lunes, 6 de abril de 2015

Osvaldo Cordó

Pudo ser un cantor de largo recorrido en las grandes orquestas del 40 y 50, pero por motivos personales, sólo irradió su luz en escasas placas discográficas que revelan a un vocalista de hermosa voz, buen fraseo y estirpe gardeliana que le contagiara su padre, fanático del Zorzal criollo y guitarrero. En ambas facetas le vió condiciones al chico y lo mandará a estudiar tempranamente con el maestro de cantores: Eduardo Bonessi.

Cordó se llamaba Alfredo Agustín Alberti y luego de su paso por los boliches del Dock Sud y Avellaneda, entraría con paso firme en emisoras, como Radio Argentina,  donde lo escucharía y contrataría el bandoneonista Miguel Padula, autor del famoso vals: Amor y celo, entre otros temas. Era el primer paso para una carrera que se prometía feliz, dado el potencial canoro del muchacho.

                                       

Pero sus problemas iniciales nacieron en una bohemia sin límites, con trasnochadas largas y los excesos que tanto le perjudicarían, especialmente la bebida. Tenía 24 años cuando Osvaldo Fresedo, advertido de us grandes condiciones, lo contrata para cubrir el hueco que acababa de dejar en su orquesta, el mendocino Oscar Serpa, que había desertado para ingresar en la de Carlos Di Sarli.

Rodeado de sus amigos de siempre y seguidores convencidos de su valía, Cordó, ya identificado con este nombre artístico, debuta en la recordada boite de Fresedo: Rendez vous, ubicada en la calle Maipú, entre Córdoba y Paraguay. Su compañero de rubro será Roberto Ray que retornaba a las filas del maestro. donde había sido gran figura. En el ambiente ya se conocía a Cordó como Mocito, apodo que le impusieran cuando acompañaba a su padre en guitarreadas y cantos por los boliches de su zona.

Al año siguiente dejará 4 registros discográficos con la orquesta, que confirman lo que de él se esperaba: Por calles muertas, Volverás, Cafetín de Buenos Aires y Motivo de vals. Serán las primeras y últimas porque ya mostraba los problemas de salud que arruinarían su carrera, faltaba a los ensayos,  cambiaba su carácter y con bastante pesar, Fresedo le comunicó la baja de su formación.


Tratado clínicamente, estuvo varios años fuera del circuito, siempre apoyado por sus amigos y familia y volvería a cantar, en apariencia recuperado, por radio del Pueblo y en la Confitería La Armonía de la calle Corrientes. Aníbal Troilo, aconsejado por Alberto Marino, que había sido compañero de Cordó en la Academia del maestro Bonessi, concurrió a verlo un par de veces con la idea de llevarlo a su orquesta, pero ya le habían dado los datos de la baja de Fresedo y su larga ausencia del ambiente.

Le gustaba su timbre de voz y la calidad con que entonaba musicalmente los versos, acompañado por el conjunto de guitarras que dirigía Roberto Grela. Finalmente desistió, por los informes recibidos. Lo cierto es que sus excesos con el alcohol, derivarían en un estado transitorio de delirius tremens que necesitaba de atención médica rigurosa. Llegó a formar brevemente en la orquesta de Di Sarli pero no alcanzó a grabar.

Me lo crucé varias veces por la Avenida Corrientes, ya estaba algo excedido de peso, y era notorio su problema, por la mirada perdida, cambiaba en la vereda, de la pared al cordón mientras caminaba y miraba hacia atrás, como si lo persiguieran. Además murmuraba cosas. Aunque siempre iba bien trajeado y con corbata y no se metía con nadie. Un cantor muy conocido que estuvo en orquestas grandes, me contó que estaba actuando en un boliche de Congreso, y allí se apareció una noche Mocito Cordó. Y de repente le decía excitado: "Me están  incendiando por atrás", "Tengo la espalda en llamas".

                                             


Fue una verdadera pena porque era un cantor excelente, con una dicción correcta y una media voz que lo distinguió en su corta carrera. Además, como persona siempre fue bien valorado por todos y hoy quiero recordarlo en sus buenos momentos con tres grabaciones. Dos de ella con Fresedo. El tango Por calles muertas, de José María Contursi y el pianista Sebastián Lombardo, grabado el 16 de julio de 1948 y Motivo de vals, de Horacio Salgán y Carlos Bahr, con arreglo de Horacio Salgán, registrado el 29 de septiembre del mismo año. Y para completar y captar su calidad interpretativa, lo escuchamos en el tango de Ángel Maffia y Mario Battistella: Sueño querido, grabado con las guitarras de Roberto Grela. Sin duda pudo haber sido un gran cantor con Troilo o Di Sarli, por ejemplo.

¡Bravo el Mocito!.

Por calles muertas - Osvaldo Cordó-Osvaldo Fresedo

Motivo de vals- Osvaldo Cordó-Osvaldo Fresedo

Sueño querido - Osvaldo Cordó






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