Como les adelanté en el Blog, este miércoles 11 de junio pasado, le rendimos un homenaje al Centenario del nacimiento de Aníbal Troilo, en el Teatro de la hermosa Casa de Vacas, en el Parque madrileño del Retiro. El mismo estuvo organizado por la Embajada Argentina en Madrid, en colaboración con Casa Argentina, el Colegio Mayor Argentino y el apoyo de tres Bodegas.
Fue una cálida tarde-noche de reencuentro con el mítico autor de Sur o Responso y símbolo de la porteñidad por todo lo que nos hizo vivir., por su sentido de la amistad, por su querencia noctámbula, rodeado por tanta gente que él quería. Tuve la suerte de poder conducir el espectáculo y por la fortuna de conocerlo y chamuyar varias veces con él, la invitación me produjo esa satisfacción interna de volver a revivirlo una vez más.
Pero fueron los músicos quienes los trajeron con sus composiciones para deleitar al público que colmó las instalaciones -quedó gente sin poder entrar-, quienes lo devolvieron con la magia de esos compases tangueros escritos por Pichuco. Responso, por ejemplo, fue espléndidamente ejecutado por Marcelo Raigal en el piano, la dirección y los arreglos; Fernando Fiszbein en bandoneón, Nicolás Quintela en contrabajo y Viginia González en el violín. Realmente muy buenos músicos, que merecieron de largo el reconocimiento espontáneo de los espectadores y de todos nosotros.
Bailaron dos parejas que fueron muy aplaudidas por sus interpretaciones. Juanma y Natalia, en la imagen de arriba y Jorge y Andrea que están en la de abajo.
En un homenaje a Troilo, no podía faltar la guitarra. Pichuco siempre la consideró como una parte importante del Tango, ya que en los tríos primitivos fundadores del género, siempre había una guitarra junto al violín y a la flauta, antes que llegasen el piano y más tarde el bandoneón. Y acompañaron a los grandes cantores de la historia. Pichuco tocó en dúos, tríos o cuartetos con Roberto Grela, Edmundo Zaldívar (h), Ubaldo De Lío y al final con Aníbal Arias. Y acá estuvo Il faut Tango dúo, recién llegados de Argentina, integrado por Marcos Martignano y Flavio Romanelli que interpretaron dos temas de Pichuco. El valsecito Romance de barrio y el tango A la Guardia nueva.
Las voces fueron, en primer término las del cantor rosarino Juan Delgado, que interpretó Lo que vos te merecés, La última y la milonga El conventillo.
Aparte de presentar a los diversos artistas que actuaron en la fiesta-homenaje, pude rendir mi tributo a Pichuco, recitando el poema que le dediqué en su día: Dogor (Una semblanza de Pichuco), que está compuesto en lunfardo, que era la sublengua que usaba Troilo en la parla diaria. Incluso le gustaba mucho hablar al revés, sellar apodos o acortar las palabras.
Graciela Giordano le puso su contrastada voz de cantante a los temas Toda mi vida, Sur y La última curda. Incluso al final fue un placer escucharla en el bello poema de Humberto Constantini: Pichuco, al que Marcelo Raigal le adaptó música de tango. Resultó todo un golazo. Además Graciela fue la autora del guión y de la organización general.
Se pasó un video-reportaje de Antonio Carrizo a Aníbal Troilo y se cerró la función con la ejecución por parte de la orquesta, del tango de Mariano Mores y José María Contursi: La calesita, que cantaron a dúo Graciela y Juan, yo recité los versitos, el inicial y el final (hechos por Ángel Cárdenas) y bailaron las dos parejas. Muy bueno.
Y finalmente fui presentando uno por uno a todos los participantes en el Homenaje, que fueron muy aplaudidos, incluso Nestor Cprinter, autor del audiovisual que le dio realce a la fiesta y Mariano Natucci que manejó las luces y el sonido
Acá están los artistas saludando al público en la despedida.
De izq. Juan, Marcelo, Juanma, Virginia, Graciela, Fernando, Andrea, Jorge, Jose Ma., Flavio, Nicolás, Natalia y Marcos.
Se admiraban mutuamente y Pichuco no dudó en decirlo públicamente en cada oportunidad que le preguntaron sobre la mejor orquesta: "Ponga Di Sarli y se acabó. Es la más grande, la mejor, la más maravillosa para bailar y para escuchar".
Troilo era amigo de Pugliese, de Gobbi, a los cuales quería mucho, habían sido compañeros y pensaba de ellos algo parecido, que eran directores de grandes orquestas. Pero Di Sarli le llegaba muy adentro e iba con Zita al Marabú para bailar, cuando el maestro de Bahía Blanca tenía su reducto en esta sala de la calle Maipú, donde Pichuco había debutado con su orquesta, en 1937.
