la radio, pero no para practicar ese género; eso vino después. En aquella época, me interesaba sobre todo la música sureña: décimas, largos relatos gauchos, algunos de los cuales llegaban a durar hasta 25 minutos.
-¿No cree que el auge de la orquesta típica en los 40 contribuyó a esa pérdida?
-Es posible. Si bien entonces había cantores nacionales, los que pasaban a las orquestas no interpretaban ya el repertorio campesino.

La milonga

-También se ha perdido la milonga auténtica. Usted es uno de los pocos que han conservado la índole de la milonga. Podría arriesgar otros contados nombres, como el de Rosita Quiroga o el de un Gardel anterior a la década del 30.
-Es que yo he conocido las viejas milongas, como aquellas que cantaba mi abuela y otros parientes, ya que tengo la suerte de que casi todos mis antepasados eran criollos. Ella, mi abuela, era de mil ochocientos y tantos, así que conocía bien el origen, sin haberlo estudiado, que por otra parte, a nadie se le habría ocurrido, entonces, haber escrito sobre aquellos incipientes géneros musicales. Las había aprendido de oírlas cantar por las calles. Esas coplas eran todas cuartetas y algunas, muy picarescas, como la de Juan y Josefina que ya le dije. Pero usted se refiere a la autenticidad...
-Sí. La vieja milonga de los guitarreros no tenía ritmo de habanera. Eso lo agregaron músicos como Hargreaves que las escribieron para piano y luego quedó fijado en las milongas de Piana y en la posterior milonga orquestal.
-Es muy cierto. Yo todavía hago la milonga clásica, aquella que nació en el arrabal, que era el límite entre el campo y la ciudad, y luego se extendió a ellos. Y también la uruguaya. que es diferente a la nuestra. (Entona el ritmo de la milonga uruguaya, que comienza en el alevare).
-Usted se refirió a las milongas picarescas, ¿y los viejos tangos?
-¡Cuantos títulos descarados! Muchos de ellos se modificaron luego para las partituras, como los que vinieron a llamarse "Cara sucia" o "La cara de la luna" (15). Pero hubo casos en que el título original quedó, aunque disimulado en las ilustraciones de las carátulas de las ediciones. Por ejemplo, uno titulado "Dos sin sacar", en la tapa de cuya partitura un avispado artista había dibujado una escena de baile con dos muchachas sentadas, es decir, "dos sin sacar", sin sacar a bailar.

En un viejo almacén del Paseo Colón

(NdA: Esta charla se llevó a cabo en “El Viejo Almacén”. Pero no fue realizada totalmente allí. Se completó con otros dos encuentros; uno en un café de la avenida Santa Fe, el otro en la Academia Porteña del Lunfardo. Imposible obviar, en consecuencia, ese templo del tango donde transcurrió la mayor parte del diálogo y que se halla a pocos metros de Paseo Colón, donde Juan Andrés Caruso ubicó aquel viejo almacén mencionado en el tango "Sentimiento gaucho", que le dio nombre).
-Rivero, ¿cómo surgió la idea de instalar “El Viejo Almacén”?
-Fue una ocurrencia de Carlos García y Alvarez Vieyra. Y también mía. El proyecto nació una noche, mientras nos encontrábamos cenando. Nos entusiasmamos y tratamos de ubicar un sitio adecuado. Y lo encontramos en una antigua casona de Independencia y Balcarce. Era un edificio con historia; en tiempos de la colonia había funcionado allí el Hospital de Hombres, más tarde se convirtió en el Hospital Británico -donde se llevó a cabo la primera operación con anestesia en Sudamérica- y luego fue una “tienda de ultramarinos”. El tiempo parecía haberse demorado entre aquellas paredes. Era lo que necesitábamos.
El 8 de mayo de 1969 lo inauguramos. Aquella noche actuaron los binomios Horacio Salgán-Ubaldo De Lío y Ciriaquito Ortiz-Edmundo Zaldívar, la orquesta de Carlos García y los cantantes María Cristina Láurenz y Félix Aldao. La presentación estuvo a cargo de Horacio Ferrer. Por entonces, compusimos una milonga con Horacio. La titulamos "Coplas del Viejo Almacén" (La voz profunda y comunicativa del cantor nos arrima una de las coplas): "En este Viejo Almacén / tengo un coro de gorriones./ sabios, poetas y chorros; / se mezclan por los rincones / un tango de antiguos sones / y un son de tangos cachorros."

