lunes, 25 de septiembre de 2017

El pibe Ernesto

Así se le conoció en aquellos ambientes tumultuosos del tango iniciático a Ernesto Ponzio, el violinista de lunga fama entre los protagonistas de la música popular, los tangueros del novecientos. Venía de familia de músicos, comenzando por su padre napolitano, que precisamente falleció sobre un escenario, tocando el arpa. Su tío Vicente, fue un músico reconocido y quien lo introdujera en aquel tango bravío que se bailaba en lo de Hansen.

Manuel Castro, escritor que semblanteaba de manera precisa los ambientes de su época, aquellos bailongos canyengues de la glorieta de Hansen, El Tambito o El Quiosquito, escribía, a propósito:

 -Nunca vimos bailes de concurrencia más abigarrada y dispar: endomingadas chinitas de los alrededores y rubias francesas del Royal o el Petit Salón, milicos y cosacos de los cuarteles, vecinos en traje de particular, pesados arrabaleros y niños bien. 

Ernesto Ponzio
                                        
Esta mescolanza de personajes produjo también los altercados que provocaban las patotas, por la competencia tanguera, las disputas entre varones por las hembras más valoradas del ambiente y todo lo que recoge la historia del género. Los músicos sabían que muchas veces se jugaban el tipo en estos ambientes, en lupanares y "casitas" renombradas donde se bailaba el tango con pupilas del lugar.

Ernesto Ponzio, se crió en un barrio pesado, conocido entonces como la Tierra del Fuego, cercano adonde estaba entonces la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras. Aunque estudiaba violín en el Conservatorio Williams, de chico tuvo que enfrentarse a muchachos mayores que se entretenían con grescas continuas y provocaciones. La calle en la que se crió le enseñó muchas cosas, entre ellas a pelear en desventaja  y a proteger su violín. Porque para él representaba el sustento, desde que falleciera su padre y además de trabajar en cafés, cantinas donde "pasaba el platito" buscando propinas luego de su actuación, también realizó diversos oficios para ayudar a su madre, planchadora, y a sus cuatro hermanos.

                                           


Genaro Vázquez, violinista, lo orientó y su primer trío acaparó elogios. Lo acompañaban el cieguito Aspiazu con la guitarra y Vicente Pecci en flauta. También tocó con Eduardo Arolas y el moreno Leopoldo Thompson en  el Café La Turca, de la Boca. Y dió un soberano paso al frente cuando estrenó su famosísimo tango Don Juan, dedicado al dueño de un local donde actuaba. Este tango tuvo antes dos títulos, primero El panzudo y luego Mozos guapos, al que le adosó unos versos Alfredo Gobbi (p). Ricardo J. Podestá, retratando al personaje de marras, en la segunda versión de Don Juan le pondría letra:.

Me llamo don Juan Cabeyo;
anoteseló en el cueyo...

Y como reflejando los méritos de bailarín que le atribuye al supuesto personaje, agrega en una cuarteta:

En el tango soy tan taura
que cuando hago un doble corte
corre la voz por el norte
si es que m'encuentro en el sur...

                                         

También comprondría Ponzio otros temas de gancho como Ataniche, dedicado a una dama de alto vuelo que recorría en  carruaje, los lugares donde se bailaba tango. El título, al vesre quería desmitificar la prosapia de dicha mujer: Che Anita. Quiero papita, con letra de María Luisa Carnelli, también tuvo recorrido. Avellaneda, Caradura, La milonga de mi barrio, Trovador de arrabal fueron otras obras suyas.

Ernesto Ponzio hizo largas giras por la provincia y estando en Rosario, protagonizó un hecho lamentable. Ocurrió en el barrio de Pichincha, célebre por sus escándalos nocturnos, refriegas y prostitución, en 1924. Había actuado en el cine Mitre y luego concurrió a un garito de la calle Pichincha donde se hacía un asado con vino y juego de taba.  En dicho lugar, el Pibe Ernesto se enfrentó con un pesado del lugar, que estaba cargado de alcohol. A él le sucedería algo parecido. Ambos desenfundaron sendas pistolas, y el disparo de Ponzio dio en otra persona que estaba al lado de su rival, Pedro Báez, de largo pronturario, que cayó muerto en el acto.

En la cárcel, Osvaldo Pugliese y Emilio Puglisi visitan a Ernesto Ponzio (centro)
El famoso violinista fue condenado a veinte años de prsión, pesando en ello sus antecedentes, y lo trasladaron a  la remota prisión de Ushuaia. Tiempo más tarde lo reubicarían en una cárcel de Rosario, adonde su afligida esposa, se mudaría para visitarlo a diario y llevarle ropa limpia y algunos alimentos. Con el tiempo lograría tener "suerte" con sus pedidos de indulto. Su amistad con el caudillo conservador de Avellaneda: Alberto Barceló, a quien le dedicó el tango Don Alberto, le sirvió para que éste moviera sus influencias y podría por fin dejar la cárcel en 1928.

                               
Orquesta de la Guardia vieja. Ponzio es el violinista del centro
  
Se mudó a Lanús, provincia de Buenos Aires, donde montó un modesto Almacén y cancha de bochas, y allí transcurrieron sus últimos días, junto a su esposa Adela. En 1932 intentó volver a ubicarse en las marquesinas porteñas, formando orquesta con el flautista Juan Carlos Bazán. Pero el tango había evolucionado y la música de Julio De Caro y su sexteto anunciaban el futuro. En la película Tango, se ve fugazmente a Ponzio-Bazán acompañando las fiorituras de El Cachafaz y el canto de Tita Merello. Tenía 48 años cuando murió de un aneurisma cardíaco. Carlos Gardel grabó su tango Culpas ajenas, que lleva versos de Jorge Curi y en el que intenta lavar su pecado mortal.

Volvió de nuevo a mi barrio                                               
tal vez condolido
y un poco más viejo.
Aquel que entre los muchachos
era el más querido,
era el más travieso;
pero hay congojas en su alma,
su acento es sombrío,
se ve que sufrió y trae para sus amigos
consejos muy sanos que solo aprendió.   
Recitado:
Recuerdo una noche, mi amigo ultrajado
se jugó la vida con otro varón.

Lo escuchamos en la versión de Gardel del 25 de agosto de 1929, acompañado por las guitarras de Barbieri y Aguilar.  Y también podemos bailar con su tango Ataniche, por la orquesta de Juan D'Arienzo. Lo grabó el 27 de noviembre de 1936 y es bien milonga.































































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