jueves, 21 de septiembre de 2017

El tango y los barrios

Con el paso de los años, me llama aún más la atención, el hecho de que los porteños citemos siempre nuestro barrio cuando vamos conociendo gente. Es como una señal de identidad que no he notado en otros países de los muchos que he visitado en mi vida. Como escritor, periodista o poeta, me considero un observador privilegiado de lo que acontece a mi alrededor. El tango verbaliza ese sentimiento barrial que llevamos impreso en nuestra andanza por la vida. Porque, al fin de cuentas, donde uno se ha criado, ha crecido viviendo experiencias nuevas cada día y ha compartidos sueños y juegos con amigos, ha aprendido cosas para el bagaje vital y sentido también los primeros amores y desengaños, recrea la síntesis del proceso interior de nosotros.

Existen infinidad de tangos y milongas que recuerdan al barrio. O valsecitos como Esquinas porteñas que simbolizan ese lugar de encuentro de los muchachos y al que Homero Manzi le dió una mano de pintura alegórica con su poesía llena de remembranzas: "Te lloran las lunas de invierno / en las acuarelas de mi evocación". Como haría con esos tangos irrepetibles, inmortales: Sur, Barrio de tango, El pescante ("Yunta oscura trotando en la noche. / Latigazo de alarde burlón. / Compadreando de gris sobre el coche / por las piedras de Constitución");  O también El último organito, Mano blanca, la Milonga de Puente Alsina, Nobleza de arrabal el valsecito Romance de barrio, por citar algunas de sus maravillosas creaciones.

                                 
       


Alberto Castillo popularizó el valsecito Cien barrios porteños, en el que Carlos A. Petit, hombre de teatro, con su hipérbole poética, que lleva música de Rodolfo Scianmarella, excedió largamente el número de barrios que tiene la Capital porteña. Eran 46 en aquel entonces, hoy alargados a 48 por la creación de  Puerto Madero y Parque Chás.

Alberto Morán concentraba a milongueros de ambos sexos junto al escenario, cuando, cantando en la orquesta de Osvaldo Pugliese, entonaba el tango San José de Flores. Así se sigue llamando la Basílica, de la zona, aunque el barrio es simplemente Flores. Allí nació el actual Papa, entonces Jorge Mario Bergoglio, quien contaba que había aprendido a bailar el tango en su casa natal. El poeta Iván Diez (Augusto Arturo Martini) escribió los versos del tango que homenajea a su barrio: Almagro, al que puso música Vicente San Lorenzo: "Almagro, gloria de los guapos, lugar de idilios y poesía...".

 Bajo Belgrano es una hermosa acuarela de Francisco García Jiménez, convertida en tango con la música de Anselmo Aieta. Ese barrio de studs, cercano al hipódromo de Palermo, me llega hondo en su expresión. Sobre todo en la muy lograda creación de Julio Martel con la orquesta de Alfredo de Angelis. Julio de Caro homenajeó a otro barrio mítico: Boedo, que lleva versos de Dante A. Linyera (Francisco Bautista Rímoli). Cadícamo compuso Boedo y San Juan , esa esquina de tango, para mayor gloria de Di Sarli-Rufino.Y Benjamín Tagle Lara escribió y musicalizó otra belleza: Puente Alsina, donde evoca al barrio en el que se crió, y que ha sido transformado por el progreso:



Porque me lo llevan, mi barrio, mi todo,
yo, el hijo del lodo lo vengo a llorar...
Mi barrio es mi madre que ya no responde...
¡Que digan adónde lo han ido a enterrar!

El sainetista Ivo Pelay (Guillermo Juan Robustiano Pichot), con música 
de Gerardo Matos Rodríguez, realizó el tango dedicado a su barrio: San Telmo: "Vi la escuela... la feliz Rayuela / de la hermosa edad que no volverá". Además,  Victorino Velázquez y Arturo Gallucci compusieron la milonga: Yo soy de San Telmo. Ese tangazo que sigue resonando en las milongas, invitándonos a la pista: Tres esquinas, es otra de las grandes creaciones de Enrique Cadícamo, sublimado por la música de Ángel D'Agostino y Alfredo Attadia. La voz de Angelito Vargas es un florilegio mayúsculo. Se refiere a la esquina de Osvaldo Cruz y Montes de Oca, en el barrio de Barracas:

Donde en la noche tibia y serena 
su antiguo aroma vuelca el malvón, 
y bajo el cielo de luna llena 
duermen las chatas del corralón...

José Rótulo y Naty Paredes hicieron: Nací en Pompeya para el lucimiento de Alberto Echagüe con la orquesta de Juan D'Arienzo. Cadícamo también le cantó a Flores y Villa Urquiza. Como sería interminable la lista de temas dedicados a los barrios porteños, termino hoy con la mención a mi barrio de pibe y muchachito: Parque Patricios. Le han dedicado varios tangos y la milonga que lleva el nombre del barrio y grabaron las orquestas de Francisco Canaro y Lomuto. Carlos Lucero y Víctor Felice compusieron el tango: Yo soy de Parque Patricios, que grabó la orquesta de Ángel D'Agostino, cantando precisamente un muchacho del barrio: Ángel Vargas. El cantor Carlos Mayel y Francisco Laino, fueron autores de: Yo soy de Rioja y Caseros, el corazón del lugar, frente al Parque. Antonio Macchia y Santos Bazilotti realizaron Viejo Parque Patricios, un tango con sabor a guardia vieja.

 Y... el cuore tira. Los porteños somos así. Cada uno saca pecho por su barrio, por todo lo que ha aprendido en él, por los amigos, la esquina, el café, las anécdotas, el primer romance, la familia...

Acompaño un par de esos temas tan entradores para iluminar las barriadas porteñas.  

Los invito a escuchar Bajo Belgrano por la dupla De Angelis-Julio Martel, grabado el 20 de abril de 1948 (Gardel lo llevó al disco en 1926). Y Yo soy de Parque Patricios, por D'Agostino-Vargas, registrado el 5 de diciembre de 1944.



 








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