martes, 12 de agosto de 2014

Ginamaría Hidalgo

Una de las voces más maravillosas que ha producido el canto en Argentina. Y menciono el canto abarcando su totalidad, porque Ginamaría (Virginia Rosaura) con su registro de soprano, podía cantar tanto óperas como una zamba, tangos, o un valsecito, con la misma sensibilidad a flor de piel y lograr emocionarnos.

                                    

                           
Recuerdo cuando la conocí en el viejo Canal 7 y me invitaron a escucharla en un programa donde cantaría, cuanto todavía no ostentaba el grado de popularidad que supo conquistar más tarde. En esa época yo colaboraba en dos programas deportivos y la impresión que recibí al oír su voz, fue tremenda. Más allá de sus tics, de los sobreagudos y falsetes, tenía un poder de musicalidad y de transmisión increíbles.

                                 
Ginamaría aclamada a la salida de su concierto en el Teatro Estrellas, año 1971
  
En agosto de 1972, armaron un recital con Horacio Guarany y Ginamaría compartiendo el concierto y fue realmente impresionante, por la vibración que generaron en el Luna Park. La emoción de dos voces y temperamentos tan dispares produjo un resultado, para mí inesperado. Quedó gente en la calle sin poder entrar, el fervor de las diez mil personas presentes subió la temperatura hasta extremos de enorme emoción colectiva, y se encendieron miles de mecheros acompañando en la oscuridad las interpretaciones solistas o en dúo de estas dos grandes figuras. Cuando hicieron juntos el tema de Horacio: Amar amando, se venía el Luna Park abajo...

Fue una artista completa, porque aunque heredó las condiciones musicales de su padre español, fallecido cuando ella tenía 13 años- la madre era portuguesa-, comenzó su carrera como actriz bajo la sabia conducción de Pablo Palant. Se recibió de maestra y a la vez cantaba y bailaba en un ballet. E incluso brilló en un par de películas. Tenía, cuando la conocí, una expresión gatuna y burlona en su mirada. Era cautivante y muy vivaz.  Se había radicado en Estados Unidos donde se casó muy jovencita, 20 años apenas,  con un norteamericano y tuvieron un hijo, Jean Paul.

                                  


Vivía en Nueva York, cantó en algunas fiestas y estudió a fondo los matices de su especialidad en la Universidad y una escuela de canto. El gran guitarrista Andrés Segovia la descubrió asombrado en una actuación y le recomendó y consiguió una beca para perfeccionarse en España. La profesora Carlota Dahmen, en Madrid,  la guió en el canto lírico madurando todo el potencial que traía de nascita.

De vuelta en Estados Unidos, su carrera experimentó unos adelantos espectaculares, en cine, en televisión, en el programa de Lucile Ball, o actuando en el mítico Carnegie Hall. Pero además trabajó en las grandes óperas y su prestigio creció en todos los ámbitos artísticos, demostrando absoluta comodidad en  los géneros que transitó.

De todas manera, Ginamaría, que había nacido en la porteña calle Charcas y vivido en la provincia de Corrientes con su abuela, sintió un imperioso llamado interior que la impulsó a cantar en su tierra. Y desde entonces, separada y desafortunada por  los varios amores contrariados, estableció domocilio en Buenos Aires  y logró entrar en el corazón de su pueblo.

                                   


Su caudal y coloratura de voz, parecieran ser los menos indicados para hollar territorios como el tango o el folklore, pero lo intentó y consiguió la aprobación general, pese a que esos agudos fueran a contracorriente del intimismo que exige el tango. Tuvo un corto romance con Acho Manzi, que le ayudó a abordar los meandros tangueros en los que maduró, sobre todo cuando comenzó a cantarlos con la media voz. Filmó películas, actuó en comedias, televisión, teatros y fue acompañada por el público en todas estas manifestaciones artísticas. Actuó y grabó en varios países europeos, recorrió numerosos países de América y en Japón donde fue aclamada repetidamente en los 34 teatros en los que actuó,  grabó algunos elepés. Además recibió infinidad de distinciones en numerosos sitios.

                              


Hoy estoy chiflado con un vals del Príncipe Kalender (Marcelo Boaso, pianista italiano que actuó en Latinoamérica)), que me gusta desde siempre y que Ginamaría logró embellecerlo todavía más con su interpretación. Se trata del Vals del recuerdo, al que el incombustible Ben Molar le endosó una letra y Ginamaría grabó en 1969. Es un regalo para el cuore y el blog se ilumina con este registro. Grabó numerosos tangos y en este mismo CD incluyó el tema de Maruja Pacheco Huergo y Virgilio San Clemente: El adiós. Como un reconocimiento a esa artista que nos abandonó en 2004, les dejo también  este tango, con arreglos y acompañamiento de Osvaldo Requena.

09- Vals del recuerdo - Ginamaría Hidalgo

07- El adiós - Ginamaría Hidalgo

           
Y, de paso cañazo, podemos verla en vivo, improvisando, con un bellísimo tema que fue muy popular: Jazmín de luna, una canción de Jorge Omar Mlikota.  El propio autor la acompaña con su guitarra, en un programa de ATC.

                                        







1 comentario:

  1. como cantaba gina un fenomeno para mi los pajaros perdidos es el sumum salute

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