jueves, 21 de junio de 2018

El ciruja

El lunfardo, es en términos generales un sub lenguaje popular, una forma lúdica y festiva de charlar que tienen  los habitantes de Buenos Aires. La inmigración masiva que llegó entre el final del siglo diecinieve y comienzos del veinte, especialmente, trajo muchas de esas palabras, que con algunos matices se fueron adaptando a la nueva ciudad, e incluso en muchos casos cambiándole, por parte de los locales, el verdadero significado original.

Es cierto que todos los países tiene esa mezcla jergal. En España es el caló, en Estados Unidos el slang, En Brasil es gíria, en Itala la gerga, en México caroleno, En Inglaterra cant, En Portugal calao, en Rusia shargon, en Grecia koiné, en Colombia pisco y así podríamos seguir nombrando a estas formar de hablar, que algunos citan como incultas, aunque se trata de un lenguaje popular.

                                         


El tango ha tenido muchos poetas que destacaron por utilizar acertadamente el lenguaje del pueblo, que en muchas ocasiones, incluso inventa palabras que cobran rápidamente vida en los medios. No hay más que ver como en España se utiliza actualmente el término escrachar, señalando el seguimiento a algún político, por ejemplo, para marcarlo por sus presuntos delitos. Los grandes movimientos de masas de los últimos 30/40 años han influído en el traslado de sus hábitos y lenguas.

El tango tuvo a su gran poeta del lunfardo, que fue Celedonio Esteban Flores. En muchos de sus versos se expresa en ese lenguaje, con el talento que le caracterizó. Incluso Edmundo Rivero, que lo admiraba, en su etapa de solista llevó al disco muchos de sus temas. Juan D'Arienzo utilizó también a letristas de mucha capacidad para versear en lunfardo, como Carlos Bahr o el mismo Carlos Waiss, que lograron temas muy rentables y populares.

                                               
Francisco Alfredo Marino


Pero, coincido con Don José Gobello, con quien charlé mucho sobre el tema, en que el tango El ciruja simboliza magistralmente el buen uso poético del lunfardo, trasladado al tango. Los versos le pertenecen a Francisco Alfredo Marino y la música es de Ernesto De la Cruz. Una sociedad perfecta para este tango que grabó Gardel en 1926 con la guitarras de José Ricardo y Guilllermo Barbieri.

Francisco Marino tiene una trayectoria artística impecable y muy curiosa. Porque fue cantor, guitarrista y actor. Formó dúo en el Casino Pigall y el café El Nacional con Pablo Eduardo Gómez. Acompañó en guitarra a Marambio Catán. Como cantor se enroló en la orquesta de Geroni Flores que los años 30 realizó una extensa gira por muchos países abarcando países de  Europa y Marruecos. En 1926, cuando cantaba en la orquesta de Ernesto De la Cruz, se propuso realizar la letra de un tango con el cual demostrar la riqueza léxica del lunfardo. ¡Y vaya si lo logró!. De la Cruz le puso música y lo cantó su compañero Pablo Eduardo Gómez con la orquesta. Marino, que luego sería actor y destacaría sobre todo en los programas de radio El Mundo ( Lo Pérez García, Peter Fox, etc,), no lo cantó nunca.

                                 


Como con bronca y junando
de rabo de ojo a un costado,
sus pasos ha encaminado
derecho p'al arrabal.
Lo lleva el presentimiento
de que, en aquel potrerito,
no existe ya el bulincito
que fue su único ideal.

En esta pintura genial Marino nos muestra al hombre que sale de la cárcel, con mirada desconfiada, buscando  aquella casita donde vivía y hacía el amor con la moza que le sacaba dinero por ello.

Recordaba aquellas horas de garufa
cuando minga de laburo se pasaba,
meta punguia, al codillo escolaseaba
y en los burros se ligaba un metejón.
Cuando no era tan junao por los tiras
la lanceaba sin tener el manyamiento,
una mina le solfeaba todo el vento
y jugó con su pasión.

La descripción es perfecta. No trabajaba, se dedicaba a punguiar (robar), jugaba por dinero a los naipes, a las carreras de caballos... Los tiras (los policías) todavía no le habían echado el ojo y el dinero que conseguía con sus delitos y vicios, se lo llevaba la mujer de la cual estaba enamorado.

Era un mosaico diquero
que yugaba de quemera,
hija de una curandera,
mechera de profesión:
pero vivía engrupida
de un cafiolo vidalita
y le pasaba la guita
que le shacaba al matón.

Marino la pinta como un mosaico diquero, o sea: una moza ostentosa, que se pavoneaba y que hurgaba en los restos de basura que se amontonaban en la Quema. Su madre era ladrona, robaba en las tiendas y la moza estaba enamorada de un cafiolo (proxeneta), que se quedaba con el dinero que ella le limpiaba al protagonista.

Frente a frente, dando muestras de coraje,
los dos guapos se trenzaron en el bajo,
y el ciruja que era listo para al tajo,
al cafiolo le cobró caro su amor...
Hoy, ya libre'e la gayola y sin la mina,
campaneando un cacho'e sol en la vedera
piensa un rato en el amor de la quemera
y solloza en su dolor. 

En duelo criollo a cuchillo, mató al que explotaba a su amada, y purgó su pena en la cárcel por ello. Y ese final del tipo derrotado "campaneando un cacho'e sol en la vedera" (es invierno y se asoma a un poco de sol en la vereda para calentar su cuerpo envejevecido), es la culminación genial del poema lunfa de Francisco Marino.

                             
Ernesto de la Cruz


Hay varias versiones aparte de la de Gardel, pero creo que la que registrara Alfredo de Angelis con Julio Martel es una muestra ideal. Lo grabaron el 2 de junio de 1949.

El ciruja - Alfredo De Angelis-Julio Martel

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