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domingo, 21 de agosto de 2022

viernes, 19 de agosto de 2022

Los cantores de D'Arienzo

    El Rey del compás le dio mucha manija a los cantores de su orquesta. Por su rítmica y exitosa formación pasaron entre los años 1928 y 2015, 19 vocalistas, entre los que no contamos a invitados ocasionales como Libertad Lamarque, Antonio Prieto o Mercedes Serrano, que también pusieron su voz en grabaciones de la orquesta. 

   Algunos de sus vocalistas no llegaron al disco, como fue el caso de Rafael Cisca y Mario Landi. El que más temas grabó con Juan D'Arienzo fue Armando Laborde que estuvo en tres etapas distintas con la orquesta. Muchos  de sus registros discográficos son en dúo con Echagüe y también sumó otros con Osvaldo Ramos.

                           

D'Arienzo con su cantores Héctor Mauré y Juan Carlos Lamas

   Alberto Echagüe fue, sin la menor duda, "la voz" de la orquesta con el Rey del compás. El que más se identificó con el estilo nervioso, pujante, arrabalero que le imprimía D'Arienzo a su formación. Además, los tangos reos, le calzaban como anillo al dedo y logró infinidad de éxitos en forma de venta de discos con sus creaciones. Tiene apenas un tema menos que Laborde en la discografía darienzana. 

   En tren de elegir voces, me quedo sin dudas con la etapa de Héctor Mauré, que se consagró con D'Arienzo. Dejó 50 grabaciones  con esta orquesta que siguen iluminando el parqué milonguero y son muy atractivas para escuchar. Mauré se retiró de la formación para triunfar como solista, con su estilo gardeliano, pero en la milonga suenan seguidos sus registros con D'Arienzo. Ideales para la oreja, el cuore y para bailar.

                                     


   A fines de los años cincuenta y en los sesenta, el tango estaba de capa caída. Había desaparecido, casi, de las emisoras radiales, las grabadoras se se alinearon con los nuevos ritmos, las nuevas figuras de otros géneros,  y fueron cerrándose las milongas de los barrios y las orquestas, con poco trabajo, desaparecían, se achicaban y sobrevivían como podían. D'Arienzo con ojo y oído avizor enganchó a dos cantores de peso: Mario Bustos y Jorge Valdez. Especialmente con éste último siguió arrasando.

   Bustos venía con su curriculum debajo del brazo y supo aguantar los latigazos rítmicos de la orquesta, a los que no estaba acostumbrado. Valdez erra un desconocido y se ganó a todos con su voz muy musical, sus calderones finales y esos fiattos falseteados que sorprendieron tanto y que sirvieron para levantar al conjunto en general, en esa época destemplada para el tango.

   Desde 1965 hasta el final, estaría otra vez Laborde, ahora con Osvaldo Ramos, completando Echagüe en 1968 el inusual trío que encajó el director. .Esta es la lista de los cantores que militaron en la orquesta de Juan D'Arienzo y la cantidad de temas grabados por cada uno, incluídos los interpretados en dúo.

                               

Carlos Dante: Grabó 28 temas 

Raquel Notar : Grabó 3 temas 

Francisco Fiorentino: Grabó 7 temas 

Rafael Cisca: No Grabó 

Walter Cabral: Grabó 4 temas 

Mario Landi: No Grabó 

Enrique Carbel: Grabó 1 tema 

Alberto Echagüe: Grabó 135 temas 

Alberto Reinal: Grabó 16 temas 

Carlos Casares: Grabó 3 temas 

Héctor Mauré: Grabó 50 temas 

Juan Carlos Lamas: Grabó 11 temas 

Armando Laborde: Grabó 136 temas 

Rodolfo Lemos: Grabó 7 temas 

Mario Bustos: Grabó 36 temas 

Jorge Valdez: Grabó 115 temas 

Horacio Palma: Grabó 36 temas 

Héctor Millán: Grabó 9 temas 

Osvaldo Ramos: Grabó 68 temas

     

   Podemos escuchar un tango: Humillación, de Rodolfo Biagi y Carlos Bahr, grabado por D'Arienzo-Mauré el 14 de julio de 1941.

