lunes, 30 de mayo de 2016

Un vals para Teté

Comienzo la semana con un recuerdo del amigo Teté, más conocido como el rey del vals. Por supuesto, referido al valsecito porteño. Falleció hace muy poco tiempo, después de haber brillado como bailarín y profesor en la resurreción del tango, ocurrido en los años ochenta/noventa del siglo pasado. Cuando los veteranos lograron volver a darle vida a los clubes de barrio y salones del centro, y transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones que no conocían el tango bailado.

Así recuperó, a marcha forzada, la música nacional, el tango argentino, la algarabía social del baile, las conocidas como milongas, que poco a poco comenzarían a poblar los lugares importantes de la ciudad. Todo ello gracias al triunfo de la revista: Tango argentino en París y luego en Broadway. Como si el destino volviera a repetir la historia del resistido género que necesitó triunfar en los salones parisinos de Madame Rezkè en la capital francesa, hace unos cien años,  para que las autoridades argentinas, le levantasen la veda y por fin pudiera escucharse y bailarse sin censuras en la ciudad porteña.

                                                   


Teté, apodo de sus años infantiles, se llamaba Pedro Rusconi y se crió en Nueva Pompeya, ese barrio separado por tres calles, de Parque Patricios, mi hábitat juvenil. Aprendió como tantos de mi época, con los mayores, y su refugio era Unidos de Pompeya, el club que mexclaba boxeo y tango en sus entrañas y donde imponía su elegancia el flaco Tin, que lo vareó a Teté y a muchos otros y a quien  ví algunas veces en el Club Huracán cuando solía venir a mostrar su excelente registro milonguero.

Teté, se hizo famoso en muchos lugares, especialmente por su interpretación del valsecito porteño. Tenía un estilo algo antiguo, pero lo interpretaba con el alma. El valsecito se bailó en las milongas durante años del modo original, con giros constantes. Fue en los años cincuenta cuando algunos milongueros de los barrios del sur (Pompeya, Soldati) comenzaron a bailarlos con pasos del tango.
     
                                   
Silvia y Teté


En esa época, los que ponían la música (todavía no había llegado el vocablo anglófilo: discjockey), lo hacían con discos de pasta de 78 rpm, y pasaban los dos temas del mismo. Ya fueren dos tangos como un tango y un vals, o una milonga. Luego uno de jazz o música entroamericana o brasileña. Y así sucesivamente. Entonces, estos muchachos decidieron bailar todo con pasos de tango, para aprovechar la noche, y poco a poco esa costumbre se generalizó en el caso de los valsecitos.

Teté mamó toda esa cultura milonguera y fue uno de los que manejaron el timón en Buenos Aires y Europa, en el regreso del género a las pistas porteñas, dando clases a la enorme cantidad de hombres y mujeres que se aprestaban a formar en las filas del tango-danza. Su nombre se hizo muy popular y fueron especialmente aplaudidas sus exhibiciones con Silvia Ceriani, su útltima compañera, bailando valses porteños, y también tangos, por supuesto.
               
                                 
                                             

Daniel Tonelli -con la valiosa ayuda de Marcelo Turrisi en la post producción-, realizó este filme documental sobre los valsecitos y las historias de Teté en las milongas. The Argentina Tango Society produjo la obra y así quedan reflejadas hermosamente todas estas historias de tango que son joyitas para guardar.

Dale Teté!








                                  

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