Biagi, Calabrese, Jose M. Contursi, Vitale, Troilo, Bucino, Leguisamo, Zita y Adolfo Carabelli
Por su parte Di Sarli, que era muy reservado y no frecuentaba los círculos noctámbulos por los que desfilaba la bohemia de los años dorados del tango, tenía un gran cariño por Troilo y se iba a sentar a su mesa en los descansos de la orquesta. En cambio con D'Arienzo mantenían una antipatía mutua, aunque no lo hicieran público, para el comentario de la gente y la prensa.
Julio Jorge Nelson presenta a Rivero, Troilo, Di Sarli y Pepe Corriale, gran baterista.
Ángel Vázquez había sido el representante y hombre de confianza de Di Sarli y con el tiempo se convirtió en gerente de publicidad del Diario la Razón, en el que yo trabajé durante 12 años. Y mantenía una muy buena relación con él, incluso a veces íbamos a tomar un café en el boliche que estaba junto al periódico, o al Tortoni que quedaba a unos 60 metros.
También compartimos buenos momentos con su familia y sus hijos en un Balneario de Punta Mogotes, en Mar del Plata, adonde concurrían muchos futbolistas, periodistas y entrenadores, y al cual yo había ayudado mucho a crecer porque mandaba notas desde allí mismo mencionando a ese hermoso lugar. Precisamente allí inventaría un espacio que haría suceso en el Diario: Lo bauticé: "Dialoguitos en la arena" y ya en Buenos Aires lo retitulé: "Dialoguitos en el asfalto". La familia de Vázquez y él mismo, eran todos hinchas de River y les gustaba que les explicase cosas vinculadas al club de Núñez y a sus futbolistas.
Y Vázquez me contó que esa manifiesta antipatía de Di Sarli con "El Rey del compás", nació en Radio El Mundo donde ambas orquestas eran gran atractivo de la emisora. Resultó que una mañana Di Sarli estaba ensayando con su conjunto en una sala de la misma y D'Arienzo al pasar comentó con unos músicos suyos que "Esa orquesta, con esta clase de sonido no va a llegar nunca a nada". Se lo contaron al aludido y jamás le perdonó tales palabras.
En cambio, "con Pichuco era algo fraterno, mutuo. Se admiraban y se tenían un gran cariño y respeto profesional" me explicaba. Además Troilo manifestó públicamente su adoración por el sonido de la orquesta de Di Sarli y esas cosas distintas que hacía con sus manos en el piano. "Una especie de campanitas melodiosas que te iluminan. Te dan ganas de bailar", decía el Gordo.
Pichuco bailando con Zita
En realidad, Pichuco fue amigo de todo el mundo. No tenía celos ni envidias. Incluso con D'Arienzo mantuvieron una estrecha amistad, y reconocía que había sido la orquesta que con su empuje levantó el tango en momentos en que el género estaba alejado del gusto del público. Y no vaciló en ir a reforzar su línea de bandoneones cuando éste lo llamó para unas grabaciones.
D'Arienzo, Troilo y Razzano en un festejo en la Radio
Antonio Carrizo, con quien trabajé en Radio El Mundo, me contó que intentó con mucha diplomacia mediar entre D'Arienzo y Di Sarli, pero fue el mismo Troilo quien le dijo. "Dejalo así", para evitarle problemas. Y con esas dos palabras, el "Lunguito", como le llamaba Pichuco al gran locutor, prefirió quedarse quieto.
Troilo se había quedado prendado de la versión que había conseguido Di Sarli con el maravilloso tango de Eduardo Arolas: La trilla. Durante años tuvo la tentación de incorporarlo a su repertorio, pero lo frenaba aquella intepretación milonguera del hombre de Bahía Blanca en el cuarenta. Finalmente, le pidió a Raúl Garello en 1969 que le hiciera un arreglo y así lo grabó el 12 de agosto de 1969.
Dos versiones distintas, pero geniales ambas. Di Sarli lo grabó el 15 de febrero de 1940.
Con motivo del Centenario del nacimiento de Pichuco, que se cumplirá el próximo 11 de julio, por iniciativa de la Embajada Argentina en Madrid y Casa Argentina, le haremos un homenaje mañana, 11 de junio, en la hermosa Casa de Vacas del Parque del Retiro, en Madrid. El aforo está completo desde hace varios días, por lo cual no es aconsejable intentar conseguir una entrada. Eso sí, podrán ingresar al final del espectáculo aquellos que quieran disfrutar de la milonga posterior en la terraza.
