domingo, 19 de noviembre de 2017

Carlos Figari

Fue uno de los seis pianistas titulares que tuvo Aníbal Troilo a lo largo de los 38 años al frente de su orquesta, lo que  denota la capacidad técnica y el peso de su temperamento y musicalidad dentro de la misma. Máxime si valoramos la influencia que tiene el piano en todos los conjuntos típicos. La permanencia en la formación de Pichuco durante siete exitosos años, confirma todo lo que hemos apreciado en este músico que no ha tenido la aureola de otros colegas y su presencia dentro del tango se ha ido esfumando en los tiempos, dejándolo en un injusto semi olvido.

Sin embargo, este muchachito del barrio de San Telmo, que estudió en el Conservatorio Troiani, ya mostró sus promisorias credenciales al ser convocado por Antonio Sureda para actuar en su conjunto en 1933. Carlos Alberto Figari tenía entonces apenas 16 años y ya lucía su dominio del teclado en las Matinées Callao, por LR2. Cuatro años más tarde, en otra orquesta del mismo director, seguía firme al piano, y Jorge Ortiz, que fuera luego vocalista de Biagi y Caló, era el cantor del conjunto, con su nombre real: Juan Alessio.

                               
Carlos Figari -izq-., a sus 16 años en la orquesta de Antonio Sureda
         
Figari,  con sus promisorios veinte años estaba enraizándose en el tango, que le atrajo desde niño, por los guitarreros de su barrio, las mentas de Anselmo Aieta, el crédito de San Telmo y la fuerza popular que entreveía en el género. Un directivo de la radio lo recomendaría a José García, el director de los Zorros Grises como se dió en llamar a esta conjuntada orquesta, por el color de los trajes que usaban sus músicos. Y allí fue  a marcar otra muesca en su enfilada carrera hacia objetivos mayores.

Curiosamente, si progresaba en sus objetivos musicales, no era por su impactante personalidad, sino por sus condiciones, dado que estaba dotado de una modestia algo excesiva, cosa que pude comprobar personalmente en las veces que tomé un café con él, en la Confitería Richmond de la calle Suipacha, donde ya lucía al frente de su afiatada orquesta en 1956.

                                             


El hecho de que lo convocara Ástor Piazzolla para el piano de la orquesta que dirigía acompañando a Fiorentino era la señal que evidenciaba sus dotes. Había hecho relucir su nombre y Francisco Canaro lo llamaba para reemplazos, cuando faltaba Mariano Mores, dedicado al cine.Y no era de extrañar que, al alejarse José Basso de la orquesta de Troilo, éste decidiera convocar a Figari en su reemplazo. Lo había estudiado y le parecía el indicado para llevar el instrumento tan importante en su conjunto.

Carlos Figari demostró siempre un excelente estilo conductor, madura sonoridad y excelente pulsación. Con Pichuco confluyeron manifiestas afinidades de temperamento musical y se entendieron desde el primer día. Dialogaron con frecuencia y durante los siete años que permaneció en la orquesta de Troilo, la misma grabó 96 temas. Entre ellos dos deliciosos tangos instrumentales de su autoría: A la parrilla (1949) y Tecleando (1952).

                               
Troilo y Figari preparando un tema para la orquesta

Lamentablemente fue la época en que Pichuco grababa en el sello TK  y el propio Figari me lo recordaba en una de aquellas conversas que tuvimos en la Richmond:
   -El sonido no era bueno. Discutimos mucho con los técnicos del sello. Troilo se ponía mal cuando escuchábamos los acetatos y les reconvenía, pero no había caso, no tenían los aparatos adecuados y fue una gran pena porque fueron muchos temas que se grabaron con el sonido inapropiado.

Pese a ello, fue una etapa de bastante trabajo con Troilo, en teatro, cine, radio, bailes y registros discográficos. Hasta que en abril de 1955 da el salto y se instala al frente de su orquesta, con un joven cantor Enrique Dumas, que pronto alcanzará los primeros planos. Además de la Richmond, los encontré muchos domingos en el Balneario El Ancla, de Vicente López, donde íbamos a disfrutar de las bondades del río y las instalaciones de aquel lugar. Recuerdo que Dumas iba acompañado de una bella mujer de cabello plateado.

                                    
Troilo, Figari y la yunta de cantores: Berón y Casal

La orquesta gustaba aunque no dejó muchos temas grabados, apenas veinte registros. Además de Dumas también estuvieron otros cantores como Héctor Omar y Ricardo Argentino. El conjunto lo integraron: Armando Calderaro, Marcos Madrigal, Héctor Vitale y Domingo Crego en fueyes; Carlos Arnáiz, Reynaldo Nichele, Armando Ziella, Edgardo Mataruco, Nito Farace y Rodolfo Fernández en violines; Pablo Melfi en contrabajo, Leopoldo Marafiotti cn cello, Luzzi en viola  y Figari al piano. Pajarito Calderaro también ejercía de arreglador.

Incluso Figari era requerido para acompañar a otros artistas como Edmundo Rivero o Tita Merello. Con el bajón del tango fue deshaciendo su orquesta y formando conjuntos pequeños. Así mantuvo su presencia en radio del Pueblo, acompañando con un trío a Tania, o en El Viejo Almacén, de su amigo Edmundo Rivero.
Paulatinamente fue desapareciendo de escena, pero dejó un grato testimonio entre los seguidores del tango y los músicos que lo trataron y valoraron su capacidad y humanidad.

                                     


Hoy lo traigo al Blog para recordarlo al frente de su orquesta. y escojo dos de los temas que registró: De Mariano Mores: Tanguera, grabado el 16 de octubre de 1957. Y cantando Enrique Dumas, el tango Bien jaileife, de Marinucci, Luchessi y Vicente Demarco, llevado al disco en 1955.

Tanguera - Carlos Figari

Bien jaileife - Carlos Figari-Enrique Dumas 




2 comentarios:

  1. Marinuchi, Luchessi y Vicente de Marco.... y la voz joven
    de Enrique Dumas....(otro valoraso cantando) y un tango
    que merecio mucho mas,de lo que logro.... BIEN JAILEIFE...

    ResponderEliminar
  2. Coincido contigo. Mereció mucho más recorrido ese tango.

    ResponderEliminar