lunes, 2 de abril de 2018

Augusto Pedro Berto

Fue guitarrero, mandolinista y violinista, antes de dedicarse con éxito al bandoneón, que lo sedujo y que aprendería a tocar con su maestro Pepín Piazza, el mismo que le enseñaría los primeros secretos del fueye a Pedro Maffia. Con este instrumento dejaría una huella grande en el tango, alternando en tríos, cuartetos, quintetos y orquesta, bajo su mando.

                                            

Berto haría historia en el género que se fue instalando en Buenos Aires, y curiosamente Francisco Canaro, con quien actuaría en un trío que completaba Domingo Salerno  en guitarra, contaba cómo se conocieron con Berto: "Trabajábamos de pintores en las obras del Palacio del Congreso Nacional que se inauguraría tiempo después. Luego nos uniríamos en ese terceto, como se estilaba en la época  y tocábamos en el café Venturita, en la esquina de Talcahuano y Serrano. De ahí pasaríamos a tocar en otro que estaba en Corrientes  casi Medrano, al lado de la estación de tranvías Lacroze. Para entonces se sumó el flautista José Fuster".

-Berto se independizaría y formaría un cuarteto a sus órdenes que animaría las veladas del café ubicado en Corrientes casi esquina Montevideo. En el mismo formaban el flautista Luis Teisseire, Julio Doutry ("El Francés") y Peregrino Paulos en violines y José Sassone de pianista - recordaba  el mismo Canaro-, aunque este conjunto actuó anteriormente según el historiador de los bandoneonistas, Oscar Zucchi.

                                   

Este músico que merece un espacio mayor en la historia del tango, por todo lo que aportó en aquellos comienzos bravíos, de orejeros e intuitivos, nació en Bahía Blanca en 1889 y cuando tenía seis años de edad, sus padres se mudaron a la capital porteña, instalándose en el barrio de Viila Crespo. De niño mostró su vocación musical y aunque debió trabajar como pintor para ayudar a entrar ingresos en la familia, logró estudiar mandolín y guitarra aprendiendo a tocar ambos instrumentos y formando en algunos conjuntos. Precisamente en un boliche de Caseros y Rioja (por entonces llamada Caridad), alternó  en un bailongo, con otros músicos entre ellos "un matarife llamado Scott que se defendía con el bandoneón", refería Berto en sus recuerdos..

-"Me entusiasmé tanto que terminaría comprándome un bandoneón a plazos y debí pedir para ello un adelanto de 120 pesos en la empresa donde trabajaba. ¡casi un mes de trabajo". Y su afán de aprender fue más allá de los primeros pasos con Pepín Piazza. "Al final, estudié el teclado por mi cuenta, hice un cuadro del bandoneón y me confeccioné los ejercicios sobre la base de la teoría musical que ya conocía. Así nació mi Método de bandoneón, el que luego habría de ser cuna de tantos bandoneonistas".

                                      

Ya lanzado con su nuevo instrumento, actúa en San Martín, y en una quinta del barrio de Floresta, donde se festejaba un triunfo electoral compone su primer tema que pasaría las fronteras del momento y se instalaría en la posteridad del tango: La Payanca. Tenía apenas 17 años cuando lo borroneó mentalmeente. Actuaba con su cuarteto, en la fiesta del caudillo de la zona y se le ocurrió así:

-Lo improvisé una noche en que los bailarines habían agotado el repertorio. casi todos hacíamos conocer nuesros tangos en la misma forma.  Después de 70 u 80 piezas había que improvisar. Una muchacha,  la recuerdo perfectamente, con sus grandes ojos negros fue mi inspiración. (García Jiménez decía que unos guitarristas habían tocado un "gato polqueado", un poco antes,  y la melodía le dio vueltas en la cabeza a Berto, que se habría inspirado en el mismo). Les dije a mis músicos que me siguieran en re menor y así nació ese tango"



Once años más tarde, Berto se decidió a editar La Payanca. En ese momento Berto cosechaba aplausos al frente de su conjunto y había pasado por el disco con sostenido éxito. La figura de Berto quizás no ha tenido la merecida crítica pero fue decisivo en la consagración del tango. Como compositor, aparte de La Payanca, tammbién valen la pena  citarse: Don Esteban, ¿Donde estás corazón", con versos de Luis Martínez Serrano, que ha dado la vuelta al mundo, La biblioteca, De la vida milonguera, Curupaytí,  el vals Penas de amor y muchas otras obras de menor recorrido, aunque fueron grabadas por su conjunto y otras formaciones..




Los que sí valoraron su obra y su legado, fueron los propios compositores que le dedicaron sus obras, como Juan De Dios Filiberto en su Quejas de bandoneón. Scolatti Almeida con su tango "El bandonión". Manuel Pizarro: Batacazo. José Martínez su Pura uva, entre otros. Y vale la pena recordar la extensa gira que protagonizó con su formación, y la compañía de Camila Quiroga y que duró varios años, por América, incluyendo Cuba, Antillas, el Pacífico, México, Estados Unidos, España.

Falleció en 1953 y fue muy recordado por sus compañeros. Incluso fue directivo y fundador de SADAIC, la sociedad que agrupa a los compositores-.

Yo lo traigo hoy de regreso con dos de sus temas. La Payanca, por la Típica Victor, grabado el 13 de diciembre de 1926. Y Don Esteban, por la orquesta de Juan D'Arienzo, llevado al disco el 3 de julio de 1936.

La Payanca - Orquesta Típica Victor

Don Esteban - Juan D'Arienzo

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