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sábado, 12 de noviembre de 2016

Taconeando

                                                                                            ¿Quien no sintió
                                     la emoción del taconear, 
                                     y el ardor
                                     que provoca el bandoneón
                                     al llorar...?

No, hoy no les traigo la historia de este hermoso tango de Pedro Maffia y José Horacio Staffolani. Simplemente estoy pensando en estas certeras parolas y la hermosa música que las acompaña, mientras selecciono las tandas bien milonga para esta nochecita de noviembre. ¡Como pasa el tiempo hermano...!, cantaba Enrique Campos con Tanturi y es cierto. Hace nada inaugurábamos el año,  ignorando que un colifato como el Pato Donald Trump mandaría en el mundo.¡Y vaya si mandará!. Con 700 bases militares asentadas en casi todo el planeta y Wall Street and co., marcando rumbos,  hasta este tirifilo puede mandar y hundir más este mondo cane. (¡Te la perdiste Discépolo!)

                                 



Comencé hablando de Taconeando y a más de uno  se le va la zabiola uno pensando que desfilan los ejércitos rumbo a las trincheras, pero no, me refería los tacazos de las minas y las suelas más petisas de los muchachos, marcando compás y territorio al compás de unas orquestas que te llevan en volandas. Te dan alas. Espero que a Mora Godoy no se le dé por bailarse un tango con el pato Donald Trump, porque la borro de la lista.

Sí,  cuando entramos en la Casa de Aragón los sábados y martes a las 21 horas, nos olvidamos de las elecciones madeinusa, del brexit inglés, del no al fin de la guerra en Colombia, de la destrucción de Siria -anche piú-, y nos damos un banquete milonguero que le hace un bypass al golpeado cuore. Menos mal que existieron los Pichuco, Pirincho, el Rey del compás. don Osvaldo, el tuerto Di Sarli y los Petróleo, Lavandina, Cachafaz, la Calderón, María Nieves, Copes y todos aquellos que instalaron el gotán en el futuro, por siempre, y nos dejaron un gran legado, sin precio, al que llamamos Milonga.


                               



Bueno, me dejo de sanatear y para ir motivando al tic tac del cuore, me doy una vueltecita por otras milongas como la nuestra y milongueros que siguen el rumbo de sus célebres antecesores. Por ejemplo esta pareja que enseña en Boston, los estadounidenses Adam Garret y Tilly Kimm. Ella es neurobióloga, viene del baile clásico y ancló en el tango incluso como pianista y arregladora en una orquesta típica. En el tango, como en la ciencia, anima a los estudiantes a recibir con alegría el proceso de descubrimiento y experimentación. Adam comenzó su noviazgo con el tango en el año 2000, cuando encontró la importancia de la improvisación en esta danza y anima a sus alumnos a ser creativos, inventivos y juguetones, ya que son las cualidades que más aprecia en el tango.

Podemos verlos en acción en el Domingo Tango Club, bailando el el tango Olvídame que canta Alberto Echagüe con la orquesta de Juan D'Arienzo.



Ahora me voy a Delhi, en la India, la ciudad de mayor polución en el mundo que causa unas 10.00 muertes al año ("Trump: "¡Teléfono!"). Quiero bajar un poco los decibeles porque ando un poco alterado, ¿viste?... y sigo con las exhibiciones. Acá son Fernanda y Alejandro bailando en dicha ciudad, la milonga Campo afuera, por la orquesta de Rodolfo Biagi y el cantor Teófilo Ibáñez.



Y ya que hablamos tanto del clima y todas esas sandeces (¡eh, Donald!...), voy a ver en Varsovia un verdadero huracán. Pero, ojo, ya no se trata de las fuerzas de la naturaleza, sino del tango. En este caso les traigo El huracán, por "Los auténticos" Reyes", bien al estilo de D'Arienzo. Y la pareja libano-francesa de Mazen Kiwan y Sigrid van Tilbeurgh, con su interpretación, nos provoca un verdadero huracán de sensaciones. ¡Gloriosa Sigrid! ¡Bravo Mazen!                                         

                                                  


                                                                               

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