Rivero en Japón

-Fue por entonces cuando usted viajó al Japón...
-Un año antes, en el 68. Podría contale tantas cosas acerca de ese pueblo maravilloso... Algo que me impactó y habla de la sabiduría de los japoneses: yo había observado que todas las mañanas la gente se inclinaba ante la puerta de su sitio de trabajo; no comprendía el motivo y lo averigüé; me respondieron que acostumbraban a hacer eso para agradecer a Dios por haberles dado un día más de trabajo. Otra cosa: cuando hacen huelga, los japoneses van a trabajar, pero usan un distintivo que indica su adhesión a la misma. Es un pueblo con una cultura y una filosofía milenarias. Nunca podré olvidar el cariño, la admiración y la cortesía de los japoneses durante mis actuaciones.

El lunfardo
Pasando a otro tema, usted es el primer compositor que ha puesto música al soneto lunfardo.
-Nadie lo hizo antes. seguramente, porque el soneto es breve y difícil de musicalizar, debido a sus tercetos. A mí me interesaron porque tanto esa forma poética como el vocabulario lunfardo son sintéticos, en pocas palabras pintan al mundo. Además, las acepciones lunfas embellecen la poesía. He rescatado para el cancionero a los grandes poetas de nuestra jerga: Carlos De la Púa, Felipe Fernández "Yacaré", Iván Diez, al principio; Celedonio Flores, después; finalmente, algunos de los actuales, entre ellosJuan Bautista Devoto, Nyda Cuniberti o Enrique Otero Pizarro, ya fallecido, que firmaba como “Lope de Boedo” y escribió sonetos tan estupendos como éste que se titula "Dos ladrones":

Hay tres cruces y tres crucificados
en la más alta, al diome, el Nazareno.
En la del wing lloraba el chorro bueno
mangándole el perdón de sus pecados.

Escracho torvo; dientes apretados,
marcaba el otro lunfa el duro freno
del odío, y destilaba su veneno
con el rechifle de los rejugados.

¿No sos hijo de Dios? Dale. Salvate.
Sos el Rey de los Moishes, arranyate.
¿Por qué no te bajás? ¡Dale, che, guiso!
Jesús ni se mosquió. ¡Minga de bola!
Y le dijo al buen chorro: Estate piola
que hoy zarparás conmigo al Paraíso.

¿Qué bonito, no?...
-Sin duda, un poeta "a la gurda", como correspondería decir. Pero, generalmente, usted recita el primer terceto, ¿por qué?
-Lo hago simplemente para variar.
-"Cuando, llegue el final, si la de blanco/ me lleva con el cura antes que al hoyo,/ que el responso sea el lunfa, así lo manco./ Yo no aprendí el latín, de puro criollo". ¿Qué me dice de estos versos?

-¡Ah, sí! Pertenecen a un poema mío, "A Buenos Aires". -¿Qué otros poemas lunfardos ha escrito?
-Unos cuantos... Todos sobre personajes que he conocido, que me ha acercado la noche, como Aldo Saravia, el de la toalla mojada. Lo conocí “en un ambiente turbio de nocheros”, quinieleros, malandras, cafishios. Saravia solía contar sus aventuras como explotador de mujeres. Decía que las fajaba con una toalla mojada y que tenía diferentes técnicas, como las de agregar sal fina o gruesa al agua en que la sumergía, según los casos. Y refería todas estas cosas con una voz especial, de pesado, que sólo usaba de noche. En realidad, había cierta confabulación, entre quienes lo escuchábamos, para creerle todas esas fantasías. A Osvaldo Pojatti le escribí un soneto que titulé “A un nochero que quiso ver el sol”. Pojatti era un nochero bravo, respetado por malandrines y policías. El amor lo arrancó de las sombras nocturnas y terminó, con una esposa y tres hijas, levantándose con el sol. Otro de esos personajes es Domingo, el conserje de un hotel marplatense. Parábamos allí con Julieta (17) y Domingo nos trató siempre con el mayor respeto. En una oportunidad, caímos a Mar del Plata y el conserje inesperadamente nos abrazó y comenzó a tutearnos. No entendíamos nada. Después nos aclaró: "Ahora soy un hombre de la noche como vos, Edmundo, ¡qué fenómeno es el ambiente nochero! Desde que laburo de cheno soy otra persona". Un tipo así no se me podía escapar y le escribí "A un nochero". Siempre se sintió honradísimo con la última estrofa, en realidad, iba a modo de cargada:
Veo en vos a Cacho Otero,
a Picabea, a Ruggero,
Julio el Gallego y con él
a cafiolos y punguistas,
cuenteros y descuidistas.
¿Querés más?... ¡Vos sos Gardel
-¿No se le ha ocurrido publicar esos poemas en libro?
- No sé... Escribo mis poemas para mis amigos. Pero, tiene razón, quizás alguna vez publique los que he escrito sobre personajes de Buenos Aires. Ahora estoy escribiéndole a los pintores porteños.
Hoy se canta de otro modo

