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sábado, 7 de febrero de 2015

BIEN MILONGA

¡Qué tangazo el de Ismael Spitalnik! Y yo lo honro y lo devuelvo al presente en esta Milonga que armamos en la Casa de Aragón, de Madrid todos los Martes y Sábados, con la firma de su gotán. ¿Que llueve? ¿Que hace frío? Y qué mejor lugar para guarecernos de las inclemencias del tiempo, que en un Salón de prima, reviviendo tangos, milongas y valsecitos de gran calado para alegrarnos las orejas y el cuore, y bailarlos a tutiplén.

Que hace buen tiempo... Podemos aprovechar para picar algo en la hermosa terraza cubierta por un parral, a la manera de las antiguas casas porteñas, antes de entrar a dibujar en la pista. Todo invita. Vean si no la hermosura de estas instalaciones justo en la Plaza de la República Argentina, llamada también la Plaza de los Delfines, por la fuente del centro de la plaza y los cetáceos luciendo en escultura voladora sobre la misma.

Las imágenes los muestran claramente. Pero además los milongueros tenemos en el corazón de la Casa, la pista que nos guarece y nos abstrae del resto de las inclemencias de la vida. También tenemos un restaurante muy paquetón, moderno y otro más sencillo para degustar una cena rápida. Pero como en este caso estamos hablando de Bien Milonga, les recuerdo la de esta noche en el salón de la casa, que es como un pisito que puso Maple, piano estera y velador. Y una vitrola que llora viejos tangos de mi flor... Sí, y todo a media luz...

                                   
                           

De paso les recuerdo un informe del enorme trabajo de investigación que hizo en las milongas de medio mundo Tango Tecnia: 

Bailar es un placer, pero...

En la encuesta de la página 53, muestra las situaciones desfavorables  que más suelen ocurrir en una milonga, dentro la interacción al bailar con diferentes parejas a lo largo de la velada.

Quejas de los hombres (de 31 a 40 años)

1- Habla durante los temas
2- Su baile me genera incomodidad física
3- Poca higiene personal
4- Intenta corregir mi baile.
5- La persona tiene un bajo nivel de baile
6- Canta durante los temas.
7- Está alcoholizado/a.
8- Transpira demasiado.
9- Hace insinuaciones fuera del contexto del baile.

Quejas de las mujeres 

1- Su baile me genera incomodidad física.
2- Intenta corregir mi baile.
3- Poca higiene personal.
4- Hace insinuaciones fuera del contexto del baile.
5- La persona tiene un bajo nivel de baile.
6- Habla durante los temas.
7- Transpira demasiado.
8- Canta durante los temas.
9- Está alcoholizado/a.

O sea , muchachos y muchachas, atenti a todos estos avatares de la milonga para que no nos apunten en uno de estos rubros, con alguna tarjeta amarilla...

Y de paso cañazo, nada mejor para entrar en calor que ver al excelente Roberto Herrera bailando con Silvana Capra, en Taipei, La cumparsita.


                       
                                         





viernes, 6 de febrero de 2015

Gardel con Rodio y Biagi

Sí, hoy he madrugado escuchando al gran cantor nacido en Francia y criado en el Abasto porteño, que llegó al Olimpo donde habitan las voces, las músicas y los recuerdos de aquellos artistas que nunca morirán porque dejaron una huella imborrable en el corazón de sus pueblos, y en este caso, en la genealogía del tango. Además, Gardel fue quien inventó la forma de cantarlo y lo hizo de tal manera que ninguno llegó a superarlo, aunque sus registros estén realizados primariamente, sin la pureza de los modernas grabaciones.

