...Está un año con Firpo y luego forma un cuarteto con Julio De Caro, Rizzuti y Rosito, estrenando dos tangos suyos magistrales: Pelele y Tiny (éste en colaboración con De Caro). Volverá otro año con Firpo (siguió grabando con él 5 años), después cabarets, sagrados boliches, viajes, y al fin el Sexteto evolucionista que forma Juan Carlos Cobián en 1923 y que responde a sus inquietudes musicales: Pedro y Petrucelli en fueyes, Ferrazano y Julio De Caro en violines, Constanzo en contrabajo y el director al piano.
Al año se va Cobián a Estados Unidos y Julio De Caro toma las riendas definitivas de la revolución tanguística con aquellos conjurados: Julio y Emilio De Caro a los violines, su hermano Francisco al piano, Maffia y Luis Petrucelli en bandoneones y el Negro Thompson al contrabajo. Pedro Maffia, artífice del cambio, en aquella alquimia había encontrado su lugar en el mundo.
En pleno éxito arrollador del sexteto decareano, trabajando en larguísimos ensayos, con laboriosa orquestación, con mucho estudio, Luis Petrucelli -que era un notable bandoneonista, de hermoso sonido, aunque respetaba tanto a Maffia que más que ladero parecía su discípulo-, le anuncia al director que se va a Mar del Plata con su novia y deja el conjunto.
De Caro contrariado, contaría luego que fue a un Café de Villa del Parque a ver a Enrique Pollet, quien tocaba con el pianista Roberto Goyeneche, para contratarlo. Descubrió que Pollet era muy bueno, pero le impresionó el segundo bandoneón, un joven para él desconocido. Al finalizar la actuación, lo encaró a éste último, le preguntó su nombre y si lo conocía a él.
-Me llamo Pedro Blanco, y a usted, Julio, lo conozco de hace varios años. Yo era un muchacho entonces y lo escuché en Montevideo con Minotto y Eustaquio Laurenz en esa orquesta. ¿Recuerda a los hermanos Laurenz? Son mis hermanastros. -Muy bien, -dijo Julio-, le ofrezco reemplazar a Petrucelli, tocando junto al gran Pedro Maffia. Y para respetar la tradición del apellido, ya lo bautizo profesionalmente: Pedro B. Laurenz. -Mire Julio -titubeó Pedro-, yo termino acá esta noche y su ofrecimiento, para mí es lo máximo, pero es demasiada responsabilidad... Trabajar en su orquesta... reemplazar a Petrucelli... y junto a Maffia...
De Caro lo convenció y lo citó para trabajar a puerta cerrada con él y su hermano Francisco, antes del debut. Maffia y Thompson desconfiaban de ese descubrimiento que anunciaba Julio y profesionalmente se sentían muy afectados. ¡Cómo se le ocurría traer un músico novato para tocar con ellos, profesionales cabales y experimentados!
A Maffia especialmente le disgustaba que le pusieran de ladero a un principiante. El día del encuentro entró tímidamente Laurenz con su bandoneón, muerto de miedo y sin haber podido pegar los ojos en la noche anterior. Maffia lo saludó gélidamente poniendo distancias. El Negro Thompson ni eso, lo ingnoró. Francisco, desde el piano sonreía, imaginando lo que iba a pasar...
Julio, haciéndose el desentendido, empezó a pasar partituras, dio indicaciones y mandó la señal de comenzar. De arranque, Maffia buscó ponérselo difícil al recién llegado, tratando de meterlo en aprietos, para demostrarle que no era digno ni de llevarle el bandoneón. Julio, atento, observaba todo y después relataría: "A los primeros compases de Laurenz, Maffia, mirándolo de reojo, no pudo ocultar su admiración. Y qué decir cuando el neófito entró en materia, atacando los arpegios ¡pegado como una sombra a la primera voz! Al finalizar; desbordando de alegría, me acosó para saber dónde había encontrado a ese genio!
En ese andamiaje orquestal comenzó a edificar su leyenda uno de los más grandes bandoneonistas y creadores en la historia acústica del tango: Pedro Laurenz,
"Buen amigo". Tango grabado el 3 de julio de 1925.
(Continuará)
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