domingo, 29 de octubre de 2017

Madame Ivonne

Antes de partir hacia París, Carlos Gardel, grabó una serie de temas. Al abandonar Buenos Aires definitivamente en ese año, 1933, dado que de allí seguiría viaje a Estados Unidos y por fin la gira trágica, el último tango que dejaría impreso en el disco, sería Madame Ivonne, tango de Eduardo Chon Pereyra y Enrique Cadícamo. Lo acompañaban las guitarras de Barbieri, Riverol, Pettorossi y Vivas y lo grabó el 6 de noviembre del citado año 1933.

Se trata de un tema que ha tenido mucho recorrido desde entonces, y entre otros registros podemos mencionar el de Alberto Castillo con la típica de Tanturi, El de Julio Sosa, acompañado por la orquesta dirigida por Leopoldo Federico,  con una estrofa inicial recitada, que es obra suya. El instrumental de Troilo-Grela, como el de Ciriaco Ortiz-Ubaldo de Lío. La grabación de Edgardo Donato con Alberto Gómez. O Miguel Montero que lo cantó con guitarras.

                                 


Sobre este tango, circularon varias versiones, en cuanto a los versos de Cadícamo y a la persona de Madame Ivonne, reflejada en los mismos. Lo cierto es que en las letras de Enrique Cadícamo se encierran todas las vertientes literarias del tango. Sus temas son testimonio que representa la historia viva de la Buenos Aires que habitó, la noche en la cual caminó, los barrios que trajinó y las aventuras galantes que también son carne de tango, y que él elevó a la categoría de canciones con alma. Y a Madame Ivonne la retrata así con su pluma:

"Mamuasel" Ivonne, era una pebeta
que en el barrio posta del viejo Montmartre,
con su pinta brava de alegre griseta
alegró las fiestas de Les Quatre Arts.
Era la papusa del barrio latino
que supo a los puntos del verso inspirar...
pero fue que un día llegó un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.

El vate está  retratando una escena de la época. De cafisios que buscan mujeres para exportar a una Argentina que crecía a ritmo de vértigo y donde llegaban barcos repletos de inmigrantes. Entre 1870 y 1930, el puerto de Buenos Aires recibió a 6 millones de europeos que huían de sus países por las guerras. La mayoría eran hombres que necesitaban combatir la nostalgia, las penurias y la falta de sexo. Organizaciones de marselleses, y la Zwi Migdal, dirigida por delincuentes judíos que traían con engaños a sus pupilas de los países del este europeo, especialmente de Polonia y Rusia, tuvieron su sede en Buenos Aires pero también exportaron a  sus víctimas a otros países de América. El enclave prostibulario estuvo enclavado entre las calles Lavalle, Viamonte, Libertad y Talcahuano. Las mujeres se subastaban y la mafia de judíos rusos llegó a tener 40 prostíbulos en el centro de la ciudad.

                                             
Enrique Cadícamo


Cadícamo refleja  y personaliza en Madame Ivonne a una de estas víctimas, en este caso engañada por un argentino. Y retrata la odisea del final del "amor", el abandono y la caída en desgracia de ella.

"Madam" Ivonne
la Cruz del Sur fue como un sino...
"Madam" Ivonne
fue como el sino de tu suerte...
Alondra gris
tu dolor me conmueve
tu pena es de nieve
"Madam" Ivonne...

Lo curioso del caso es que la música de este tango le pertenece a Eduardo Chon Pereyra, un pianista rosarino que figura entre los ejecutantes solistas de primera línea, por la variedad de ideas musicales que también lo convirtieron en creador de composiciones perdurables. Anduvo por España, por Brasil y Montevideo. En la capital uruguaya, precisamente, en 1931, nace en él la idea de crear en el piano la partitura de Madame Ivonne. Y así se lo contaba el Chon, a Eduardo Segovia (Seudónimo periodístico de León Benarós), en un reportaje publicado en el año 1963.

   -El tango Madame Ivonne está inspirado en la rapsodia húngara nº2, de Franz Liszt. Yo tenía 10 o 12 años, usaba pantalón corto cuando estudiaba la famosa rapsodia en el piano. Así fue que, muchos años más tarde, cuando compuse "Madame Ivonne" utilicé el primer compás de su rapsodia. Después, ya me aparto y hago lo mío, algo que está de acuerdo con aquel comienzo. La gente cree que inevitablemente debe haber una mujer de por medio en composiciones como ésta. No hay tal cosa. En realidad hubo, sí una mujer, pero no con el sentido que casi todos imaginan. La mujer del tango no fue un viejo amor mío sino, sencillamente, la que me cobraba la pensión en Montevideo, durante el tiempo en que viví en aquella ciudad.


   -Vivía yo en una Pensión, en la calle Ciudadela al 1400 y pico. La dueña era una señora francesa de nombre Louise, y la administradora, también una francesa, de nombre, precisamente, Ivonne. Me ganaba la vida tocando el piano, pero se me había infectado un dedo y me resultaba imposible trabajar así. Ivonne, pobre, se veía obligada a reclamarme el pago del alquiler. "Le pagaré inmediatamente ni bien pueda volver al piano", le dije, y de alguna forma, ella se las arregló para esperarme. Por fin, curado el dedo, pude volver a trabajar y saldé lo adeudado. Cuando llegó el momento de regresar a Buenos Aires, no olvidé la solidaridad de aquella dama, de modo que quise agradecerle con un tango. Por supuesto, no le dije -no me gusta hacerlo- que le dedicaría ese homenaje. Lo titulé "Madame Ivonne" y se lo confié a Cadícamo para que lo versificara. Él inventó entonces otra "Madame Ivonne", aquella que se enamoró de un argentino que entre tango y tango la alzó de París. Hizo un precioso poema y yo no lo trabé en su libre albedrío.

Con esta confesión, El Chon Pereyra desmitificaba todos los otros inventos sobre supuestas "Madame Ivonne" que echaron a rodar. Cadícamo, que había estado en París y conocía el submundo porteño de la prostitución, más la noche del cabaret, imaginó una Madame Ivonne "a piaccere" y la dibujó poéticamente con rumbo ganador.

Han pasao diez años que zarpó de Francia
"Mamuasel" Ivonne, hoy es sólo "Madam",
la que al ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes, bebe su champán.
Ya no es la papusa del barrio latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda... ni aquel argentino
que entre tango y mate, la alzó de París.

                                                  


El propio Cadícamo le llevó el tango a Gardel, que lo grabó y consagró para siempre. Podemos recordar este tango que no pierde vigencia, precisamente, en la grabación de Carlos Gardel. Agrego la de Tanturi-Castillo del 18 de marzo de 1942, y la de Goyeneche acompañado por la orquesta de Armando Pontier, del 23 de diciembre de 1966.

Madame Ivonne - Carlos Gardel

Madame Ivonne - Ricardo Tanturi-Alberto Castillo

Madame Ivonne - Roberto Goyeneche

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