(NdA: El tema de la poesía lunfarda surgió en un bar de la avenida Santa Fe. Cuando nos sentamos a la mesa, pedimos el café de ritual. Rivero nos sorprendió preguntándole al mozo si había mate cocido. El hombre asintió. Mientras el cantor vertía el agua caliente sobre el saquito de yerba, nos comentaba: «En pocos boliches tienen mate cocido. Es una lástima. En todos estos sitios tendrían que venderlo. Deberíamos acostumbrarnos a pedir esta infusión criolla en cambio de café». Sí, Rivero es un auténtico criollo. Un hombre que, como lo hace con el mate, ha bebido el cancionero argentino en sus fuentes. Por eso, en el siguiente encuentro -esta vez en el “Viejo Almacén”- soltamos la pregunta con respecto a los cambios que se han operado en la canción ciudadana).

                                                      


-Usted ha conservado la pureza de nuestras especies musicales, pero también ha cantado a Piazzolla. ¿Qué opina del tango actual?
-Hay muy pocos o se difunden pocos de ellos.
-Estoy de acuerdo con esto último. Sé de muchos autores -y soy uno de ellos- con una gran cantidad de tangos que nadie canta. Pero, ¿cómo ve el tango presente?
-Los tangos de hoy -al menos, los que he escuchado- cantan a la luz de mercurio, al asfalto. No tienen el calor ni el color de la cosa pasada; aquello que cantó Manrique: "Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte" el ubi sunt que anda por tantas viejas letras. Además, hoy se canta de otro modo. Ya los chicos no ven cosas que les embellezcan la vista o el espíritu. Todo está en el paisaje. Mire esos edificios modernos: lisos, cuadrados; cuando antes, la arquitectura estaba poblada de ornamentos. En consecuencia, hoy el tango no se adorna. Además, nuestro género es muy difícil, porque en él es mejor contar que cantar. Lo ideal es hacer las dos cosas y, además, adornar el canto. Esto de los adornos lo introdujo Gardel en el tango cantable.
-Es verdad. Y también Gardel estrenaba tangos continuamente, cosa que ahora, por cierto, no ocurre.
-Sí, pero así le iba. Tenia que cantar en el exterior porque aquí aplaudían a cualquiera.
-Sí, así fue. Pero hoy en día, los cantores de tevé o tanguerías, además de no interpretar -nuevos tangos, hacen un repertorio- "for export", como ahora se dice.
-Porque los turistas son quienes, generalmente, concurren a esos sitios. Y ése es otro problema. Un obrero, un empleado, no pueden ir a los lugares de tango. ¿Sabe por qué? Porque a causa de los altos costos actuales, es imposible que haya espectáculos baratos.
-De todos modos, sigue habiendo cantores de tango. Aunque muchos de ellos han heredado, lamentablemente, los defectos de los malos intérpretes. Creo que nadie está tan autorizado como usted para opinar cómo se debe cantar, cómo deben hacerlo los nuevos cantores que, en definitiva, son los sucesores del pasado.
-Como ya dije, es bueno que cuenten y canten. Que tengan su estilo. El cantor debe ser como el pájaro: cada cual canta en su rama.
Nos despedimos. Estrechamos la mano tan grande como fraternal del cantor. Tomamos la calle Balcarce hacia el norte. La calle se empecina en retener un pasado de tango. Volvemos la vista hacia la esquina de Independencia siempre habrá una esquina-; allí, en el árbol que ha plantado la devoción del pueblo, Edmundo Rivero sigue cantando en su rama.