Actuarán cantantes, orquesta, parejas de bailarines, dúo de guitarristas, y a mí me tocará el papel de conductor del acto. Además recitaré un poema que le dediqué a Pichuco. Graciela Giordano por su parte, además de cantar, es la directora del espectáculo.
A los tangueros nos place muchísimo comprobar este reconocimiento mundial a los valores de Aníbal Troilo y la sucesión de homenajes que se le están brindando en diferentes ciudades y sitios de tango. Todo lo que fue sembrando lo está recogiendo 39 años después de su alejamiento definitivo de este mundo.
Pichuco a los 10 años, de centrehalf en la línea media de Defensores de Palermo, junto a Tito y Yacumín, ése que cita en su recordado poema, Nocturno a mi barrio:
Pero yo me lo acuerdo así: con Yacumín, el carbuña de la esquina, que tenía las hornallas llenas de hollín y que jugó siempre de jás izquierdo al lado mío, siempre, siempre... tal vez pa'estar más cerca de mi corazón....
Y así establecía el paralelo entre el tango y el fútbol: "El fuelle me atraía tanto como una pelota de fútbol. La vieja se hizo
rogar un poco, pero al final me dio el gusto y tuve mi primer bandoneón:
diez pesos por mes en catorce cuotas. Y desde entonces nunca me separé
de él".
De entre la parva derecuerdos que me trae Pichuco, me centro en aquel momento que decide buscar un cantor para acompañar a su único vocalista que era Fiorentino. Era el año 1942, cuando varios amigos le insistieron con la posibilidad de incluir a Roberto Rufino, que había marcado unos momentos fabulosos con Carlos Di Sarli y de cuya orquesta se había separado momentáneamente.
Abíbal Troilo y Alberto Marino
Estaba entonces cantando con la orquesta típica de Emilio Orlando y allí fue con su representante, Elvio Vitale, a escucharlo y hablar con él. Y justo cantaba esa noche otro cantor de 22 años, sin pedigrí que a Troilo le llamó mucho la atención, era el tanito Alberto Marino (Vicente Alberto Marinaro). Luego de escuchar atentamente a ambos con su oreja infalible, le dijo a su acompañante.
-Vitale, arregle con el morochito (que era Marino)
Fue un cantor que marcó toda una época de Pichuco y al que Alfredo Gobbi apodaría: La voz de oro del tango. El 5 de abril de 1942, debutaría con Aníbal Troilo en el Tibidabo en medio de una gran expectativa y lograría éxitos en fila con los temas que iría estrenando. Luego de cuatro años de estar con Pichuco decidiría independizarse, lanzado a toda carrera hasta el estrellato.
Lo recuerdo con la orquesta de Pichuco en este entrañable tema del propio Troilo y José María Contursi grabado del 28 de noviembre de 1946: Mi tango triste.
Aunque su nombre no tenga el impacto popular de otros músicos de tango, ha sido uno de los que más trabajó en los distintos rubros del mismo. Fue pianista, director, compositor y arreglador. En este último rubro realizó su primer arreglo en 1951 para la orquesta de Raúl Kaplún, y tenía entonces apenas 20 años, lo que habla de su capacidad y formación. Luego lo haría para Eduardo Del Pîano, con quien formó en la orquesta de éste.
Porque proviene de una familia que llevan la música instalada en sus cuerpos, su destino parecía estar escrito de antemano. De abuelos andaluces, él bailaor y ella cantaora, las reuniones de familia en la casa de Avelino Díaz en el barrio de Boedo estaban envueltas en ritmo, cantos, copichuelas y esa alegría natural del sur de España. Tuvieron cuatro hijos y los cuatro salieron músicos. El padre de Osvaldo se dedicaría a la música ligera mientras que un tío, fanático del bandoneón, terminaría convirtiéndose en maestro del instrumento.
Con su padre comenzó Osvaldo su aprendizaje musical, que luego perfeccionaría con Erwin Leuchter, un maestro alemán que huyó del nazismo, como sus abuelos del franquismo. Con él aprendería armonía y composición y daría un gran salto. También estudiaría con la profesora María Copporales de Moyano, con otro alemán: Juan Schulpiz y con el maestro Vicente Scaramuzza. Todo ello le permitió tener un bagaje al alcance de muy pocos y hacer arreglos para Florindo Sassone, Leopoldo Federico (con quien coincidió en la orquesta de Edgardo Donato), Ástor Piazzolla y numerosas orquestas. Hasta lo convocó para este trabajo el gran maestro Zubin Mehta.