                                        

El destacado poeta y escritor argentino, Francisco Luis Bernárdez, escribió en marzo de 1954 en el Diario La Nación, un artítulo titulado: "Menosprecio del centro y alabanza del arrabal". Bernárdez, que tuvo cargos públicos en Cultura y Bibliotecas, gran amigo de Borges y Leopoldo Marechal, destacó siempre por su juicios ponderados y en algunos párrafos de su interesante trabajo, dice:

-Y la ciudad es, al fin, quien reinaba presente en cada una de sus almas y en cada uno de sus objetos, por obra y gracia de la voz con que Carlos Gardel estaba entonando un viejo tango en un viejo disco que giraba y giraba en cualquier casa de música... Viva en la memoria de cada uno, la voz de Gardel volvió de la muerte y, rescatándonos de la dispersión que hasta hacía un momento habíamos padecido, nos vinculaba por lo que cada uno tenía de común con los demás, para constituir con todos ese vasto y  y único ser de pasión en que a veces concluyen los seres que forman las multitudes populares. Por obra de un muerto nos sentíamos vivos.

                                   
Francisco Luis Bernárdez

Una parte de ese artículo lo reprodujo Bernardo Canal Feijóo en su libro "El canto de la ciudad". Este último era por entonces Presidente de la Academia Nacional de Letras y acota:

-Bernárdez, poeta católico, personaliza su referencia para disimularse quizás lo mítico del trasporte, por la índole profana del pretexto; pero en el fondo no se trata de Gardel, sino del tango que éste cantaba en la ocasión...

Y agrega Canal Feijóo:

-Es en este punto donde parece poder entreverse algo del misterio -que no mito-. Con menos de cualquier divo de hoy en día cantaba mejor que todos, en el sentir unánime. La magia de la suya está en que arrastra en sí todavía magmas placentales de un silencio y secreto anterior, como las caracolas marinas. Pide el tímpano prístino y limpio; el micrófono la estropea. Sin duda estará condenada a volverse cada día menos actual... Y acaso estén ya doblando las campanas  -pero es claro que no sólo por él.

Hoy traigo esa dos reflexiones de intelectuales de tanto calibre, para que no nos quedemos solamente con los desvaríos de Borges en este punto, por algo que nunca terminó de entender ni asimilar. Mi querido amigo y compañero José Luis Barcia es responsable de que cobren nuevamente vida esas palabras de Bernárdez y Canal Feijóo.

También guardo las que le dedicaron al gran cantor, personajes como Arturo Toscanini, Anthony Quinn, Ortega y Gasset, Atahualpa Yupanqui, Julio Cortázar, Ignacio Sánchez Mejía, Santiago Rusiñol, el gran  Enrico Caruso, Barenboim o Charles Chaplin, sumadas a las de los Troilo, Di Sarli, Rivero, Goyeneche y todos los que siguieron su estela en el tango.

                         
Antonio Rodio, arriba, izq.  en la orquesta de Pedro  Maffia


Y para ilustrar estos recuerdos y mientras me bajo la dernier medialuna que acompaña al mate de la fresca matina madrileña, escuchándolo en aquellas grabaciones, recuerdo estos cinco temas que grabó con sus guitarristas habituales, Aguilar, Barbieri y Riverol, con el agregado de Rodolfo Biagi en el piano y Antonio Rodio en violín.

                                         
Gardel con sus guitarristas Riverol, Barbieri y Aguilar

Biagi había debutado a los 15 años en la orquesta de Juan Maglio Pacho, que sería quien se lo recomendó a Gardel. José Razzano fue a ver a "Manos brujas" y lo llevó a los estudios de Odeón. El otro grande invitado en este caso, fue Antonio Rodio, un violinista de enorme calidad, que en ese momento estaba tocando en la Orquesta de Pedro Maffia, en la cual había reemplazado nada menos que a Elvino Vardaro. En cierta oportunidad que estuve charlando con él en Santiago de Chile, sobre estas grabaciones (y otras hermosas experiencias suyas en el tango), me dijo: "Grabamos 5 los temas de corrido, Gardel era un montruo que no necesitaba ensayar mucho. Biagi y yo estábamos como de prestado, junto a sus guitarristas, pero él  nos palmeaba, nos decía cosas como -"¡Con mucha efe muchachos...que ustedes son dos fenómenos...!"-, y el fenómeno era él..."

