Si Discépolo levantara la cabeza y viera lo que está pasando en el mundo, reescribiría este tango inmortal que siempre nos despertará y nos mostrará las tremendas realidades que nos despiertan cada día. Las interminables guerras, los dirigentes incapacitados o destructivos, las invasiones de países para apoderarse de sus riquezas. O lo último del Presidente de Estados Unidos, tomando prisionero al Presidente de Venezuela y, descaradamente, yendo a apropiarse de las riquezas de su país.
En su magistral tango "Cambalache", compuesto en 1934, define muy bien los horrores de su época y retrata al siglo veinte como un modelo de maldades, la mezcla de calamidades y muestra como los seres humanos son manoseados y explotados sin vergüenza ni conmiseración. Y en las primeras dos sílabas de su poema, lo deja bien claro. Muy claro.
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De maldad insolente, ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcados en un merengue
Y en un mismo lodo todos manoseaos
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor
Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador...
Todo es igual, nada es mejor
Lo mismo un burro que un gran profesor.
Todos los que nombra fueron personajes famosos. Algunos, delincuentes, otros boxeadores, militares, el "Al Capone argentino" y, en general, monta un cambalache de figuras que ornamentan el tango. Y cuando vivimos esta historia actual de Donald Trump y sus deseos de ser el Rey del planeta, nos viene a la memoria el gran Discépolo y qué versos maestros se podría mandar con este peligroso personaje.
Podemos escuchar a Julio Sosa, con la orquesta de Armando Pontier, interpretando el tango de marras. Lo grabaron el 25 de febrero de 1958.
Que se busca en la música? La mujer podrá buscar el placer de escuchar la música, pero deberá buscar la música no en el aire, sino dentro del hombre. Cada bailarín contará una historia diferente con un mismo tema. Cada hombre siente y escucha distinto. Y lo que cada mujer responde y expresa es único. Tal vez por eso la sensibilidad y el descubrimiento en el tango no tiene límites.
Cuando el hombre sigue a la música, el tiempo fuerte de un tango se escucha muy claro, pero a veces ese instrumento que lo lleva (comúnmente el bandoneón o el piano), puede dejar paso al llanto de un violín, o cambiar la respiración gimiente del bandoneón y su ritmo estirado. Cada persona escuchará diferente, eso es cierto, pero el músico y la música nos cuentan cosas, habría que escuchar, no solo en sus tiempos fuertes, y ver si nos pide pasos marcados y figuras todo el tiempo; o si nos sugiere un silencio, un ralentizar del paso, marcar con suavidad o buscar la pasión en el siguiente compás.
Pisar en la estructura métrica musical no es suficiente. Técnicamente quizá se puedan meter más de tres pasos en un tiempo, pero tal vez habría que buscar algo que nos conmueva en la música y luego medir la velocidad. Encontrar la conexión de la compañera, o compañero tanto en un paso, como en un silencio. En el tango como en la vida, la cantidad, no es necesariamente calidad. Creo que cuando se escucha más, uno puede elegir mejor la elección de un paso adecuado. Como si la música nos dijera que paso usar. Es por esto que las estructuras coreográficas no sirven a no ser que bailemos siempre el mismo tema.
Imagino en un mundo ideal, a todos los hombres que guían la danza, teniendo posados sobre los hombros, como voces de la conciencia, dos pequeños angelitos dibujados por Sábat: un Pichuco de un lado y un Pugliese del otro. Ya ellos nos dirán que hacer. Y por supuesto, la mujer agradecida.
(Extracto de una nota de Manuel González)