Sábado 18 de enero de 1986. La tevé nos tira la noticia, que se nos clava en el alma. En la derecha, nos duele el recuerdo de la mano grandota de Edmundo Rivero. Hay un árbol con una rama solitaria.
La ciudad se ha quedado sin voz.

Originalmente publicado en la revista Todo es Historia, dirigida por Félix Luna, septiembre de 1987.



miércoles, 8 de junio de 2016

Héctor, el de Grisel

Continúo con estos documentales que ha producido The Argentine Tango Society, y han sido dirigidos por Daniel Tonelli y Marcelo Turrisi. En este caso se trata de un reportaje a Héctor Chidíchimo, el propietario de la Sala Gricel, situada en Rioja y San Juan. de la capital porteña. Una sala hermosa, que desprende historia con sólo entrar en ella, gracias a su gran pista y una concurrencia muy importante todas las noches de la semana.

La visito con frecuencia en mis viajes a Buenos Aires y es de las salas milongueras, una de las mejores para bailar y alternar con los habitués. Héctor detalla en este filme documental, sus comienzos lejanos en el baile, de cuando aún era niño, contagiado por la efervescencia que destilaban los mayores y el recuento de las hazañas que oía de labios de éstos..

                                     



Prácticamente es muy similar a la narración que podemos hacer tantos afortunados que empezamos bailándolo casi pisando la adolescencia y nos fuimos metiendo en los meandros de esta danza que nos sigue atrapando. Como anoche estuve bailando en mi BIEN MILONGA madrileña, y estoy todavía con los efluvios noctámbulos; me gustó traer las experiencias de este milonguero que detalla lo que se vivía en todos los barrios porteños: la atracción por el baile del tango que aprendíamos de los mayores.

Considero que ha sido todo un acierto la elección de los temas y la realización de los mismos por Daniel Tonelli y su equipo y de esta manera amortiza en parte el hecho de que el cine argentino, el teatro y los grandes espectáculos, no hayan comprendido en Argentina, el valor que tiene el tango en la historia del país. Hoy, que ha sido bendecido y consagrado en el mundo entero, debería recapacitarse en las altas esferas y darle el apoyo que siempre le han negado los gobiernos de turno. Tanto en el aspecto de la danza y los sitios donde se baila, como en la difusión, promoción de discos, de orquestas, de nuevas voces, de páginas que nacen o renacen...

Y los dejo disfrutando este documental que dura una escasa y linda media horita.

                                       

lunes, 6 de junio de 2016

Alfredo Le Pera

En este mes de Junio se recuerda siempre el trágico final del gran Carlos Gardel, tanto en Argentina como en otros países de América. Y me parece injusto que se haya olvidado con tanta facilidad al resto de las víctimas de aquel fatal accidente aéreo en Medellín -Colombia- Aparte de los músicos del cantor que cayeron y otras personas acompañantes, estaba el creador de los temas que inundaron el mundo en aquellas películas filmadas por Gardel en Francia y Estados Unidos y que tanto carretel dieran en forma de discos, artículos y comentarios.

Alfredo Le Pera es una especie de marginado en el tango y nunca supe las razones, por más que lo haya discutido con algunas figuras del género. Julián Centeya -buen amigo-, casi me pelea el día que le dije la impresión grata que me dejó la alianza Discépolo-Le Pera, en Carillón de la Merced, el tango que hicieron, juntos, en Chile. Y aseguraba que éste último sólo había puesto la firma pero que el tango era enteramente discepoleano... Y no era el único.

                                              
La dupla de leyenda: Carlos Gardel y Alfredo le Pera

Se decía en el ambiente que fue mala persona, como si eso fuese obstáculo para reconocer sus obras. Otros aseguraban que había plagiado casi todo. Y yo pienso que hasta para plagiar y meter  versos de otros en algo tan particular como es el tango, hay que tener mucho talento. Como lo tuvieron Cadícamo o Manzi, que alguna vez recurrieron a poesías clásicas para sumarlas a su estro indudable y magistral. Además Le Pera lo reconoció en el caso de El día que me quieras, e incluso pidió permiso a la familia del mexicano Amado Nervo para sacar el modelo. Mejorando incluso a Nervo.

