lunes, 31 de agosto de 2015

Bahía Blanca

Aunque ya le he dedicado una página del blog a este delicioso tango de Don Carlos Di Sarli, hoy me levanté con esta música en mi cabeza y no puedo dejar de paladearla. Porque es como un sedante para los nervios, según feliz expresión de Francisco García Jiménez, pero a la vez muy milonguera la música y la interpretación de la orquesta.

Cabe destacar que lo escribió en un momento de capa caída para el tango, cuando venía barranca abajo y había sido dejado de lado por la juventud. El rock primero, luego el pop, El club del clan que el ecuatoriano Ricardo Mejía pondría en pie desechando al tango desde su puesto en la RCA Victor, en 1960, y hasta el auge del folklore, destiñeron por unos largos años a la música ciudadana.

Di Sarli no llegó a ver esa fugaz creación y el desastre que hizo este gerente comercial con toda la discografía tanguera, porque falleció en 1960 precisamente, pero alcanzó a crear este tango que sigue girando infinitamente en los aparatos reproductores para deleite de los milongueros. Y realmente es un goce, un enorme placer el poder bailarlo en la pista.

                               


En nuetra barra juvenil, muy tanguera, éramos como treinta muchachos de barrio. Yo aprendí a bailar el tango, siendo un pibe,  de la mano de los más grandes. Particularmente era hincha de Troilo, y para bailar prefería a D'Arienzo. La mayoría eran fanas de Pugliese y un par de ellos de Di Sarli. Cuando se armaban las discusiones, que eran acaloradas, y salía a la palestra el nombre de Di Sarli, ahí coincidíamos todos, era una orquesta maravillosa que nos hacía disfrutar a tutiplén.

Bahía Blanca fue la ciudad natal de este gran pianista, que explota efectos antipianísticos para lo que se usaba entonces. Su diálogo con los violines le confería una atmósfera especial, tanto para escuchar como para bailar. Era distinto a todos y su disco instrumental Organito de la tarde (música de Cátulo Castillo- 1924), grabado en agosto de 1954, vendería dos millones de piezas. Tenía 5 bandoneones y seis violinistas en la orquesta y sonaba como los ángeles.

                                       


Lo cierto es que el sonido que Di Sarli consiguió con su orquesta, fue como un regalo de los dioses para los tangueros. Y directores  como Troilo,Salgán o Tanturi no vacilaron en admitir su admiración por la música que lograra el pianista bahiense con su formación. El mismo Di Sarli afirmaba: "Encontrar una interpretación exacta del tango, que tiene múltiples facetas, no es tarea fácil. Hay que comenzar por tener condiciones naturales y luego estudiar a conciencia".

Lo curioso es que no tenía grandes orquestaciones pero lograba un sonido muy especial, sobre todo por la imaginación de sus dedos en el piano y la preeminencia en los violines en desmedro de los bandoneones, aunque los tuviera muy buenos en este último rubro.

                                                 


Bahía Blanca lo había pergeñado allá por los años treinta y terminó de concretarlo a mediados de los años cincuenta. Lo grabaría en 1957 en la RCA Victor y un año más tarde repetiría en discos Philips. Fue un sacudón importante para el alicaído tango. Recuerdo que íbamos al Balneario El ancla ,de Vicente López,  con mi novia de entonces, y solían pasar en la confitería del mismo, música romántica. De repente sonaba Bahía Blanca, por Di Sarli, y nos quedábamos admirados de esa interpretación.

Sí, este tango tiene magia, nos despierta muchos sentimientos. Acá los dejo con la primera versión del 21 de noviembre de 1957.

¡Cuánta nostalgia disparan esos violines, porfa!!!

08- Bahía Blanca - Carlos Di Sarli


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