Osvaldo fue uno de los más importantes arregladores de los años cincuenta en adelante. Además con su orquesta acompañó a una legión de cantores: Roberto Rufino, Floreal Ruiz, Jorge Valdez, Alberto Marino, Alfredo Belussi, Mario Bustos, Argentino Ledesma, Alberto Castillo, Rodolfo Lesica y tantos otros, con los cuales grabó una gran cantidad de discos. Fue director del Sello Microfon durante más de una década y dirigiendo la orquesta del mismo, también secundaría a artistas como Alfredo Zitarrosa o a los Quilla Huasi.
Recorrería el mundo y los continentes: América, Europa, Asia, al frente de su conjunto Tango Sessions. Lo que empezó siendo un espectáculo en Michelángelo, montado por la coreógrafa Ana María Stekelman, le serviría de catapulta para mostrar todo su talento en giras larguísimas y muy exitosas. También hizo música para algunas películas.
Fue el director de la Orquesta de Canal 11, durante varios años y acompañó con la misma a artistas de todos los géneros. Afirmaba en una entrevista, que, en su calidad de pianista había dejado impresos en el disco unos 800 trabajos. Y más de dieciseis mil arreglos, algo impresionante. Muchos de éstos para la Editorial Select en formato standard. Fue director de la orquesta Juan De Dios Filiberto desde 1984, como también estuvo al frente de una de las orquestas de Café de los Maestros, con quien realizaría largas gira por Europa. Entre tanto, nunca dejó de estudiar.
Osvaldo Requena con Leopoldo Federico
Hincha fanático de San Lorenzo de Almagro grabó un cd con su orquesta, con temas dedicados a su Club, festejando el Centenario del mismo. Era de los gritaban las jugadas y los goles a pura exaltación. Lo veía desde el palco de prensa pues tenía el asiento cerca del mismo. Vivía los partidos al mango. No llegó a ver coronado como Papa, a otro hincha del Ciclón: Francisco I (Jorge Bergoglio), porque falleció en 2010, con 78 años de edad.
Hoy lo recordamos con su orquesta, en el tango de Juan Carlos Cobián: Piropos.
Con Fernando Suárez Paz se conocían desde la década del 50 cuando se alineaban ambos en la orquesta de Alberto Mancione. Después de los caminos atravesados de ambos, se reencontraron y grabaron un disco en dúo, con arreglos de Requena. Y cuando ambos estaban en la Orquesta del Café de los Maestros, en un pueblo de Grecia se mandaron ambos este arreglo de Los mareados, el tangazo de Cobián, momento que acá reproducimos. Belleza.
Se trata de una pareja de bailarines norteamericanos que impactan por su profunda comprensión del género, su compenetración y la capacidad que demuestran para sorprender permanentemente, bailando seriamente o hasta haciendo algún número humorístico con el tango.
Nicholas Jones comenzó a aprender a bailar tango en 1996, y hoy es un cotizado profesor que incluso ha dado clases en Buenos Aires. Pero además no tiene reparos en confesar que si encuentra algo que le interese en otro colega, no dudaría en ponerse a sus órdenes para seguir aprendiendo. Cabe agregar que es discjockey, músico y coreógrafo. Y en cada una de esa facetas muestra una capacidad asombrosa. La suma no deja lugar para la duda.
Diana reúne numerosas disciplinas en su andamiaje lo que le permite hacer de todo con su cuerpo. Con una plasticidad que pareciera no tener límites, siempre abrevando en la musicalidad, por supuesto. Ha hecho ballet, danza contemporánea, bailes folklóricos latinoamericanos, pilates, yoga y canto, lo que combina con sus conocimientos de la biomecánica, que le dan un plus como profesora y como bailarina de tango, género que terminó atrapándola y en el que demuestra una enorme solvencia y profesionalidad. Y le sienta de maravilla.
Tanto Nick como Diana, hurgan en la técnica y la estructura para que cada alumno, con los que se vuelcan, pueda en última instancia. llegar a tener su propia expresión en la danza. Como profesores se sienten obligados a darlo todo para el estudiante, mientras que, como artistas, tienen el objetivo de ocultar sus secretos para poder enamorar y deslumbrar a la audiencia con su técnica poderosa. Y lo logran, vaya si lo logran. Diana, en realidad, parece de goma. Su flexibilidad es asombrosa.
Han trabajado en Festivales con Gustavo Naveira y Giselle Anne, entre muchas otroas parejas, y Nicholas parece tener algunas cosas de Gustavo. Lo increíble es que pueden bailar un tema de Ignacio Corsini con guitarras, o a Alfredo Zitarrosa, Jimmy Hendrix, o blues con pasos de tango. Y hasta hacer un mix con Chopin y Edgardo Donato. Son unos verdaderos artistas y me da mucho placer verlos, aunque a algunos puristas les disguste este tipo de shows. Pero ellos tienen mucho tango y lo demuestran como acá, bailando este tema de Osvaldo Pugliese
Nick sabe hacer un divertimento que encandila a la concurrencia, porque le sobran condiciones para ello. Incluso en caricaturas. Como aquí, en sus comienzos, con Amy Anderson.