     
Biagi, centro, arriba en orquesta Juan Canaro

Los 5 temas citados fueron: Buenos Aires, Yo seré para tí, tú serás para mí" (foxtrot), Aromas del Cairo, Argañaraz y Viejo smoking. Luego de terminado el trabajo, el 1 de Abril de 1930, Gardel invitó a Biagi a una gira que haría por Europa, pero éste no se animó y se integraría en la orquesta del bandoneonista de Parque Patricios, Juan B. Guido, El lecherito.

Y los invito a escuchar tres de esos temas: El tango de Roberto Firpo y Enrique Cadícamo: Argañaraz (Aquellas farras), el vals de Ismael Aguilar: Aromas del Cairo y el tango de Celedonio Flores y Guillermo Barbieri: Viejo Smoking.

 Carlos Gardel - Argañaraz (Aquellas farras)

 Carlos Gardel - Aromas del Cairo

Carlos Gardel - Viejo smoking 




miércoles, 4 de febrero de 2015

Luis Petrucelli

Fue uno de los grandes bandoneonistas que abrieron el camino y que me encanta. Su sonidos, sus fraseos, son realmente hermosos, como correponde a un alumno del alemán Bernstein, aquel que rivalizara en los cafetines de la Boca, nada menos que con Eduardo Arolas. Curiosamente, Arturo Bernstein nació en Brasil, aunque se crió en Buenos Aires,  pero por su apellido gemano, y la afición a los chops de cerveza, le quedó el apelativo. Era un bandoneonista de escuela que tocaba con partituras en una época que casi ninguno lo hacía. Y fue un gran maestro que transmitió sus enseñanzas a tres pichones que harían roncha en la historia del tango: Federico Scorticati, Ismael Spitalnik y el citado Petrucelli.

                                     
Petricelli a los 18 años

En una larga charla con Julio De Caro, me habló maravillas de éste último que lució junto a Pedro Maffia en el legendario y revolucionario sexteto del hombre del violín corneta. Y desde entonces creció mi interés por su figura y comparto todo lo que me dijera el maestro, por la belleza de sus interpretaciones y la pureza del sonido. Después de sus estudios en una academia del barrio fue a parar a la casa-estudio de Bernstein de donde emergió para lanzarse a los escenarios, y con 14 años ya tocaba en el Café T.V.O, e iría fogueándose junto a gente curtida.

                               
La primera Típica Victor que dirigió Petrucelli. Ciriaco a su der.


Todo lo que prometió en sus inicios, lo fue confirmando largamente y adquiriendo prestigio entre los diferentes músicos y directores que lo llamaban para integrarlo en sus tríos, cuartetos y orquestas. A los 16 años ya lucía en un trío contratado en la provincia de Córdoba, con el gallego José Martínez al piano y Antonio Buglione en violín. También viajaría a Tucumán con Vicente Gorrese, Emilio Marchiano y Arturo Abruzzese. Conoció a Pedro Maffia, cuando Luisito actuababa en la orquesta de Geroni Flores, y luego de escucharlo atentamente, Pedro le dió un abrazo emocionado y le lanzó un vaticinio. "Sos muy pibe pero tocás lindo y con sentimiento. Algún día tocaremos juntos".

                                      
Petrucelli sentado en el medio arriba de Vardaro. A su izq. Ciriaco Ortiz

Y el pronóstico se cumplió cuando, luego de luego de haber compartido sitio en un par de conjuntos,  Maffia lo recomendó a  De Caro en 1924 para que ingresara en el famoso Sexteto, luego de haber estado con él, en un sexteto de vida breve que dirigió Petrucelli y en el que había pesados como el citado Maffia, Marcucci, Baralis, Germino y De Grandis. Ya se había forjado un nombre y lo mismo actuaba en la orquesta de  Cobián , en la de De Caro, con la de Fresedo, que se alistaba en la de Francisco Canaro para tocar en Nueva York. Y siempre dejaba el sello del sonido tan especial de su fueye en todas las formaciones en que estuvo.