Aníbal Troilo, que sabía como pocos el valor de la poesía tanguera,  en un reportaje que le realizara el periodista Jorge Couselo en Mar del Plata, en febrero de 1970 decía:

   -Fijate que esto pocas veces se dice: Gardel era un tipo muy inteligente, aparte de todas las otras condiciones que ya le conocemos. Y un síntoma de esa inteligencia es haber recurrido en el extranjero a una pluma como Alfredo le Pera. Tené en cuenta que Gardel estaba solo, rodeado de franceses primero, luego de norteamericanos. Esa gente podía perderlo. Él tenía su voz (¡qué te parece!), esa polenta de su personalidad y sus ideas musicales. Pero no era letrista.
Ahí aparece Le Pera, de quien me dieron que no era buen tipo, pero ¡qué importa ya! Los dos hacen  una trampa portentosa: conservan lo nuestro es un ambiente completamente extraño. Yo no escribo y leo poco, pero eso del lenguaje para comunicarse con la gente lo entiendo bien. Le Pera aportó palabras nuestras, esas que solamente entendemos los porteños, y sin embargo no dejó de ser porteño. O argentino. Eso no es fácil. Toda una prueba de fuego: Le Pera escribía y Gardel cantaba. La voz de Carlos no sabía de fronteras. En cuanto a Le Pera, su mérito era meterle lo nuestro a quienes no nos conocían. ¿Qué te parece Melodía de arrabal o Volver?¿Y Mi Buenos Aires querido? Hay que recordar que no fueron estrenadas en la calle Corrientes, sino en París o Norteamérica. En fin, por todo eso, hablando de letristas de tango, yo siempre pienso que Alfredo le Pera no está lejos de Discepolín o de mi querido barbeta Manzi.


A mí, ya de chico, me emocionaban  muchas cosas de Le Pera. Cuando tenía 12 años, por ejemplo, y volvía de un mes de vacaciones en casa de mis tíos en Mendoza, y después de 18 interminables horas de tren, éste comenzaba a entrar en las afueras de Buenos Aires, con luces esbozándose en el campo, me venían a la cabeza esas palabras de Volver: "Yo adivino el parpadeo / de las luces que a lo lejos / van marcando mi retorno". 

En las letras de esos tangos que compuso con Gardel hay  hallazgos poéticos hermosos. Siempre lo pensaba en los velatorios cuando los familiares de la persona fallecida debían recibir los pésames de amigos y conocidos, y recordaba a Sus ojos se cerraron. .
-Yo sé que ahora vendrán caras extrañas / con su limosna de alivio a mi tormento.

Le Pera lo había sufrido en sus carnes, cuando acompañó a su novia de entonces, Aída Rodríguez  -bailarina del Teatro Sarmiento-, hasta una clínica de Suiza, donde ella fallecería.

Quién en Hispanoamérica no repitió alguna vez aquello de : "Pensar que veinte años no es nada". 

Por una cabeza tiene una música formidable que se sigue tocando hoy en el mundo, pero los versos de Le Pera son tan imortales como la obra de Gardel. Y otro tema que me ha emocionado y acompañado durante toda la vida es: Lejana tierra mía, donde el poeta sueña con morir en Buenos Aires.

Lejana tierra mía, bajo tu cielo, / bajo tu cielo, quiero morirme un día / con tu consuelo, con tu consuelo...

En El día que me quieras, finaliza: "y un rayo misterioso / hará nido en tu pelo, /luciérnaga curiosa / que verá... ¡que eres mi consuelo"

En el estilo Guitarra guitarra mía, escribe Le Pera: "Azules noches pamperas / donde calmé sus enojos, / hay dos estrellas que mueren / cuando se duermen sus ojos"....

Esa belleza metafórica de Golondrinas: "Golondrinas de un solo verano / con ansias constantes de cielos lejanos, /  alma criolla errante y viajera, / querer detenerla es una quimera. / Golondrinas con fiebre en las alas, / peregrinas borrachas de emoción, / siempre sueña con otros caminos / la brújula loca de tu corazón."...

O el insomnio de Soledad: ..."Yo no quiero que nadie se imagine / como es de amarga y honda mi eterna soledad. / En mi larga noche el minutero muele / la pesadilla de mi lento tic-tac."..

Quién no recordó alguna vez esa hermosura poética de Cuesta abajo: "Si arrastré por este mundo / la vergüenza de haber sido / y el dolor de ya no ser."...