                                           


     Y esta hermosa versión de la milonga de Alfredo Marino: Del pasado, que cantan a dúo Echagüe y Laborde. Fue grabada el 24 de diciembre de 1945.

                                          


                                                         

jueves, 18 de agosto de 2022

El tango alumbra esta joyita

 


   

   Podemos escuchar de fondo el tango de Esteban Gilardi: El embrollo. Pero no hay embrollo sino una obrita de arte entre la foca y la maestra de danza.  La complicidad de ella con el animal es increíble.. 

    Para algunos se escucha de fondo a la orquesta de Osvaldo Pugliese. Para otros es la de Domingo Federico. 

    Considero que eso es lo de menos, al observar los movimientos del animal y la mujer que nos deleitan con esta deliciosa interpretación. 

   ¡Atenti!

                           

Lástima que sea tan cortita... Porque nos estábamos enganchando con la interpretación,

miércoles, 17 de agosto de 2022

Pascual Mamone

    Así como Troilo era Pichuco para todos, Biagi Manos Brujas o Goyeneche El Polaco a este bandoneonista, compositor, director-arreglador, en el ambiente se lo conocía como El Cholo Mamone. Y lo cierto es que en la década del cincuenta ya empezó a mostrar sus uñas de guitarrero haciendo numerosos arreglos para orquestas importantes que confiaban en su gran talento para el mettier. Con sus sutilezas, abriendo trochas, sin caer en estereotipos ni clichés.

   Aprendió a tocar el bandoneón de pibe. Ser discípulo de Pedro Maffia le dió la enjundia ideal para manejar el fueye y poco a poco destacar en el reino de las emociones tangueras. Tocó en un par de orquestas de aficionados en su barrio de Liniers y por mediación de un vecino que era marinero, se enganchó en un barco que hacía la travesía Buenos Aires-Nueva York, para matizar el vieja con su fueye.. En 1942 ingresó en la orquesta de su maestro, y allí alcanzaría la capacidad cognitiva y atraparía el paisaje mediático del tango.

                                              


   Su talento de arreglador pronto cobró fama en el ambiente y lo requirieron distintos directores que captaron su creatividad y el concepto estético-musical de cada orquesta. Así se desempeñó en tal función con las orquestas de Alfredo Gobbi, Osvaldo Pugliese, Pedro Maffia,  José Basso, Pedro Laurenz, Florindo Sassone, Roberto Caló, Enrique Francini y otras formaciones de la época. 

  Había tenido una amarga experiencia con un proyecto musical de gran orquesta y al fracasar la idea decidió dejar el tango y trabajar como visitador médico. Una vez pasada la rabieta, volvería al tango pero no abandonó este último trabajo que le garantizaba una entrada segura de dinero, a la vez que acompañaba a diversos cantores y cantantes femeninas con su orquesta y en grabaciones. 

   Una lista muy larga de vocalistas que incluye nombres como Miguel Montero, Nelly Omar, Hugo del Carril, Nelly Vázquez, Alberto Marino, María Volonté,  Floreal Ruiz, Patricia Lasala, Luis Linares, Chela Cordero, Carlos Maidana, Silvana Gregori... Con varios de ellos viajó por América, Europa, Japón... 

     En 1963, para el Concurso del Festival Odol de la canción, un médico amigo Juan Bautista Tiggi, le trajo unos versos susyos con el fin de que les pusiera música y así poder presentarse al Concurso. El Cholo le aceptó el pedido y se convertiría en una milonga titulada, Cuando era mía mi vieja. El tema obtuvo el segundo puesto, detrás del tango El último café, y sería grabada por  Rodolfo Lesica-Jorge Caldara, y por su gran amigo Julio Sosa, acompañado por Leopoldo Federico y su orquesta. 

