jueves, 25 de mayo de 2017

Yuyo verde

Este tango de Homero Expósito y Domingo Federico, me atrapó de chico. Lo cantaba en el patio, mientra lavaba ropa u otros objetos, una vecina de muy buena voz. Y yo me detenía en cada párrafo mentalmente. Para colmo era verano, todo el espacio abierto al cielo en aquellas casas y los versos musicalizados y muy bien interpretados por la muchacha, reflejaban maravillosamente  aquel estío juvenil que vivíamos.

Íbamos perdidos de la mano
bajo un cielo de verano
soñando en vano...

                                       

Homero fue uno de los más grandes poetas que tuvo el tango. No necesitó de recetas fáciles para ganarse el corazón de los tangueros. Su lenguaje original, sus formas nuevas, diferentes, convencieron a los escépticos y sus temas ganaron la calle con la velocidad de la pólvora. Trenzas, Al compás del corazón,  Percal, Tristezas de la calle Corrientes,  Afiches, Óyeme, Flor de lino, Pedacito de cielo, Quedémonos aquí, Naranjo en flor, Pigmalión, Yo soy el tango, A bailar, Te llaman malevo, Farol, El milagro, Esta noche estoy de tangos, Fangal, Mi cantar, El milagro, Pequeña, son algunas muestras de su enorme talento poético. Y tanguero.

Y aquella imagen de Yuyo verde cantado por la vecina, en una tardecita de verano, me quedó guardada en mi alma. Luego lo escucharía por la orquesta de Domingo Federico, cantando Carlos Vidal, Por Troilo con Floreal Ruiz, por Pugliese con el flaco Morán, Caló-Rufino, Goyeneche-Piazzolla; Roberto Mancini, Biagi-Ortiz, Tania, Lidia Borda.... y me sigue gustado a morir y trayendo recuerdos de aquellos veranos infantiles en que terminábamos corriendo en la calle de nochecita. Y rondábamos a las primeras chicas del barrio con aquella inocencia temprana.

                                    
Homero y Virgilio Expósito

Su hermano Virgilio, que compuso muchos temas de éxito con Homero, recordaba de donde les venía la vena musical.
   -Estudiábamos juntos, él para el Nacional, yo para los deberes de la primaria. Después hablábamos de música, nos sabíamos todas las canciones... ya teníamos la música adentro, en la sangre. Claro que también nos venía de la familia. Mis tíos eran violeros de milonga y por eso siempre había algún músico de visita en casa de mi abuela italiana. Eran todos tanos, y ese contexto nos venía por ahí. El resto nos venía por nuestro padre que, como todo anarquista, era un señor que se ocupaba de todo lo que pasaba en la cultura.

Y también explicaría el porqué de estas letras de su hermano poeta, que parecen transportar su espíritu, la emoción y esas puntadas del dolor. Tan profunda ha sido la influencia de aquel episodio de amor juvenil, que lo dejaría testimoniado en temas imperecederos.

                                            

                                       
   -Era un poeta limpio, aunque en sus letras siempre hay alguna cosa fatal, algo que nunca se le dió. En la quiniela de la vida hay un número que nunca le cantaron, que nunca se le dió. Cuando era muy joven hubo una novia que no lo quiso. Él estaba muy enamorado en aquel entonces y es posible que su obra a través de tantos años, haya sido sobre ese problema.

Un farol, un portón
-igual que en un tango-
y los dos perdidos de la mano
bajo el cielo de verano
que partió...

Frases intimistas y simbolistas. El eco del sonido de su música y de su vida. En cada párrafo vuelca tensión y drama de juventud con la difusa nostalgia de los años transcurridos en su pueblo  de Zárate. Tan profunda ha sido su llaga que los versos nos llegan con toda su influencia, al escuchar temas como el que hoy me sumerjo en el blog. Así se fue gestando ese duende omnisciente.

Déjame que llore crudamente
con el llanto viejo del adiós...
Adónde el callejón se pierde
brotó ese yuyo verde
del perdón...
Déjame que llore y te recuerde
-trenzas que me anudan al portón-,
de tu país ya no se vuelve
ni con el yuyo verde
del perdón...

La poética de la escasez que fue el germen de Homero Expósito, creó estas piezas de enorme singularidad y su larga sombra redundó en la génesis de los nuevos poetas del tango. El drama del desamor juvenil, parece acompasar cada palabra. En un festival de tango, al que fui invitado para disertar sobre la poesía del tango, recité algunos temas del zarateño. Y vi incluso caer algunas lágrimas en los rostros de asistentes al acto. No era precisamente por mí, sino por las frases poéticas que persiguen la evanescencia del tiempo, su rebobinarse y romperse...

¿Dónde estás, dónde estás,
adónde te has ido?...
¿Dónde están las plumas de mi nido,
la emoción de haber vivido
y aquel cariño?...
Un farol, un portón
-igual que en un tango-
y este llanto mío entre mis manos
y ese cielo de verano
que partió.

Vale la pena aclarar que yuyo es una palabra quechua que sirve para designar plantas o malezas silvestres, y que es de uso común en Argentina.

                         
Elvino Vardaro, Homero y Virgilio Expósito; Susana Rametta, Alberto Fontán, José María Contursi y Julio Jorge Nelson, Jurado del Festival de Tango en La Falda, Córdoba.

Voy con dos versiones de un tango que me sigue llegando muy adentro, mezclado con tantos recuerdos juveniles y veranos de aventurillas amorosas, pasajeras, pero emocionantes. Aníbal Troilo con Floreal Ruiz, lo grabó en pleno estío, el 28 de febrero de 1945. Osvaldo Pugliese, cantando Alberto Morán, también lo registró en disco aquel verano del 45, el 25 de enero. ¿Los escuchamos?

Yuyo verde- Aníbal Troilo-Floreal Ruiz

Yuyo verde- Osvaldo Pugliese-Alberto Morán






2 comentarios:

  1. Te hago saber que el gran amor juvenil de Homero, se llamaba... E.M. y era profesora de musica...Alguien del ambiente tanguero
    e integrante de distintos coros, me lo hizo saber....Cuando
    la situacion se presente, te enterare....

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  2. Buen dato Walther. Cuando puedas me lo completas y ya queda aclarado el misterio de aquel amor juvenil que se hizo inolvidable para Homero.

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