Gardel, Le Pera, Juan Cruz Mateo y gente de la Paramount

La lista es muy larga y me encantaría seguir con la cita, porque creo que los factuales versos de Silencio, Melodía de arrabal, Me da pena confesarlo, Amores de estudiante, o el tremendo Volvió una noche, son unas pinturas geniales, pero bastaría con eso que nunca dejaremos de cantar:

Mi buenos Aires querido,                             
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más penas ni olvido.

Y confieso que hasta me emociono pensando en estos versos.

Por eso repito una vez más, que para mí Alfredo Le Pera, fallecido el 24 de junio de 1935 con apenas 35 años de edad, y con un futuro impresionante en su tarea, merece estar en el cenáculo de los grandes poetas que ha tenido el tango en su historia. Y sigo confesando que nunca entenderé el esbozado desprecio de los críticos a toda su obra. Que me parece soberbia.

Lo recuerdo en este tangazo que hizo con Gardel: Volvió una noche. Lo interpreta Roberto Goyeneche, acompañado por la orquesta que dirige Armando Cupo, en Grandes valores del tango.


                                                  







sábado, 4 de junio de 2016

Sábados milongueros

Siempre fue el día especial de la semana para bailar con una gran orquesta y maravillosos cantores, en la Buenos Aires del 40/50. Los clubes echaban el resto y contrataban a la dupla de orquestas tango y jazz, para atraer a las masas milongueras que siempre respondieron en forma masiva. Era un lujo que a la distancia resulta mayúsculo, porque las condiciones económicas de estos tiempos sólo permiten llevar a pequeñas formaciones. Y mirá que en aquellos años, lo que no sobraba era precisamente el dinero. Lo suplían con un entusiasmo y devoción irrefrenables.

Las muchachadas se preparaban toda la semana para esa fiesta incomparable donde restallaban las ansias milongueras de ellos y ellas. Se armaban romances, otros sólo buscaban el placer del baile en sí, pero la fiesta era incomparable y dejaba poso, luego de los febriles preparativos para ir con el mejor atuendo y listos para una performance que diera material para la charleta de toda la semana.

                                                    

Y qunque hayan pasado los años, ya no estén aquellas históricas formaciones orquestas, ni esos cantores de leyenda, tenemos un legado impagable que son las grabaciones que dejaron. Las mismas que hoy mueven a cientos de miles de nuevos milongueros en todo el planeta tierra. La polenta que encierran esos discos de D'Arienzo, Pugliese, Troilo, Tanturi, Di Sarli, Biagi, De Angelis è anche più, son el motor de tantas ilusiones bailarinas. Y por ser sábado y antes de prepararme para BIEN MILONGA, la que tenemos acá en Madrid los sábados y martes desde las 21 horas,  me voy a pasear por esas pistas de oggi.

                                                     
Y en la THE GREAT MILONGA me encuentro a la formidable pareja que forman los troesmas Gustavo Naveira y Giselle Anne. Acá muestran toda su pasta milonguera bailando el tango Indio Manso en la gran versión de la orquesta de Carlos Di sarli.


 

Paso por Buenos Aires -como debe ser- y me topo con otra pareja de quilates. Son Javier Rodríguez y Noelia Barsi que en el MISTERIO TANGO FESTIVAL, se mandan una exhibición de nota bailando la milonga La espuela, por Juan D'Arienzo y su orquesta.

                                                                          

Y para cierre, el gran troesma Miguel Ángel Zotto y su dulce pareja Daiana Gúspero, en el SUNNY TANGO FESTIVAL nos dejan una hermosa versión de El viejo vals, por la orquesta de Francisco Rotundo y sus cantores Floreal Ruiz y Enrique Campos.


 "Pavaditas"....                                   

viernes, 3 de junio de 2016

Libertad Lamarque

La historia de esta grandísima artista, rosarina y universal-  es muy conocida. Laureada como actriz y cantante en Argentina, donde además había protagonizado varias películas de gran éxito y obras de teatro, actuaciones en radio y grabaciones de disco; en 1946 se radica en México donde se consagra internacionalmente filmando película super taquilleras y grabando discos en profusión, generalmente con temas de su país. Se tansforma así en La dama de América y todo lo que haga lo convertirá en gran suceso.