    Lo conocí cuando militaba como primer fueye en la orquesta de Armando Cupo que acompañaba a Alberto Morán en su etapa de solista. Actuaban todas las noches en la confitería Montecarlo donde yo iba a bailar permanentemente y tenía mi mesita reservada pese a ser un jovenzuelo. En los descansos, alguna vez se juntaban los muchachos a charlar con el flaco Morán, con Cupo y otros músicos y entre ellos el Cholo, que era muy simpático. Yo me arrimaba al ruedo y por ahí tiraba alguna pregunta. 

   Morán lo quería a muerte porque había sido arreglador de Pugliese durante quince años, y le había hecho ese trabajo en el tango Y volvemos a querernos, de Leocata y Aznar, tema que él cantó con la orquesta de Don Osvaldo y por eso lo apreciaba tanto. Curiosamente, este último tango, que fue una pegada en su momento, también lo arregló Mamone para la orquesta de Sassone, cantando Jorge Casal, en un estilo totalmente distinto, lo que demuestra sus gran capacidad en el tema.

                                       

  Dirigió orquestas, tríos, cuartetos siempre mostrando una creatividad infinita, como en sus acompañamientos, realzando musicalmente el embrujo de la poesía tanguera. Junto a Argentino Galván fueron una pieza fundamental en los arreglos. En este apartado estuvo poseído de una cálida sensibilidad y maestría que le permitió lograr verdaderos capolavoros. Fue además, un bandoneonista destacado, de la escuela Maffia, pero con su personalidad. Admiraba el estilo Di Sarli y la personalidad musical de Pichuco con su orquesta. 

   Dirigió durante un tiempo prolongado la Orquesta de Tango de la Municipalidad de San Martín. También dirigió  La orquesta Nacional Juan de Dios Filiberto. Compuso varios tangos: Negroide, Cuando no te tenga más,  Al latir de Buenos Aires (Con Norberto Rizzi) , Te quiero más (Letra de Abel Aznar), Vislumbrando,  Con lirismo, Flauteando  y otros. Hizo los arreglos para Leo Lipesker y su Cuarteto de Cámara del tango.  

   Escribió dos libros: Tratado de Orquestación en estilos tangueros (Para formaciones tangueras) Leopoldo Federico y Atilio Stampone realizaron sendos prólogos para el mismo. También: Historias de otros tiempos y otros hombres. La Academia Nacional del Tango le otorgó el título de "Académico de honor". La Academia Porteña del Lunfardo lo declaró "Gloria del Tango"- La Universidad UCES lo nombró Padrino de "Taller Tango". La Cámara de Diputados, el 2 de agosto de 2012  lo consagró:  Personalidad Destacada de la Ciudad  por su extensa trayectoria y aporte a la cultura. 

   Podemos escuchar a Choly Cordero, cantando con la orquesta del Cholo Mamone el valsecito Ayer fue mejor, de Mamone y Héctor Negro. 

                          

         El 11 de septiembre de 2012 se realizó un homenaje a Aníbal Troilo en el teatro Maipo, con diez bandoneonistas. Cada uno de ellos interpretaba un tema de Pichuco. A Pascual Mamone le tocó Milonguero triste. Cuatro días más tarde este gran personaje del tango fallecía, a sus 91 años,  dejándonos el último recuerdo suyo en vida.

                                         
                      

  

viernes, 12 de agosto de 2022

Carmencita Calderón

 

La mítica compañera de El Cachafaz


   En aquellos ambientes iniciáticos del tango, de caña fuerte, de humo de tabaco espeso y ordinario, de competencia bravía, camorrera, la mujer apenas despuntaba su presencia a través de prostitutas extranjeras —en su mayoría francesas— o chicas del interior conocidas popularmente como chinas.

