viernes, 20 de abril de 2018

Flor de lino

Hoy giro en mis recuerdos con las notas y los versos de este valsecito que compusieron Homero Expósito y Héctor Stamponi en 1947. Ya comenté en otra oportunidad que a Stamponi le llamó Piazzolla "El Strauss del tango", y Chupita, modestamente, decía que era por los valses porteños que él había compuesto y que tienen todos unos componentes musicales y románticos muy especiales.

Bajo un cielo de estrellas, Un momento, Delantal, Pedacito de cielo, Flor de vals, Pequeña, son algunos exponentes de este género musical, creados por él y recreados por orquestas y cantantes. Stamponi, pianista, director, compositor, acompañó a grandes cantantes, dirigió su orquesta, tuvo estudios importantes, viajó por toda América, radicó en México con Amanda Ledesma, vivió un año con Discépolo allí, aunque no escribieron nada juntos, y su comprovinciano Enrique Francini fue un hermano del alma.

                                              

Homero Expósito le dio una vuelta de tuerca del lenguaje poético en el tango. Stamponi se refería al misterio de  la cancionística .-como la denominaba este poeta- y decía que "hay frases musicales, tristes,  frases de felicidad, frases ambiguas, de simple unión o amalgama. El vocabulario, la intención, el idioma poético debe estar correctamente montado sobre la frase musical. Ésa es la magia. Y Homero Expósito fue un poeta renovador, un hombre cultísimo. Él trajo una propuesta nueva".

Las pesadas sombras temáticas del tango encontraron una ventana nueva con la renovación del cuarenta que tan bien representó Expósito. Es cierto que cada época, guardia o generación supo interpretar -con sus debes y haberes-- las distintas circunstancias vividas en sus momentos particulares. En esa suma de felices aciertos, la llegada de este  fino letrista fue un soplo de aire fresco, con el surrealismo revelador de instancias impensadas. En Flor de lino deja constancia de su inspiración.

                                         

Deshojaba noches esperando en vano que le diera un beso
pero yo soñaba con el beso grande de la tierra en celo,
flor de lino
qué raro destino
truncaba un camino
de linos en flor...

Deshojaba noches cuando me esperaba por aquel sendero
llena de vergüenza como los muchachos con un traje nuevo,
¡cuántas cosas que se fueron,
y hoy regresan siempre, por la siempre noche de mi soledad...!

Yo la vi florecer como el lino
de un campo argentino maduro de sol,
¡si la hubiera llegado a entender
ya tendría en mi rancho el amor!
Yo la vi florecer pero un día
¡mandinga la huella que me la llevó!
Flor de lino se fue
y hoy que el campo está en flor
¡Ah mal haya! me falta su amor!

Su hermano Virgilio, a la muerte de Homero, lo recordaba con tremenda nostalgia y confesaba que "Era un poeta de trabajar mucho, de hacer y rehacer noventa veces un texto. Usaba una máquina de escribir y con su trabajo, no era un bohemio. Tenía esa imagen porque era un poeta, pero no era un tipo de pararse en un boliche  a hablar cualquier cosa. Era un poeta limpio, aunque en sus letras siempre hay una cosa fatal, algo que nunca se le dio. En la quiniela de la vida hay un número que nunca le cantaron: cuando era muy joven hubo una novia que no lo quiso. Él estaba muy enamorado en aquel entonces, y es posible que su obra, a través de tantos años, haya sido sobre ese problema".

                               
Y es fácil advertirlo al escuchar el hermoso valsecito y mucho más al leer el texto. Los llamados interiores macerando la pena, la forsforencia, los resplandores de los años mozos, brillan en las flores de lino que describe acá. Aunque después de infinidad de retoques que preocupaban a Stamponi, lo llamó  el último día y le preguntó al músico:
-Chupita, decime: ¿El lino tiene flor?
 El decorado elemental, el temblor de estos versos, tienen una luminosidad muy especial.


Hay una tranquera por donde el recuerdo vuelve a la querencia,
que el remordimiento de no haberla amado siempre deja abierta,
flor de lino 
te veo en la estrella, 
que alumbra la huella 
de mi soledad...
Deshojaba noches cuando me esperaba como yo la espero
llena de esperanzas, como un gaucho pobre cuando llega al pueblo, 
flor de ausencia, tu recuerdo...
me persigue siempre por la siempre noche de mi soledad.


Hermosura de nostálgico recuerdo transformado en poema. Y que vuela con la música del valsecito. 
Hay varias versiones de este tema, pero me quedo con esta creación de la orquesta de Aníbal Troilo con la voz de Floreal Ruiz. Lo grabaron el 29 de abril de 1947.

















 








3 comentarios:

  1. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando abrio en pleno centro de Zarate, un negocio -venta de choripanes , sandwich de los que
    pidieras...un bohemio, un poeta y todo Zarate, que concurria
    para conocerlo.... Un personaje inolvidable, dado con todos
    y todos sabemos que era un poeta de LOS GRANDES.. nunca lo
    olvidaremos...

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  2. salute jose maria me comento el hijo de floreal un dia en parque rivadavia que basso le hacia el acompañamiento solo para darle forma a este vals y el tata no daba pie con bola y se lo dijo a troilo el caso eds que el gordo lo llevo a su casa y lo tuvo cinco horas dale que dale dandole todas las indicaciones ... y hasta se lo cantaba y le marcaba hasta las respiraciones....asi me lo conto saludos juan de boedo

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