sábado, 21 de mayo de 2016

Sigrid y Murat

Para un milonguero no hay nada más emocionante que bailar con la milonguera adecuada que te sube los decibeles, te empuja y te da piolín para que te enrosques con ella en una tanda maravillosa. Por eso es tan importante que la mujer que baila tango, lo sienta íntimamente, lo disfrute en plenitud y transmita a su compañero las señas vitales para que, entre ambos, dibujen a piaccere, con sentimiento, y con las alas que parecieran tener en determinados momentos.

Horacio Sanguinetti, en su Bailarina de tango, compuesto con el violinista, director y arreglador, Oscar De la Fuente, pinta a esa milonguera con palabras exactas. La presenta con su pollera de satén y color negro, de charol y tacos altos los zapatos, y dibujando garabatos, del ritmo que se adueña, su estampa de porteña. Lo hace con trazos hímnicos y merecidos, porque siempre fueron la fuente de inspiración de los milongueros que las codiciaron y las disfrutan en la pista. Y culmina su dibujo de esta guisa:

Sigrid y Murat

Sacerdotisa del tango,                                                    
sacerdotisa sentida.
Rito es la danza en tu vida
y el tango que tú amas
te quema en su llama.

Sacerdotisa del tango,
que en los salones de rango,
bailas en brazos de un hombre
que luce el renombre
de gran bailarín.


Es siempre así y lo experimento los sábados y martes en los salones de la CASA DE ARAGÓN,a partir de las 21 horas.Y hoy traigo este tema a la página para celebrar el encuentro de esos dos grandes bailarines de tango que han confluído en pareja, al menos para sus brillantes exhibiciones. Uno y otra tenían pareja de baile, pero las rupturas inevitables ha derivado en su encuentro y uno no puede dejar de admirarlos por el savoir faire y elegancia con que se mueven.

Son Murat Erdemsel y Sigrid Van Tilbeurgh, quienes se exhiben en distintos festivales y aunque hayan nacido en Turquía y Francia, respectivamente, sus estilos  son realmente hermosos y no me canso de verlos en acción, juntos. Para arrancar en esta matina ya veraniega de Madrid, me voy al Festival de Tarbes, donde firman una gran interpretación del tango: No te apures, Carablanca, por la orquesta de Lucio Demare y el cantor Juan Carlos Miranda

                                 

Sigo viaje, para verlos en plenitud. Cada uno tiene su estilo, en el baile del tango, y hay muchos muy buenos. Ellos dos han conseguido sus formas y se han ganado al público de los Festivales. Como sucede, por ejemplo, en Estocolmo, Suecia, en la reciente primavera. Acá se mandan con La maleva, por la orquesta de Rodolfo Biagi

                                        


Y ya que estoy metido en el baile, bailo con ellos, con la imaginación, a cuenta... Ahora estoy de forma virtual en Lausana, Suiza. Y este caso acometen, para gozo del público con un valsecito: Quisiera amarte menos, por Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.
 .

                                   
Delicatessen.                                      

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