   La danza porteña nació bastarda, machista y orillera y a las féminas les costó su tiempo franquear esas puertas prohibidas incluso para la sociedad pacata de la época. Pero el tango supo esperarlas y les dio el salvoconducto en su aduana a las musas milongueras que venían a iluminar las nuevas pistas bailables en salones y clubes que desplazaban a academias, bailongos y cabarutes.

El Cachafaz y Carmencita
                          

    Para ello debió abandonar la procacidad de sus movimientos, transformándolos en una sustancia íntima, sensual, recoleta, que abarcaba a una comunidad cuyos sentimientos eran intransferibles y donde machos y minas compartían una pasión común. Uno y otro creaban al compás de la música, el hombre llevando, marcando compases y pasos, la mujer interpretando el modo de devolver y disfrutar en su cuerpo lo que el bailarín le estaba proponiendo.
    
   Y en este rincón nos reconforta traer por las coordenadas del recuerdo a esa viejecita que se nos fue hace muy poco, llamada Carmen Micaela Riso de Cancellieri, aunque artísticamente al haber adopatado el apellido de su abuela materna española, se la conoció como Carmencita Calderón y que durante años fue pionera y arquetipo, en la sala y el escenario, en academias, en cine, en giras, acompañando a bailarines de luenga fama y desafiando los prejuicios de la época, porque no sólo el tango era machista.

   Me gustaba tirarle de la lengua para que hablara de aquellos tiempos en que se la admiró tanto:

-Hoy día hay muchos bailarines como el Cachafaz, y bailarinas completísimas...
-¡No diga eso, por favor! El Cacha fue el más grande de todos —respondía exaltada—. Nadie ha hecho los pasos de él, nadie fue tan elegante, nadie inventó tanto...

                                 

   Carmencita, como le llamábamos todos, fue una reina pero el marketing de la época no daba más que para una jubilación mínima. Aprendió a bailar a los 13 años en casa, con su hermano Eduardo y no soñó jamás con un futuro de bailarina profesional. Una noche de 1932 acompañó a las dos hermanas menores a bailar al Club Sin Rumbo en su barrio de Villa Urquiza. La madre había muerto joven y ella acudía en calidad de celadora, aunque tenía nada más que 27 años. Unos amigos que conocían sus habilidades la pincharon para que bailara con un habitué de mucho prestigio.

-Era un señor italiano, pelado, que había quedado viudo hacía poco. Ahí me acordé que yo había visto pasar el cortejo desde la ventana de casa, en la avenida Constituyentes. No me parecía nada del otro mundo, así que les hice caso y bailé con él -recordaba Carmencita.

   El bailarín en cuestión era nada menos que Tarila -José Giambuzzi- maestro de muchos destacados, que después de unos cuantos tangos, le hizo una proposición.
-¿No querría usted bailar conmigo en mi Academia y con El Cachafaz en la suya?

   Cachafaz fue la palabra mágica y, al día siguiente, estaba ella en el café de Corrientes y Talcahuano donde paraba El Cacha todas las tardes y donde le presentaría a su gran amigo, Carlo0s Gardel y a otros de su barra como Alippi, Muiño o Tito Lusiardo, pues la primera mesa de la confitería era su secretaría.

   El Cachafaz era feo, picado de viruela, tenía una pinta casi patibularia, que lograba desvanecer cuando patinaba sus charoles por el encerado y a su lado como abrojito prendida, Carmen completaría el rubro más emblemático. Debutaron con la orquesta de Pedro Maffia en el Teatro de San Fernando, hicieron numerosas giras, sobre todo con Canaro y su Historia del Tango, y la última presentación juntos fue en 1942 en Mar del Plata.

   Después de bailar "Don Juan", en los camarines, El Cacha —55 años—, caería fulminado de un síncope. Ese año 42, en un Palermo Palace atestado, con la orquesta de  Ángel D'Agostino—que también era bailarín— y la voz de Ángel Vargas, Carmencita fue aclamada por los milongueros, haciendo pareja con El Pibe Palermo -José María Baña-.