Y ahora los vemos a Nick y Diana, milongueros al mango. Buenísimos.
O a orillas del Sena, dándole a D'Arienzo en el tango: No mientas.
Nick ha hecho y hace de discjockey porque conoce a las distintas orquestas y sabe cuales son los temas y la música que hace bailar a los milongueros. Y como decían aquellos vendetuttis que subían a los colectivos y ofertaban su mercadería para terminar con aquello de: ..."Y por si esto fuera poco", y sacaban algún otro utensilio del bolso interminable, este bailarín dirige su Orquesta Natural Tango y ¡toca el bandoneón! Y Diana canta en la misma. Mariano Mores sentenció un día. "Es una vieja y actualizada maldición: El que toca nunca baila". Junalo Marianito... Algo increíble pero cierto y lo podemos ver en este video de Youtube, donde tocan al más puro estilo Di Sarli, el tango de Arolas: La cachila.
Es ídolo popular en Finlandia y ha realizado giras por infinidad de países, triunfando en todos con su hermosa voz de tenor y el tango que destila a través de ella. Se consagró como ídolo muy lejos de su Buenos Aires natal y en un país que ama el tango pero de costumbres tan disímiles. Tuvo que dejar la cálida succión del cobijo hogareño y lanzarse a la aventura, en una de esas tantas crisis económicas que azotan a la Argentina y que hunden a muchísimas familias en la desesperanza total.
Martín nació en el barrio de Flores que nunca olvida, en su casa de la calle Aranguren que sigue manteniendo y donde se aloja cada vez que regresa. También vivió con su familia 4 años en Mar del Plata, que recuerda muy felices, sobre todo por los partidos de fulbito con los chicos amigos. En 2002, cuando después de seis meses de pensárselo seriamente, decidió afrontar sus miedos y dudas y partió a España, porque en Barcelona estaban amigos suyos, dió el paso para iniciar una aventura que lo ha llevado a realizar desde entonces más de 400 conciertos en toda Europa y Sudamérica con auditorios colmados. Ha realizado cuatro álbumes y ha ganado recientemente el premio "Latin UK" en el Reino Unido en la categoría "Concierto del año de Artista Internacional"
En su casa porteña no había antecedentes artísticos pero su padre era tanguero. A Martín le gustaba la música y a los 19 años decidió estudiar seriamente guitarra. En ese entonces tocaba rock, jazz, pop, en diferentes bandas, hasta que un día vio en televisión a Rubén Juárez cantando tango y su cabeza y su corazón sintieron un bandazo. El padre de Martín escuchaba siempre música de este género. Y entonces el muchachito comenzó a sentir y cantar tango hasta convertirse en uno de los valores jóvenes de mayor proyección.
Martín Alvarado en Rusia
Esa ilusión se fue desvaneciendo cuando estando en Barcelona y para subsistir, se vio obligado a cantar tangos en la calle. Algo muy duro para un artista, pero que hoy lo recuerda con mucho cariño y alegría. Porque fue mágico. Un día, dos turistas finlandesas se acercaron a escucharlo, lo aplaudieron, le compraron sus discos y le dijeron que debía ir a Finlandia a cantar, que allí sería ídolo y demás. Intercambió con ellas los respectivos correos electrónicos y mantuvieron la relación epistolar.
De Barcelona, Martín saltó a Nantes y a París, y en la capital francesa recibió un mensaje de Anne una de las dos señoras del encuentro en las Ramblas de Barcelona. Ella le decía: "No nos defraudes a los finlandeses y ven acá". Le habían conseguido dos contratos en la ciudad de Tampere, una ciudad situada a 170 kilómetros al norte de Helsinki. Voló hacia la nueva aventura, se encontró con una pequeña comarca desolada en ese domingo a la noche que nunca olvida. Y allí comenzó la aventura hacia la fama para consagrarse en el que es, para muchos, el mejor cantor de tango del Siglo XXI.
Ha cantado con Orquestas filarmónicas, incluye tangos nuevos y antiguos en su repertorio, incluso algunos que no han tenido gran repercusión y así ha ido cosechando aplausos en Rusia, Finlandia, Polonia, Eslovenia, Bélgica, Francia, Hungría, Uruguay, Letonia, Suecia, Bulgaria, Noruega, España, Italia, Austria, Estonia, Holanda, Ecuador...y Argentina. En Buenos Aires actúa con gran repercusión cada vez que puede, con las guitarras de Horacio Avilano y su cuarteto, con la orquesta que dirige Raúl Garello, con la de Fabián Bertero y otros conjuntos.