                                              

Especialmente en todas las que alistó el selllo RCA Victor, formando en el elenco estable desde la fundación de aquella inolvidable Típica Victor que sólo tenía la finalidad de grabar. Como  lo haría en la de Los Provincianos o la de Adolfo Carabelli, e incluso haría de director de la misma y primer bandoneón, en la Típica Victor fundacional. Sus dúos con Ciriaco Ortiz fueron memorables.

                               
En la Orquesta Fresedo, 2a. fila, 2º de der. a izq. Ruiz y Mayel los cantores


No fue un compositor destacado, porque además falleció prematuramente en febrero de 1941, de un ataque de peritonitis, cuando estaba nuevamente en la orquesta de Osvaldo Fresedo y contaba apenas 37 años. De todos modos, todos aquellos que tuvieron la ocasión de trabajar con él lo elogiaron reiteradamente como músico y compañero.Grabó 54 placas en los tres años que estuvo al frente de su orquesta de 1928 a 1931. Aquel  Sexteto suyo con una personalidad donde destaca netamente su modalidad interpretativa, lo formaban: Petrucelli y Enrique Pollet en fueyes, Bernardo Germino y Antonio Buglione en violines, Carlos Alsina en el piano y Humberto Constanzo en contrabajo.

El sonido diáfano, hermoseante de su fueye podemos apreciarlo en un par de grabaciones con aquel conjunto. En primer término les dejo el tango de José Martínez: El cencerro, grabado el 31 de octubre de 1928. Y a continuación el tango de Humberto Castiglioni: Michelú, registrado el 6 de junio de 1930.

Parando las orejitas.

Orquesta Luis Petrucelli- El cencerro.

Orquesta típica Luis Petrucelli- Michelu




lunes, 2 de febrero de 2015

Bardiando

Sí, en lugar de bardear con el tango hoy me voy a ocupar del gran Agustín Bardi, uno de los pilares de la saga de compositores fundadora del material que iba a poblar los atriles de aquellos músicos de la guardia vieja, y que por la gran calidad musical de su obra, también estribaría en las partituras a las cuales recurrirían con harta frecuencia los futuros integrantes de las orquestas típicas.


Porque los temas pergeñados por Bardi no tienen desperdicio y se enriquecen con nuevos arreglos permanentes, los cuales no desdeñarían ni Piazzolla (Tiernamente, Tierrita, Nunca tuvo novio), ni la gente de las Sinfónicas. Los temas de Bardi o Arolas, con quienes el tango tiene una enorme deuda de gratitud -como así con muchos otros de las primeras hornadas de músicos compositores-, serán siempre modernos, porque recogieron el espíritu de aquella época con una altura imaginativa sorprendente.


Por ese motivo se le ha llamado justamente, "el compositor de los músicos". Sus temas pueden ser interpretados en el estilo Troilo, D'Arienzo, Canaro, Pugliese, Di Sarli, Piazzolla y mantener igualmente viva la llama de su creador. Curiosamente, Bardi no está considerado como un gran músico, pese a que comenzara tocando la guitarra, posteriormente el violín, y finalmente dedicado al piano. Incluso su primera obra: Vicentito (dedicado a Vicente Greco),de 1912,  se lo transcribió al papel pautado el flautista Carlos Hernani Macchi, porque entonces no dominaba la música escrita.

Nació en la localidad bonaerense de Las Flores (como Roberto Firpo) a unos 190 kilómetros de la Capital, que es zona de ganadería y agricultura, recortada sobre el río Salado y rodeada por lagunas y arroyos. Sus padres lo enviaron a casa de unos familiares en el barrio porteño de Barracas, donde crecería e integraría de pequeño comparsas carnavalescas con una guitarra que le había enseñado a manejar un amigo de la familia.

Luego estudiaría violín y finalmente piano, y se instalaría en los palcos del vecino barrio de la Boca, incialmente en un trío de violín, guitarra y flauta, con amigos musicantes de su zona. Lo curioso del caso es que Agustín Bardi no pudo ser profesional de la música porque desde los 13 años debió dedicarse al trabajo y así arrancó en el Ferrocarril Sur (hoy Roca), como aprendiz de telegrafista.  Estaría allí hasta los 20 años en que le tocó hacer el servicio militar, y se las arreglaba para compaginar su presencia en aquellos palcos legendarios, en tríos o cuartetos, cuando comenzó a mostrar las uñas como ejecutante de piano. Los sábados solían animar bailes en un trío con el Tano Genaro en bandoneón, el Tuerto Camarano en guitarra y él con el violín.