                                             
                                           


Se había iniciado en el cine argentino en 1930, con el filme Adiós Argentina, de Mario Parpagnoli. Tres años más tarde tiene un papel estelar en Tango, la primera película sonora realizada en el país, bajo la dirección de Moglia Barth. Ahí se convirtió en estrella de cine, radio, discos, teatro... La obra que representaba con otros artistas: El conventillo de la paloma, llegó a las mil representaciones y debió dejar las tablas porque impedían su presencia en infinidad de sitios que la requerían.

En México la recibieron con todos los honores y debutó en el cine azteca junto a Jorge Negrete en el filme Gran Casino. Fue el primero  que rodaba el aragonés Luis Buñuel en dicho país y su definición sobre Libertad no pudo ser más categórica:
   -Es increíble lo que hace esta mujer con las cámaras. Parece que se enamoraran de ella. Es un animal cinematográfico.

                                                


En México rodaría 41 películas y tendría participación especial en 4 más. En España filmó una con Joselito, el pequeño astro cantor. Su registro de cantante le permitiría abarcar los géneros más dispares y en todos lograría versiones insuperables y exitosas. Si en Buenos Aires la habían consagrado por votación popular  como La Reina del Tango, pasaría a ser La Novia de América y arrastraba multitudes en Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Colombia y otros países hispanoamericanos.

Volvería a Argentina en 1967 para hacer la Dolly Levi de Hello, Dolly, la comedia musical que arrasaría, y cuyas funciones terminaban con el público de pie ovacionándola. La larga ausencia y los cambios generacionales no habían conseguido mellar el prestigio y arrastre que tenía en su país de origen, al que nunca olvidaría.

                                             
Libertad Lamarque y Jorge Negrete en el filme Gran Casino.

Tuve la suerte de tratarla cinco años más tarde, cuando volvió ocasionalmente de México y actuaba en Canal 9, donde yo era Jefe de Deportes y tenía otros programas. La encontré algunas veces en la sala de maquillaje y era muy simpática con todo el mundo. Tenía más de sesenta años pero su espíritu era joven, vital. Además en la pantalla de la televisión representaba muchos años menos, gracias al maquillaje y a su magia de artista que contagiaba a todos.

     
Acá la estoy presentando en el Gran Festival en su homenaje

Después ya conté que logré convencerla para que viniera de Miami a Madrid, donde yo estaba radicado y había creado el premio Sos Gardel, para homenajear a artistas y deportistas prestigiosos que actuaban en España en determinados momentos. Hicimos junto a Osvaldo Parrondo, el Sos Gardel de Oro, y la presentamos en el Salón de las Columnas del Bellas Artes madrileño. Debimos cerrar las puertas ante la gran afluencia de público que llenó las instalaciones, y su antiguo vecino del barrio del bajo Flores: Alfredo Di Stéfano, le entregó la distinción. Actuaron además artistas muy prestigiosos y la traté toda la semana como anfitrión. Tenía 90 años y una vitalidad asombrosa.

Además su memoria no perdía detalles importantes de su vida. Con Di Stéfano recordaba cuando dejaba a su hija Mirta en la casa-chalet de los padres de Alfredo en la calle Carabobo, para que jugara con las hermanas del futbolista mientras ella trabajaba. Me hablaba de su madre gallega, que siendo viuda, con siete hijos, volvería a casarse con Gaudencio Lamarque con quien tuvo tres hijos más, y el último sería precisamente Libertad, cuyo nombre obedece al carácter anarquista de su padre. Vertía palabras de admiración por Mercedes Simone, Rosita Quiroga y otras cantantes de tango de su época.

                                     

Para recordarla artísticamente, hoy, me remito a dos temas de José María Contursi que grabó en películas mexicanas. El primero es un tango de Mario Canaro que  había titulado Viejo gaucho, en París. En 1939 el Catunga lo escucha, le da una tremenda sensación de tristeza por su recuerdo de Grisel y en ese estado le pone unos versos, retitulándolo: Quiero verte una vez más. Se lo da a Francisco Canaro para que intente entregárselo a su hermano y éste acepta encantado el cambio. Libertad Lamarque lo consagra internacionalmente en México, donde lo interpreta en la película Otra primavera, estrenada en abril de 1950. En el mismo filme cantará otro tema de José María Contursi, esta vez con música de Mariano Mores, creado en 1941: En esta tarde gris.


Los dos temas los podemos escuchar y apreciar con algunas fallas que no menguan la gran interpretación de Libertad, y que llevó a tantos boleristas a grabar estos dos tangos en tiempo de bolero.