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domingo, 28 de junio de 2020

Emilio Fresedo

Su hermano, Osvaldo, le ha robado todo el protagonismo y es lógico que así fuera, por sus méritos como director de una afamada orquesta, como compositor y por todo lo que representó en el devenir del tango. Pero Emilio, cuatro años mayor, supo manejarse no sólo como músico, sino incluso como periodista, trabajó como productor de especialidades medicinales, escribió cuentos y fue antecesor mío en el Diario La Razón. En una época traté bastante con su hijo Oscar, a quien me encontraba en el boliche frente a radio El Mundo y charlábamos de tango y de fútbol.

Su arranque en la música fue como violinista, instrumento que estudió con mucho afán, en un conservatorio de La Paternal. Supo tocar con un trío junto a Osvaldo en el Café Paulin de su barrio y posteriormente integraron un cuarteto con su hermano en bandoneón, Rafael Rinaldi en violín y José Martínez al piano. No tenía las cosas muy claras sobre su futuro musical y despuntando ese poder de vocación tan intenso que lo caracterizaría, arrancó escribiendo unos versos que le servirían de apoyo para sembrar páginas futuras.

                                 
                               
Ese primer tango, Sollozos, que lleva una música muy bien armonizada de Osvaldo, lo crearon en 1922, y fue el aldabonazo ideal en aquella etapa bulliciosa del tango. Lo grabó la Típica Victor cantando  Teófilo Ibáñez, dándole el paso a la fama. Osvaldo Fresedo lo grabaría en 1937 cantando Roberto Ray; con Héctor Pacheco en 1952 y con Carlos Barrios en 1957. O sea, que le sacó punta a este tema que fue siempre una golosina en su repertorio.

En 1933, entre ambos hermanos crean otro tema de larga permanencia en el alma de los tangueros: Vida mía. Nuevamente la pluma de Emilio, mostrando su elusión de los versos lunfas, con una fuerte imagen vivificante, transita en las epifanías de lo cotidiano. Su aparente pero consistente levedad, se apoya en un proceso incansable de lima y depuración. Las flamígeras tensiones del proceso amoroso, junto a la profunda sabiduría emocional de la música, producen una vital sensación de armonía.

                                                 
Lo estrenó Osvaldo Fresedo con su orquesta y Roberto Ray en 1933, durante uno de los Bailables Geniol que salían al aire por radio Belgrano. Y pegó fuerte desde el primer momento, dentro del estilo elegante y melódico del Pibe de La Paternal. A tal punto que lo grabó ese año con Ray, en el 44 con Oscar Serpa y en el 52 con Pacheco. Pero también lo registraron con Fresedo: Tito Schipa en 1934 y Pedro Vargas en el 45. Y hasta el gran trompetista norteamericano Dizzi Gillespie, en 1956, improvisa durante la ejecución instrumental de este tango por la orquesta de Fresedo, en la boite Rendez Vous, propiedad de Osvaldo. Y fue grabado.

La trilogía de grandes éxitos del binomio Fresedo, se completa con Aromas, tango que en forma instrumental grabaría Osvaldo en 1923. Un año más tarde lo canta y lleva al disco Carlos Gardel con las guitarras de Ricardo y Barbieri. Fresedo lo mantiene permanentemente en su repertorio y lo seguirá llevando al disco: en 1943 con Oscar Serpa y en el 56 con Carlos Barrios. Es todo un clásico suyo, y para mi gusto, el más entrañable de los compuestos por los hermanos Fresedo.

En mi pecho anida una pena / que no sé del todo explicar, / sólo siento que corre serena / una vida que pasa y se va. /  Como aromas deja el pasado / de otro tiempo que fue mejor, / y ese sueño de niño, dorado / vio lo cierto cuando despertó...

Vale la pena recordar que Gardel también le llevaría al disco los tangos Cielito mío, El Once, Pobre chica, compuestos con Osvaldo. Además de Sonsa, con música de Raúl de los Hoyos y Paseo de Julio, tango que lleva letra y música suyas.

                                       

Entre los muchos temas que realizara con Osvaldo y que tuvieron merecido éxito, están algunos como Tango mío, Siempre es carnaval, El Once, Por qué, Volverás, Canto de amor ( lo grabó incluso el actor Ramón Novarro en Buenos Aires con la orquesta de Fresedo), Rosarina linda, el vals Amor, Madre mía, Cordobesita. Y la nota curiosa la pone ese tango que compone con el pianista José María Rizzuti, totalmente fuera de su estilo, que grabara su hermano Osvaldo pero que sería un golazo impresionante en la versión de Juan D'Arienzo con Alberto Echagüe. El tarta.

Creo que Emilio Fresedo reúne méritos más que suficientes para considerarlo como un poeta de reconocidos valores dentro del vademécum tanguero. Sus temas nos remueven cosas que no tienen vientos de regreso, pero que están afincadas en nuestro espíritu. Porque nos llenaron adolescencias y juventudes de sustancia cierta. Esos tangos que seguimos escuchando con reminiscencias íntimas, aunque filosóficamente no reúnan un gran contenido. Pero nos devuelve paisajes girados.

Podemos escuchar una vez más ese Sollozos que me lleva hacia atrás en el tiempo. Esta es la grabación que realizara Osvaldo Fresedo con su orquesta y el cantor Roberto Ray, el 22 de febrero de 1937.

                                           
                                       


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