Como le contara a los Bates, un día que volvían de un picnic, entraron en un café de la Boca para tomar algo. Ya calentitos con los vinos y la comida ingerida, se pusieron a tocar algo en el palco y Agustín se sentó al piano y comenzó a interpretar temas diversos en el piano. El público aplaudía instándole a seguir con la faena y ante el éxito conseguido, el trío se modificaría e intevendría el piano en lugar del violín, dándole otro sonoridad al conjunto.

Cuando salió del servicio militar, Bardi ingresó de inmediato en La cargadora, una empresa de transportes, en la cual se jubilaría, para luego pasar a una casa de música. Su tango Tinta verde proviene precisamente de la tinta en que impregnaba el pincel para pintar los direcciones en los paquetes. Aunque siguió tocando en diversos conjuntos, la noche  y las madrugadas no se condecían con los madrugones para ir a trabajar por lo que fue menguando su aporte en diversas orquestas (con Canaro incluso), pero no dejó jamás de inventar nuevos temas ni de trabajar por formar la Sociedad de autores y compositores.

                                       


Entre sus maravillas podría citar temas como C.T.V, Chuzas (genial interpretación de Gobbi), Gallo ciego, de 1917 (magistral arreglo de Lavallén con Pugliese y de Salgán con su orquesta), Qué noche (por la nevada de 1919; el título se lo sugirió Arolas), El baquiano, Se han sentado las carretas, Tierrita. El cuatrero (algunos de sus temas que
retienen el aroma campero), Adiós Pueblo, Independiente Club, El buey solo, El abrojo,Cachada , La guiñada, El paladín, El rodeo, 
Tiernamente, La racha (los violines de Di Sarli lo bordan), No me escribas, Pico blanco, Madre hay una sola, Polvorita, Oiga compadre, El taura, Lorenzo, La última cita, Nocturno, Misterio, Sin hilo en el carretel, Florcita, Cabecita negra, algunos instrumentales y otros con diversos poetas. Y me quedo con estos títulos en una selección de sus hermosos temas.

No alcanzó a disfrutar la década prodigiosa del tango porque en abril de 1941 cayó fulminado de un infarto en la calle, de camino a su casa en Bernal. Pero siguió latiendo en todos los atriles del cuarenta. Y sigue de moda, como lo muestra esta interpretación de la orquesta Vale Tango dirigida por el pianista Andrés Linetzky,  cantando Esteban Riera, el tango de Bardi y Cadícamo: Siempre los dos. También los invito a deleitarse con Qué noche, grabado por Osvaldo Pugliese en 1969. Y El abrojo, por Carlos Di Sarli de 1958. Atenti.

Vale Tango - Siempre los dos

Osvaldo Pugliese - Qué noche

El abrojo - Carlos Di Sarli








sábado, 31 de enero de 2015

BIEN MILONGA

El tango nació como danza, antes de que se consolidara la música del género como tal. Eran los bailarines quienes impulsaban a los empíricos músicos de la primera época, para que siguiesen con ritmo sus evoluciones danzantes. La poesía del tango llegó dos décadas más tarde, incluso, cuando Pascual Constursi la instituyó con Mi noche triste.

La danza es una de las tres patas del tango, pero es el basamento sobre el cual se ha ido erigiendo el edificio instrumental. Con la aparición de músicos de conservatorio y poetas de alto vuelo, se consolidó finalmente este género musical que ha tenido y tiene protagonistas de bien ganado prestigio en las tres ramas del mismo: Música, danza, poesía.

                                       


Como la lluvia fina ha ido calando despacio pero sin tregua, y como decía Manuel Romero en su tango La canción de Buenos Aires:

Este es el tango, canción de Buenos Aires,
nacido en el suburbio, que hoy reina en todo el mundo... 

