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miércoles, 5 de agosto de 2026

"Viejo Tortoni"

 Héctor Negro: "Poco tiempo después que el palco del Café Tortoni volviera a llenarse de tangos, comencé a entreverarme cn algunas noches de "La Bodega". Otra vez el arte llenaba ese ámbito en el que muy pronto empecé a ser protagonista con los compañeros de la revista "Buenos Aires, Tango y lo demás".

Presentaciones de la revista, de libros de poesía, de discos; con tangos, cantores, poetas, músicos y bailarines, sirvieron para convocar a viejos duendes del Café. Era como recuperar la historia de aquella "Peña" que allí había sido. En el sótano, que era la famosa "Bodega", con su escenario, su atmósfera especial y su historia. Del asiento de espectador, pasé un día al escenario, a decir mis versos, a presentar a algún músico o cantor...

De a poco me fui enterando de pedacitos de su historia: en esa mesita leía poemas Alfonsina Storni cuando en el sótano funcionaba la legendaria "Peña" de Quinquela Martín, a la cual solían concurrir Baldomero Fernández Moreno, Raúl González Tuñón, Carlos de la Púa y otros notables que llenaban de bullicio y poesía el recinto. Hasta allí había llegado una vez, caminando desde la Casa Rosada, el presidente Alvear. 

Y bajó hasta el sótano atraído por la fama de la "Peña" y sus habitués. Justo cuando leían versos Tuñón y de la Púa...En ese subyugante escenario había cantado Carlos Gardel, había debutado la orquesta de Juan de Dios Filiberto, había actuado Josefine Baker...y muchos nombres relevantes que se sumaban a una lista increíble.

Estuvimos algunos años, con la muchachada de la Revista"Buenos Aires Tango y lo demás", organizando recitales de música, canciones y poesía; presentando libros, discos, espectáculos; lunes a lunes, en noches memorables. Ya había aprendido a descubrir a los duendes del Café y hasta los sentía aletear en las paredes. Arriba y abajo. 

Héctor Negro (Ismael Héctor Varela)

Esa atmósfera me envolvía y me sentí orgullosamente parte de todo eso. Tanto, que le pedí a Fanego (uno de los dueños), datos, referencias, algunas pequeñas historias que algunos escribieron, testimonios... Un día sentí que era mucho lo que estaba acumulando, vivencial y documentalmente. Mucho lo que el Tortoni me había dado a mí y a Buenos Aires, y mucho lo que nos seguía dando. 

¿Qué cosa mejor podría brindarle que un tango? Era cuestión de atreverse. Los versos salieron casi de "un tirón". Fue porque ya "estaban adentro". Tenía muy en claro que había que conjugar su pasado con su presente, lo que había pasado con lo que estaba pasando. Las figuras de ayer con las voces de hoy. Los antiguos fantasmas con los duendes que aún lo habitaban. Cantarle a un lugar que era parte de la historia de la ciudad, pero a la vez un ineludible sitio de su presente. Con historia, pero vivo...                                                                                                                                                                                  Quise conocer esa historia, las leyendas y anécdotas que se contaban. Hablando con algunos viejos protagonistas, accediendo a la información que me facilitó el "alma máter" del Tortoni, Roberto Fanego y leyendo antiguos recortes, la magia me ganó y quise juntar aquella historia con el fuego encendido del presente.

La estructura poética del Tango me permitió encontrar el mejor lenguaje. Y con inspiración y pasión, nacieron los versos de Viejo Tortoni. Después de pensarlo, sentí que la destinataria de esos versos debía ser Eladia Blázquez.  Ése era el tango que nos habíamos prometido mutuamente. No obstante, tuve que convencerla para que aceptara.

Su modestia me recomendaba a otros posibles compositores presuntamente más apropiados. Insistí, y como la "letra" le gustó, se la llevó, al poco tiempo estaba terminada la primera parte de la música. La segunda tardó más. Eladia rompió su estructura y armó una nueva que le fue permitiendo un hallazgo melódico.                                                                                                                                                                                              


Un día me llamó para hacerme escuchar lo que había resultado. Era justo lo que yo había intuído. Cuando terminó de cantarlo esa primera vez, había nacido Viejo Tortoni. Era el año 1979"...


Se me hace que el palco llovizna recuerdos,
que allá en la Avenida se asoman, tal vez,
bohemios de antaño y que están volviendo
aquellos baluartes del viejo Café.
Tortoni de ahora, te habita aquel tiempo.
Historia que vive en tu muda pared.
Y un eco cercano de voces que fueron
se acoda en las mesas, cordial habitué.

Viejo Tortoni.
Refugio fiel
de la amistad junto al pocillo de café.
En este sótano de hoy, la magia sigue igual
y un duende nos recibe en el umbral.
Viejo Tortoni. En tu color
están Quinquela y el poema de Tuñón.
Y el tango aquel de Filiberto,
como vos, no ha muerto,
vive sin decir adiós.

Se me hace que escucho la voz de Carlitos,
desde esta "Bodega" que vuelve a vivir.
Que están Baldomero y aquel infinito
fervor de la "Peña", llegando hasta aquí.
Tortoni de ahora, tan joven y antiguo,
con algo de templo, de posta y de Bar.
Azul, recalada, si el fuego es el mismo,
¿quién dijo que acaso no sirve soñar?


 Eladia Blázquez lo grabó acompañada por el Sexteto Mayor, en diciembre de 1979.

                       






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