Martín, que conserva la melena que se fue dejando, imitando a Glenn Hughes, un músico de rock británico muy conocido por haber sido bajista y cantante de Deep Purple, y que lo impactó allá por los setenta, usa ropa informal para actuar. Con su estilo, su carisma y el fraseo de su cálida voz crea el clima temporal y emocional perfecto y sus conciertos son un éxito asegurado de público y aplausos.
Pero su sentido de pertenencia lo lleva una y otra a vez a sus ciudad. Al lugar donde descubrió a su ídolo: Ruben Juárez. Adonde tiene a sus amigos, afectos y gente del tango que lo espera para redondear actuaciones y grabaciones que siguen dando la vuelta al mundo.
Les invito a verlo y escucharlo en dos temas. De Roberto y Miguel Ángel Puccio: Una tarde cualquiera. Lo acompañan José Ogivieki en el piano, Mariano Cigna en bandoneón y Marcos Ruffo en contrabajo.
A continuación Fruta amarga, el tangazo de Homero Manzi y Hugo Gutiérrez con el cuarteto de Horacio Avilano.
Y va la yapa. Un hermoso e íntimo tango de Joaquín Mora y José María Contursi, donde Martín brilla con todas las luces y la calidez de su voz: Más allá. Joyitas.
Hoy he decidido subir al Blog esta nota que le hicieron a todo un hombre de tango como es Horacio Godoy. Reúne varias facetas que lo distinguen y su ejemplo puede servirle a mucha gente que quiere aprender a bailar bien el tango o a pasar música. El reportaje lo escribió Muriel Rébori y lo publicó la Revista: La Milonga argentina. Además me placer ver bailar a Godoy con mi amiga Cecilia Berra que pasó un tiempo viviendo y milongueando en Madrid. Siempre tuvo unas condiciones notables para bailar tango y lo hacía y lo hace de forma natural, sin esfuerzo.
Horacio Godoy: "Artista es aquel que logra transmitir diferentes emociones"
Comenzó como DJ, y en Michelángelo “lloraba todas las
noches” escuchándolo a Roberto Goyeneche. Defiende la evolución del
tango, pero “primero hay que cultivar la raíz”. De sus grandes maestros
dice: “Tenías que aprender viéndolos. Uno preguntaba: ¿Pero, cómo? y
te respondían: “miralo, pibe”. Hincha confeso de D’Arienzo, reconoce su
admiración por Troilo, y cuenta que en Europa lo asocian a las
milongas “rabiosas” de Hugo Díaz.
Artista de pura cepa, no se toma pausas a la hora de buscar nuevos
rumbos. Sabe nadar muchos mares y cruzar fronteras, sin perderse y
evolucionando en forma admirable. Horacio Godoy, o “el Pebete” como le
dicen popularmente, sobresale en todo lo que se propone: como bailarín,
docente, productor, y musicalizador de “La Viruta”, la milonga que
junto a Luis Solanas y Cecilia Troncoso, organiza desde hace 15 años.
Además, es papá de Carmela y Catalina, y esposo de Mercedes D’Orta,
periodista e instructora de yoga, a quien conoció en la milonga del
subsuelo del club Armenio. Y hermano de Mora Godoy, e hijo de la
periodista Blanca Rébori.
Godoy cultivó su propio estilo para bailar, y cuando lo hace el
público a través de su cuerpo va escuchando la música. En lo que va del
año, ya dejó su huella por Europa, Estados Unidos, México y Ecuador. Y
lo esperan nuevas giras para los meses venideros…
En esta entrevista, abordó todos los temas de su versátil trabajo y la actualidad tanguera: - ¿Te gusta participar de los festivales internacionales?
- Era algo que tenía pendiente. En un comienzo no pude porque estaba
en “Tanguera” y después me dediqué a la familia, pero ahora llegó el
momento de meterme un poco en el mercado y la verdad lo disfruto porque
quería vivenciar qué era eso de estar en Europa.
- ¿Cómo empezaste a bailar tango?
- Comencé como DJ en 1991, en Michelángelo, y luego arranqué a tomar
clases en la escuela de Miguel Ángel Zotto. Mis grandes referentes han
sido Miguel Ángel, Julio Balmaceda padre, Graciela González, y a los
milongueros de Urquiza les debo todo: Al Chino Perico, Carlitos Moyano,
el Turco José, Gavito, que si bien no era de Urquiza, también me enseñó
mucho, y por supuesto, a Pepito Avellaneda. Por suerte, llegué a
agarrar el último eslabón de la cadena, y eso fue lo que me dio el
sello. Ahí tenías que aprender viéndolos. Uno preguntaba: ¿Pero, cómo? y
te respondían: “miralo, pibe”. - ¿Y después llegó La Viruta?