Lo escribió en 1933 y el tiempo le ha dado la razón. Porque hoy se baila prácticamente en el mundo entero y lo ejecutan músicos de todas las procedencias. Y yo que empecé a bailarlo a los 14 años y en plena juventud recorrí las mejores milongas porteñas, que alterné con los grandes del tango en noches interminables e inolvidables, sigo tirando del hilo con las grandes obras que nos legaron aquellos músicos, poetas y cantores. Y BIEN MILONGA es el refugio donde lo bailamos bien debute.

                         
                                   
Y para ir calentando motores con vistas a la milonga de esta noche, nada mejor que ver, por ejemplo, a la gran Alejandra Mantiñán bailando con Martín Ojeda, en Aló Lola, uno de los buenos lugares para zambullirse en  las noches porteñas. Bailan el tango En tus brazos, de Carlos Zárate y Marvil (Elizardo Martínez Vilas), por Alfredo De Angelis con el cantor Oscar Larroca.


                                                 

                              

viernes, 30 de enero de 2015

Armando Pontier

Hoy vuelvo con este excelente instrumentista de bandoneón y enorme compositor que ha dejado un largo collar de perlas en la discoteca tanguera. Títulos que bastarían para ponerle el cartel definitivo de Grande. Es más, yo creo que no se le han reconocido totalmente sus enormes méritos en tal sentido, aunque sí se le haya enaltecido como músico, porque lo demostró sobradamente en la Orquesta de las estrellas de Miguel Caló, en la que formó con Enrique Mario Francini, en la suya propia, y en la que sirvió para acompañamiento y lucimiento de Julio Sosa, a quien apoyó cuando era un perfecto desconocido en Buenos Aires y lo descubrieron en un café del barrio de Chacarita por recomendación del poeta y recitador  Raúl Hormaza, incorporándolo a la orquesta que formaba con Francini.

                                                 


Pontier se llamaba Puntorero y su padre italiano, le compró un viejo bandoneón medio escashato, en aquellos cambalaches de la calle Libertad donde se vendían todo tipo de objetos y prendas de segunda mano e anche piú. Con él aprendió a manejarse en el Conservatorio Iberoamericano de su pueblo bonaerense de Zárate. El músico alemán Juan Ehlert que había anclado por ese lugar a orillas del Paraná al enamorarse de una joven de la localidad, los fue juntando a todos los chicos jóvenes e integró con ellos una orquesta (Francini, Stamponi, Cristóbal Herreros, Pontier) que llegarían a Buenos Aires para actuar en la famosas Matinées de Juan Manuel.



Allí los escuchó casualmente Miguel Caló que estaba en el estudio acompañando a Elena Lucena y los contrató a todos. A Pontier debió esperarlo que terminara el servicio militar que estaba haciendo en ese momento y se incorporaría algo más tarde que sus compañeros. Pontier recordaba que en esa época, cada vez que tenían un día franco en la colimba, se largaban desde Zarate a ver a Aníbal Troilo y volvían a la noche en tren para hacer los 88 kilómetros de distancia ccon la capital.

                                               
La admiración que siempre tuvo por Pichuco, la declaraba sin ambages: "Es que el tango no es virtuosismo, sino que tiene que salir de adentro. Por eso siempre prefería una sola nota suya y no una descarga de notas que otros muchachos que han estudiado, sin duda, pero que les falta sensibilidad. Si un intérprete logra erizar la piel de quien lo escucha, consiguió lo más importante, su propósito. Por eso el Gordo fue siempre un superdotado. ¡Y le sobraba técnica, ojo!". Por eso no era de extrañar que le dedicase un tango a Troilo, que llamó Pichuco, y que grabó la orquesta Francini-Pontier en 1946.


