A mí me lo recordó en una linda charleta, el violinista y cantor Hugo Gutiérrez, con quien vivió movidas aventuras por Brasil. Y me apuntaba que Tagle tenía muy buenas condiciones, pero le faltó convicción para escalar hacia mayores logros.
En una época en que los barrios albergaban a numerosos muchachos con ilusiones de transitar la senda abierta por Carlos Gardel, y aquel mundo finisecular de los personajes de Carriego, con melodías vaporosas y prosas románticas que pululaban en las partituras de los conjuntos típicos de todo pelaje, ser cantor representaba un sueño.
Tagle llegó incluso a cantar en dúo en la orquesta de Firpo con Osvaldo Novarro que era bandoneonista y cantor y luego sería figura y director de orquestas de jazz y música caribeña.Y compartiría cartel en la orquesta de Firpo con Príncipe azul, el cantor que moriría camino de Estados Unidos.
El teatro le dió el impulso para escalar a empresas mayores y lo ayudaban la pinta y su gola. La ecología de la noche porteña le dió el vistobueno, pero Tagle (José Nicolás Martínez) quería volar y sería Rafael Canaro el que le brindaría la oportunidad soñada de viajar con su orquesta a París, que era la meta del tanguero de su época.

Y entre sus recuerdos desfiflaron anécdotas de Rafael Canaro y de Tagle, con quien coincidió en un trío.

Es una manera de recuperar vestigios de aquellas épocas de consolidación del tango, al que Europa recibía con las puertas abiertas y quedaba sembrado el camino hacia el futuro.
Lo escuchamos a Tagle en dos grabaciones que realizó con Rafael Canaro en 1939 en París. El tango Desaliento de Baliotti y Castiñeira, y Falsedad de Héctor Artola y Alfredo Navarrine.
Desaliento
Falsedad
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