- Antes hicimos con Juan Fabbri la milonga de Almagro, los martes, y
después, sí, nos asociamos con Luis y Cecilia para organizar La Viruta,
hace más de 15 años ya. - ¿Crees que hay verdaderos artistas en el tango?
- Muchas veces se confunde el artista con el género. No todos los
bailarines y músicos son artistas, muy pocos llegan a esa línea. Ojalá
yo llegue algún día porque es muy difícil. Mi primer encuentro con el
arte fue con el Polaco Goyeneche. Yo trabajaba en Michelángelo y todas
las noches me hacía llorar. Trataba de mentalizarme de que esa vez no
lo iba hacer y no podía. Toda la sala lloraba. El no era un cantante,
era un artista. El logró cruzar ese límite que muy pocos pueden hacer.
Lo mismo pasa con los bailarines. Artista es el que logra transmitir
distintas emociones, como llorar, calentarse, enojarse y todas las que
se te ocurran. Es el que consigue que la emoción se apode del público.
Bailando con Cecilia Berra
- ¿Qué opinás de lo que dijo Gustavo Naveira en nuestra edición anterior respecto de la evolución del tango?
H: Creo que siempre tiene que haber un desarrollo evolutivo de
cualquier arte, porque la sociedad va cambiando. Primero uno tiene que
cultivar la raíz para después poder darle su propio criterio de
evolución, que es lo que a veces no pasa porque arrancan directamente
con lo que es tango nuevo. Por eso, muchas veces la gente no sabe lo
que es un tango milonguero, o de salón, o canyengue, como tampoco
tienen idea si está sonando D‘Agostino, Pugliese o D’Arienzo. Se pierde
la esencia si uno no tiene la base, y después se ve algo hueco, vacío,
mas allá del desarrollo que quieran hacer. - ¿Cuántos estilos de tango hay?
- El Milonguero y el de salón, es un Boca-River. Después, el tango se
divide en los bailarines de festivales, en los de milonga, en los de
casas de tango y en los de tango escenario.
Tango de “poros abiertos”
Como dis-jockey, “El Pebete” colecciona en su computadora “12 mil
grabaciones de tango”, y admite que para poder escucharlas “necesitaría
muchos años, así que lo hago cuando puedo”. Cuando se le pregunta cuál
es su orquesta favorita, responde enseguida con una sonrisa: “¡Yo soy
hincha de Juan D’Arienzo! Pero la mejor orquesta, el que me parece que
entendió la esencia del tango fue Aníbal Troilo. Por robo”. Una
“travesura” artística muy recordada fue su experiencia de “director de
la Orquesta Color Tango”, y así lo recuerda: “Estábamos con Roberto
Álvarez sentados en La Viruta y él me cuenta que sabe que yo soy hincha
de D’Arienzo y no de Pugliese, a lo que yo le respondo que Pugliese me
gusta, pero mi corazón esta en D’Arienzo, entonces Roberto me dice que
van a tocar “Este es el rey” para mi. Y ahí fue que me desafió a que
yo los dirigiera porque le dije que no hacían bien las pausas. ¡Salimos
y salió increíble!”. - ¿Qué significa La Viruta para vos?
- Más allá de que sea un slogan, es el semillero del tango.
Realmente, cumple con ese rol y cumplimos con un formato de milonga que,
sin perder la esencia, mutó. Porque no es una práctica, ni es una
milonga tradicional. Logró tomar carácter propio a lo largo del tiempo y
es un punto de encuentro para muchos de los bailarines cuando vuelven
de las giras. El trabajo que hacemos con Cecilia y Luis es muy fino,
muchas veces nos sentamos a pensar hacia dónde queremos que vaya el
barco… Hay que estar 15 años en un lugar que abre de miércoles a
domingos.
- ¿Cómo ves el circuito de milongas hoy?
- En las milongas porteñas se generó, como nunca en la historia, un
clima de camaradería increíble. La relación con Omar Viola, con los
chicos de Práctica X, de Malcom, de Gricel, de Sunderland es realmente
excelente. Entendimos que con las milongas cumplimos un rol cultural
recreativo. - ¿En La Viruta es difícil aprender a bailar?
- El objetivo de La Viruta es que la gente baile de manera social y
muchas veces no es bailar estilísticamente bien. Ahora, si la persona
se quiere perfeccionar sabe qué días puede venir porque hay maestros que
enseñan niveles avanzados con criterio y buen desarrollo pedagógico.