Charlé varias veces con él y otros amigos en los intervalos de su actuación con Sosa en la Confitería Richmond. Tenía su pinta, era muy simpático y se cuidaba. Por eso solía pedir un café o un té, cuando nos sentábamos en una mesa alejada del escenario. Era un agradecido a Troilo porque le había grabado su tango Milongueando en el cuarenta, en el año 1941, cuando él todavía no había saboreado las mieles del éxito personal. Pero eso fue sólo el prolegómeno. Pichuco también iría llevando al disco un carretel de hermosos temas de Pontier: Cada día te extraño más y Corazón no le hagas caso (ambos con Carlos Bahr); A bailar, Trenzas, Margo, El milagro (con su paisano Homero Expósito), Tabaco (con José María Contursi), que lo fueron elevando en la consideración general y que tuvieron todos ellos un eco enorme que les permite seguir airosamente en el candelero.

                                            
Armando Pontier al frente de su orquesta en 1956. Arriba, sus cantores Sosa y Florio.

En 1969 incluso, Pichuco, con el Polaco Goyeneche grabó los temas de Nuestro Buenos Aires, un grupo de temas que Pontier realizó con Federico Silva. Con este poeta compondría un tema que llegó a tener unas 300 grabaciones de artistas de todo el mundo: ¡Qué falta que me hacés!. En este rubro de compositor, Pontier alcanzó una altura comparable a los grandes del género. Por la belleza de todos estos temas y porque siempre pensó en aquella inmensa legión de milongueros que llenó clubes, cabarets y confiterías céntricas para bailar al compás del tango.

Es por eso, sobre todo que hoy lo vuelvo a traer al Blog a este gran músico que se suicidó increiblemente en el mediodía de la Navidad de 1983, cuando contaba apenas 63 años y su vida parecía un remanso de paz junto a la familia y los amigos. Grabó acompañando a numerosos cantores como Sosa, Goyeneche, Hugo del Carril, Marino y tuvo en su orquesta a grandes como Podestá, Sosa y Rufino más algunos destacados: Ferrari, Darío, Gloria Díaz, Maidana, Florio, Durán, Real, Chiqui Pereyra y otros.



 Hoy lo recuerdo con un instrumental suyo: Milongueando en el cuarenta, grabado con su orquesta y Pecado, ese tango que compuso con Francini y Bahr y que, convertido en bolero, fue un éxito sensacional, grabado por infinidad de intérpretes. En este caso y en tiempo de tango, lo canta con su orquesta, Alberto Podestá.

Armando Pontier - Milongueando en el cuarenta

Armando Pontier- Pecado - Alberto Podestá






miércoles, 28 de enero de 2015

Chiqué

Este tango fue compuesto en 1920 por el bandoneonista Ricardo Luis Brignolo, y ahí sigue airoso en la consideración de los actuales músicos, y en las piruetas de los bailarines en las milongas de los diversos países  que crecen día a día. O noche a noche. A Brignolo, su amigo  Arolas le puso el apodo de La Nena, por su costumbre de vestirse elegantemente, con tutti i fiocchi, y en ese rubro competían permanentemente, dado que el Tigre del fueye también las gastaba en ropa y aditamentos.

Como casi todos aquellos músicos de su época, Brignolo debió trabajar para ayudar a la manutención del hogar materno, al fallecer el progenitor, y lo hacía como colocador de azulejos. Tenía dieciocho años cuando acudió con amigos a un Café de Suárez y Necochea, del barrio de la Boca, donde estaba tallando fuerte el tango, con los parroquianos sentados en  torno a las mesas, y el palco donde se ubicaban los músicos, por lo general intuitivos.

                             
Ricardo Luis Brignolo en 1934


Esa noche tocaban el Tano Genaro (Genaro Expósito) con su bandoneón, junto al pianista norteamericano negro  Harold Philips, y el joven Brignolo se sintió atraído fuertemente por el sonido del fueye y los movimientos que realizaba el Tano en la ejecución. Por eso en un intervalo de su actuación, se le acercó a Expósito para pedirle que le diera algunas lecciones, porque le gustaba mucho ese instrumento. El Tano no sabía música y le dijo que no podía enseñarle, pero ante la insistencia de éste, aceptó darle algunas lecciones, como también haría con Anselmo Aieta, aunque años más tarde el Brujo comentaría que el "maestro" lo tenía para cebar mate.