   Siempre supo que dejarse llevar por un hombre en la pista o el escenario no es subordinarse o ser sometida por el macho, sino aceptar su conducción para poder bailar. Y así, mientras el brazo como una serpiente se enrosca en el talle que se va a quebrar, ella, en trance, navegando en la latitud del pentagrama, ignorando a veces el alarde sombrío de algunos hombres, improvisaba con ellos figuras y dibujos complicados que despertaban admiración.

   Surgida de la escuela popular, de los salones y clubes barriales, su lenguaje corporal era único, henchido de sentimiento y de una bizarra simplicidad que no se aprende en academias. No fue mujer ni amante del mítico Cacha, que siempre la trató de usted, aunque le llevaba 16 años de edad. ¡Jamás ensayó coreografía alguna! Y recordaba a su madre como la maestra secreta:

-Siempre me decía: "Levantá la cabeza y no mirés al suelo" , y me corregía la postura. Murió con 39 años, pobre, y mi padre se murió sin saber que yo bailaba tangos, porque estaba muy mal visto.

    El tiempo la gastó como a cualquier criatura pero su magisterio de avanzada pergeñó a futuro que la milonguera sabe dejarse llevar validando la propuesta del varón que baila bien. Y que merced a su sensibilidad tanguera, a su entrega y dedicación, con su propio estilo y convicción, logrará junto a él una emoción intransferible.

   La vi bailar ya muy mayor, junto a Juancito Averna, y mantenía ese fuego interior, notable precisión en el ritmo , moviéndose al compás de la música y de los erráticos dibujos que le proponía su joven compañero, con una emoción antigua y renovada. Bailó con El Cacha en la película Carnaval de Antaño, de 1940, estuvo 10 años junto a él, acompañó a otros bailarines y es reconocida generosamente por sus sucesoras.

                                     
   Carmencita trasmitía ese tango que se silbaba y se tarareaba por las calles y que su madre cantaba mientras lavaba la ropa. El que se caminaba por las pistas porteñas sin ganchos ni voleos espectaculares, pero con un abrazo intransferible, único, deslizando la suela por el piso, sin verso ni franela, porque por sobre todo lo primero era bailar y sentir el fueye del Gordo, el piano del Tuerto o el compás de Juan D'Arienzo.

    Carmencita siguió sumando, falleció centenaria, y al recrearla en ajadas fotografías , homenajeamos en su persona a todas las milongueras que acuden en las pistas al llamado ancestral del tango.

José Gobello la definió así: "Vos sos la piba sin tiempo / milonguera de alto rango, / sos eterna como el tango que te lleva en su compás. / Carmencita Calderón las baldosas se estremecen / presintiendo tus quebradas, tus corridas, tus sentadas / cuando invitan a bailar". 

Amén.

(La escribí originalmente en la revista "Gilda" y se publicó en "Todo Tango")

  Podemos ver a El Cachafaz y Carmencita bailando en la película "Tango", del año 1933, dirigida por Luis Moglia Barth. Lo hacen al compás del Conjunto de la Guardia vieja, comandado por Ernesto Ponzio, en el cual se divisa a Juan Carlos Bazán con su clarinete.

                            

miércoles, 10 de agosto de 2022

Un regalo

    Quiero agradecer públicamente a través de mi página este regalo que me ha hecho la Junta Barrial de Estudios Históricos de Villa Crespo.  Ese barrio de donde emergieron tantos próceres de la música, los versos y el baile del Tango argentino
 






sábado, 6 de agosto de 2022

La milonga y yo

   Los milongueros nos sentimos muy identificados con Leopoldo Díaz Vélez, ese poeta que fue cantor, recitador y hombre del tango desde muy jovencito, influenciado por su padre, hincha de Gardel. Con él fue a verlo al gran cantor a un teatro de su barrio Norte, y el pequeño Leopoldo contaba con apenas 8 años de edad.