La principal meta nuestra es que las personas que nunca bailaron en su
vida se animen hacerlo y se incorporen a este mundo que tiene algunos
códigos de convivencia. El poder de retención que tiene La Viruta, de
alumnos intermedios y principiantes, es muy alto a comparación de otras
escuelas.
- ¿Cómo elegís los tangos para una exhibición?
- Ahora estoy bailando algunas milongas más rabiosas de Hugo Díaz, o
hago algo antes del ‘35 o después del ‘50, no bailo mucho tango
tradicional del 40. Esta es una decisión porque me gusta bailar desde un
lugar más visceral que no estaba del todo cubierto y que funciona
bien. Hace unos meses, en Turquía bailamos cuatro tangos muy viscerales
con mi compañera, Cecilia Berra. Evidentemente, estoy asociado en
Europa y los Estados Unidos a un tango “de poros abiertos”. - ¿Alguna vez soñaste con todo esto?
- Siempre me puse objetivos e intenté cumplirlos y hasta que no los
lograba no paraba. A mi me costó muchísimo, yo era un patadura. A los 20
años era una silla bailando, no como los pibes de ahora que vuelan. La
tuve que pelear, los primeros años tomaba clases todos los días y
bailaba mínimo 8 horas, de lunes a lunes.
“Es muy difícil conseguir pareja de baile”
Desde hace seis meses, Horacio baila con Cecilia Berra, aunque
también hace algunos trabajos puntuales con Alejandra Mantiñan y con
Marcela Durán en “Forever Tango”. Anteriormente, bailó con Cecilia
García. “Lo que encontramos con Cecilia García, mi anterior compañera,
fue muy productivo. Cecilia tiene mucha presencia. Y con “Ceci” Berra
estamos hace poco tiempo y lo estamos trabajando”, describe. - ¿Qué tiene que tener una bailarina para bailar con vos?
- Hoy, lo que yo necesito para bailar es que tenga un mix de lo
tradicional y lo nuevo. Es muy difícil conseguir pareja de baile tanto
para la mujer como para el hombre. - ¿Por qué?
- Principalmente por el lado humano, porque uno convive mucho en las
giras con la pareja, y también le tiene que gustar a mi mujer porque yo
me voy a ir con esa persona, y ya tenemos dos cosas “extra baile”.
Después, está el tema de la danza en donde uno tiene que coordinar
energías, dinámicas, estilos y sobre todo gustos. Ahí esta el verdadero
crecimiento de la pareja, en las diferencias.
- ¿Quién es “la Maradona” del tango?
- En el escenario es Mora Godoy, y por robo. Lo que hizo ella como
bailarina, empresaria, coreógrafa y con su escuela no lo ha hecho
ninguna bailarin
- ¿Bailás lo mismo en un festival que en un escenario?
- Muchas veces si, pero lo que no se comparte son los niveles de
energía. Por ejemplo, en un festival de Portugal cambiamos todo a
último momento porque el público era muy milonguero y nosotros habíamos
preparado un show “muy arriba”. Era un salón señorial, pequeño y con
luces blancas. Fue la primera vez en mi vida que abrí una exhibición
con Troilo-Fiorentino, y una milonga de Donato. En cambio, en el
escenario uno juega con las luces, los frentes y otras cosas más,
entonces podés hacer un tema como los del Polaco Goyeneche muy abajo o
muy arriba como Hugo Díaz. Esa es la magia del escenario. - También produjiste el CD de Esteban Morgado.
- Produje el CD de Morgado con el que ganamos el premio Carlos
Gardel, estuvo nominado al Grammy y estamos en miras de producir un
show. Además estoy haciendo un micro de tango en radio con Pablo de
León, los lunes a las 20:30. - ¿Qué consejo le darías al lector en relación a su vínculo con la milonga?
- Creo que en este mundo tan mentalizado y globalizado, hacer
corporal algo es buenísimo. En los tiempos que corren, uno tiene que ser
ganador, efectivo, y el arte es precisamente todo lo contrario. Cuanto
más efectivo, menos artístico es. Por ejemplo, a veces, les explico a
los chicos que para bailar a “El Tuerto” (N. de R.: Carlos Di Sarli),
tienen que salir a perdedor, porque si salen a ganador no van a
entender su esencia
Muriel Rébori Fotos: Alejandra Marín, Daniel C. Mora y gentileza H. Godoy
Y acá lo vemos bailando en un Festival en Italia en el año 2009, con la genial Alejandra Mantiñán. Lo hacen con el tango Mano a mano por Hugo Díaz con su armónica y acompañamiento.