Así comenzó Ricardo Brignolo su carrera ascendente y estudiaría solfeo para ampliar sus conocimientos. En 1914 decidió dedicarse exclusivamente a la música y debutaría en una café de Entre Ríos, entre Cochabamba y San Juan, a 100 metros de "El estribo". Lo acompañaban el pianista Nicolás Irulegui y el violinista Pascual Gnochi.  El año que permaneció en ese palco le sirvió de lanzadera para escalar posiciones rápidamente, para lo cual estudió a fondo los secretos del fueye y terminaría escribiendo un Método  para aprender a tocar el bandoneón, algo que se echaba en falta porque muy pocos conocían a fondo las características tonales del fueye en su totalidad.

                                         
Además de sus dotes musicales, no estaba exento de inventiva poética y lo demostraría al escribir sobre la música de Alfonso Lacueva,  la letra del tango Íntimas que Carlos Gardel consagraría y grabaría en 1926 y 1930. Y entre los varios temas que le dieron lustre como compositor, destaca sin duda Por seguidora y por fiel, con letra de Esteban Celedonio Flores, que Gardel registró en el disco en 1930 y que trascendió a su época en la voz de distintos cantores.


Pero su apellido quedaría grabado en la historia del tango por su exquisito tema instrumental: Chiqué. El nombre del mismo produjo en principio algunos interrogantes, pero él mismo le aclararía a Francisco García Jiménez el significado. Es de la época en que tocaba en "La olla popular", una Academia de baile situada en la Calle Sarmiento entre Cerrito y Libertad. Se llamaban así remedando con retintín a las colas de gente sin trabajo que acudía a buscar comida en esos sitios  de ayuda.

En la noche de Buenos Aires de entonces, como resultado de primera guerra mundial, muchas mujeres francesas habían sido traídas al país por maquereaux franceses que colocaban a sus pupilas en prostíbulos y que también se ganaban la vida acompañando a los bailarines que debían pagarles diez centavos por pieza bailada. En ese salón Brignolo escuchó a una de ella recriminarle a su acompañante ocasional: "No hagas chiqué", cuando bailaban. Brignolo le preguntaría luego por el significado de la palabra en cuestión y cuando ella le explicó con movimientos exagerados de su cuerpo lo que quería decir, entendió que se refería a los aspavientos teatrales del bailarín en cuestión.

                                 


Y entonces relataría luego como surgió el nombre de este tango que pegó fuerte de entrada:

-Yo había volcado en la pieza un fantaseo que me parecía de muchas ínfulas para un bailable.  Sonaba bien aquello, pero  lo encontraba pretencioso. Y como para curarme en salud, le puse Chiqué de título..

El tema pasó con nota el examen de la oreja de músicos y milongueros y fue grabado por numeros conjuntos. Entre otros: Julio De Caro (con quien tocaría Brignolo en su orquesta gigante), Francisco Canaro, Sebastián Piana con un trío vocal, Cátulo Castillo (1929), Francisco Lomuto, Aníbal Troilo (en dos oportunidades), Francini-Pontier, José Basso, Osmar Maderna, Roberto Zerrillo, Eduardo Del Piano, Juan D'Arienzo, Nicolás D'Alesandro, Lito Escarso, Roberto Pansera, Osvaldo Pugliese, Osvaldo Requena con su cuarteto, Ciriaco Ortiz con su trío, Ástor Piazzolla o la selección Nacional de Tango, entre muchos otros. Cabe recordar que durante la dictadura de 1943, la censura prohibió numerosos tangos que debieron cambiar el título o diversas palabras, y Chiqué fue retitulado entonces como El elegante.

Hoy recuerdo a este tangazo con dos de esas grabaciones. La de Aníbal Troilo del 3 de marzo de 1944, que fue todo un suceso. Y la de Francisco Canaro, del 11 de septiembre de 1929.

Chiqué - Aníbal Troilo

Chiqué - Francisco Canaro