jueves, 6 de julio de 2017

Cacho Tirao

Oscar Emilio Tirao, nacido en Berazatagui (Buenos Aires), el 5 de abril de 1941, falleció en Buenos Aires el 30 de mayo de 2007. Dio conciertos en todo el mundo, acompañó a grandes artistas, fue un guitarrista excepcional y formó en el célebre quinteto de Astor Piazzolla.
   
En un país que ha dado enormes ejecutantes de guitarra, el hecho de que haya sido considerado por numerosos especialistas como el más completo de todos, da una idea de lo que ha representado Cacho Tirao para la música. Con guitarra española y con guitarra americana, la excepcional calidad de su sonido, el fraseo casi mágico y una extremada sensibilidad en la acentuación lo consagraron tempranamente y mereció la cita de infinidad de estrellas del canto y la música recabando su talento impresionante.   

                                               


No en vano el maestro Joaquín Rodrigo al escucharlo en un festival guitarrístico  en Arlés, Francia, le sugirió que hiciera el equivalente a Concierto de Aranjuez pero con la música de Buenos Aires y así surgió su Concierto para guitarra clásica y sinfónica y Conciertango Buenos Aires.  Porque una de las peculiaridades de este impresionante músico es que fue admirado por los tangueros, los clásicos, los adictos al jazz, o los seguidores de la música folklórica argentina, la judía, la religiosa o de la bossa nova. 

Formado por su padre que tenía una academia en la localidad de Berazategui, a los 4 años ya se había familiarizado con el instrumento (“Aprendí las notas antes que el abecedario”) y a los 6 ganaba un premio. Como también dominaba el saxofón y el clarinete, tocó en orquestas de jazz y cuando su padre le presentó a Andrés Segovia en Radio El Mundo con 8 años, sintió que una luz intensa guiaría de ahí en más su camino. El gran maestro español se radicaría en Montevideo y marcaría la estela de innumerables músicos latinoamericanos.

                                
Quinteto Piazzolla. O.Manzi.Tirao, Kicho y Agri

 Paco de Lucía, compañero de actuaciones de Cacho  le comentó: “El toque que tienes, lo has sacado de Segovia”. Escuchándolo en el programa Argentinísima donde Tirao ejecutaba folklore, Atahualpa Yupanqui, que no era manco, le soltó con su agudeza habitual: “Un gallego diría que tiene usted demasiados dedos en la mano”. Ello le sirvió de reflexión y se fue volcando hacia la introspección  y  la emoción. También le sirvió escucharse en el coche camino de Mar del Plata: “¡Que barbaridad, cuántas notas…!”, 

Modificó el mensaje y así fue como hizo llorar a muchos espectadores con su interpretación intestinal del Ave María de Schubert.  Acompañó a artistas como George Maharis, Josephine Baker, Raphael, hizo los conciertos de la Misa Criolla. Viajó por el mundo con Los 5 latinos.Su ductilidad le llevó a grabar con músicos de todos los géneros sin ensayo alguno, encerrado en los estudios, sin hora de salida. A los 12 años dio su primer concierto, recibió un  premio, formó en orquestas de tango y de jazz y a los 16 era solista del Teatro Argentino de La Plata, comenzaba a grabar jingles publicitarios y entraba en el mundo del tango. 

                               



Ástor Piazzolla lo convocó para su célebre Quinteto, en el que estuvo 3 años,  y en 1970 grabaría en vivo con la orquesta los cuatro temas que Astor  bautizó a la manera vivaldiana: Verano porteño, Otoño porteño, Invierno porteño y Primavera porteña. También tocó y grabó con Piazzolla su operita María de Buenos Aires. El gran bandoneonista se había maravillado con el registro que Cacho había hecho de su Adiós Nonino e incluso le hizo unos arreglos especiales para él y lo instó a que grabara mucho más. Así los discos de Cacho Tirao han llegado a los 37 y de Recitales espectaculares que conducía por Canal 7,  llegó a vender 1 millón de copias. 

El último que hizo fue  con su hija Alejandra en los cantables –Renacer- y luego de pasar los dos peores momentos de su vida. En un disparo accidental de pistola que creyeron de juguete, Alejandra mató a su hermano Gabriel y la pérdida de su hijo lo llevó al músico a refugiarse en la religión evangelista, afirmando que su fe lo había salvado. En 1970, durante un concierto en la localidad de Adrogué, cayó fulminado por un infarto cerebro-vascular que derivó en una hemiplejía, los médicos dudaron de que pudiera salvarse y pensaron que nunca podría volver a tocar. De 104 kilos que pesaba bajó a 70 y ya no pudo dejar el bastón. 

                                          


Fueron 5 años de duro trabajo para volver a acariciar la guitarra. Una muestra de su capacidad la expone en 1971 con su primer disco: Mi guitarra, tú y yo, en el cual dejó patente ese sonido guitarrístico mezcla de concertino virtuoso y el músico popular, tocando el banjo, el laúd barroco  de 15 cuerdas, la guitarra de 12 cuerdas, la española, el cuatro y el charango. Viajó por todo el mundo, fue admirado por Leo Brower, el Mono Villegas, Rodolfo Mederos , Davaid Caswell, Joaquín Rodrigo –a quien le dedicó un tema- Atahualpa, Eduardo Falú, Piazzolla  o Paco de Lucía con quien realizó muchos conciertos. 

Delicadeza y disonancia se superponen provocando ondulaciones sonoras que duran en los espacios de silencio. Los tangueros nos emocionamos cuando recreamos en el compact sus versiones de Adiós Nonino, Romance de barrio, Milonga de mis amores o Sur, donde acaricia, encapsulando, las modestas dulzuras, la esencia de la vida. El lenguaje musical  anuncia y da sentido a lo que sucede. Y con ello acentuamos nuestras nostalgias y abrimos nuestras ventanas porteñas a las tibias aguas primordiales.

Lo podemos escuchar y recrearnos con sus interpretaciones. Primero, Adiós Nonino, de Ástor Piazzolla y a continuación la milonga de Mariano Mores: Taquito militar. Y porqué no, en Recuerdos de la Alhambra.

Adiós Nonino - Cacho Tirao

Taquito militar - Cacho Tirao 

Recuerdos de la Alhambra - Cacho Tirao

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