   Como cantor, militó en orquestas importantes, animando milongas y recibiendo ese espaldarazo que dan las parejas bailando y transmitiendo la emoción que les producen, e iluminan, la música y el canto. Esta experiencia le sirvió -y cómo- para reproducir en tangos y milongas todo ese ambiente que hemos vivido en carne propia durante años y seguimos frecuentándolo como un antídoto para circunstancias adversas o poco atractivas.

                                 

Leopoldo Díaz Vélez

   La milonga y yo fue concebida a pedido de Tita Merello, que la cantaría en la película Esto es alegría. dirigida por Enrique Carreras y estrenada en 1968. Tito Ribero le puso música. El propio Leopoldo Díaz la cantaba con la orquesta de Armando Pontier en los bailes de Carnaval del Centro Lucense, en 1980. 

   Y es un tema más de Díaz Vélez dedicado al sitio donde se milonguea a tope. Algunas de sus creaciones que versan sobre el tema y que muestran su sensación al respecto, creo que quedan perfectamente claras: Muchachos, comienza la ronda, En el salón, A bailar el tango, Salimos a bailar, Mil novecientos diez, Muchachos se armó la milonga.

                                


    El poeta-cantor realza a los fantasmas de una época milonguera iniciática y es el nexo alquímico entre la mitología del pasado con sus paradas canyengues, y la temperatura emocional del presente que está viviendo. En toda esa chatarrería sentimental muestra a los eternos aspirantes a una gloria incierta. Alegorías de la vida humana con una atávica y diluvial simbología. Y la estirpe milonguera reviviendo en imágenes.

Con la milonga la voy de igual a igual
porque también soy milonga...
Nací en un barrio sencillo y querendón
y me fajaron al son de un bandoneón.
Cuando hubo bronca entre guapos
no siempre el más taura
quedaba de capo.
Se caminaba con aire sobrador,
Se chamuyaba al revés por diversión,
y era el piropo una industria nacional
florida y sentimental.
Con la milonga la voy de igual a igual
Somos del mismo arrabal.

   Luego vienen los confetis sintácticos, saturados de noche como si estuviera en un purgatorio existencial infestado de jergas, ruidos, músicos, bailarines. Paisajes del alma escorados que se asientan en los mitos esenciales de nuestra tradición tanguera. Para eso también se vale de la evocación de esas imágenes que nos transmite y que atan un recuerdo fáustico. La realidad siempre tiene una razón que la impulsa en el pasado acribillado de recuerdos.

Vamos, subiendo la cuesta
que arriba la noche
se viste de fiesta;
vamos, que arrullan los fueyes
y al ritmo de un tango
recuerdos nos llueven..
Veo pasar a Don Juan y El Cachafaz
Y a El Entrerriano montando El Pangaré,
Con la La Morocha agentina
Y la casquivana Ivette...
Con la milonga la voy de igual a igual
Yo soy porteño de ley.

                                         


   El epítome deja atrás los retazos del antes y el después, y se sumerge en el relato de sus noches venturosas, la burbuja de la fantasía, esas pasiones inalterables. Perdura la nostalgia, porque aferrado al cordón umbilical, hace crisol de su ejecución incrementando la fascinación  y poniendo el énfasis en la ceremonia y la  pasión milonguera. Así la convierte en una pintura cromático-romántica. 

En un convoy de San Telmo florecí
entre perfume de rosas y jazmín,
y no hubo noche de plata
que no me prendiera 
a la serenata.
Por amistades no me pude quejar
-desde el más taura al shusheta más bacán-,
Y pa´ bailar fue lo mismo en el salón
que el patio del corralón...
Con la milonga la voy de igual a igual...
Somos del mismo arrabal.
 

    La interpretación de Tita Merello, merece ser recordada porque realza el valor de esta milonga.